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Revista Cubana de Psicología

versión impresa ISSN 0257-4322

Rev. cuba. psicol. v.18 n.3 La Habana  2001

 

¿Escolar o adolescente?

 

 

Pedro Mongeotti Ramírez

Dpto. de Ciencias Generales de la Educación, Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad Pedagógica "Enrique J. Varona"

 

 


RESUMEN

En este artículo se caracterizan dos etapas evolutivas: la escolar y la adolescente, desde los puntos de vista biológico, psicológico y sociológico. Las peculiaridades fisiológicas y sociológicas que tipifican cada etapa son condiciones que propician el desarrollo psíquico de la personalidad. Esta caracterización puede facilitar al profesor y al psicólogo escolar la identificación del estado de desarrollo de sus alumnos en función de garantizar la eficiencia de su aprendizaje. Se enfatiza en las peculiaridades que permitendistinguir una etapa de otra durante el período de transición. Además se ofrecen algunas recomendaciones metodológicas para dicha identificación.


ABSTRACT

In this paper two different development periods: children and teenagers, are studied from a biological, psychological and sociological point of view. Different characteristics are identified to help teachers and educational psychologists to determine the level of development of their students.. Methodological guidelines are given.


 

 

En el contexto escolar, tanto el profesor como el psicólogo que presta servicios, deben conocer las peculiaridades psicológicas normales así como las condiciones fisiológicas y sociológicas que propician este desarrollo en los alumnos, con el fin de dirigir de manera eficiente su aprendizaje y perfeccionar el tratamiento en caso de alteraciones del desarrollo. Tradicionalmente se ha considerado que con el arribo de un alumno a la escuela secundaria ya se le puede considerar adolescente. Esto no siempre ocurre y ni siquiera es la tendencia. La edad fisiológica generalmente va aparejada con la edad cronológica pero la edad psíquica no necesariamente mantiene la estricta sincronía. Desde el punto de vista fisiológico existen tendencias evolutivas, no obstante, con frecuencia se encuentran personas que maduran más tempranamente que el resto y viceversa, los que maduran tardíamente. Algo similar ocurre en el desarrollo psíquico, existen las personas con un desarrollo lentificado o acelerado; en un caso se les llama retardados y en el otro superdotados. El profesor y el psicólogo escolar deben dominar los recursos teóricos y metodológicos que le faciliten la identificación de la edad fisiológica y, sobre todo, de la edad psíquica de los alumnos para comprender las peculiaridades de su aprendizaje y, en consecuencia, ofrecerles un trato diferenciado en la medida que las condiciones grupales lo permitan.

El objetivo del presente trabajo es caracterizar las edades escolar y adolescente desde los puntos de vista biológico, psicológico y sociológico en función de la gestión profesional eficiente de los profesores y psicólogos escolares. Identificar adecuadamente la etapa evolutiva que expresa un alumno condiciona una dirección más eficiente de su aprendizaje. Esta identificación se dificulta durante el período de transición de una etapa a otra, cuando el alumno expresa rasgos típicos de los modelos de ambas etapas. Esta transición comienza a producirse, como tendencia, en el contexto escolar cubano a partir del quinto grado de la escuela primaria hasta el noveno de la secundaria. Los grados de escolaridad donde los profesores, con más énfasis, plantean que les resulta difícil enseñar son el séptimo y el octavo grado, en la escuela secundaria. Es en estos grados donde se concentra el mayor número de alumnos en el estado de transición fisiológico y psicológico a la adolescencia, y en el salto a esta etapa evolutiva se pueden manifestar crisis si existen barreras personales y contextuales a la solución de las contradicciones fundamentales que se manifiestan.

