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Psicoperspectivas (Valparaíso. En línea)

versão On-line ISSN 0718-6924

Psicoperspectivas (Valpso., En línea) v.7  Viña del Mar  2008

 

ARTÍCULOS

 

Efectos del conocimiento know-how en la subjetivación contemporánea

 

Efects of know-how knowledge in contemporary subjectivization

 

 

Raquel Ribeiro Toral

Universidad Autónoma de Querétaro

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

El presente artículo se propone contribuir al estudio de la subjetivación en nuestros días, considerando que la gran expansión del conocimiento know-how en la organización de la vida social, está modificando el modo en que la gente usa cotidianamente su juicio y sentido común. Para una mejor comprensión, el artículo fue organizado así: introduce la conceptualización psicoanalítica freudiana respecto a la subjetivación, destacando la importancia del conocimiento subjetivante y de la función psicológica del juicio; muestra cómo a partir de la modernidad el know-how comenzó a desplazar al subjetivante; integra a la discusión la perspectiva de filósofos contemporáneos que dan cuenta de dificultades en la subjetivación actual; y concluye con la idea de que el actual orden mundial basado en el know-how estaría dificultando la subjetivación tal como la conocemos hasta ahora y quizá estaría dando pauta para subjetivarnos de formas novedosas.

Palabras clave: Conocimiento; Know-how; Subjetivación; Juicio; Psicoanálisis


ABSTRACT

The present article intends to make a contribution to the study of subjectivization in our days, considering that the vast expansion of know-how knowledge, in social life organization, is modifying the way in which people use their judgment and common sense in every day life. For a better understanding, this article has been organized in the following way: it starts by introducingthe Freudian psychoanalytic conceptualization with regard to subjectivization, stressing the importance of subjectivating knowledge and judgment’s psychological function; it shows as well how, since modern times, this knowhow began to displace the subjectivating knowledge; it proceeds by integrating to this discussion the perspective of contemporary philosophers who convey the difficulties found in current subjectivization. Finally, it concludes with the idea that the current world order, based on know-how knowledge, would be hampering subjectivization such as we conceptualize it so far, and would perhaps be giving guideline to new forms of subjectivization.

Keywords: Knowledge; Know-how; Subjectivization; Judgment; Psychoanalysis


 

 

El conocimiento de lo humano se inicia a partir del momento en que
el sujeto descubre, fuera de sí mismo, a otro ser humano,
aparentemente semejante y, sin embargo, muy distinto, y desea
interpretar la naturaleza de este parecido y esta diferencia; entra en
contacto con ese otro, le hace preguntas y escucha sus respuestas.

Todorov (2000, p. 346)

 

La subjetivación es una experiencia vital por la cual los humanos, además de vivir la simple vida natural común a todos los seres vivos (zoe), son capaces de dar sentido al diario experimentar la vida y de ir inscribiendo psíquicamente tal experiencia, para asumir un lugar en el mundo desde el cual alcanzar un cierto modo de ser, lo que le lleva a vivirla de una manera propia: como bios a diferencia de zoe diría el filósofo italiano Giorgio Agamben (1995), refiriéndose a los términos usados por los antiguos griegos para hablar de la vida.

Desde el psicoanálisis, la subjetivación se da cuando existe la posibilidad de advenir como un sujeto que se sostiene deseando algo en la vida. Se diría que el cachorro humano al nacer prematurado necesita de otro auxiliador, quien al alimentarlo satisface sus pulsiones de autoconservación, mientras al propiciar una experiencia placentera apuntala sus pulsiones sexuales. A partir de entonces busca (pulsa) repetir esa experiencia de satisfacción; lo hace pataleando y gritando para llamar, también alucinando la experiencia, pero al sentir que así no lo logra, dirige su ser hacia la realidad exterior y “se da cuenta” de la presencia del otro.

También se da cuenta de que el otro se mueve independientemente de que él así lo quiera, y esto lo lleva a discernir entre sí-otro, similar-diferente, alucinado- percibido (Freud, 1895) afuera-adentro y subjetivo-objetivo. Se inaugura así la función psicológica superior del juicio, que junto a las de atención y memoria le permite establecer un juicio de cómo poder obtener la experiencia de satisfacción deseada, poniendo fin a la dilación que significa el pensar y conduciendo al infante a actuar en la realidad exterior (lazo social) (Freud, 1911).

