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Revista Cubana de Psicología

versão impressa ISSN 0257-4322

Rev. cuba. psicol. v.1 n.3 La Habana  1984

 

La categoría personalidad y su incidencia en la aparición de indicadores de riesgo en los trastornos cardiovasculares

 

 

C.D. Fernando González Rey

Vicedecano de Investigaciones y Post-Grado, Facultad de Psicología, Universidad de La Habana

 

 


RESUMEN

El objetivo del trabajo es analizar la influencia de lo psicológico en los trastornos cardiovasculares, a partir de la Categoría Personalidad.
A partir de los resultados de los trabajos de investigación realizados por el autor y sus colaboradores, se critica la explicación de los factores psicológicos implicados, en los trastornos cardiovasculares que se hará en el llamado Patrón A de conducta y se muestra cómo es necesario trascender la utilización de inventarios autodescriptivos orientados a la conducta y penetrar realmente en la forma en que la personalidad opera en sus distintos niveles de relación con la realidad.
Se demuestra que los factores de riesgo, en esencia, no son determinantes fenoménicos externos, tanto conductuales como ambientales, principio rector de toda la Psicología positivista contemporánea, sino que los mecanismos psicológicos reales que están en la base de la multiplicidad de sus manifestaciones fenoménicas constituyen el único camino posible, genuinamente científico para encontrar respuestas explicativas, realmente causales de los facto res psicológicos que están en la base de la enfermedad.


ABSTRACT

The objective of this work is to analize the psychological influence of the personality in the cardiovascular ailments. Based on the results of the research work carried out bv the author and his colaborators, an explanation of the psychological factors that intervene in cardiovascular ailments is critized which will be made in the so-called Standad A of Behavior and to penetrate really in the way in which personality operates in its different levels in relation to reality. It is demonstrated that the risk factors behavioral as well as environmental, in essence, are not external phenomenical determinants, wihch is set forth as a primary principle of contemporary positivistic Psychology; but en the contrary, they are the real psychological mechanisms which are in the bases of the multiplicity of the phenomenical manifestations.
Constitute the only possible and scientific way to find rational answers which are the actual causes of the psychological factors which are the bases of the sickness.


 

 

Desde hace más de dos décadas, se vienen desarrollando posiciones orientadas a considerar el aspecto psicológico del hombre en el desarrollo del proceso de enfermedad. Ya Alexander (1950), relacionó los factores psicológicos a siete tipos de trastornos (úlcera péptica, colitis ulcerativa, hipertiroidismo, artritis reumática, hipertensión arterial, asma bronquial y enteritis regional).

Dubois (1955), 1961) planteó en relación con las enfermedades infecciosas, que un agente infeccioso solamente, no resulta usualmente suficiente para causar la enfermedad, para lo cual deben ser considerados más bien una multiplicidad de factores.

Numerosos estudios han demostrado claramente que el estímulo psicológico puede tener una profunda in fluencia sobre un amplio rango de procesos fisiológicos, tanto en hombres como en animales (Friedman and Glasgow, 1966, Mason, 1972). Sin embargo, en la opinión de estos autores, esta relación nunca se ha establecido definitivamente ni en animales, ni en personas, es decir, sé conoce que los factores psicológicos influyen en un amplio rango de respuestas hormonales, fisiológicas y bioquímicas, pero los mecanismos a través de los cuales los factores psicológicos contribuyen a la etiología de las distintas enfermedades, aún son imprecisos.

La consideración del papel de los factores psicológicos ha sido tan creciente en los últimos años, que el propio concepto de enfermedad psicosomática, como criterio discriminante para afirmar la incidencia del factor psicológico en unos tipos de enfermedades y no en otros, comienza a ser cuestionado por los investigadores.

En este sentido, Plaut y Friedman escriben: "Se habla de enfermedad psicosomática, como si algunas enfermedades fueran objeto de semejante influencia y otras no. La base primaria para esta actitud predominante, responde, a nuestro criterio, a una concepción simplista sobre la etiología de la enfermedad... La cuestión relevante no es si una enfermedad dada es causada por un agente patógeno o por factores psicológicos, sino más bien, en qué magnitud la enfermedad puede ser referida a cada uno de los factores en la historia de la persona"(pág. 7, 1981).

Es indudable que el desarrollo de la ciencia médica, por una parte, y de la propia ciencia psicológica, implica la integración necesaria de ambas en la explicación de la enfermedad, pues no puede concebirse la enfermedad como la afección parcial de un órgano, ya que el mismo se encuentra dentro del sistema del organismo humano, en cuya regulación el factor psicológico tiene una significación especial con relación a las restantes especies animales.

Pensamos que las múltiples investigaciones desarrolladas en la Psicología no marxista, a pesar de revelar datos sumamente interesantes sobre la participación de lo psicológico en el proceso de enfermedad, presentan las siguientes limitaciones:

  1. No diferencian la especificidad de la interacción entre lo psicológico y lo fisiológico en el hombre y el animal.
  2. Consideran el factor psicológico en unidades muy parciales, básicamente a través de rasgos aislados, o de formas de reacción conductual, orientando los objetivos esenciales de su investigación a establecer las relaciones entre determinados tipos de influencias ambientales (variable independiente) y las respuestas de los sujetos (variable dependiente).
  3. No discriminan la propia especificidad cualitativa de la enfermedad entre el hombre y el animal, la cual, desde nuestro punto de vista, viene dada tanto por la significación específica de lo social en la enfermedad humana, como por el hecho de que el hombre, a diferencia de todas las especies animales, es portador de conciencia, lo cual cambia completamente la significación de lo psicológico en la enfermedad específicamente humana.