Antes de proceder a la caracterización es necesario exponer algunos de los fundamentos ontológicos que explican la transformación del individuo en persona. El hombre nace como individuo, es decir, como ser concreto que se distingue del resto por sus características genéticas, de manera integral y cualitativa. Cuando el individuo logra interactuar con la realidad por sí mismo, en tanto posee un reflejo psíquico integral de la misma y por su grado de activación toma la iniciativa expresándola de manera relativamente intensa en relación con los elementos que conforman su contexto, se alcanza la condición de sujeto. La transición de individuo a sujeto, en el hombre, se produce como tendencia, desde el punto de vista cronológico, entre los nueve y catorce meses. Cuando el sujeto logre interactuar de manera consciente con su contexto, autorregulándose de manera mediatizada y obviando el estímulo inmediato, por haber adquirido el lenguaje verbal, se le podrá considerar persona. La transformación cualitativa del sujeto en persona ocurre regularmente a finales del tercer año de vida. Es a partir de este momento que se puede comenzar a periodizar psicológicamente el desarrollo de la persona. Por tanto la primera etapa del desarrollo de la persona sería la llamada edad prescolar, le sigue la escolar, después la adolescencia, la juventud, la adultez y la vejez (Petrovski, A., 1980). Cada etapa evolutiva psíquica se corresponde, como tendencia, con una etapa evolutiva biológica ya que el ser natural siempre está en la base del desarrollo de la persona. En este sentido el desarrollo biológico del individuo constituye una condición necesaria para su desarrollo psíquico como persona en cualquier etapa.

Desde el punto de vista psicológico la personalidad es la cualidad que expresa la persona. Se le define como la configuración psíquica de la autorregulación de la persona que surge como resultado de la interacción entre lo natural y lo social en el individuo y que se manifiesta en un estilo de actuación determinado, a partir de la estructuración peculiar de relaciones entre las funciones orientadora-sostenedora y cognitivo-instrumental, entre los planos interno y externo y los niveles consciente e inconsciente (Rodríguez, M. y R. Bermúdez 1996). Tanto el profesor como el psicológo, en el contexto escolar, son importantes agentes que contribuyen al cambio de la persona (alumno) por la gestión educativa que desempeñan, es por ello necesario que comprendan la teoría y metodología que sobre el desarrollo de la personalidad existe.

A partir de los 9 o 10 años y como promedio entre los 11 ó 12 comienza a manifestarse la transición fisiológica y psicológica de la niñez escolar a la adolescencia. Es frecuente que se vayan manifestando cambios que indican la inminencia de un salto de una etapa evolutiva a otra: la adolescencia. No obstante; las personas que transitan hacia la adolescencia manifiestan en su actuación rasgos de la anterior etapa (la edad escolar). Este tránsito se produce en correspondencia con la ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos. En este período de transición de una etapa a otra existe cierta ambigüedad en las tendencias de autorregulación psíquica, esto hace difícil al profesor u otro profesional de la educación la identificación precisa de la etapa evolutiva en que se encuentra el alumno. Además, ellos expresan una amplia gama de configuraciones corporales y psíquicas, las cuales no entronizan fácilmente en el modelo biológico o psicológico que se define como edad escolar o edad adolescente.

 

PECULIARIDADES BIOLOGICAS. PREMISAS DEL DESARROLLO PSIQUICO

El individuo a partir de los 10 años y hasta los 15, aproximadamente, comienza un período de notables cambios anátomo-fisiológicos, condicionados genéticamente, que son consecuencia de modificaciones en el funcionamiento glandular para la secreción de hormonas, y que se manifiestan en todos los subsistemas corporales: nervioso, circulatorio, reproductor y ósteo-muscular, entre otros. En los hombres aparecen más tardíamente que en las mujeres. Las manifestaciones más evidentes desde el punto de vista externo son: el estirón corporal acompañado de cierta distrofia en las proporciones de las extremidades con relación al tronco; la aparición de caracteres sexuales secundarios como el vello púbico y axilar, el bigote, la barba y la vellosidad de las piernas y brazos en los hombres y el crecimiento de las mamas en las mujeres; la figura masculina se hace más angulosa y musculosa, ampliándose la capacidad pectoral y dorsal, así como el endurecimiento y aumento de los músculos del antebrazo, crecen las "tetillas" de los hombres y los "pezones" en las mujeres; la figura femenina se hace más redondeada por el aumento del tejido adiposo en las caderas, que se ensanchan, también aumenta el volumen de los muslos. Cambios menos visibles son la maduración del sistema reproductor al entrar a funcionar los ovarios femeninos en la producción de óvulos y de los testículos masculinos en la de espermatozoides; los púberes se dan cuenta de estos cambios con la primera menstruación (menarquia) en las mujeres y la primera eyaculación (eyacularquia) en los hombres, con el consecuente aumento de la curiosidad y deseo de intercambio íntimo - sexual (Sicilia, P. y R. Ferreiro, 1989).

