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Psicoperspectivas (Valparaíso. En línea)

versão On-line ISSN 0718-6924

Psicoperspectivas (Valpso., En línea) v.8 n.2 Viña del Mar  2009

 

ISSN

ARTÍCULOS

¿Es posible concebir políticas de inclusión social alternativas?

 

Is it possible to conceive alternative social inclusion policies?

 

 

Mariela Quiñones*; Marcos Supervielle

Universidad La República, Uruguay

*Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

¿Es posible concebir políticas de inclusión -o de reducción de la exclusión- alternativas? Este artículo se propone reflexionar en torno a cómo abordar este camino teórico-práctico. Hacerlo se justifica en el hecho que las concepciones dominantes de las políticas sociales, en general no parecen tener en cuenta las transformaciones culturales y estructurales de las sociedades actualmente en curso, y más precisamente, de nuestras sociedades latinoamericanas, inscriptas en la doble condición de estar asumiendo procesos de cambio relativos a una nueva etapa de la modernidad pero bajo la condición de tener que asumir importantes segmentos de población en situación de subdesarrollo.

Palabras clave: inducción analítica; políticas sociales de inclusión; trayectorias laborales.


ABSTRACT

Is it possible to conceive alternative inclusion -or reduction of exclusion- policies? Our proposal is reflect on how to approach this theoretical-practical path. Due the dominant conceptions of social policies, which in general do not seem to take into account the Latin American societal cultural and structural transformations in progress, societies registered in the double condition of assuming processes of change related to a new stage of modernity but under the current condition of having to assume large segments of the populations in a state of underdevelopment.

Keywords: analytical induction; inclusion social policies; labor trajectories.


 

Introducción

En la historia reciente del Uruguay es posible identificar por lo menos tres posibles actitudes frente a las políticas de inclusión: una perspectiva política radical, una perspectiva pragmática empírica y voluntarista y, una tercera perspectiva de inclusión social institucionalizada en busca de una cohesión social general.

De acuerdo con la postura radical, se concibe que todo esfuerzo por aumentar la inclusión social en las condiciones de los procesos actuales de acumulación y de desarrollo del capitalismo es llamado al fracaso. Esta posición tiene una larga tradición en América latina pero, aunque con sus razones de ser, su camino parece excesivamente largo. No sólo porque posterga a grandes contingentes de seres humanos a la espera de una revolución social que aparece como muy lejana en el horizonte, sino también porque en particular no toma en cuenta los procesos sociales específicos que eventualmente movilizan a la sociedad de las más diversas formas en la lucha por la inclusión social, en sí generadores de movimientos sociales que pueden ser portadores de una transformación radical. Por otra parte, esta posición tampoco da cuenta de las transformaciones que se dan en la propia sociedad, en constante mutación, ya que, en general, parte del apriorismo que ciertos actores conforman los motores de la transformación social.

La segunda postura, con muy fuertes connotaciones empiristas y voluntaristas, consideramos que ha primado en nuestro país después de la crisis de 2002, caracterizando a las políticas llevadas adelante desde el Ministerio de Desarrollo Social. Tal calificación no debe ser entendida como una crítica si tenemos en cuenta las urgencias reales de importantes contingentes de la población o la irreversibilidad de las situaciones en caso de no atacarle precipitadamente con políticas de emergencia; incluso sostenemos la necesidad de seguir profundizando en futuros programas de igualdad social. Hecha esta aclaración, creemos, sin embargo, que dichas políticas de inclusión deben ser articuladas con las transformaciones que están atravesando las sociedades actuales, otorgando perfiles de exclusión o de riesgo de exclusión a contingentes de población que antes no lo tenían. A lo que se agrega la necesidad que éstas tengan que dar cuenta que una de las características de la segunda modernidad es el debilitamiento de todas las instituciones y, por ende, la reestructuración de las relaciones entre individuo y sociedad.

La tercera postura, que representa una perspectiva de inclusión social institucionalizada en busca de una cohesión social general, centrándose en el fortalecimiento de alguna institución clave, e.g. la familia (como recomiendan los expertos del PNUD para América latina)[1]. A nuestro parecer, esta posición no toma en cuenta la creciente cantidad de nuevos arreglos de convivencia que se han instalado en la sociedad, más allá de cualquier voluntarismo, o el cambio en los fundamentos sobre los que se construyen estos arreglos. Este es el caso de la familia tradicional, basaba en gran parte en una división sexual tradicional del trabajo que parecería hoy crecientemente abandonada, más allá de cualquier coyuntura económica.

En base a estas críticas es que nuestra exposición se sostiene en la urgente necesidad de integrar las transformaciones culturales y estructurales de las sociedades a la reflexión sobre las políticas de inclusión social; para, recién a partir de allí, plantear cuales pueden ser los caminos para confeccionar políticas que tengan en principio posibilidades de éxito en el contexto político, social y económico actual.

Para realizar estas reflexiones basadas en la evidencia empírica a la cual nos remitiremos posteriormente, partimos de algunos supuestos básicos:

La distinción entre exclusión de largo tiempo de la exclusión reciente. Las políticas con respecto a cada tipo deben ser claramente distintas. Con respecto a los últimos, quienes, casi por definición, son personas que previamente estaban incluidos, el tiempo de estar excluido juega un papel absolutamente estratégico en las posibilidades de reincluir a esta última categoría de excluidos. Queremos decir que el tiempo va acotando el número de posibilidades y deslegitimando la posesión de muchos recursos a los que pueden echar mano como estrategia de reinserción, acortando las diferencias entre grupos socialmente distintos.

Muy relacionado con el punto anterior, aparece que la pérdida del empleo actúa muchas veces como el mecanismo desencadenante de la exclusión de los antes incluidos. Por lo que es necesario hacer una muy importante distinción entre el desempleo y la exclusión del trabajo. Entendemos por este último concepto la pérdida de la posibilidad de volver a trabajar en la actividad profesional en torno a la cual el sujeto había construido el estilo de vida anterior a la situación de desempleo. Trataremos entonces a lo largo del artículo con situaciones de exclusión del trabajo desencadenadas por instancias de desempleo.