En la Psicología marxista, esta línea de trabajo se inscribe en los marcos de la patopsicología y, aunque no ha cobrado mucha fuerza en la investigación concreta, ya en 1944 el destacado psicólogo soviético A. R. Luria escribió: "En el desarrollo brusco y extraordinariamente fructífero de la medicina, sobre la sólida base de la química, la física y la biología, la personalidad del hombre enfermo ha ido un poco hacia el fondo y toda una serie de generaciones de médicos, con exclusión dé un pequeño número de escuelas clínicas relevantes (en nuestro caso, G.A. Zajanin, F.G. Yanovski), se ha educado en el espíritu, si no del desdén de las quejas subjetivas del enfermo, al menos no en la dirección de una investigación metódica, planeada, sobre las mismas, como parte tremendamente importante y esencial de la comprensión del enfermo" (pág.1, 1944).

El llamado de Luria es tremendamente importante y mantiene plena actualidad; sin embargo, el propio desarrollo de la Psicología marxista, orientado de forma casi absoluta al estudio de los procesos psíquicos, esencialmente de los cognitivos, y de aquellas cuestiones relacionadas con ellos, donde el estudio de la personalidad y los procesos afectivos quedaron evidentemente rezagados, limitó el desarrollo de una comprensión más integral y precisa sobre la significación de lo psíquico en la enfermedad.

No obstante, tanto en la URSS, como en la RDA, se viene trabajando intensivamente en la última década sobre la relación entre la Psicología y la Medicina. En esta dirección el psicólogo alemán Hans-Dieter Roslev y colaboradores escriben: "Justamente en lo que respecta a la incidencia en las enfermedades, los aspectos subjetivos han aumentado tanto, que ya no pueden pasarse por alto" (página 1, 1981).

Sin embargo, gran parte de la literatura dedicada a la relación de la Psicología y la Medicina, se orienta aún a los trastornos psicopatológicos, existiendo relativamente pocos trabajos sobre la incidencia de lo psicológico en patologías no psiquiátricas.

En algunos casos, ante el poco desarrollo de la investigación psicológica en los distintos tipos de enfermedad, los investigadores recurren a esquemas teóricos y metodológicos importados de la Psicología no marxista, pues no encuentran en su especificidad la forma de aplicar los conceptos actuales de la Psicología marxista, a este campo de la investigación aplicada.

En este sentido, los investigadores soviéticos V.N.Gorojova, V.A. Lemov y V.A.Zhigelin se plantearon como objeto de investigación el estudio del papel de la personalidad en los enfermos crónicos de la piel teniendo en cuenta para su análisis la ' soriasis v la dermatosis

Sin embargo, al estudiar la personalidad, se limitaron metodológicamente a la utilización del MMPI y al método de la fijación de ustanovskas de Yadov, lo cual les condujo a una simple descripción de un conjunto de rasgos de los sujetos que, correlacionaban con la expresión de la enfermedad.

Con esta posición los autores se mantuvieron en los marcos de la relación externa, no causal entre un conjunto de rasgos psicológicos y la enfermedad, sin poder penetrar en los mecanismos psicológicos reales que desencadenan la enfermedad, ni en las regularidades de la personalidad de los sujetos enfermos.

Desde nuestro punto de vista, la categoría personalidad ocupa un lugar central para el análisis de la incidencia de lo psicológico sobre la enfermedad, pero concibiéndose esta no como una sumatoria de rasgos o dimensiones que tienen una expresión bien definida en la conducta, sino como un complejo sistema que integra distintos niveles, en los que se expresan múltiples síntesis de formaciones y elementos psicológicos que se manifiestan no solamente en formas de conducta, sino esencialmente en las elaboraciones reflexiones y sentimientos más complejos del hombre como sujeto de la conducta.

El sentido psicológico de una conducta concreta se encuentra en su determinación psicológica en la personalidad, cuya base no son sus rasgos aislados, sino las regularidades esenciales del sujeto que lo manifiesta.

La personalidad, como hemos planteado en distintos trabajos, no representa sólo un conjunto de contenidos o elementos psicológicos estructurados sistemáticamente, sino también un conjunto de funciones y formas de operar del hombre con dichos contenidos, aspectos que aparecen en estrecha interrelación entre sí. De acuerdo con el nivel en que funciona la personalidad, de los tipos de formaciones psicológicas que predominen en su expresión, dependerán, a su vez, las formas en que el hombre organiza su futuro, en que enfrenta las contradicciones, la forma en qua valora al mundo y a sí mismo, y el nivel de autodeterminación de su comportamiento, aspectos que se van revelando como indicadores para diagnosticar el nivel de regulación predominante de la personalidad.

