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Revista Latinoamericana de Psicología

versão impressa ISSN 0120-0534

Rev. Latinoam. Psicol. v.40 n.2 Bogotá ago. 2008

 

LIBROS

 

Jaime Fernando Escobar Molina

Universidad del Rosario, Colombia

 

 

González, M. I. (Ed.) (2007). El cuidado de los vínculos. Mediación familiar y comunitaria. Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, pp. 294.

La psicóloga María Isabel González ha editado este libro, constituido por una serie de estudios de investigadores en Mediación Familiar y Comunitaria, profesores del Centro de Estudios e Investigación sobre la familia de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Milán. Los aportes que ellos ofrecen son fruto de más de una década de búsqueda sobre cómo "utilizar un evento crítico, como el conflicto, para promover políticas y buenas prácticas dirigidas a potenciar y regenerar los vínculos en la familia y en la comunidad entre sujetos y grupos (Bramanti & Tamanza, p. 23). Los referentes del conjunto de trabajos que el libro presenta son: la Familia, la comunidad y la mediación familiar y comunitaria, según el Modelo Relacional simbólico de la Escuela de Milán.

La vivencia creciente del conflicto en la vida familiar y comunitaria ha despertado la búsqueda de formas de ayuda a quienes están involucrados en una confrontación, de modo que a través de espacios de encuentro, hallen soluciones que a todos los favorezca. La mediación pretende ofrecer posibilidades de comunicación en medio del conflicto que permita a las partes, por medio de la reconstrucción de la confianza mutua, llegar a acuerdos legales y justos frente al futuro, y se regeneren los vínculos entre personas y comunidades, de forma tal que se protejan los derechos de todos los implicados y se propicie la generación de lazos de relación y compromiso.

El estudio de Cigoli y Scabini, La Mediación Familiar: el horizonte relacional-simbólico, presenta el modelo relacional simbólico como una tarea necesaria para valorar la historia de las personas y comunidades y cuidar, acrecentar y regenerar los vínculos entre ellas, no solamente en los momentos de conflicto y dificultad sino en el desenvolvimiento normal de la vida, en orden a un mañana armónico. El valor simbólico del vínculo es el centro de la acción en la mediación que se nos propone. Una familia que vive la posibilidad o inmediatez de la ruptura de la convivencia por conflicto entre sus miembros, se ve abocada a terminar con un modelo de relaciones o vínculos, y, a asumir unos nuevos, en medio de tensiones, muchas veces dramáticas. Es un paso de un contexto a otro. Cada persona lo asume regularmente con un ánimo competitivo y de defensa, cuando no de agresividad, y la mediación busca ofrecer pasar del campo competitivo al de la cooperación mutua. Ello implica un avance que permita pasar del conflicto al consenso. No es fácil este logro; se necesita de un trabajo que facilite el descubrir que el fracaso de la relación conyugal y de su convivencia, no puede destruir el vínculo que existe en la pareja y que los hace padres de su prole; se pretende llevar a los progenitores a darle un real sentido a la reorganización familiar después del trauma del divorcio.

La mediación propiamente dicha exige una etapa de premediación, en la cual por medio de unos de instrumentos de evaluación de la relación, se mira la posibilidad de que esa pareja en concreto revista las condiciones de mediabilidad que le hagan posible el llegar acuerdos; "hay preconcepciones de poder relacional que revelan la ausencia de una mínima capacidad para negociar de los cónyuges y por las cuales la mediación es inaplicable (p. 60), y que hacen imposible el "encuentro entre la pareja. Para poder proceder a la Mediación urge tener la disponibilidad los cónyuges de ir más allá del dolor que sufren y hallar la posibilidad de vínculos entre ellos, de modo que los hijos puedan contar con un buen desempeño de sus padres entre sí, en una relación madura, aunque se haya roto la convivencia.

La tarea de la mediación familiar propiciará que los cónyuges se adapten a una nueva forma de relación y situación familiar, y afronten con "nueva normalidad las tareas que les esperan en la tipología relacional post-divorcio, fruto de la superación de la etapa conflictiva de la separación conyugal. En esta tarea, el mediador familiar, además de los conocimientos fundamentales de su oficio ha de tener en claro las exigencias de neutralidad, que den certeza a los cónyuges que viven la mediación de contar con un tercero equilibrado en el intercambio de visiones y conceptos y en la clarificación de acuerdos.

La vida es generada por la pareja. Al interno de la vida familiar está el dar origen a nuevas vidas, y así, el fruto de la historia compartida de los cónyuges es la generatividad. Ellos dan la existencia a una nueva persona que trae consigo los fardos de los patrimonios de su familia y sus antepasados, y que tiene la posibilidad de establecer cambios frente al futuro. Los géneros se encuentran y generan a su vez la nueva vida estrechamente ligada a las generaciones pasadas y a las estirpes. En el nuevo ser se combinan los hechos biológicos y los culturales, y se propician posibilidades de cambio para la especie humana. Y todo lo que lo precede, lo que él es y lo que genera lo conocemos como "el familiar: drama que pone en escena muchos más personajes que el mundo inmediato de la convivencia del hogar.