Los cambios en la voz se hacen notables en los hombres. Se modifica la laringe y en consecuencia se manifiesta la conocida "nuez de Adán o guaguero". Es frecuente la emisión de sonidos disarmónicos conocidos como "gallos". La voz se hace más grave. Se hace difícil el canto en determinados registros vocales. En las mujeres es menos evidente o nula la afectación de la voz.

A estos cambios anatomo-fisiológico se asocian determinadas dificultades como son fatigabilidad, somnolencia, movimientos disarmónicos, pérdidas del control muscular en el agarre y manipulación de objetos por lo que pueden caérsele de las manos, alteraciones en la capacidad sensorial en la discriminación de estímulos de diversa naturaleza.

En el alumno de séptimo grado la manifestación de estos cambios es incipiente en la mayoría. Los maduradores tempranos se destacan del resto mientras que los tardíos aún pasan inadvertidos. La pubertad tiene una duración relativa, en unos es más corta y en otros se alarga durante varios años.

El profesor debe conocer y respetar las posibilidades vocales y de expresión corporal de sus alumnos, evitar la sobreexigencia, la crítica severa y sobre todo la burla ante los errores que puedan cometer sus alumnos en este difícil pero necesario período del desarrollo biológico.

 

PECULIARIDADES PSICOLOGICAS

La actividad contextual concreta es el criterio que se asume para la periodización del desarrollo de la personalidad (Rodríguez, M. y R. Bermúdez, ibidem). Atendiendo a este criterio clasificatorio es que el maestro puede identificar la etapa evolutiva que expresan sus alumnos. ¿Con cuáles objetos y sujetos interactúa el alumno en sus diferentes contextos?. La respuesta a esta pregunta facilita comprobar si predominan las formas de interacción típicas de la personalidad escolar o adolescente. Es en esta actuación contextual, que transcurre a través de los procesos de actividad y comunicación, que se forma, desarrolla y expresa la persona.

En la etapa escolar más desarrollada el niño dedica la mayor parte del tiempo al juego de reglas con los compañeros de clase o vecinos del barrio (escondidos, agarrados, bolas, papalotes, trompos, casitas, tejo, muñecas, parchis, damas, pelota y otros), y a ver los programas televisivos, sin preocuparse mucho de las fiestas aunque si le gusta salir de paseo con sus padres a cumpleaños y lugares recreativos. Tampoco asumen importantes tareas en el contexto familiar. Tratan de agradar a padres y maestros cumpliendo disciplinadamente con lo que le exijan que haga, en la medida que le sea posible. Hablan de los novios como un juego más pero realmente no hacen una vida de pareja con nadie. En la escuela se preocupan mucho por la nota y el elogio del maestro, aunque también le interesa que lo elogien sus coetáneos. Le resultan más atractivas las tareas manuales, poco abstractas, mecánicas. Buscan al adulto como supervisor de las reglas de interacción con sus compañeros.