La personalidad, con el desarrollo de las investigaciones en diferentes campos de la Psicología Aplicada, deviene cada vez más una categoría esencial de la Psicología, tanto en un sentido teórico, como metodológico. A través de esta categoría la investigación psicológica se orienta a superar la parcialidad de sus resultados, así como las simples constataciones descriptivas entre distintos tipos de expresión del hombre, y algunos de sus rasgos más manifiestos conductualmente, buscando las verdaderas regularidades psicológicas, internas, en las que subyace la explicación de lo fenoménico.

Como todo objeto de estudio, El hombre analizado desde un punto de vista psicológico, es portador de una serie de regularidades esenciales que no se pueden deducir de forma directa de su expresión comportamental, pues no guardan una relación lineal con su conducta, siendo totalmente válidas para nuestra ciencia las categorías de esencia y fenómeno, tan importantes en la gnoseología marxista.

Por la importancia de la categoría personalidad para determinar la verdadera significación psicológica, que subyace tras las diferentes manifestaciones del hombre nos planteamos analizar la incidencia de lo psicológico, tanto en los trastornos cardiovasculares, como angeológicos, a partir de esta categoría.

En la literatura marxista, el análisis de la participación psicológica en las enfermedades cardiovasculares y circulatorias es bastante reciente. Podemos afirmar que, en esta dirección se ha trabajado esencialmente en la determinación de como los procesos psicológicos inciden, y a su vez, son afectados por el stress, no llegándose en los estudios realizados a definiciones más complejas e integrales a través de la categoría personalidad.

Un ejemplo en esta dirección lo constituye el libro "psicología del. Stress" de L.A. Kitaev-Stuk, recién publicado en la URSS. En el libro se examinan las características del stress como proceso, así como las implicaciones de los procesos emocionales y cognitivos en las particularidades del stress, aunque el autor de forma explícita señala la importancia del sujeto para comprender la incidencia de los agentes stressores externos sobre el organismo, no explícito, sin embargo, las particularidades psicológicas distintivas de este sujeto en el proceso de aparición del stress.

El autor describe dos tipos de reacciones esenciales del hombre frente al stress, que por su nombre, sugieren estar muy vinculadas al sujeto integral que enfrenta la influencia stressante. Estas reacciones son: la emocional-conductual activa y la emocional-conductual pasiva.

Sin embargo, el autor valora tanto una, como otra reacción, básicamente a través del tono y la respuesta psicológica que el sujeto es capaz de lograr y no por la posición psicológica que asume ante el mismo.

Así, el mismo escribe: "Las personas del de reacción conductual pasivo-emocional ante el stress, se caracterizan por la disminución de la actividad motora-emocional, por la disminución del papel impulsor de los procesos volitivos frente a fuertes influencias extremas" (página 62, 1983), en contraposición a quienes manifiestan una reacción conductual activo-emocional, quienes ante el stress "aumentan la velocidad y la intensidad de las reacciones" (página 58, 1983).

La posición activa del organismo frente al stress es evaluada por este autor sobre la base de indicadores motores y emocionales, determinados por la incidencia inmediata de un agente stressor en un momento dado.

Es indudable que los tipos de reacción descritas por el autor, caracterizan el enfrentamiento fisiológico del sujeto ante un agente stressor en un marco inmediato; sin embargo, los agentes stressores también tienen su especificidad en el hombre, en relación con los animales.

El animal de forma general se ve sometido a peligros inmediatos para su subsistencia ante los cuales desarrolla reacciones fisiológicas inmediatas. El hombre, sin embargo, en la sociedad moderna, además del aumento del ritmo y la intensidad de la vida, generalmente asociados con el stress, se ve implicado de forma creciente en una serie de conflictos simultáneos en las distintas áreas de su vida, los cuales son estables y prolongados en el tiempo, a diferencia de los agentes stressores animales. Esta situación a que se ve sometido el hombre desde nuestro punto de vista, es la responsable esencial de las consecuencias negativas del stress.

Consecuentemente con el lugar que le hemos otorgado a la categoría personalidad en el estudio de la significación de lo psicológico en la aparición y evolución de distintas enfermedades, pensamos que la posición activa del sujeto ante el agente stressor, debemos analizarla a través de la personalidad, mediante los siguientes indicadores:

  1. Capacidad del sujeto para concientizar el agente o la situación stressora y darle un sentido personal mediante su reflexión, coherente con su posición ante la vida.
  2. Búsqueda de una proyección futura en su relación con el agente stressor, donde exprese toda su potencialidad en la búsqueda de una solución que elimine su tensión psicológica.
  3. Ser capaz de expresar en su comportamiento, las decisiones que tome en sus valoraciones.

En la literatura no marxista se han desarrollado una gran cantidad de investigaciones sobre los factores psicológicos, implicados en los trastornos cardiovasculares, aunque la gran mayoría de ellas son referidas de una forma u otra al llamado patrón A de conducta. Introducido en la literatura por M. Friedman y A. Rosenman (1974), el patrón A se caracteriza por una sensación crónica de urgencia temporal. Sus metas se asocian con cierta agresividad.

El patrón A se define a través de un cuestionario autodescriptivo, que se apoya en las autobservaciones del sujeto sobre un conjunto de indicadores conductuales. En nuestra opinión, la mayoría de estos indicadores están vinculados al tipo de temperamento del sujeto, y aunque el temperamento, por supuesto, guarda relación con otros complejos mecanismos de regulación fisiológica por lo que algunos tipos de temperamentos pueden tener más predisposición para ciertos trastornos que otros, de ninguna forma asociamos de una manera directa el tipo de temperamento con la tensión negativa que estimula los indicadores de peligro del infarto.