La distinción del espacio subjetivo en el cual está instalado el individuo que transita por esa experiencia. Este espacio (de simbolización) le permite al sujeto desarrollar diferentes prácticas, expectativas, las que a su vez, permiten desarrollar diferentes formas de pertenencia, de identidad, de organización y comunicación.

Por último, la necesidad de abordar la exclusión como forma (en el sentido luhmanniano del término). Lo que nos remite a la complejidad de una situación que deja ver facetas muy distintas, no sólo si se le observa desde la inclusión o la exclusión sino, a partir de la misma experiencia de exclusión, o a partir de sus conexiones entre estas diferentes instancias en el marco de una trayectoria.

La estructura del artículo es la siguiente. En una primera parte, definiremos los estatutos de Inclusión y de Exclusión a la luz de las relaciones que los individuos establecen con la sociedad, haciendo hincapié en el debilitamiento de la estructura de instituciones que durante la primera modernidad actuaron como continente de la inclusión social. Por ello insistiremos en que los ejes de las políticas sociales hoy en día deben realizarse no apoyándose fundamentalmente en estructuras institucionales, sino:

Problematizando las relaciones entre la inclusión y exclusión, a su vez que definiendo cuales son las determinaciones específicas de la exclusión.

Tomando como dimensiones fundamentales de la "definición de situación" de exclusión en muchos casos, el tiempo transcurrido entre la pérdida del empleo y el espacio (simbólico) en donde se mueve el excluido.

Tomando en cuenta las trayectorias de vida. Es decir, la individualidad de las mismas, de forma de ir buscando identificar "recorridos típicos" específicos. Esto con el objetivo de poder establecer programas de intervención, tanto en cada "tipo", como en las etapas que le componen.

En una segunda parte, se comentarán las entrevistas que dan un sustento empírico a nuestras propuestas para, finalmente, en un tercera parte, sacar conclusiones. En estas últimas se mostrará a título de ejemplo, un recorrido típico "ideal" posible (entre otros). Esto nos permitirá tanto, "medir" la distancia de los excluidos reales en relación a este "recorrido típico", como identificar situaciones específicas que permitan políticas de intervención más certeras sobre la exclusión.

 

La relación entre individuo y sociedad en la Segunda Modernidad

Son muchos los autores que insisten en remarcar que el desempleo es un problema que ha venido para "instalarse" en las sociedades modernas. El mundo fluido, señala Bauman (2005), es el mundo del desempleo estructural, no existen habilidades ni experiencias que, una vez adquiridas, garanticen la obtención de un empleo y, en el caso de obtenerlo, éste no resulta duradero. 

Tales afirmaciones emanan del consenso en que la nueva sensibilidad que desata y legitima la segunda modernidad, peculiar y aún más capitalista que la primera de la sociedad industrial de clases, ha dejado atrás a la solidaridad propia de esta última, en la medida en que los mismos conflictos de clase han asumido un carácter distinto. Citando a Touraine (1998, p.55):

La integración social no se realiza más a través de la participación de todos en valores y reglas institucionales comunes, sino más bien de manera opuesta a través de la individualización de cada actor social y de su capacidad de combinar sus fines culturales y personales con los medios instrumentales de la sociedad de masas.

Muchos de estos autores contemporáneos (Beck, Giddens y Lash, 1997), proponen una descripción de estos procesos a partir de una radical revisión de la dialéctica individuo - sociedad. Para ello, parten de la necesidad de dar cuenta de los procesos de "individualización". Dando a entender por individualización la desintegración de las certezas de la sociedad industrial y la compulsión de encontrar y buscar nuevas certezas para uno mismo y para quienes carecen de ellas. Se suele representar este proceso como la inauguración de una nueva sensibilidad, la del sujeto impulsado a modelar su propia existencia. Se le pide a cada persona que se constituya a sí mismo en individuo, que planifique su vida, diseñe, obre y asuma la responsabilidad en caso de fracaso, tarea en la cual muchas veces se encuentra solo. Es la situación del sujeto presionado a tomar decisiones, a resolver dilemas; del sujeto situado en el medio de la sociedad, aunque no en el centro de sus instituciones. La conciencia de esta situación de individualidad se transforma, a su vez, en la base para la comprensión de la misma situación de exclusión. Ésta ya no afecta a los individuos de una manera visible y colectiva, sino individualmente, y es específica a las fases de la vida.

Tales procesos de cambio, que puede ser bien entendido en el marco de las sociedades del capitalismo tardío que analizan estos autores y, por ende, de sociedades donde es central la presencia del Estado de bienestar, no son, sin embargo, directamente transponibles a las sociedades de la periferia del capitalismo, donde, parafraseando a Luhmann (1998):

Tal posibilidad significa que una parte de la población queda totalmente privada de las prestaciones de los sistemas funcionales así como que, en el ámbito de enfrente (el de la inclusión), se introducen formas no previstas de estabilización, las cuales, aprovechando parasitariamente las oportunidades ofrecidas por estos ámbitos de prestación, crean característicos mecanismos de inclusión y exclusión para mantener en pie este entramado (Luhmann: 1998, p.180).

Para éste, así cmo para el sociólogo chileno Robles (2000) éste es un problema central para comprender la dinámica de la exclusión social en nuestras sociedades. Pero para dar cuenta de la particularidad de estas sociedades en la construcción de modelos de individualidad, se hace necesario introducir una modificación en el concepto de individualización, distinguiéndole del concepto de individuación.