Según arreglo didáctico (Rodríguez, M. y R. Bermúdez, 1998, p. 150-151) la personalidad se subdivide en tres funciones psíquicas de naturaleza inductora movilizativa, orientadora y sostenedora - y tres ejecutoras - cognitiva, metacognitiva e instrumental- , lo cual le permite explicar su desarrollo en la autorregulación de la actuación contextual concreta. Cada función se corresponde con una unidad estructural que transita por tres estadios. Los estadios de la función movilizativa (intensidad motivacional), de menor desarrollo y complejidad a mayor, son: motivo, interés e intención. Los estadios de la función orientadora (expectativa) son: tarea, objetivo e ideal. Los de la sostenedora (estado afectivo) son: emoción, sentimiento y pasión. Los de la cognitiva son: percepción, pensamiento empírico y teórico. Los de la metacognitiva: autopercepción, autoestima y autoconcepto. Los de la instrumental (instrumentación ejecutora) son: operación, acción y habilidad. Además, plantean que el reflejo psíquico tiende a desarrollarse desde un estado regulado (inconsciente, perceptual e inmediato) a otro autorregulado (consciente, racional y mediato).

Desde el punto de vista psicológico, la configuración que expresan y que explica la tendencia en la autorregulación de su actuación en la siguiente: en el subsistema de regulación inductor, en la función movilizativa se autorregulan a nivel de intereses; en la función direccional a nivel de tarea; y en la función sostenedora a nivel de sentimiento. En el subsistema ejecutor, en la función cognoscitiva se autorregula a nivel de pensamiento empírico; en la función metacognitiva a nivel de autoestima y en la función instrumental a nivel de acción motora dominada e intelectual no dominada.

Ampliando el modelo psicológico de personalidad escolar que anteriormente se define se puede decir que el escolar ya es capaz de interactuar con determinados objetos y sujetos (escuela, juguetes, compañeros, padres, nota, asignatura, libro, etc.) de manera relativamente intensa, consciente y estable; pero sus expectativas de interacción son inmediatas o inconscientes, es decir, se dirigen hacia algo (objeto o sujeto) identificándolo con muy poco tiempo de anticipación (algunos días antes o en el momento en que lo percibe) y no pueden argumentar con razones, de manera verbal, las causas de su elección. No obstante se sostienen en su interacción de manera relativamente estable y consciente sobre la base del estado de satisfacción de sus expectativas (se expresa su amor por la familia, los compañeros, maestros o el odio, miedo, nostalgia por objetos o personas), no obstante sus relaciones con los coetáneos pueden ser fluctuantes y afectarse por razones triviales, aunque en ocasiones sufren mucho la separación del algún coetáneo al cual encontraba "apegado", o sea, vinculado afectivamente a nivel de sentimiento.

Cognitivamente reflejan las peculiaridades externas del objeto y a partir de ellas establecen relaciones, utilizan preconceptos o conceptos empíricos, requieren de láminas u otro tipo de representación fenoménica del objeto para su comprensión, les resulta difícil establecer relaciones esenciales entre los objetos pues no pueden operar con el concepto teórico; su aprendizaje de conocimientos es predominantemente inconsciente y reproductivo, hace uso de cadenas verbales (secuencia de palabras ordenadas según un patrón estricto, que se repiten por la persona sin comprender su significado). Metacognitivamente pueden referirse a sí mismos a nivel descriptivo, es decir, mencionan las cualidades que típifican su estilo de actuación en la medida que las puede identificar, pero no puede fundamentar por qué ni establecer relaciones entre ellas; es capaz de decir que es bueno, colectivista, inteligente, cariñoso, y hasta reconocer que es indisciplinado, malgenioso o remolón, pero no da razones causales, en última instancia y con dificultad pone algún ejemplo inmediato de su actuación donde se ponen de manifiesto dichas cualidades. Desde el punto de vista instrumental le resulta fácil la ejecución de aquellas instrumentaciones motoras que a nivel de acción hayan sido ejercitadas, tales como recortar, pegar, escribir, recitar, cantar, bailar y calcular entre otras, las instrumentaciones intelectuales le resultan más dificiles, no obstante, puede mostrar dominio en aquellas que se apoyan en conocimientos ya adquiridos como identificar y describir.