La acción, tanto del temperamento, como del sistema endocrino, cardiovascular y otros, está mediatizada por el nivel de equilibrio emocional de satisfacción del individuo, así como por el nivel de su realización en las vías motivacionales esenciales en que canaliza sus potencialidades, factores que dependen esencialmente del desarrollo de la personalidad del hombre, que determina cómo este enfrenta las contradicciones y en qué nivel le da solución a las mismas.

Desde nuestro punto de vista, el stress, considerado como tensión vivenciada negativamente por el sujeto, al cual precisamente se asocian una gran cantidad de irregularidades fisiológicas del organismo, entre s ellas las que conducen a los trastornos cardiovasculares y circulatorios tiene en su base tres factores, cuya relación recíproca en la aparición del mismo debe desentrañar la investigación psicológica. Estos factores son: a) presencia de contradicciones no resueltas por el sujeto; b) nivel de desarrollo de la personalidad; c) características distintivas del nivel tonal-temperamental de la personalidad.

En presencia de estos tres factores se presenta la unidad indisoluble de lo interno y lo externo, concibiendo lo interno no como una suma mecánica de factores biológicos y psicológicos, sino como un nivel de organización integral, en que lo Psicológico tiene un papel regulador esencial, sobre todo, al nivel de sus sistemas más complejos en la personalidad.

Es indudable que de acuerdo con las características del nivel tonal-temperamental de la personalidad, el sujeto tendrá reacciones fisiológicas más intensas ante la presencia de estímulos que le afecten, sin embargo, este proceso está mediatizado y regulado por el nivel de desarrollo alcanzado por la personalidad, en tanto la intensidad de respuesta fisiológica dependerá del sentido psicológico que el sujeto le de al estímulo, y de la forma en que organice su enfrentamiento a él, no sólo en un plano conductual, sino en la interpretación intelectual-afectiva que da al mismo, a través de su concepción del mundo y de otros complejos mecanismos,

Por tanto, en un plano interno, las regularidades de la respuesta fisiológica se subordinan al nivel superior de desarrollo del hombre, que se expresa en las particularidades de su personalidad. El hombre es esencialmente un sujeto activo a través de las posibilidades de la personalidad, elemento distintivo entre la investigación animal y humana de la enfermedad.

El factor externo representado por las contradicciones y limitaciones objetivas que el sujeto enfrenta, afecta la personalidad por el sentido subjetivo que esta le atribuye, el cual depende en esencia de la forma en que estos hechos afectan sus necesidades y motivos esenciales y de las posibilidades subjetivas que la personalidad estructura para la solución de la situación inmediata que le afecta.

Por tanto, el nivel de resistencia ante la magnitud de los factores externos stressantes que inciden sobre el hombre, se determinará por el grado de desarrollo alcanzado por la personalidad, no pudiendo ser concebido los eventos externos de una forma standard como pretenden la mayoría de los autores más relevantes en esta esfera.

En nuestro criterio, las investigaciones relacionadas con el patrón A presentan las siguientes limitaciones:

  1. Concebir el llamado patrón A, que es una manifestación fenoménica, externa del hombre, como una entidad homogénea, standarizada, que determina en su condición de variable dependiente, reacciones similares de los sujetos que lo expresan ante los estímulos externos.

Partiendo de este principio, el hombre tiene un papel totalmente pasivo ante las influencias externas, enfermando o no, cuando posee el patrón A, según el número y la intensidad de influencias negativas que enfrenta.

  1. Las investigaciones psicológicas sobre el patrón A, como toda línea positivista de investigación nos presenta en el momento actual una cantidad infinita de investigaciones, orientadas a definir un innumerable rango de reacciones conductuales del sujeto ante estímulos ambientales de distinta naturaleza, los cuales son categorizados por los autores, de forma tal que la investigación crece como acumulación de datos lineales sobre las reacciones conductuales de los sujetos portadores del patrón A o el B, ante estímulos externos. Entre estos estímulos externos tenemos, los conceptos de facilitación social, apoyo social, situaciones incontrolables de ruido, fracaso en tareas experimentales, etc. (Glass, (1966), Sanders y Barón, (1975), Gastón Sals, (1980) y otros).

Sin embargo, estas investigaciones no logran nuevos niveles explicativos que conduzcan a niveles superiores de explicación teórica sobre la cuestión, por lo cual nos aportan solamente nuevos niveles de relación del fenómeno estudiado en un plano totalmente descriptivo.

Los resultados alcanzados, por supuesto, son contradictorios en muchas ocasiones, así unos autores encuentran diferencias estadísticamente significativas entre las reacciones de los sujetos patrón A y B ante los fracasos en tareas experimentales, ante la situación de facilitación social para realizar una tarea, mientras otros en experimentos similares no encuentran diferencias significativas, lo cual también ocurre en otras esferas de investigación. Este universo tan controvertido de datos que nos ofrece esta dirección de trabajo en la Psicología no Marxista, responde, desde nuestro punto de vista, a que a pesar de su afán de controles precisos, propios de la investigación positivista, no logra diferenciar lo esencial de lo fenoménico, quedándose la investigación en el plano de correlaciones descriptivas, no causales, donde los elementos realmente explicativos no logran ser desentrañados para formar una verdadera teoría en esta dirección.