Filósofos como el citado en el epígrafe, plantean que nos subjetivamos en el lazo social, porque en él se despliega un saber de uno mismo a través del otro, que al ubicarnos históricamente nos permite asumir un cierto modo de ser. Arendt (1958, p. 16-17) lo dice así: “Los hombres que viven, se mueven y actúan en este mundo, sólo experimentan el significado debido a que se hablan y se sienten unos a otros a sí mismos”.

Digamos entonces que entre los humanos se da un saber subjetivante, que por mediación del otro permite ser uno, es decir, hablar, juzgar, desear, vivir la vida de una manera propia, y así pertenecer al lazo social y recrearlo. Una forma de entenderlo es pensar a la educación como una práctica social en la cual las jóvenes generaciones van adquiriendo las formas de vida (usos, costumbres, prácticas, hábitos, ideas, creencias, lenguaje, linaje) de las generaciones mayores. En el mundo arcaico se centraba en aprender métodos y estrategias de caza para sobrevivir, junto a las cuales se adquirían costumbres religiosas y morales. En el mundo antiguo, permitió a los grupos humanos convertirse en sistemas sociales y transmitir su grandeza a las siguientes generaciones creando cultura y con ello haciendo lazo social, según lo muestra Sloterdijk (1993).

Sin embargo, el surgimiento del mundo moderno comenzó a desplazar ese saber por un conocimiento técnico, objetivo y universal que fue llamado know-how. Ello trajo varias consecuencias. Por un lado, dictó que el conocimiento científico era el único válido porque provenía de estudios objetivos (que resultaban de la aplicación de las leyes del método científico y de la exclusión de la subjetividad del investigador). Si la única forma válida de conocer era la aplicación del método científico, quedaban censurados otros modos de hacerlo, como los saberes provenientes de la experiencia que generan subjetividad.

Sin embargo, el surgimiento del mundo moderno comenzó a desplazar ese saber por un conocimiento técnico, objetivo y universal que fue llamado know-how. Ello trajo varias consecuencias. Por un lado, dictó que el conocimiento científico era el único válido porque provenía de estudios objetivos (que resultaban de la aplicación de las leyes del método científico y de la exclusión de la subjetividad del investigador). Si la única forma válida de conocer era la aplicación del método científico, quedaban censurados otros modos de hacerlo, como los saberes provenientes de la experiencia que generan subjetividad.

Por otro lado, el know-how se volvió la fuente de la administración de la vida colectiva a partir del siglo XVII. Fernández (1994) narra que a fines del siglo XIX esta administración científica prometía el progreso mediante una sociedad ordenada, por eso los cargos públicos eran ocupados por tecnócratas capacitados en regir, administrar, evaluar y proyectar a la sociedad de acuerdo a la racionalidad técnica, es decir, en base a fórmulas científicas universales (medidas, perfiles, lenguajes, técnicas) capaces de controlar al cuerpo social, sin importar las particularidades sociales, ideológicas o políticas.

El centro organizador de la vida social comenzó a desplazarse de la cultura hacia “la ciencia”, caracterizada ésta por establecer normas para universalizar a los seres humanos, lo que abrió la posibilidad de llevar la segregación a sus últimas consecuencias como deja ver la experiencia del nazismo en el siglo XX.

Iniciando el siglo XX, Friedrich Heyek (1899-1992) propuso administrar a la colectividad mediante un sistema. Este economista se opuso al anterior racionalismo ilustrado como forma de organización social, argumentando que los humanos eran incapaces de organizarse socialmente por vía de la razón, dado que “sólo son entes que evolucionan adaptativamente, clasificando con los sentidos los fenómenos que aprehenden” (Hayek en Valldespín y García- Guitián, 1990, p. 72). Por eso una sociedad ordenada se logra mediante reglas sociales que se aprenden por ensayo y error. Reglas que inician con comportamientos individuales estabilizándose las más eficaces: aquellas que exigen menos reflexión para adaptarse a ellas. Éstas acaban asentándose en la sociedad por imitación, surgiendo así un orden global, espontáneo, autofundado, capaz de diseminar la información y reflejar con precisión las correctas medidas económicas.