[Individuación refiere a] la forma históricamente específica que asume la construcción de la individualidad como principio axial de las sociedades del riesgo en el capitalismo periférico". Dicho en otras palabras, "la confrontación consigo mismo en medio de unidades específicas de socialización, en el caso de la individualización es un proceso de "autoconfrontación asistido", mientras que el capitalismo periférico se trata de una "autoconfrontación desregulada", y significa, por lo tanto, un aumento significativo de las inseguridades ontológicas condicionadas por el empleo precario, la subcontratación, las antinomias de las relaciones de trabajo, las diferenciaciones de género, etc. (Robles, 2005, p.7).

El aporte de estas diferenciaciones radica, y por ello se vuelven un concepto clave en este artículo, en que inauguran una visión más dinámica y multidimensional de los procesos de exclusión que la aportada por otros conceptos, tales como pobreza (expresado generalmente como carencia), marginalidad o sector informal. Exclusión proporciona un acercamiento a lo social interesante en la medida en que favorece una comprensión de procesos donde la realidad es multicausal, la realidad pasa a ser algo cotidiano que se modifica y cambia, reconociendo, por tanto, la heterogeneidad y especificidad de las situaciones de exclusión.

La exclusión social desde estas posturas más cercanas al constructivismo podría ser entendida como un debilitamiento o quiebre de los lazos que unen al individuo con la sociedad, aquellos que le hacen pertenecer al sistema social y tener identidad en relación a éste. Pero mientras en los países capitalistas la exclusión es una exclusión que toca completamente a unos pocos que cayeron fuera de la red social y viven absolutamente marginados, en las sociedades de la periferia, dado que en estas sociedades estas prestaciones nunca llegaron a aplicarse a mayorías; la exclusión es la ausencia de un acceso completo a la ciudadanía por una mayoría no completamente atendida. Esto es lo que lleva a estos autores a reconocer en las sociedades de la periferia moderna a la ruptura de las reciprocidades como resultado de una política legitimada de exclusión.

En este sentido, el binomio inclusión / exclusión, se vuelve una función primaria de la diferenciación en estas sociedades (Luhmann, 1998). Es decir, existen poblaciones que quedan fuera de los sistemas funcionales (empleo formal, por ejemplo) que puedan significar inclusión a prestaciones y servicios elementales. Este tipo de exclusión, en donde las personas que están fuera acceden al sistema bajo las condiciones y expectativas que el sistema social configura, la denominan "exclusión primaria". Pero paralelamente a la diferenciación funcional de las sociedades que delimita los contornos de esta distinción entre exclusión/inclusión primaria, pueden observarse que funcionan pequeñas y grandes redes de inclusión (redes de favores, de ventas de ventajas, de intercambios de influencias). Esto habilitaría a hablar de otras formas de inclusión. A su vez, estas formas de inclusión generan sus propios mecanismos de exclusión. Por lo que se introduce el término de exclusión secundaria para hacer referencia a la falta de acceso a estas redes interaccionales de influencia. Tomando como base esta distinción, afirma Robles, es posible plantear nuevas formas de conectividad entre inclusión y exclusión; inclusión y exclusión no sólo se reproducen y se sedimentan, sino que se condicionan, siendo la situación más común de la exclusión deambular entre lapsos de inclusión seguidos de otros períodos de exclusión.

Retomando el problema de la construcción de la individualidad, para los países del capitalismo desarrollado "individualización" significaría un horizonte de expectativas institucionalizadas de inclusión, que en el contexto de los procesos de "individuación" su carencia toma la forma de una búsqueda obligada de redes de apoyo, diferentes mecanismo de solidaridad que operan, en el marco de la exclusión, como formas alternativas de inclusión. En tales circunstancias, este proceso secundario que muchas veces ha sido mencionado como un obstáculo para el desarrollo, en realidad parece estar funcionando como una condición para el desarrollo capitalista en la periferia: empleo precario, mano de obra siempre disponible, no organizada y barata.

Pero, entonces, intentando reflexionar en torno a nuestra pregunta inicial, ¿por qué concebir la reinclusión de grandes segmentos de la sociedad sin recurrir y pasar por reedificar la sociedad a partir de un fortalecimiento de los sistemas funcionales?

Porque ellos han mostrado sus limitaciones como redes de contención de los procesos de exclusión, por un lado, y porque más allá de los procesos sociales que se viven por las reiteradas crisis, estas instituciones están en crisis o fuertemente debilitadas. Parece entonces necesario concebir las políticas sociales a partir de dimensiones con mayor contenido interaccional, y poner de relevancia este aspecto en las tipologías de exclusión, de modo que nos permitan observar el fenómeno, y pensar en recorridos típicos de trayectorias de exclusión a partir de procesos de inducción analítica, con el fin de definir etapas de exclusión. Esto de tal forma que podamos pensar en redes de contención de otra naturaleza, con otro fundamento.

 

Hacia una tipología de la exclusión en el mundo periférico

Es a partir de estas reflexiones que Robles ensaya la construcción de una tipología que toma en cuenta estas posibilidades de inserción, las diferentes capacidades de integración social a la sociedad concreta en que se vive y los riesgos e incertidumbres de estar excluido. La misma, creemos, tiene una enorme capacidad heurística, en la medida en que introduce una mirada dinámica de los procesos de exclusión, y abierta, en la medida en que permite ser confrontada con diferentes casos empíricos.