El modelo explicativo de cualesquiera de las investigaciones desarrolladas en esta dirección, puede resumirse en los marcos E-R, sólo que se busca la significación estadística del resultado, para discriminar el comportamiento de los dos grandes grupos Patrón A y B, cuya diferencia se da sólo en el nivel significativo en que se discriminan sus respuestas ante determinados tipos de estimulación social, siendo, a su vez, tanto el Patrón A, como el B, definidos por la descripción de un conjunto de atributos, externos y compartamentales, como unidades standarizadas de tipo de respuestas.

Estas grandes limitaciones, propias del marco teórico y metodológico en que se desarrollan estas investigaciones, implican que la Psicología marxista debe buscar una alternativa real y seria, congruente con sus principios más generales, que posibilite una aproximación explicativa ante tan compleja esfera de investigación.

Precisamente, concebimos esta alternativa a través de la categoría personalidad, para lo cual nos basamos en lo siguiente:

  1. La personalidad representa el nivel superior de organización e integración de lo psíquico, definida por las complejas mediatizaciones de la autoconciencia sobre te da la vida psíquica, que determina síntesis reguladoras del comportamiento, sobre las cuales trabaja actualmente la investigación psicológica, y que son significativas en la explicación de cualquier manifestación humana.
  2. El carácter activo de las relaciones del hombre con su medio, adquiere su especificidad a través de la categoría personalidad, que posibilita superar la relación inmediata y procesal propia del animal. Las capacidades del hombre para el planteamiento de objetivos mediatos, para la búsqueda de explicaciones sobre aquello que lo afecta y para alcanzar una posición única, conscientemente diferenciada ante la vida, son atributos básicos de su carácter esencialmente consciente el cual no se puede omitir en la investigación de la cuestión que tratamos en el presente artículo.
  3. La personalidad representa lo esencial, lo explicativo del comportamiento humano, tomar al comportamiento como una verdad per se, fuera de los aspectos que lo determinan, es una posición totalmente empirista, que no nos aproximará a la explicación de nuestro objeto de estudio: el hombre. La utilización de la categoría personalidad en esta dirección de investigación nos permite superar lo aparente, para penetrar en la explicación de lo real.
  4. Metodológicamente, ubicar la categoría personalidad en un plano central para la investigación del papel de lo psicológico,, en la aparición de las enfermedades cardiovasculares, presupone trascender la utilización de inventarios autodescriptivos orientados a la conducta y penetrar real mente en la forma en que la personalidad opera en sus distintos niveles de relación con la realidad, lo cual lleva a conocer su nivel de jerarquía motivacional, su capacidad para el planteamiento de objetivos mediatos, su riqueza y flexibilidad valorativa, etc., todo lo cual' si puede tener un papel causal sobre la aparición del stress.

Partiendo de estas consideraciones, decidimos iniciar un conjunto de trabajos orientados a buscar la relación existente entre el nivel de desarrollo de la personalidad, y la presencia de indicadores de riesgo coronario, lo cual relacionábamos con el tipo de patrón manifestado por el sujeto, de acuerdo con las técnicas establecidas para estos estudios.

En una primera investigación en esta dirección, realizada por R.Arbesún (1983), bajo nuestra tutoría, en colaboración con Carmen R. García y M.C. Herrera, psicólogos del Instituto de Angiología, se trabajó con 25 sujetos que por las características de su vida laboral eran susceptibles al stress y cuya media de edad era de 36 años.

En esta investigación se utilizaron por primera vez en esta dirección de trabajo un conjunto de técnicas abiertas (completamiento de frases y composiciones), con vistas a determinar el nivel de planteamiento de objetivos futuros por el sujeto, nivel de reflexión sobre sí mismo y sobre la vida en general, fuentes actuales de conflicto, nivel en que opera con sus conflictos en la búsqueda de soluciones y elaboración personal, indicadores del nivel consciente-volitivo de regulación de la personalidad (F. González, 1982, 83, 84).

La hipótesis del trabajo de R.Arbesun se orientaba a buscar la relación entre la ateroesclerosis y el nivel de la personalidad en que el sujeto opera, debiendo presentar un nivel menor de riesgo los sujetos que funcionan a un nivel consiente-volitivo, que se caracteriza por: elaboración de fines mediatos adecuadamente concientizados, tendencia a la reflexión,, altos niveles de elaboración personal sobre sí mismos, y sobre la realidad, flexibilidad y facilidad en la conceptualización de su mundo interno, participación activa del sujeto en la regulación de su comportamiento.

Para valorar el riesgo eteroesclerótico se utilizaron las siguientes técnicas de medición de lípidos:

a)Colesterol total, según técnica de Abell.

b)Triglicéridos, según técnica de Graprotter.

c)Colesterol de las Hol, según método de Burstein.