Se trata del sistema de libre mercado, cuya función es comunicarle a las personas lo que deben hacer, ya sea en su interés propio o en el interés general. De este modo, los humanos son considerados partes del sistema, que regula su exclusión o integración a través del empleo (Forrester, 1996) ligado a la educación. Adam Smith (1723-1790), el visionario de este sistema, planteaba que funcionaría mejor cuanto menos cabida tuviera el juicio personal o la responsabilidad ética de sus integrantes, ya que establecer juicios perturbaría su estado anímico tornándolos infelices. Por eso, el sistema debería autorregularse siguiendo las leyes de la oferta y demanda de la mano invisible del mercado.

Si se considera que nuestro mundo tiende cada vez más a organizarse así, entonces pareciera que la actualidad ya no propone a los humanos vivir “una vida a subjetivarse”, sino que tiende a despojarlos de su anterior condición humana, es decir, de su juicio, de su diario experimentar la vida, de su inscripción psíquica singular ¿imposibilitando que alcancen un cierto modo de ser subjetivo o dando lugar a una nueva condición?

Ya desde 1958 Arendt opinaba que de imponerse un lenguaje matemático (de signos fijos, donde el significante y el significado quedarían atados, inmóviles y universales, y que por su claridad no dejarían lugar a dudas ni la posibilidad de discutirlo), la administración gubernamental de la población ya no necesitaría de los juicios de los ciudadanos. Siendo así, quizá adoptaríamos una forma de vida en que comenzarían a desanudarse los lazos lingüísticos, históricos, afectivos y genealógicos, transmisores de saberes provenientes de experiencias de vida que generan subjetividad. Sin lazo social, se extendería cada vez másel conocimiento proveniente de los estudios objetivos que excluye a la subjetividad, por lo que quizá se tornaría borrosa la posibilidad de reconocerse en el otro y de que “en virtud del prójimo aprenda el ser humano a discernir” (Freud, 1895, p. 376). Si el ser humano dejara de ejercer el juicio ¿se daría aún en él un proceso de subjetivación? ¿Tendría referentes para enjuiciar y actuar conforme a ello? ¿Su habla (aquello que lo hace un ser único) dejaría de tener significado?

Además de Arendt, otros pensadores han abordado esta cuestión. Según el politólogo Marcos Roitman (2003) hoy ya no vivimos en una cultura (creada por la acción social &—con fallas humanas&— en el lenguaje de la polis, que nos da referentes para ubicarnos) sino en un sistema creado con lenguaje técnico, que como diría el sociólogo alemán Luhmann (en Roitman, 2003) se autorregula por normas y órdenes, y emite códigos de acción binarios, que usan los humanos como referentes para participar en las redes de acción social comunicativa. Desde esta perspectiva, Roitman opina que el sistema tiende a que el homo sapiens pierda sus capacidades de memoria histórica y juicio para que se vuelva calculable y capaz de operar en él. Matizando la cuestión, podría pensarse que si el homo sapiens pierde la memoria es porque no le es natural, y quizá puede tenerla de forma artificial, por ejemplo en archivos de computadora; si así fuera, estaríamos desplazándonos hacia otra forma de condición humana.

Por su parte, Berardi (2005) opina que el sistema está reemplazando el lazo social por un dispositivo sintético de relación social, organizado en un lenguaje de símbolos matemáticos y por tanto depurado de su espesor emocional, psíquico, lingüístico, histórico y temporal, que tiene por efecto deshistorizar y desimbolizar tal lazo. Se busca que la claridad de este lenguaje unívoco evite la incomprensión en lo ordenado-obedecido, a fin de evitar que se produzca el error humano en el sistema.

Arendt, Roitman y Berardi destacan el proceso de deshistorización como la clave para conformar tal sistema, porque quizá un sujeto historizado sería capaz de emitir un juicio y actuar en referencia a su cultura y a su futuro, aunque no está demostrado que tal juicio histórico le permita cambiar su presente. De todos modos, podría pensarse que un sujeto deshistorizado no cuenta con elementos opuestos que le permitan establecer un juicio, por lo tanto considera que lo único y lo normal es el presente que conoce.