Presentamos a continuación esta tipología con algunos ajustes que creemos permiten para su utilización en Uruguay:

  • Inclusión en la Inclusión: es la que usualmente se denomina integración al sistema social. No está presente ni la exclusión primaria ni la secundaria. Supuestamente los que están en esta situación "pueden acceder a todo". El riesgo de incertidumbre es bajo. Es el caso característico de las clases altas de la sociedad que no sólo por sus ingresos altos sino por su red de conexiones sociales construidas, no solamente en el mundo de sus actividades económicas, sino también por los barrios en que viven, por los clubes que frecuentan, por la redes de compañeros que se forjaron en las instituciones que estudiaron, etc., se encuentran muy protegidos de cualquier riesgo.
  • Exclusión en la Inclusión: es el sector de la sociedad en donde se accede al empleo formal, educación completa, salud, recreación, remuneración aceptable etc., pero que no incluye redes de favores, influencias y reciprocidades de conveniencia. Este carácter híbrido de la situación permite actitudes contradictorias. Por un lado, denunciar la integración secundaria de los que se encuentran en el primer tipo pero, simultáneamente, intentar incorporarse a este sector. También en este sector a nuestro entender es que se conforman instituciones (sindicatos, por ejemplo) o redes que intentan contrabalancear políticas o acciones económicas que pueden excluirlos, haciéndoles perder su condición de incluidos. Pero también luchan para neutralizar o contener la exclusión que suponen las redes de influencia de los que pertenecen al primer tipo. El riesgo de incertidumbre fluctúa entre ser alto y bajo.
  • Inclusión dentro de la Exclusión: es donde a pesar de no poder acceder a muchos de los sistemas básicos de bienestar social, existe acceso a redes de interacción y autoayuda que configuran a veces un verdadero sistema alternativo. Las redes de apoyo vecinal, familiar, de género, de amistad o estrictamente solidarias, conforman un tejido que permite paliar de alguna forma la exclusión primaria. No es que en este sector no se acceda al trabajo, sino que éste es inestable y precario con permanentes incertidumbres en la entrada y salida de las fuentes de remuneración, de salud, etc.
  • Excluidos en la Exclusión: comprende a aquellos que se encuentran en una situación límite. O bien en las denominadas instituciones totales, tipo las cárceles o instituciones psiquiátricas, en algunas asilos de ancianos, y las situaciones de auto exclusión voluntaria. Este grupo no es mayoritario y puede tener pocos casos reales en sentido estricto, pero es importante que exista y hay sectores de la sociedad que pueden estar muy cercanos a estas situaciones y, por lo tanto, no debe ser desechado ni olvidado.

 

Dimensiones de la "definición de situación" (tiempo y espacio)

Por tanto, dejando de lado un largo recorrido teórico que han transitado las Ciencias Sociales en las últimas décadas, más inclinada a pensar el problema de la exclusión desde una perspectiva, funcionalista o estructuralista, pero siempre "exterior" a los individuos involucrados en estos procesos, fuimos asumiendo posturas que incorporan tanto la dimensión del "sentido", como el papel que pueden jugar los actores sociales, individuales y colectivos, así como las instituciones y las normas, o la falta de ellas, como elementos que participan en la configuración de tales procesos. Todo ello, nos parece, presupone un creciente reconocimiento de la individuación, concebida como autonomía de los sujetos de las estructuras que los enmarcan.

Bajo este contexto teórico creímos pertinente retomar el debate desde un conjunto de historias de vidas de personas que se encuentran hoy en situación de exclusión, a veces del empleo -situación que marcó fuertemente la realidad uruguaya de las últimas décadas- a veces de otros servicios básicos que provee el Estado de bienestar.  Esta elección conllevará un señalamiento de la debilidad del concepto de empleo asalariado, convertido en el criterio para designar a quien trabaja, el que parece ser un concepto bastante restrictivo para definir el trabajo de todos aquellos que se esfuerzan para obtener algún beneficio o alguna otra forma de ingresos no atada al salario (Tilly, 1998).  En este sentido consideramos más el valor social de una actividad que su valor mercantil de intercambio.

Como técnica, apelamos al método biográfico al que pertenece la historia oral, retomando el valor que siempre ha tenido en tanto instrumento privilegiado con que los cientistas sociales logramos mediar lo individual con lo social, hacer emerger simultáneamente el yo y las estructuras sociales. Al interior de estas mediaciones entre otorgamos una importancia crucial como pivote entre ambas a lo que llamamos el "mundo social"[2] -el mundo obrero-fabril, el mundo del trabajador rural, el mundo de los servicios y dentro de éste, el mundo de los improvisados servicios callejeros- tanto como praxis, tanto como percepciones colectivas, que median y trasladan activamente la totalidad social a sus micro estructuras formales e informales, a sus líneas de fuerza y comunicación, a sus modalidades y nudos de interacciones afectivas. Desde este punto de vista las historias de vida aquí recopiladas (más de 40) mediante entrevistas biográficas adquieren unidad conformando un único relato que nos acerca a través de sus protagonistas a la experiencia de la exclusión no sólo como experiencia biográfica individual o como experiencia de un colectivo particular sino, también, como rasgo estructural de una sociedad.

Desde el punto de vista analítico, la intención fue la observación de cuáles eran las categorías sobre las que reconstruían su experiencia los entrevistados. Para comenzar nuestra hipótesis ha sido que la experiencia de los entrevistados no podría ser vista como una situación homogénea ni estática. En tal sentido, los tipos de Robles sirvieron,  de conceptos sensibilizadores no sólo para ir seleccionando la muestra de entrevistados, sino para ir distinguiendo aquellos rasgos específicos de estas experiencias como modalidades de individuación.

Es así que poco a poco pudimos ir reconstruyendo dos ejes problemáticos que permiten ir distinguiendo diferentes "definiciones de situaciones" en la construcción de la individualidad. Ellos fueron, el tiempo y el espacio.