En la edad adolescente la persona se distingue en su actuación contextual concreta por tratar de utilizar un léxico especial por el uso de neologismos y vulgarismos, la coquetería femenina y el galanteo masculino implican conductas rituales para atraer a la pareja del sexo contrario que, a veces, los conduce hasta el rídiculo. Se preocupan por la apariencia corporal en función de agradar a las personas del otro sexo, en correspondencia con los modelos físicos de moda. Se autoobservan detenidamente y van comprobando los cambios anatómicos en la medida que se manifiestan. Mucho tiempo se dedica a la interacción con los amigos y a la búsqueda de una pareja o, al menos, a conversar sobre la necesidad y posibilidad de establecer una relación íntimo-sexual y las cualidades de la pareja ideal, así como de las personas reales que conoce y le agradan. El amigo íntimo es muy importante; por mantener el vínculo amistoso y no desacreditarse ante la opinión del otro es capaz de realizar acciones que ponen en riesgo su vida. Demostrar su valentía en el caso de los hombres es algo importante. Durante el aprendizaje escolar, en un sistema tradicional de educación, se comportan de manera formal, estereotipada, fingiendo docilidad y disciplina pero transgrediendo las normas rígidas impuestas por el profesor a la menor oportunidad. Tratan de divertirse aprovechando cualquier momento, a veces no toman en consideración las normas de convivencia vigentes por lo que llegan a molestar a otras personas familiares, vecinos y profesores) y establecer disputas con ellos que pueden llegar a elevados niveles de agresividad verbal y corporal. Con frecuencia, por imitación, comienzan a ingerir bebidas alcohólicas y a fumar cigarrillos. Gustan de los juegos de mesa como las cartas, el dominó, el parchis, las damas y el ajedrez entre otros; también dedican parte de su tiempo a la práctica de deportes, preferentemente los hombres. Las mujeres se dedican a hablar de modas, radionovelas, telenovelas y artistas famosos, así como a criticar a sus "rivales" femeninas o valorar a los posibles pretendientes masculinos. Ellos también pueden participar de estas conversaciones pero en menor medida. Cuando un adulto les trata de imponer la moral de obediencia o abusa de su autoridad se revelan, desobedecen y la relación se torna tensa. Protestan cuando los maestros le exigen el cumplimiento de tareas escolares o los padres le imponen tareas domésticas que consideran poco importantes o indignas de alguien que aspira a ser adulto y que ya se parece mucho por su configuración corporal. Piden conscientemente que se les valore con justicia y se les tome en cuenta a la hora de tomar una decisión familiar o escolar. No toleran el castigo físico y mucho menos el moral. Ante situaciones de conflicto interpersonal con los adultos se tornan rebeldes, groseros, negativistas y evasivos.

Muchos especialistas consideran que la adolescencia es una etapa de crisis pero los estudios antropológicos en comunidades primitivas han demostrado que el fenómeno no va asociado a la edad, no siendo su fundamento hereditario sino social ya que el antagonismo con el adulto que manifiesta el adolescente, está condicionado por el carácter arbitrario de las exigencias a que se ve sometido, las cuales propician el desarrollo de contradicciones fundamentales y a veces irreconciliables, cuyos resultados pueden ser muy traumáticos para el desarrollo sano de la persona.

Cuando las personas con las que interactúan los adolescentes (adultos o coetáneos) cumplen con el código de camaradería (ayuda mutua, respeto, consideración, lealtad y mantenimiento del secreto) se esfuerzan por comportarse de la misma manera, lo cual facilita la eficiencia de la autorregulación de su personalidad en la actuación contextual concreta. Este tipo de relaciones mitiga o elimina las contradicciones entre adolescente y adultos y permite que no se manifiesten las peculiaridades de la conocida crisis de la adolescencia. Evitar las condiciones que evocan la crisis facilita una adecuada transición del adolescente hacia la juventud (próxima etapa evolutiva) y, por tanto, una maduración psíquica óptima.

La configuración de la personalidad adolescente se distingue cualitativamente de la escolar aunque desde el punto de vista teórico algunas de las funciones psíquicas se mantengan el mismo nivel de desarrollo. En el séptimo grado, en aquellos alumnos que expresen un estado de transición de una etapa a otra, es muy difícil identificar con nitidez la configuración psíquica adolescente pero si algunos de sus rasgos, ya sea en el subsistema inductor o ejecutor de la autorregulación.