Es que juzgar significa atribuir o desatribuir una propiedad a una cosa, y admitir o impugnar la existencia de una representación en la realidad (Freud, 1925). Para ello necesita dos referentes que permitan al pensar volver a hacer presente algo que una vez fue percibido, representándolo sin necesidad de que el objeto esté afuera. El psicólogo alemán Jerusalem (1895) decía que el juzgar surge por la necesidad de hacerse comprender, lo que lleva al ser humano a apropiarse de las ideas y darles forma propia al complejizar su habla; desde el grito del bebé con elementos emocionales y de ideas, pasando por el vocablo raíz (frase que describe procesos) que transforma lo emocional en nombrar, hasta la necesidad de expresarse usando dos o más vocablos raíz que permiten concluir en un juicio sobre aquello de lo que habla y pasar a la acción.

Jerusalem (1985, p. 51, cursivas del original) lo clarifica con un ejemplo: “si un arcaico, después de matar a un lobo, llegara a su cueva gritando ¡lobo, lobo!, quizá los otros saldrían huyendo pensando que ahí venía. Para hacerse comprender tuvo que decirles ¡lobo muerto!”. Cuando este segundo vocablo expresó el estado del lobo, el proceso pudo concluir en un juicio que todos comprendieron y por ello, de ahora en adelante sería repetido por todos. Lo cual permitió a los humanos un modo de pensar práctico, guiado por la conjetura, el acierto vital y la intuición, que se va establecido en referencia al lazo social (tradición, lenguaje, genealogía, historia).

Podría decirse entonces que la necesidad de hacerse entender, aunada al fenómeno de la incomprensión (favorecido por el lazo lingüístico plurívoco que nos lleva a preguntar, responder, conversar, enjuiciar, pensar), son lo que da consistencia a la vida en sociedad y a un conocimiento llamado por los antiguos “sensus communis” (Vico, en Gadamer, 1975, p. 48-60) o “comunitas” (Esposito, 2005, p. 15), que alberga al sujeto y le permite pensar en relación a su mundo y a los otros y concluir con un juicio para pasar a la acción.

Se trata de un saber subjetivante transmitido históricamente en la plurivocidad del lenguaje, dando lugar a la constante resignificación.

Si bien esta es una forma de subjetivación y no se descarta que haya nuevas formas de hacerlo, le seguiré la pista a ésta en la contemporaneidad, guiándome por la ideas delya citado Roitman. Él opina que sobre este sensus communis (consistente en referente explicativos de significados plurívocos) se está imponiendo una opinión pública, que está sustituyendo lo plurívoco por un lenguaje técnico que ata un significante a un significado estándar (tipo, modelo, norma, patrón, nivel o referencia), lo cual favorece recibir órdenes y responderlas sin cuestionar. De esta manera se conforma un ser humano deshistorizado, que despojado de sus referentes para adquirir un modo de ser, debe construirse un ser en función de la mercancía que consume.

Imágenes como Robocop soñando o el androide de Blade Runner llorando, indican que el sistema científico no es absoluto, pues estos agujeros de sueños y sentimientos escapan a su control. Sin embrago, cabría preguntar si esta tendencia a imponer una forma de vida normativizada (por guiarse de la norma científica y por considerar que es la única normal) daría cabida a experiencias de subjetivación. Porque el sistema le ofrece colmar sus deseos comprando objetos estandarizados que le ofertan la felicidad sin límites. Viviendo en esa fantasía de ser polideseante, olvida cuestionarse sobre sus deseos. Deshistorizado, no le es posible anticiparse en un futuro donde construir una vida propia. Al no guiarse por su juicio, se limita a reglas que exigen menor esfuerzo de pensamiento, creando un automatismo a obedecer y comprar. Cae entonces en un estado de conformismo social, esperando con incertidumbre que las decisiones sobre su vida las tome el otro, el especialista o el Sistema.