  • Tiempo: la exclusión del trabajo es una condición estrechamente vinculada a los periodos y, en consecuencia, a las temporalidades. Una cuestión obsesiva y frecuentemente angustiante se impone a quienes se ven enfrentados al desempleo: ¿cómo salir de esta situación? Las respuestas son muy diversas y esta diversidad depende tanto del momento vital en que llega, su carácter sorpresivo o rutinario, el tiempo transcurrido y, algo muy importante, la expectativa creada en torno a la posibilidad de, en determinado plazo, superarlo. Así la heterogeneidad del desempleo es tan amplia como lo son las temporalidades experimentadas por las personas entrevistadas. Demaziere (2006) afirma que "En las sociedades fundadas sobre el trabajo, la privación del empleo tiene consecuencias directas y mecánicas sobre el tiempo vivido. La actividad profesional es consumidora de tiempo, marca un ritmo al desarrollo de las jornadas, impone constricciones a otras actividades, ejerce una fuerte influencia sobre la vida cotidiana" (p. 44)  
  • Espacio: por otra parte, en esta construcción de la individualidad de la experiencia en función del tiempo, empezamos a ver que existe una segunda dimensión: el espacio subjetivo en el que se instala el individuo para hacer frente a este acontecimiento vital. Este espacio, que no es tanto un espacio físico como de simbolización, se asemeja a éste en su capacidad de organizarse y producir movimientos. Necesita, igual que el espacio físico, un sistema de referencias que le ayude a observar posiciones relativas (que también pueden ser temporalmente definidas), tomar distancias, fijar límites. Son estos elementos los que ligan a cada una de estas "definiciones de situaciones" a diferentes prácticas, expectativas, sentidos de pertenencia, formas de organización y/ comunicación, ligadas a la exclusión. En el caso de las experiencias de exclusión que estamos analizando; como ésta es una posición que existe como diferencia de la situación de inclusión, el recurso es empezar a definir posiciones a partir de "otras" situaciones de vulnerabilidad. Es en la representación que hacen del excluido como un alter, donde este fija la percepción de su propia exclusión. Es por eso que a partir de aquí, si hubiera que distinguir al interior de estas trayectorias un criterio que marque el inicio y el devenir de los relatos, dicha marca debería establecerse en la forma en que el entrevistado encara la respuesta a la pregunta: "excluido... ¿de qué?". Intentando dar respuesta a esta pregunta es que empiezan a activarse algunos mecanismos de identificación, algo que se visualiza en la constante búsqueda de alteridad al interior mismo de los espacios de exclusión.

Y estas fronteras son muy variables. Para algunos se trata de no perder la dignidad, para otros de no terminar en un "cantegril" o en la mendicidad. Para otros, de no tener que migrar, abandonar los afectos que están en el país, aunque esto signifique perpetuar vidas de incertidumbre. Y así aprenden a tolerar o soportar con resignación lo que ellos mismos experimentan ante la creciente pérdida de derechos del trabajador.

Para el trabajador rural, se trata más que nada de una exclusión de derechos laborales y de inestabilidad:

Hay que ver cómo está uno de estos animales de cabaña al lado de cómo duerme a veces un peón... Terminó la zafra y yo justo me accidenté, estaba en el seguro y ya después no me dieron reintegro porque era zafrero. Yo no le quise armar pleito ni nada porque tenía la esperanza de que me retomaran en esta zafra (Entrevista a trabajador rural zafral).

Para otros, lo que se experimenta con más fuerza es la exclusión por carencia de capacitación.

Vivo con mi compañera que tiene 54 años que es de acá, de Libertad. Tengo tres hijos con ella, y dos nietos que criamos nosotros. Lamentablemente a veces no sabemos cómo enseñarles porque nosotros tampoco pudimos terminar la enseñanza, no supimos aprender (Entrevista a trabajador rural zafral).

En otra instancia se trata de la exclusión por ingresos:

Lo que sea que pueda ganar por lo menos cuatro mil pesos líquidos y que me quede, no digo a mano, pero cerca de casa. ¿Cuatro mil pesos es bastante menos de lo que ganabas...? Sí, ni qué hablar. Ni comparación. Pero por lo menos para que no se me vaya todo el despido. Voy corriendo contra el tiempo (Entrevista a ex trabajadora bancaria).

O la exclusión a un grupo de edad:

Hay una competencia muy desleal, hay mucha juventud, hay mucha explotación según veo yo... Quizás el muchacho de treinta años puede ser que lleve mejor que uno [la pérdida], tiene tiempo de empatar [modismo que refiere a la capacidad de adaptarse a los cambios]. Pero ya con más de cincuenta años no empatás más, no llegás más" (Entrevista a ex trabajador industria del vidrio).

Sintetizando, son estas dimensiones las que nos indican que la exclusión, tanto en su temporalidad como en su espacialidad, es el producto de interacciones con el otro; es una experiencia que como tal se construye en interacción con un contexto que otorga diferentes significaciones temporales y espaciales que se superponen y muchas veces se contradicen, haciendo aún más compleja la situación.

 

Trayectorias (hacia una Inducción analítica)

Describir una trayectoria de exclusión supone en primera instancia organizar los distintos acontecimientos por los que transcurre el excluido, ordenando su descripción cronológicamente, para luego, en una segunda instancia, ir estableciendo las etapas de este proceso. Dentro de una perspectiva de inducción analítica, es la construcción de las etapas, un primer esbozo de una teoría sobre la trayectoria.

Aunque en sí, ya hay una suerte de teoría en la elección de los distintos acontecimientos por las cuales transcurre la trayectoria, es cierto que en gran parte de esta teoría es el propio actor quien elige los eventos que considera de relieve para el tema sobre el que se le pide que se exprese: su situación de exclusión y cómo arribó a ella.

Es a partir de aquí, en una tercera etapa, que se inicia el verdadero trabajo de análisis y de construcción teórica de un "recorrido" típico. Poco importa si su primer esbozo se construye con la primera entrevista y luego se va contrastando y enriqueciendo con otras y alejándose de la "realidad" de esta primera instancia del relato hacia un "recorrido típico", o bien, se parte de varias entrevistas y luego se busca en ellas el "recorrido típico". En ambos casos este relato idealizado no corresponderá exactamente a la situación de ningún entrevistado en particular.