En el subsistema inductor de la personalidad adolescente la función movilizativa se manifiesta a nivel de interés, la direccional a nivel de objetivo y la sostenedora a nivel de sentimiento en transición a pasión. En el subsistema ejecutor la función cognitiva se expresa a nivel de pensamiento empírico en transición al teórico, la metacognitiva a nivel de autoestima y la instrumental a nivel de acción dominada, no solo de tipo motor sino también intelectuales.

El adolescente continúa movilizándose predominantemente hacia el contexto familiar y en segundo lugar hacia el escolar pero empiezan a alternar de manera significativa con los contextos amistoso, íntimo-sexual y comunitario. Los objetos que constituyen sus preferencias motivacionales, los cuales han sido identificados a través de las técnicas de los Diez Deseos y el Completamiento de Frases Inductoras, son: video-juegos, bicicletas, ropa y zapatos extranjeros, discotecas, cigarro, ron, alimentos, notas, libros, fiestas, cine y televisión. Los sujetos preferidos continúan siendo los padres, abuelos o hermanos, después los amigos, la pareja íntimo-sexual y los profesores. Sus intereses se centran en las relaciones humanas, la diversión, el sexo y el conocimiento sobre determinada rama del saber científico o popular.

Las expectativas del adolescente son seleccionadas de manera mediata, consciente y planificada en dependencia con los recursos con que cuenta para su ejecución. La dimensión temporal de las expectativas oscila entre 2 ó 3 años y 10 aproximadamente.

En cuanto al estudio se orientan hacia la culminación de sus estudios secundarios, preuniversitarios y universitarios; la obtención de una carrera "buena" y de su agrado, así como trabajar en "algo" que les guste. En muy pocos casos se observa una orientación vocacional definida. Algunos se plantean la formación de una familia y describen su composición en correspondencia con las características de la casa, del cónyuge y los hijos. En otros casos el deseo es viajar o visitar otros países.

En cuanto a sus estados de satisfacción, el adolescente se sostiene de manera relativamente estable y consciente con su familia, la escuela, el grupo escolar, el amigo, la pareja íntimo-sexual, así como con determinados objetos que posee. No obstante en el contexto íntimo-sexual se muestra un poco menos estable por razones tales como inexperiencia sexual, deseo irresistible de coito por un miembro de la pareja y rechazo o evitación por el otro, falta de madurez para comprender la actuación del otro en correspondencia con prejuicios sociales sólidamente establecidos y aceptados. Se puede estabilizar el amor por la pareja y el amigo. Frecuentemente expresan emociones muy intensas de alegría, tristeza e ira, llegando a perder el control personal, y por tanto, constituyéndose en estados de afecto.

La transición del pensamiento empírico al teórico es el estado cognoscitivo que predomina. Aún hacen mucho uso de preconceptos al intentar explicar diferentes objetos, se rigen por sus características externas, fenoménicas, sin embargo, bajo una buena dirección pueden iniciar el proceso de conceptualización atendiendo a las propiedades determinantes del objeto. Puede acceder al estudio de la realidad desde un mayor nivel de abstracción, ya que puede prescindir de la imagen concreta del objeto y sus relaciones, y comprender su descripción o explicación a nivel semántico, matemático o gráfico; por ejemplo, la estructura celular y molecular, las leyes de Newton, las fórmulas químicas y matemáticas, entre otros. Pueden emitir juicios valorativos de carácter ético o estético. La observación es más precisa y le permite identificar detalles en objetos relativamente complejos por su configuración. En la solución de problemas, relativamente complejos, puede utilizar procedimientos lógicos en la estructuración de la solución, generalizar los resultados al transferirlos a otras situaciones.

