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Revista Cubana de Psicología
versão impressa ISSN 0257-4322
Rev. cuba. psicol. v.20 supl.supl.1 La Habana 2003
SIDA: impacto psicosocial
SIDA: psychosocial impact
Dra. Nereyda Cabrera; Dra. Nereyda Cantelar; Ph D., Dr. Orestes Blanco; Lic. Vilma Medina
Instituto de Medicina Tropical "Dr. Pedro Kourí"
RESUMEN
Se realiza un análisis filosófico de un dilema bioético importante en nuestro medio: la ética médica y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), el humanismo como base de la relación médico-paciente y la reflexión acerca del impacto psicosocial y económico del SIDA, y cómo perjudica en mayor medida a la mujer y a la niñez.
Palabras "clave": Ética, SIDA, Humanismo.
ABSTRACT
A Philosophical analysis of some important bioethic dilemmas in our country was accomplished. Medical ethics and AIDS, humanism as base of the relation physician-patient, were some of them. In addition, a reflection on the social and economic impact of AIDS, and how it affects more women and children was also performed.
Keywords:Ethics, AIDS, and Humanism.
"Más vale prevenir que curar, pero, para prevenir, hay primero que educar".
Aforismo médico.
INTRODUCCIÓN.
La medicina es una ciencia al servicio del hombre, la salud es más que un derecho, es una necesidad primordial del hombre y de la sociedad en su conjunto, y se convierte en un inestimable bien social. Las tareas de los servicios de salud deben ser prioridades del estado, a las que deben dedicarse todos los recursos disponibles (Gabinete Central Docente Metodológico, 1979)
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los enormes progresos alcanzados en los tres últimos decenios en materia de desarrollo sanitario están en peligro, porque la desigualdad creciente entre ricos y pobres supone una amenaza sin precedentes para la salud y el bienestar de las poblaciones del globo (Nakajima, 1994).
La profesión médica es casi tan antigua como la humanidad misma, surge de la necesidad de conjurar la enfermedad y la muerte. Es una continuación de la medicina preventiva, donde el médico era también "sacerdote" y "brujo", y ha sido objeto de cambios de carácter en los diferentes períodos históricos de acuerdo con la estructura de la sociedad en cada época y su concepción general del mundo. Por lo tanto, queda bien definida la condicionalidad psicosocial de la génesis de la medicina (Gabinete Central Docente Metodológico, 1979).
El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) se ha convertido en uno de los problemas de salud más graves en todo el mundo. Se calcula que los adultos infectados por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) son alrededor de 13 millones; de ellos 5 millones son mujeres (Alonso, 1979). En nuestro país, predomina una concepción científica del mundo, los profesionales de la salud están preparados para dar respuesta a las necesidades de salud del pueblo, se tiene una concepción integral de la medicina y se percibe a la persona humana como una unidad biopsicosocioespiritual (Dueñas, Fuillerat y Pérez, 1996), por lo que el Ministerio de Salud Pública dedica sus esfuerzos y conocimientos a fomentar la salud física, psíquica y espiritual del hombre, a prevenir la enfermedad, a la atención al paciente y su rehabilitación. Con apoyo en el hecho inobjetable de que la esencia del hombre es social, así como también lo es el proceso salud-enfermedad (Organización Panamericana de la Salud, 1992), el médico en nuestro medio se ocupa no sólo de los aspectos técnico-biológicos de la profesión, sino también de los psicosociales y ecológicos.
En nuestro país, la primera persona infectada por el VIH se detectó a finales de 1985. El número de seropositivos detectados hasta el presente es de 2556; de ellos, 970 han enfermado de SIDA y 666 han fallecido, con un número de mujeres paridas de 58 para un 9,44% (Pérez, 2000). Las enfermedades oportunistas diagnosticadas con mayor frecuencia, según la experiencia acumulada en vida de estos pacientes, son en primer lugar la Neumonía por Pneumocystis carinii; en segundo lugar, la tuberculosis; y en tercer lugar, las reiteradas infecciones bacterianas (Pérez y Villaverde, 1995).
En este trabajo, se realiza una reflexión filosófica acerca de la bioética y el SIDA, el humanismo y la ética en nuestro medio y el impacto del SIDA en lo psicosocial y en lo económico, sobre todo en la mujer y en la niñez.
ÉTICA Y SIDA
La ética, como rama del saber filosófico, hace su aparición mucho más tarde que la moral misma. En un principio, la ética, en cuanto a ciencia moral, no se había liberado aún del conocimiento filosófico, pero al convertirse en disciplina del saber filosófico, la ética deja de coincidir con la moral y ésta se convierte, por derecho propio, en un campo del saber filosófico, objeto de la ética (Organización Panamericana de la Salud, 1992)
La ética médica, como manifestación particular de la ética en general, trata específicamente sobre los principios y normas de conducta, que rigen el saber-hacer profesional de los trabajadores de la salud. El problema más importante de la ética médica es la relación médico-paciente, e íntimamente ligado a ello la relación de los trabajadores de la salud entre sí y de éstos con los familiares del paciente (Alonso, 1979). El objetivo es crear las condiciones óptimas, y por consiguiente, una terapia integral (Acosta, 1996).