 Este proceso analítico que Becker (1999) define como inducción analítica rigurosa,  tiene dos restricciones importantes. La primera, es que emerge de la realidad de los actores entrevistados. En ese sentido, es una teoría fundada, o bien, son tipos ideales en sentido weberiano y, por lo tanto, éstas reconstrucciones tienen "realidad". En segundo lugar, que el investigador debe mostrar la conexión lógica de las distintas etapas, en el sentido que no puede saltearse ninguna, y que cada etapa debe esperar a que la anterior se consolide para poder iniciarse, pero además, que la conexión entre las etapas tiene una suerte de racionalidad, tanto para el entrevistado excluido, como para el entrevistador que hace explícito el proceso de exclusión. En el caso específico de la exclusión a que nos referimos, debe demostrar que cada etapa de exclusión es de mayor exclusión que la anterior.

En la medida en que la investigación nos permite identificar trayectorias o recorridos típicos, así como sus etapas específicamente pautadas, pensamos que es posible programar acciones o políticas muy precisas para intentar intervenir o quebrar este proceso. Asimismo, nos permite abordar los fenómenos no como estados de situación sino como auténticos procesos, o sea, se incorporan el tiempo y al espacio como dimensiones endógenas y no exógenas al análisis. Tal proceder nos permite ser coherentes con la concepción de la exclusión social aquí asumida, es decir, concebir ésta como un proceso que tiene un punto de inicio y, desde allí un recorrido, y no meramente como un estado en que cayó la persona. Y en la medida que reconocemos la multiplicidad de situaciones de exclusión y de sus causas, nos parece crucial el intento de construir "recorridos típicos",  para proponer cadenas causales de explicación, de tal forma de poder incidir en ellas. Pero también, para reconocer que quedan afuera otros tipos de excluido y, por lo tanto, requieren análisis complementarios y específicos por otras políticas para tratar de dar cuenta de ellos.

 

Hacia el análisis de las historias de vida de los sujetos excluidos

La exclusión en la exclusión

A lo largo de las entrevistas observamos que sólo algunos protagonistas, aquellos que viven la exclusión como algo permanente, son los que suelen reconocerse como excluidos. Paradójicamente, esto es lo que convierte a unas vidas llenas de carencias en vidas también llenas de certidumbres. Es el caso de los limpiaparabrisas entrevistados, para quienes la incertidumbre y el riesgo se transforman en sus únicas certezas. Para estos muchachos no existe la incertidumbre del mañana porque están instalados en el presente, que significa drogas, violencia, represión, enfermedad, mendicidad. Para estos chicos el espacio es un espacio de carencia. De alguna manera su propia desconsideración desde todo punto de vista, incluso en términos de derechos humanos, su falta de acceso a la comida, al techo, a la higiene, los hace hoy por hoy "excluidos en la exclusión".

Una vez paró una mujer, le habían roto el vidrio del auto otros limpiadores, me relajó todo... Me dijo que me iba a mandar preso. Al rato llegó la policía, me querían llevar, me pusieron las esposas, me llevaron (Entrevista a limpiaparabrisas, Montevideo).

De la inclusión a la exclusión: historias en transición

Claramente se puede observar cierta similitud en los relatos de los ex trabajadores de "Cristalerías del Uruguay" y "Campomar"[3] y aquellos expulsados del sector bancario. Se trata de sujetos que viven la transición hacia la exclusión, ya que parten de una situación previa de inserción en el sector fabril (industria del vidrio y textil) o en los servicios (finanzas).

En la mayoría de los casos han vivido el despido como un imprevisto que los fuerza a encarar el presente desde una actitud muy diferente al colectivo anterior. Identificamos esta etapa como un periodo que lleva una fuerte carga reflexiva. Se trata de una toma de conciencia, no sólo del hecho de haber sido despedido, sino de la inseguridad que les rodea, encontrándose hoy con el desafío de, o bien superar, o bien aceptar esta situación. Se enfrentan, por tanto, y sobre todo, al problema de cómo reorganizar ahora, después del cierre de la fábrica o de su despido, la autoconstrucción de una narrativa vital.

¿Cómo fue el momento en que recibiste la carta [de despido]? (Breve silencio). Fue... Es indescriptible. Fue terrible, terrible. Primero pensé que era una broma. Me empecé a reír. Y cuando miro alrededor, que todos estaban leyendo la carta... Tampoco pensé que era un despido. Pensé: "cierra el banco". Pensé eso. Como una negación... Es que es un lugar [donde] uno tenía mucha seguridad. Yo sabía que las cosas no andaban bien, que algo podía pasar. Pero nunca imaginé eso, un despido (Entrevista a ex trabajadora bancaria).

Dos temas surgen con nitidez a partir de sus historias de transición. El primero, es la estrategia con que el ex incluido intenta incorporarse al mundo de la exclusión. Y esto claramente asume dos caras. Individualmente, la exclusión siempre es vivida como un corte biográfico, una ruptura en la trayectoria. También cobra sentido el carácter individual que adopta la situación, la disolución no sólo de los niveles materiales de vida sino también de lo familiar, la pérdida de confort, el aislamiento, la autodestrucción aceptada en silencio.

Empezás a sufrir un proceso en el cual tenés que ir suprimiendo cosas... Vos empezás a sufrir un proceso en el cual tenés que ir suprimiendo cosas que supuestamente son superfluas, pero no son ... No sólo suprimís cosas, sino que también entrás a suprimir sentimientos... porque entrás a vivir de otra manera. Te sentís desplazado, te sentís como que mucha gente piensa "este no trabaja porque no quiere (Entrevista a ex trabajador bancario).

Dentro de tu casa vas perdiendo lugar, el protagonismo que tenías. Venían los viernes: "papá dame cien pesos", o "para tal fecha preciso quinientos pesos". Ahora es: "mamá, dame dos pesos para una fotocopia (Entrevista a ex trabajador, industria del vidrio).

Colectivamente, puede ser interpretada como un proceso, que se interpreta como una señal de pérdida de un oficio.