Desde el punto de vista instrumental, puede continuar ejercitando instrumentaciones motoras y obteneréxito en su ejecución, aumenta el nivel de dominio de instrumentaciones intelectuales de aplicación de conocimientos anteriores como la descripción, la identificación, la explicación y la caracterización; es propicio el desarrollo de instrumentaciones intelectuales de adquisición de nuevos conocimientos como la comparación, la clasificación y la valoración, las cuales quedan aún a nivel de acción no dominada.

Metacognitivamente tiende a describir su estilo de actuación comparándolo con un modelo ideal que encarna cualidades humanas positivas, desde el punto de vista cultural. Esta descripción trasciende los rasgos físicos, corporales y se amplía mediante el uso de criterios valorativos de carácter estético, ético, psicológico y sociológico. Esta descripción puede ser supracontextual. Sin embargo, no logran descubrir las causas del surgimiento de sus cualidades psíquicas ni las relaciones entre estas. Se rige mucho por la opinión de los coetáneos o padres que por la de los adultos, es decir, es más susceptible a la influencia de las personas de su misma edad. No obstante, está en condiciones de elaborar sus propias conclusiones sobre sí mismo. Tiende a subestimarse delante de sus iguales y a sobrestimarse en presencia de los adultos.

Los instrumentos de investigación psicológica que metodológicamente le permiten al maestro caracterizar de forma científica al alumno que así lo requiera por las peculiaridades de su aprendizaje, retardado o ineficiente o viceversa, acelerado o demasiado eficiente, son la entrevista individual, la observación, el cuarto excluido, las matrices progresivas u otra técnica de exploración cognitiva, el completamiento de frases inductoras, la técnica de los diez deseos y la escala analítico-sintética para el diagnóstico de una instrumentación.

 

PECULIARIDADES SOCIOLOGICAS

Sobre la relación profesor - alumno en el contexto escolar:

El alumno de edad escolar manifiesta un alto grado de aceptación del maestro, alto índice de respeto, bajo nivel de crítica y de independencia en cuanto a la toma de decisiones. Predomina la imitación como mecanismo de comunicación y son muy susceptibles a la sugestión por el adulto que dirige su aprendizaje. El maestro es un moderador de la disciplina y un modelo de actuación a reproducir. Los alumnos aceptan, sin revelarse ante el maestro u otro educador, los regaños, amenaza y golpizas, a la vez que tienden a mantener un estado de satisfacción positivo con respecto al maestro.

En la edad adolescente la interacción con el maestro es relativamente distinta. El grado de aceptación y respeto por el maestro, por el simple hecho de ocupar el cargo, es bajo. Hay mayor grado de independencia con respecto a la dirección del maestro y una mayor criticidad sobre su actuación. El maestro deja de ser un ídolo a ultranza; este debe ganarse el respeto del alumno demostrando sabiduría sobre la asignatura que imparte, dominio de las instrumentaciones pedagógicas y respetándolos. El adolescente, poco a poco, mediante procedimientos inductivos o por ensayo y error, va identificando empíricamente las peculiaridades estructurales que debe expresar un buen profesor y sobre la base de este conocimiento selecciona sus criterios valorativos y emite sus juicios. El maestro no debe abusar de la sugestión como mecanismo de control y aprovechar más la persuasión haciendo uso de argumentos creibles y consecuentes.

En el alumno de séptimo grado, al principio, predominan modos de interacción con el maestro típicos de los escolares; pero, a medida que avanza el curso, van aproximándose al modo adolescente. Si el maestro tiene conocimiento de esta tendencia en las interacciones alumno-maestro contribuirá de manera eficiente al desarrollo psíquico de estos y permitirá relaciones agradables, estables.

El maestro continúa evaluando la calidad del aprendizaje del alumno y puede orientarlos en la solución de problemas personales y grupales pero debe mantener una distancia prudente a la hora de intervenir, es preferible que espere que le pidan ayuda o consejo, en la medida de lo posible.