R. Arbesún estableció dos grupos generales en los sujetos estudiados. En un primer grupo incluyó a los sujetos que expresaban el nivel consciente-volitivo de regulación, mientras que en un segundo grupo incluyó sujetos con características de personalidad opuestas a las representadas por el nivel consciente-volitivo. Objetivos mediatos ausente o insuficientemente establecidos, bajo nivel de reflexión sobre su comportamiento, poca concientización de su propia personalidad y de sus conflictos esenciales, etc.

Los datos que el autor nos presentó en tabla cruzada, que recoge tanto el grupo a que el sujeto pertenece de acuerdo con las características de su personalidad, como el tipo de patrón que manifiesta, expresan lo siguiente:

 

 

Esta tabla constituye una primera, pero importante evidencia empírica, congruente con las posiciones teóricas asumidas en el presente articulo.

De los datos que se presentan en la tabla, podemos deducir lo siguiente:

  1. El riesgo depende esencialmente de la personalidad del sujeto, aunque tanto el tipo de patrón, identificado por nosotros como atributos esencialmente temperamentales, como las contradicciones que el individuo enfrenta, son factores que posibilitan la aparición de indicadores de riesgo.
  2. Lo anterior se apoya no sólo por el hecho de que los sujetos con patrón A+, pertenecientes al primer grupo, no manifiestan riesgo, sino también por la presencia de indicadores de riesgo en sujetos con patrón B del segundo grupo.

El análisis individual de uno de los sujetos perteneciente al grupo 1 nos puede ilustrar con una mayor precisión el papel decisivo de la personalidad en la aparición de indicadores de riesgo. En este sentido, el autor nos ejemplifica sobre los sujetos del primer grupo a través de E.N. de 39 años, patrón A+. En la composición "Mi mayor problema", E.N. escribe: "En mi vida ha habido muchos problemas desde mí infancia; traumas por la relación entre mis padres, divorcio mío a consecuencia de esas dificultades sumadas a otras nuevas. Después la dura lucha para superar todo eso a partir del autoestudio de mi propia personalidad. En relación a mis hijos, mi mayor desilusión es que, a pesar de haberles dado mucha participación en todo, haberlos enseñado a ser inseparables y estudiosos, una de ellas dejó todo para casarse y ahora ni trabaja ni estudia, la otra, aun que termina este año su carrera sé casó con un joven bastante mediocre, ambos casos con mi desaprobación, aun que respetando sus decisiones personales. De momento sentí que el suelo era falso y se me escapaba, ya más equilibrada, confío en que a la larga todo salga bien".

En esta composición podemos observar una elevada concientización de este sujeto, en relación con los conflictos que la afectan, en los cuales se implica con claridad sobre su parte de responsabilidad en los mismos, y sus causas. También se observa el respeto a la autodeterminación de los hijos, lo que expresa su valoración de esta cualidad, aspecto igualmente importante en los sujetos que operan en un nivel consciente-volitivo de regulación.

Se expresa en sus consideraciones una tendencia activa a la reflexión y hacia la búsqueda de las causas de los problemas que enfrenta, así como una proyección optimista orientada al futuro.

Los indicadores observados en la composición también se manifiestan en el completamiento de frases, entre las cuales queremos destacar algunas por su especial significación. Estas son:

"A menudo reflexiono sobre mi matrimonio".

"Me he propuesto dedicar igual tiempo a mi profesión y al cuidado dé mi hijo".

"A menudo siento inconformidad".

"Mi vida futura es mi principal preocupación".

"Siempre que puedo trato de aumentar mis tareas"

En estas frases del completamiento puede constatarse la activa tendencia de este sujeto a la reflexión, su profundo compromiso con distintas áreas de realización de su personalidad, su proyección esencialmente al futuro. Esta persona no es sólo patrón A+ por el cuestionario, sino que expresa como aspectos esenciales de su vida la solidez y amplitud de sus aspiraciones, la inconformidad, la tendencia al aumento de sus tareas, elementos indudablemente distintivos del patrón A, que ella manifiesta espontáneamente, sin sugerencias del cuestionario, lo que habla en favor de la fuerza de los mismos en su personalidad.

Sin embargo, esta persona no expresa indicadores de riesgo, pues la misma es sujeto y no objeto de sus principales experiencias y contradicciones vitales, reflexionando sobre las mismas y tomando decisiones en torno a ellas, integrando estas a una determinada concepción del mundo.

Es un ejemplo típico del nivel consciente-volitivo, gracias al cual es capaz de organizar y dirigir su propia vida, dándole un sentido pro pío a sus experiencias que evitan, a pesar de sus grandes conflictos y de su predisposición temperamental, la aparición de indicadores de riesgos.

En otra investigación desarrollada bajo nuestra dirección, Anaís Jorge encontró resultados que avalan los presentados por R. Arbesún, aunque en ella se profundiza mucho más en las características de personalidad de los sujetos con indicadores de peligrosidad y enfermos.

En este trabajo se utilizó una pequeña muestra de seis sujetos infartados, seis hipertensos y seis normales, controlándose la normalidad a través de la no presencia de indicadores de peligrosidad (hipertensión y colesterol). Estos sujetos fueron analizados muy profundamente a través de técnicas diversas, que incluían completamiento de frases, composiciones, diferenciales semánticos, donde se valoraban a sí mismos y a su pareja recíprocamente y otras.