El obrero era obrero, hijo de obrero y ahí se genera una identidad, toda una forma de pararse en la sociedad, de relacionarse con los compañeros. Cuando deja de ser obrero tiene que ganarse la vida de otra manera, los vínculos son distintos (ex trabajador, industria textil).

El segundo momento refiere a cuando el ex incluido empieza a comprender el mundo de la exclusión, un mundo que nos revela que "no todo es exclusión en la exclusión".

A pesar de que estás rodeado de tu familia, te sentís solo. Sentís que nadie te comprende, aunque te comprendan. Sentís que tu gente piensa que vos no querés nada... Yo creo lo que veo, la gente también. A la gente le entra el desánimo... No creen en la política, no creen en el dirigente, no creen en el ser humano, no creen en ellos mismos (desempleado de larga duración).

 

La inclusión en la exclusión

Pero con la experiencia del fracaso de los protagonistas siempre aparece la irresistible necesidad de volver las cosas a su orden. Y en alguna medida esto nos dice que el orden importa cuando se pierde. En este momento se reconoce que el principal enemigo es la incertidumbre, la imprevisibilidad, la inestabilidad. Este es el momento en que el sujeto se reconoce inmerso en la nueva situación.

Estamos convencidos de que seguir hay que seguir... el tema ahora es tratar de seguir vivo (desempleado de larga duración).

Es también este el momento cuando el desempleado reciente empieza a comprender el "mundo de los excluidos", y también un punto de paso obligado para que el ex incluido empiece a buscar salidas, a entreabrir ventanas y, de a poco, casi naturalmente, trascendiendo los muros de la fábrica o la empresa, pueda empezar a ver el resurgir de diferentes mecanismos de solidaridad, colaboración y cooperación social no estrictamente ligadas al mundo laboral.

A veces es el apoyo del vecino, de un pariente, otras veces de un amigo. Estos vienen a integrarlos en estructuras horizontales, redes que funcionan como seguridad social informal a las que se acude ante la pérdida de trabajo u otras situaciones de emergencia vinculadas a éste: enfermedad, crisis de vivienda, crisis de afectos, etcétera.

(¿Y contás con apoyo familiar?) Sí, me lo expresaron... lo quiero dejar como un último recurso. Si no me pudiera pagar la sociedad [médica] mía o de mi hija. De momento no lo he necesitado, por suerte... Mis padres son gallegos y está toda la familia de mi madre allá. Yo ya fui, conozco y tengo posibilidades (ex trabajadora bancaria).

En este ínterin he conocido una persona, una vecina, una mujer con la cual nos relacionamos últimamente. Está separada hace un buen tiempo. Comentándole esto me dijo: sabés que mi casa está abierta, agarrá tus cosas y venite para casa, ningún problema, te quedás hasta que consigas (Entrevista a ex trabajador industria del vidrio).

Estas redes solidarias, vecinales o familiares que sostienen a los nuevos desocupados, son las que han permitido sobrevivir a muchos de ellos inmersos ya hace mucho tiempo en la exclusión. Es el caso de las tejedoras que se reúnen en torno a la contratista de tejedoras informales del Barrio Maracaná, o de la estructura de trabajo familiar que se construye en torno al dominio de una zona de la frontera uruguayo-brasileña para cuidar coches.

Solange vincula a un conjunto de trabajadoras, vecinas del barrio, a quienes distribuye parte del trabajo que recibe, instruye en la confección de las bolsas, supervisa y paga. Si no repartiera el trabajo de esta manera no podría cumplir con los plazos que le fijan (Entrevista atejedora informal, Montevideo).

Hay cinco hermanos que trabajan conmigo en la Zona Azul. Y el sexto, que es el mayor, trabaja en [la calle] Sarandí. Es Camelot, vende medias donde era el cine. Y un señor que está por Sarandí, por la confitería City es mi padre, está ahí también laburando, correteando. (Entrevista a trabajadores informales en zona de frontera).

 

No todo es inclusión en la inclusión

Si en cierta forma podemos ver que "no todo es exclusión en la exclusión", también podemos reconocer que "no todo es inclusión en torno a la inclusión". A través del relato de las tejedoras, de los trabajadores del campo, de los trabajadores de frontera y del trabajo inestable, sin acceso a derechos, podemos ver que las más de las veces se parte de fuertes mecanismos de articulación de estos relatos con el trabajo formal.

Yo soy un sándwich y Mariela [la mujer que le "da" trabajo] también es un sándwich", dice Solange, para explicar que se encuentra en medio de una estructura que se despliega como un árbol (Entrevista a tejedora informal, Barrio Maracaná, Montevideo).

Soy hurgador, reciclamos material para vender. Todo por cuenta nuestra. Habían hablado de poner una cooperativa... (¿Qué cosas sacan del basurero?) Botellas de vidrio, de plástico, latas, latones. (¿Y a quién le venden?) A los brasileros. (¿Alguna fábrica en Santa Ana?) No, vienen a comprar, viene una camioneta; todos los días, viene. (¿Y qué hacen ellos con eso?) Ellos van a Porto Alegre. (¿A reciclar allá) A reciclar no sé. A otra fábrica (Entrevista a trabajadores informales en zona de frontera).

Lo que nos dicen estos testimonios es que muchas veces la informalidad es producto de la demanda del sector formal, y que su crecimiento, se comprende a partir de su dinámica. Muchas veces esto puede ser entendido por los quiebres en la cadena de producción del sector formal.

 

Estrategias de salida de la exclusión

Debido a que "el desempleo hace emerger el futuro en el tiempo presente, un futuro incierto, imprevisible, que llega a ser amenazador", su experiencia "muchas veces impone anticipaciones temporales y proyecciones hacia la salida, que se distribuyen sobre una gama muy vasta" (Demaziere, 2006, p.44)

Y las respuestas varían siempre. Unas veces es la salida individual, la "changuita", el "microemprendimiento"; otras veces es "migrar" o esperar a "jubilarse", aun en detrimento del colectivo.