La mediación familiar cuenta con la existencia de diferencias profundas en las formas familiares; parte del hecho de que una familia se identifica en un principio organizacional que diferencia los géneros, las generaciones y las estirpes. El mantener juntas estas tres realidades de lo humano constituye el alma tensionante, dramática y conflictiva de la familia. Cuando el esfuerzo por mantener estas tres dimensiones del familiar fracasa, se pervierte el espacio propio y natural de quien ha sido generado al interno del hogar. Vendrá entonces como posibilidad de estabilidad y de fuerza para el hijo, no ya la familia o la pareja generadora, sino la relación individual que cada uno de los padres contrae con el hijo. Se pasa de una relación con la familia a un trato individual con cada uno de los progenitores. Esto, de por sí, trae el caos. El divorcio crea grandes obstáculos en la línea relacional con las generaciones anteriores. La mediación viene entonces a ofrecer a la pareja la posibilidad de un tercer papel para valorar las estirpes de proveniencia, de modo que las virtudes propias del acto generativo, que son mutua influencia de los padres, la justicia, la esperanza y la confianza, se aseguren a los hijos de la pareja divorciada. Se busca en la mediación que las relaciones familiares que se expresan en el dar, el recibir y el intercambiar, se generen con normalidad y movidas por el deseo de restituir. En el fondo es una ayuda para valorar el significado de las relaciones familiares y las obligaciones intergeneracionales que son propias a cada uno de los miembros de la familia.

Al origen de la vida de pareja está el "pacto entre dos seres distintos, dos mundos, que buscan juntos construir una nueva aventura. Ese pacto tiene una doble dimensión: el pacto expreso, que se manifiesta externamente y es a conciencia declarado; el pacto secreto, que corresponde a lo que hay en el inconsciente de cada uno de los contrayentes a nivel de anhelos, deseos, búsquedas, y que se necesita satisfacer en la vida de pareja. Cada uno aporta cuanto es y cuanto trae a nivel generacional y a nivel personal, y todo ello confluye a constituir lo que es propio de la pareja, su particularidad. "Mientras que el pacto declarado se refiere principalmente al mundo de lo ético, el secreto se refiere principalmente a lo afectivo (p. 110). El cumplimiento del pacto es una meta. Cuando una pareja logra cumplir su alianza, pese a las dificultades, dramáticas muchas veces, de la convivencia, es porque los cónyuges han sido capaces de renovar en el camino de la vida su pacto, realimentando el vínculo. El cuidado de ese pacto, de ese vínculo, debe ser constante, para defenderlo de todo lo que amenaza su existencia. En el proceso de la vida de la pareja juegan los ideales, participa la ternura, se hace posible el saberse identificar el uno con el otro y el saber manejar y perdonar sus culpas, todos estos son elementos de la naturaleza arriesgada y sacra de la relación de la pareja.

Existe, en la Escuela de Milán, una modalidad específica para realizar la mediación familiar. Bajo el título La mediación y el cuidado de los vínculos familiares, Marzotto y Tamanza, hacen la presentación de su forma de mediar los conflictos familiares, presentan algunos instrumentos que les son de ayuda y precisan los pasajes más característicos del proceso.

La ruptura de la vida conyugal y familiar por el divorcio conlleva una transición crítica y una reorganización de los vínculos familiares. Este pasaje se prolonga en el tiempo y está íntimamente unido al destino de los lazos conyugales y parentales. La mediación busca acompañar todo este proceso que trae el divorcio, para que, superando los grandes traumatismos, puedan llegar a adquirir una nueva identidad subjetiva y de grupo familiar. El tratamiento del conflicto implica enfocar realidades tales como los hijos y los bienes. La mediación no es un simple alcanzar acuerdos entre la pareja en conflicto, hay qué ir más allá, hasta las necesidades subyacentes en cada uno de los miembros de la pareja. El proceso cuenta con metas inmediatas como la escucha de ambos, la disminución del dramatismo buscando soluciones que beneficien a todos, para propiciar que los padres tengan la real posibilidad de asumir la nueva forma de vida y de relaciones. Deteniéndose en un caso realizado por ellos, los investigadores muestran las etapas y las ayudas que propician una verdadera mediación.

El modelo relacional simbólico no se agota en la mediación familiar. Existe también la mediación comunitaria, que ofrece amplias posibilidades para restablecer los lazos comunitarios de las sociedades en conflicto. Cuatro estudios más nos trae la publicación: de Rossi y Boccacin

Generar comunidad en la sociedad posmoderna. El rol de la mediación, de Marta, La psicología comunitaria y la intervención de redes para sostener las familias, de Tomisich, Observar el conflicto en la comunidad y de Bramanti, Regenerar la relación en la comunidad: el modelo relacional. En estos trabajos se nos presenta cómo el modelo relacional simbólico permite, con una adecuada mediación con comunidades en conflicto, avanzar en la construcción de nuevos lazos, puentes, y relaciones comunitarias que abran a horizontes de convivencia pacífica y de solidaridad para al futuro de la sociedad presente. En la Introducción, González recaba sobre la realidad de conflicto que vive el pueblo colombiano; en este contexto la mediación comunitaria nos ofrece posibilidades para servir a nuestro pueblo en la proyección de un mañana armónico.

La obra que la Universidad del Rosario ha publicado es una ayuda vacilar para quienes desde distintos espacios de trabajo nos sentimos impelidos a abrir posibilidades de encuentro, negociación y restauración de vínculos a parejas, personas y comunidades en conflicto. Mediar es servir.