La relación médico-paciente debe satisfacer la necesidad de seguridad que tiene el paciente, se le explica su estado de salud o los problemas inherentes a la enfermedad que padece, con la prudencia necesaria, y se informa oportunamente sobre las medidas diagnósticas y terapéuticas procedentes. Salvo en casos excepcionales, debe contarse con el consentimiento del paciente o los familiares cuando dichas medidas impliquen algún riesgo. Tanto una buena entrevista clínica y psicosocial, como un correcto examen físico, son elementos que permiten estrechar y hacer adecuada la relación médico-paciente. Por otro lado, debe tenerse en cuenta que cada una de las maniobras realizadas son objeto de evaluación por el paciente y comparadas con exámenes médicos previos.
En numerosas circunstancias, sobre la base de la experiencia cubana de trabajo con personas que padecen de SIDA, este diagnóstico ha revelado comportamientos sexuales, adicción a drogas, entre otros problemas hasta entonces ignorados por familiares y amigos. Al crear un ambiente de confianza y de respeto a la inviolable dignidad humana del paciente, se pueden conocer sus antecedentes, se estudia su personalidad, sus intereses, sus demandas, así como el estado de ánimo del sujeto en las condiciones evolutivas en que se encuentra su afección crónica.
Es necesaria la aplicación de los principios éticos sustentados en la autonomía, en cuyo contexto el respeto irrestricto a la persona humana significa proteger a aquellos que puedan sufrir una pérdida de la propia decisión, a la vez que implica impartir conocimientos al individuo para que este tome sus decisiones y no surjan relaciones de dependencia con el médico. Otro principio, el de justicia, que se refiere a la existencia de equidad universal, para el sujeto significa principalmente la ausencia de discriminación e igualdad de oportunidades para el acceso a recursos y las cargas de riesgos y beneficios. Y el principio de la beneficencia, que implica la protección a las personas y se procura su bienestar (Pico, Delgado y Altisent, 1995).
Beanchamps y Children (1989) describen un principio más, la no-maleficencia, que se entiende como no causar daño o mal al paciente.
EL HUMANISMO Y LA BIOÉTICA.
El humanismo que emana de las teorías ético-filosóficas y corrientes avanzadas, tiene cierto sentido progresista: la expresión de la protesta contra el avasallamiento de la personalidad como defensa de los derechos y valores de la persona humana, desde el renacimiento europeo, que distinguía al hombre no por su origen, sino por sus méritos personales (Alonso, 1979). Por otra parte, se tiene en cuenta el hecho indiscutible de que la salud de los profesionales corre riesgo como consecuencia de su trabajo (Gabinete Central Docente Metodológico, 1979).
La relación que se establece entre el médico y el paciente requiere de un humanismo vivo, que abarca una serie de matices que determinan la enfermedad; contexto donde el segundo sufre y la orientación que el médico sigue en el tratamiento es definitoria. Es la entrevista en el consultorio, el eje principal de la relación médico-paciente.
El médico frente a un paciente con VIH/SIDA debe romper, ante todo, un muro a veces muy sólido, que de no hacerlo pudiera aislarlo para siempre del paciente, si se tiene en cuenta que este siente, por lo general, temor a la muerte, angustia ante el futuro y lo desconocido, tristeza y hostilidad ante el infortunio y una permanente demanda de afecto (Dueñas y Pérez, 2003).
El resultado positivo de una prueba de VIH sólo debe y puede interpretarse de esta forma: que la persona requiere consejos profesionales respecto a la infección y a la enfermedad, chequeos periódicos cada 3 y 6 meses, y sobre todo, una buena educación para continuar viviendo con su afección de base. ¿Cómo proceder para que el impacto negativo o sus consecuencias afecten lo menos posible su propio bienestar y el de las personas que la rodean? Un diagnóstico positivo no implica, necesariamente, la muerte inminente, ni la terminación de una vida normal, pero sí impone la necesidad de ordenar prioridades y cuidados, especialmente los que se refieren a la transmisión al otro o no yo. Si se conoce, que entre el momento de la infección y la aparición de síntomas de SIDA pueden transcurrir hasta 10 años, la persona puede hacer una vida normal.
IMPACTO DEL SIDA EN LA SOCIEDAD
La tercera epidemia sigue con fuerza a la primera y a la segunda de infección por VIH y SIDA. Esta es una pandemia psicosocial, económica, política y cultural (Scholle, 1989).
El SIDA no sólo afecta al paciente, a familiares y amigos, sino que ha demostrado tener efectos considerables sobre toda la sociedad. Sus consecuencias han repercutido sobre instituciones religiosas, políticas y sociales, en fin, sobre la forma de vivir, y nos ha obligado tanto a reflexionar, como a evaluar conductas que permitan enfrentar, con éxito, la enfermedad.
"El SIDA tiene una repercusión social, humanitaria y de principios legales, (y amenaza) socavar la tolerancia, el entendimiento y nuestra función social...." (Brandt, 1987).