Sobre la relación alumno-alumno en el grupo discente:

En la edad escolar los móviles de interacción entre los alumnos son los objetos escolares (lápices, libretas, mochilas o maletas, uniformes), el aprendizaje curricular y el reconocimiento del desarrollo intelectual a modo de competencia. Las expectativas son realizar correctamente las tareas propuestas por el maestro, aprobar con buenas calificaciones y ser mejor que los otros. El sostenimiento en estas interacciones es fluctuante, esporádico, pueden cambiar sus preferencias interactivas más de una vez en una semana, establecen o rompen una relación con argumentos triviales, empíricos en la mayoría de las situaciones. Manifiestan un conocimiento superficial de las normas de interacción o no son conscientes de ellas. No se le atribuye al grupo un criterio de autoridad ni se hace depender la autoestima de lo que opinen sus padres, en muchos casos esas opiniones se someten al juicio de los adultos (padres, maestros). Existe un bajo nivel de dominio de las instrumentaciones comunicativas tales como observar, describir, entrevistar, explicar y valorar.

En la adolescencia el compañero de aula se convierte en una persona muy importante, así como el grupo discente en su conjunto. Dentro de los móviles de interacción entre los alumnos se mantiene el aprendizaje curricular y se incorporan el apoyo afectivo, el reconocimiento moral y estético. Las espectativas de interacción se orientan hacia la aceptación por los otros que le garantiza ocupar una posición en el grupo. Las relaciones son más estables, las modificaciones en las preferencias interactivas se demoran más tiempo en ocurrir que en la edad escolar; existen relaciones que surgen en esta etapa y perduran durante toda la vida; la ruptura de una relación, generalmente, es más comprensible, justificable. Existe un mejor conocimiento de las reglas de interacción, se preocupan por su establecimiento y que todos tomen conciencia de ellas y las acepten. Al grupo se le confiere autoridad y la opinión de los otros puede influir notoriamente en el modo de actuación de sus miembros. Aumenta el nivel de dominio de algunas instrumentaciones comunicativas como entrevistar, describir y observar pero la valoración y la explicación continúan a un bajo nivel. La opinión de los compañeros puede ser más importante que la del adulto, al cual ya no se le busca como moderador ni como criterio de autoridad en la mayoría de los casos, sobre todo si el maestro o padre no respetan el código de camaradería. Las cualidades que más se tienen en cuenta para aceptar a otro es el altruismo, la valentía, el respeto de la regla y la cooperación durante la actuación contextual.

Los instrumentos metodológicos que facilitan al maestro el estudio de las relaciones en el grupo discente son la entrevista, la observación, el cuestionario de satisfacción grupal y el test sociométrico, entre otros.

 

CONCLUSIONES

• Se espera que en la caracterización psicológica, biológica y sociológica propuesta, los docentes y psicólogos escolares encuentren un modelo orientador para la comprensión e identificación de las etapas escolar y adolescente como momentos evolutivos de la personalidad, en función de explicar las peculiaridades del aprendizaje de los alumnos y propiciar la solución a las contradicciones identidad-diversidad, persona-grupo y niño/adolescente-adulto.

• Se logra ofrecer un modelo teórico resumido sobre las etapas escolar y adolescente en correspondencia con el contexto cubano.

• Se enfatiza en la identidad que permite hallar las tendencias del desarrollo pero se tiene en cuenta que es un resultado de la abstracción de la diversidad.

• El modelo teórico ofrecido es susceptible de perfeccionamiento en correspondencia con los cambios que se produzcan en las personas sobre la base de la evolución de la especie humana y la sociedad.

 

REFERENCIAS

PETROVSKI, A. (1980): Psicología evolutiva ypedagogía. Moscú: Progreso.

RODRIGUEZ, M. y R. BERMUDEZ (1996): La personalidad adolescente. Teoría y metodología para su estudio. La Habana: Pueblo y Educación.

RODRIGUEZ, M. y R. BERMUDEZ (1998): Psicología del pensamiento científico. Teresina: UESPI

SICILIA, P. y R. FERREIRO (1989): Fisiología del desarrollo e higiene escolar. La Habana: Pueblo y Educación.