Decidimos explorar las características de comunicación, del sujeto con su pareja, por la relevancia de esta esfera de la vida en el equilibrio emocional, además, en el trabajo la autora partió de la hipótesis de que los sujetos que operan a un nivel consciente-volitivo, concientizan más fácilmente las contradicciones esenciales que enfrentan, canalizando las mismas a través de objetivos mediatos en diversas áreas de la vida, lo que es un factor importante de equilibrio de la personalidad, que facilita la participación activa del sujeto en la solución a sus conflictos.

Resultó muy significativo en la investigación de Anais el parecido en las características psicológicas de los sujetos hipertensos y aquellos que habían padecido de infarto. El cuadro psicológico general de ambos grupos, presentado en su trabajo se caracterizó por lo siguiente:

Necesidades de afecto y comprensión muy agudas, que el sujeto expresa frecuentemente.

Percepción negativa del pasado.

Insatisfacción por la contradicción entre cómo es y sus aspiraciones en la vida.

Tono emocional negativo en las distintas técnicas aplicadas. Referencia a emociones negativas, frustración, tristeza, etc.

No concientización de sus principales conflictos con tendencia a la pasividad ante los mismos.

Expresión de estereotipos externos a sus vivencias y contradicciones esenciales.

Ausencia de implicación del sujeto, de su autodeterminación, en las distintas esferas de la vida en que participa.

Este cuadro se acompaña por una expresión funcional de la personal¡ dad, que no refleja las características que definen su nivel consciente-volitivo, así, estos sujetos presentan serias dificultades para concientizar sus contradicciones, así como para establecer objetivos futuros bien fundamentados con vistas a la solución de las mismas, o a su realización en otras esferas de la vida, predominando una gran pasividad ante la vida.

Veamos un caso clasificado en el grupo de los hipertensos:

V.M., quien en la composición "Mi pareja", escribe: "Hacerla feliz en lo que yo pueda, ayudarla en todo y proporcionarle los medios para que su trabajo sea más pasajero. En mi vida de pareja me afecta el hecho de lo poco que conoce sobre mi trabajo, o sea, no puedo tratar el tema de mi trabajo porque ella desconoce todo lo referente al trabajo que realizo, no le gusta el cine y a mí si, por lo tanto siempre voy solo a la sala de espectáculos".

Ella es buena, cariñosa, muy dinámica y trabajadora, siempre está llena de aspiraciones y eso me ayuda en mi vida, ella no se estanca en una sola cosa, siempre busca algo nuevo que hacer o tratar de hacer, es entusiasta y decidida".

En esta composición se observan puntos de conflicto relativamente serios en la comunicación con su pareja, pues son incompatibles en el aspecto laboral, sobre el cual declara que no pueden hablar y también en la recreación, donde incluso el tiene que ir solo al cine. Sin embargo, el no concientiza sus dificultades reales en la pareja, hace un esfuerzo por enmascararlas a través de los atributos positivos que destaca en su esposa, entre los cuales se encuentran su dinamismo y aspiraciones las cuales son pobres en el sujeto. Cuando evaluamos los resultados del diferencial semántico aplicado a ambos, vemos nítidamente la diferencia valorativa entre ellos, lo que indudablemente confirma que la pareja es una fuente profunda de conflictos.

En los atributos del diferencial, el sujeto se percibe a sí mismo en la pareja en los puntos que designan máximo valor a los siguientes atributos: caliente, suave, profundo, fuerte, feliz, seguro, firme y dócil.

La pareja, sin embargo, al valorarlo a él, le atribuye el máximo valor a los siguientes: frío, duro, superficial, débil, infeliz, inseguro, indeciso, difícil.

Es decir, que en ocho del total de 12 atributos evaluados por nosotros como esenciales, se expresa una valoración radicalmente opuesta entre el sujeto y su pareja.

En este sentido, se comprueba totalmente la hipótesis de la incapacidad de estos sujetos para tomar un papel activo ante sus conflictos, lo que provoca que vivan en constantes tensiones al ser objeto de un conjunto de fuerzas y presiones que no logra autorregular.

Precisamente es esta esencia pasiva de su personalidad, la que está en la base del cuadro psicológico general que ellos presentan, evidenciándose entre las causas de este nivel de funcionamiento de la personalidad, un conjunto de necesidades afectivas insatisfechas, que han provocado una inestabilidad emocional en el sujeto. Al parecer, por el rechazo de estos sujetos a su pasado, muchas fuentes de insatisfacción afectiva pertenecen a esta dimensión temporal. Otro sujeto del grupo de hipertensos, P.D. no presenta un patrón A, sin embargo, presenta un nivel de regulación de la personalidad muy similar al sujeto examinado anteriormente, siendo igualmente parecidas las características psicológicas más generales expresadas por uno y otro.

Este sujeto en el completamiento de frases escribe:

1. Mi futuro lo desconozco.

2. Mi mayor problema es tratar de quedar bien.

3. Estoy mejor cuando estoy en mi casa

4. Siento no tener veinte años menos.

5. Mi mayor deseo es ser útil.

En estas frases, tomadas como ejemplo de tendencias esenciales expresadas por el sujeto ante este instrumento, se manifiesta una total desorientación futura, la búsqueda del sentido de su vida mediante criterios valorativos externos, a insatisfacción consigo mismo en el momento actual.