Desde el punto de vista de la sociedad, uno de los grandes problemas que deben vencerse es la discriminación que desata el SIDA. Si somos capaces de superar el conflicto ético surgido con la aparición de este flagelo de la humanidad, será una muestra inequívoca de generosidad y de humanismo ofrendada a la sociedad.
El temor al contagio por parte de la comunidad cercana es la consecuencia psicosocial más terrible de la infección por VIH y afecta tanto el sistema de apoyo familiar, como el entorno del paciente.
Desde el punto de vista económico, el impacto del SIDA es enorme, porque la mayoría de las personas afectadas se localizan en el grupo de edad más productiva (17-35 años). Esto es especialmente significativo, si se tiene en cuenta que muchos países atraviesan una grave crisis económica, que a su vez limita la posibilidad de importación de medicamentos y otros suministros para combatir la enfermedad (Pérez, 2000).
Es importante destacar que la infección por VIH no limita, por sí misma, la capacidad de trabajo, por lo que se torna una capacidad básica de solidaridad humana buscar las condiciones adecuadas para que las personas infectadas puedan continuar sus tareas habituales. (Organización Mundial de la Salud, 1988).
El SIDA también ha impactado seriamente a la mujer. Tanto es así, que se ha convertido en una causa importante de mortalidad en mujeres de 29 a 40 años de edad, y se presenta en los años más propicios para la maternidad. Aún cuando la multiplicidad de compañeros sexuales y otros comportamientos de riesgo favorecen la infección por el VIH, la mayoría de las mujeres se contagian como consecuencia de sus relaciones habituales con un compañero estable infectado (Black, 1990)
La infección por VIH afecta a la mujer en su función de madre, esposa, educadora, sostén económico, depositaria de la cohesión familiar. En este sentido, pensamos que proteger a la mujer implica proteger a toda la familia, y por ende, a la sociedad.
El SIDA y la niñez; controvertido tema devenido verdadera pesadilla social. Se sabe, que en ocasiones es vital la toma de decisiones en cuanto a la maternidad: durante el embarazo, mientras más avanzada esté la infección por VIH, mayor es la posibilidad de transmisión al feto, lo que constituye un verdadero dilema ético, es una enorme responsabilidad traer al mundo a un pequeño paciente con SIDA, ¿hasta dónde los padres son responsables?, ¿hasta dónde el personal médico? Pensamos que el médico y el psicólogo desempeñan una función vital en la orientación y persuasión científica y humana sobre las decisiones tomadas al respecto.
Todos los esfuerzos realizados son pocos en lo relacionado con el afán incesante por cumplir al pie de la letra las actividades de control y tratamiento de esta enfermedad y otros problemas específicos, con la visión integradora de la salud en los procesos de desarrollo (Guerra, 1994; Organización Panamericana de la Salud, 2000).
CONCLUSIONES
. La relación médico-paciente VIH/SIDA requiere un humanismo vivo.
. Desde el punto de vista psicosocial, hay que vencer los tabúes y la discriminación que desata el SIDA.
RECOMENDACIÓN
En nuestro medio, todas las formas de transmisión del VIH son previsibles. No obstante, para detener la epidemia es esencial la aplicación consecuente del Programa de Educación para la Salud, en todas las etapas de la vida.
REFERENCIAS
Alonso, D. (1979): Ética y Deontología Médica. 1era.ed. La Habana: Editorial Ministerio de Salud Pública 1-10.
Acosta, J. (1996): Vivir y morir con dignidad. La Habana: Hospital- Facultad "Calixto García." 2 (impresión ligera).
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Brandt, A. (1987): The syphillis epidemic and its relation to AID. Science. 239, 375-80.
Dueñas, J, N. Pérez. (2003): Psicología de la Salud: letra y espíritu. Rev. Cub. Psicol. 20 (1), 67-70. (En imprenta)
Dueñas, J, R. Fuillerat, N. Pérez (1996): La unidad cuerpo, mente y espíritu: una reflexión necesaria.. La Habana: VI Encuentro Latinoamericano de Psicoanalistas y Psicólogos Cubanos (tema libre).
Gabinete Central Docente Metodológico. (1979): Introducción a la especialidad. La Habana: Instituto Superior de Ciencias Médicas de la Habana, 11-8 (impresión ligera).
Guerra, C. (1994): Mensaje del Director. Boletín de la OficinaSanitaria Panamericana. 4, 4 (editorial).
Nakajima, H. (1994): La creciente desigualdad: una cuestión de vida o muerte. Salud Mundial. 47 (6), 3-4.
Organización Mundial de la Salud. (1988): SIDA. A Guide for Community Health Workers. Londres: Ed. Mac Millan Publishers, 5
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Organización Panamericana de la Salud. (1992) Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) en las Américas. Washington, DC: OPS, 3. (Documento CE109/12 presentado a la 109ª. Reunión del Comité Ejecutivo de la OPS).
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Pérez J, B. Villaverde (1995): Pautas para la atención clínica a personas infectadas con el VIH o enfermos de SIDA. La Habana: Instituto de Medicina Tropical "Pedro Kourí", 2-5 (impresión ligera)..
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