La cuestión no sólo reside en que el know-how restringe la posibilidad de ejercer el juicio, sino en la velocidad con que se está produciendo y consumiendo, y con ello, desplazando al saber subjetivante. Eso podemos verlo en los medios, que según el psicólogo social Gergen (1991) nos saturan de variedad de formas de relación, circunstancias, oportunidades, sentimientos y formas de ser sin historia, llevándonos a olvidar nuestros referentes culturales. También podemos verlo en el aumento de gente que consulta al especia lista para solucionar cuestiones cotidianas que antes decidía valiéndose de su juicio, experiencia y conocimiento comunitario. El filósofo Dufour (1996) estudió cómo esta obediencia a vivir la vida propuesta por el know-how (convertido hoy en referente vital) aleja a los humanos de sí mismo y de su reconocimiento en el lazo social que los une a la condición humana.

Al igual que Dufour, varios autores más afirman que el know-how está afectando la subjetivación y muestran nuevos modos de ser humano. Tal es el caso de aquellos que hacen de su vida una cuestión de experimento según Sloterdijk (2003); los sujetos terminales mostrados por Baudrillard (1983) como consumidores de identidad con imagen, acción y narrativa incluida, de entre las que ofertan los medios en seductoras imágenes y mensajes de cómo pensar, decir, hacer y sentir; los humanos con psicosis fría que señala Dufour (1996); los multifrénicos que describe Gergen (1991); los autómatas capaces de operar en el sistema definidos como operadores sistémicos por Roitman (2003) o los neohumanos cuyos cuerpos, desterritorialiados y conectados en red o celular y modificados por bioingeniería, conforman un sistema artificial diría Berardi (2005). Son los seres que requiere el sistema de libre mercado para que fluya la mercancía y se acumule capital.

Si nuestra actualidad tiende a desterrar el lazo social, el discurso, el conocimiento y lenguaje subjetivantes y el juicio; si sólo admite seres normativizados sin dar cabida a un sujeto sostenido por un objeto de deseo no estandarizado; si sólo hacemos una vida industrial y comercial acatando órdenes sin diálogo ni juicio ¿con qué saberes colectivos podríamos subjetivarnos? ¿Es posible tener experiencias subjetivantes, siendo que según el sistema la única experiencia posible es parecerse al modelo que se reproduce en serie? ¿Cómo acontece entonces hoy en día la experiencia de subjetivación? ¿Estamos ante formas novedosas de subjetivación?

 

Referencias

Agamben, G. (1995). Homo Sacer. Valencia: Pre-textos.

Arendt, H. (1958). La condición humana. España: Paidós.

Baudrillard, J. (1983). Las estrategias fatales. Barcelona: Anagrama.

Berardi, F. (2005). “Puritanismo y virtualización”. Recuperado el 26 de noviembre de 2008, de http://biopolitica.blogdrive.com

Dufour, D. R. (1996). Locura y democracia. México: FCE.

Esposito, R. (2002). Immunitas. Buenos Aires: Amorrortu.

Fernández, P. (1994). La psicología colectiva un fin de siglo más tarde. Colombia: Anthropos.

Freud, S. (1895). Proyecto de psicología para neurólogos. Obras Completas. Tomo I. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1911). Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico. Obras Completas. Tomo XII. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1925). La negación. Obras Completas. Tomo XIX. Buenos Aires: Amorrortu.

Gadamer, H.G. (1975). Verdad y método. Salamanca: Sígueme.

Gergen, K. (1991). El yo saturado. Barcelona: Paidós.

Jerusalem, W. (1895). La función del juicio.(Trad. por L. Fierro). México: UAQ.

Roitman, M. (2003). El pensamiento sistémico. México: Siglo XXI

Sloterdijk, P. (1993). En el mismo barco. España: Siruela.

Sloterdijk, P. (2003). Experimentos con uno mismo. España: Pre-textos.

Todorov, T. (2000). Memoria del bien. Tentación del mal. Barcelona: Península.

Valldespín, F. y García-Guitián, E. (1990). El neoliberalismo: Friedrich Hayek, Raymond Aron, Isaiah Berlin. En F. Valldespín (Ed.), Historia de la teoría política. Madrid: Alianza.

 

 

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Recibido em: 19/08/2008
Aceptado em: 04/12/2008