Además, las respuestas a esta técnica, relacionadas con los contenidos que nos brindan otros instrumentos de la investigación, nos confirman la evasión del sujeto a enfrentar contradicciones agudas que le afectan asumiendo una posición totalmente pasiva ante las mismas.

Si bien, en el instrumento de completar frases manifiesta distintos contenidos que encierran una valoración positiva de su vida familiar, los contenidos del diferencial semántico sobre su autovaloración en la vida de pareja, y como es percibido por su pareja, reflejan profundas contradicciones. Así, su esposa se percibe en la relación con él en las siguientes dimensiones: comprensiva, cercana, dulce, dócil, mientras que él la percibe de forma diametralmente opuesta en cada uno de estos atributos, los cuales son indiscutiblemente esenciales en la comunicación de la pareja, pues estas contradicciones en la valoración mutua no permiten una comunicación fluída, emocionalmente comprometida, Como puede apreciarse en ambos ejemplos, se evidencia en estos casos, ante todo, un nivel de regulación psicológica estimulado de forma inmediata por agentes externos, los cuales tienen una significación en el mundo de valores de estas personalidades.

Este nivel de regulación se caracteriza por una elevada pasividad del sujeto en la conducción de su propia vida, evitando concientizar situaciones reales que le afectan, lo cual les impide emprender planes con vistas a su solución. Además, la reflexión individual orientada a la búsqueda de un sentido propio de su vida, aspecto central en la autodeterminación está totalmente ausente en ellos.

Precisamente, el carácter externo, distante de sus propias contradicciones personales en relación consigo misma, se convierte en una poderosa fuerza emocional negativa, en tanto dichas contradicciones les afectan de forma estable, sin que actúen en la dirección de su solución, convirtiéndose de esta forma en una fuente permanente de emociones negativas.

Resulta muy revelador en los resultados alcanzados por Anais Jorge, la semejanza entre los sujetos que padecen hipertensión y los que ya han padecido infartos. En ambos grupos de sujetos se combina la presencia de características reveladoras de ansiedad, inseguridad y tensión, con un nivel pasivo de la personalidad en la regulación psicológica.

Son muy reveladoras las diferencias en todos los instrumentos utilizados entre el grupo normal y el formado por sujetos hipertensos y que han padecido infartos cardiovasculares, lo cual se expresa muy claramente en los resultados del trabajo de Anais Jorge.

En algunos de los sujetos normales estudiados, se evidencia de forma muy clara la posición activa y reflexiva asumida por ellos en la regulación psicológica, atributos propios del nivel consciente-volitivo de la personalidad.

A.C., perteneciente a este grupo, quien es director del MINAZ, militante del PCC y está clasificado como patrón A, teniendo el agravante de la gran cantidad de tareas y preocupaciones propias de la labor que desempeña, no presenta, sin embargo, ningún indicador de peligrosidad.

En el completamiento de frases se revela nítidamente su posición activa y reflexiva ante la vida, así, escribe:

1. Mi mayor problema controlar mejor la empresa.

2. El trabajo me gusta, me llena.

3. La felicidad está en la vida, sólo hay que ir amándola.

4. Considero que pueda vivir y luchar exitosamente.

5. Las contradicciones ayudan a encontrar la verdad.

6. Fracasé en mi empeño infantil de manejar una locomotora.

7. Amo a mi esposa y a mis hijos.

En estas frases tomadas en calidad de ejemplo por su significado en las tendencias más activas expresadas por el sujeto en el instrumento analizado, se refleja una implicación emocional intensa del sujeto en las distintas esferas de su vida, donde la pasión y entrega al trabajo, aparece adecuadamente complementada con la pasión y entrega hacia su mujer e hijos, hacia su superación, etcétera.

Además de ser este vínculo emocional un indicador del sentido personal que tienen para si las distintas esferas de su realización personal, lo cual revela su implicación en las mismas, el carácter activo de su posición ante la vida se explica en su concepción de la felicidad, en su sólida orientación volitiva hacia la vida, lo cual, además de un tono emocional positivo, optimista, manifiesta una adecuada elaboración personal.

Las frases inductoras de conflictos, de tensiones, elicitaron en este sujeto respuestas que no tienen una implicación dañina en su vida presente. Los resultados de las restantes técnicas son totalmente coherentes con 1o manifestado por él en el completamiento de frases.

Con este ejemplo no queremos destacar que la normalidad se caracteriza por el nivel consciente-volitivo de regulación, lo cual, planteamos ya al comienzo del artículo que no es cierto, sino enfatizamos que los factores de riesgo, en esencia, no con determinantes fenoménicos externos, tanto conductuales, como ambientales, principio rector de toda la Psicología positivista contemporánea, sino que los mecanismos psicológicos reales, que están en la base de la multiplicidad de sus manifestaciones fenoménicas, constituye el único camino posible, genuinamente

científico, para encontrar respuestas explicativas, realmente causales de los factores psicológicos que están en la base de la enfermedad.

Esta dirección de trabajo, recién comenzada, apunta a una necesaria investigación multidisciplinaria de la enfermedad humana, en que no escapen la especificidad psicológica del hombre ni su carácter social, del marco teórico y metodológico de las investigaciones sobre el hombre enfermo.

 

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