Unas veces es la inmediatez de las necesidades...

Cuando empezamos a crear los micro-emprendimientos empieza a aparecer un fenómeno, la antropofagia local: nos comíamos unos a otros. Con tal de hacerse de un servicio que ha sido tercerizado se pierde la ética. Mi compañero ahora es mi competidor y la inmediatez de las necesidades disuelve lo colectivo (Entrevista a ex trabajador industria textil).

Entonces, por decantamiento propio, muchos compañeros se fueron alejando porque fueron consiguiendo sus changuitas. Otros compañeros que se fueron alejando, alejando, alejando. Otros agarraron de una la plata de la indemnización y se fueron al país de las maravillas, se fueron al Norte... (Entrevista a ex trabajador de la industria del vidrio).

Pero otras veces se trata del duro aprendizaje para resolver colectivamente los problemas y mejorar el futuro individual. Estos casos se pueden ejemplificar con los ex trabajadores de Campomar o de Cristalerías que intentan nuevos emprendimientos colectivamente, siempre a partir de su oficio o profesión:

Estamos abocados en este proyecto de reciclaje [de vidrio], conjuntamente con la Intendencia. Las autoridades de la Intendencia nos pidieron concretamente que hiciéramos una carta de qué cosas materiales son las que precisamos (Entrevista a ex trabajador de la industria del vidrio).

En Juan Lacaze, la institucionalización de "lo colectivo" encarnada en lo vecinal y sindical se siente como parte de las vivencias cotidianas de esta comunidad ("acá todavía sigue existiendo la solidaridad, muy grande"). De alguna manera, ello posibilita pensar que no están solos en la exclusión. Por contrapartida, las experiencias de los ex trabajadores de la banca, a pesar de contar con uno de los sindicatos más fuertes del país, están marcadas por la marginación de las redes de cooperación colectiva que los podrían sostener ante un eventual desastre como el que vivieron los trabajadores de Surinvest. Particularmente este banco fue caracterizado por los entrevistados por realizar una fuerte persecución sindical, algo que los deja, aun en la inclusión, excluidos de una institución que pueda contrabalancear de algún modo las políticas empresariales; es decir, vulnerables ante cualquier acción que pueda hacerles perder su condición de inclusión.

 

Conclusiones

Para sintetizar, ciertamente una de las características que más nítidamente emerge del análisis es la heterogeneidad de las situaciones de exclusión. Pero aún así, es necesario distinguir varios aspectos constitutivos de esta heterogeneidad. Para empezar, reconociendo la capacidad de la tipología que hemos adaptado de Fernando Robles y de la necesaria distinción entre inclusión por beneficiarse del acceso a servicios básicos del sistema de bienestar social de la inclusión por disponer de un conjunto de redes de interacción y autoayuda que llegan a constituir en ciertas ocasiones un auténtico sistema alternativo de inclusión. En tercer lugar, la necesidad de distinguir excluidos de largo tiempo de aquellos de corto tiempo, fundamentalmente vinculados a la crisis que azotó a Uruguay en el año 2002 y que condujo a guarismos nunca antes conocidos de desempleo.

Nos encontramos así con diversas situaciones de exclusión por pérdidas de los derechos laborales, por carencia de capacitación para las exigencias de un mercado de trabajo constreñido coyunturalmente, exclusión por ingresos y por razones de edad atadas a la experiencia del desempleo que vienen a complejizar al mismo concepto. También es notorio que la exclusión es distinta en el espacio rural que en el urbano, por ejemplo. El análisis permitió hacer emerger esta diversificación de  situaciones que es necesario distinguir. Pero no sólo la heterogeneidad se manifiesta por el tiempo de exclusión, sino también por de donde se viene, del espacio simbólico que el excluido construye en torno a la situación, el que a su vez puede ir variando en función del pasado, del presente o de la proyección de futuro. Es claramente diferente si el sujeto siempre estuvo excluido, o bien es un excluido que en algún momento estuvo incluido (desempleado), o bien, entra y sale de la inclusión de forma intermitente.

Todo ello hace pensar que es necesario tener políticas mucho más orientadas en función de grandes configuraciones de exclusión. Las políticas con vocación a ser estandarizadas que se han aplicado en Uruguay[4] pueden ser altamente eficaces para la inclusión social. Sin embargo, el no disponer de una evaluación al momento, no nos permite saber exactamente por qué ha sido eficiente y, por lo tanto, nada nos asegura que vuelva a serlo de aquí en más. No hay una acumulación sistemática de la experiencia, ni una clara percepción de las cadenas causales que llevaron a la exclusión social, ni de cómo se ha logrado desarticularlas.

Por de pronto, la tipología que hemos adaptado, ha mostrado tener una gran capacidad heurística para describir diferencias en la exclusión, y ha permitido percibir cuales son las situaciones de riesgo en que éstos se encuentran. O sea, de donde pueden surgir nuevas camadas de excluidos. Dicho en otras palabras, incorpora elementos que permiten concebir la dicotomía inclusión/exclusión como una dicotomía dinámica. Pero además, la tipología de Robles sugiere procesos, pasarelas entre tipos de inclusión y exclusión o, a la inversa, aunque más excepcionalmente, entre exclusión e inclusión.

La exclusión no es un "estado" en que se encuentra la persona, sino un proceso social en el cual el excluido pasa por diversas fases que, en términos generales, lo alejan de la posibilidad de volver a ser incluido en la sociedad. Como decíamos, el tiempo así como el espacio pasan a ser variables endógenas de la descripción de la exclusión, y por lo tanto, las políticas deben dar cuenta de ello. Por ejemplo, el Plan de Equidad que esta implementando el Ministerio tras el denominado Plan de Emergencia, parece intentar diferenciar las políticas de desempleo de larga duración de otras políticas de empleo.

La evidencia empírica sugiere además una inversión con respecto al papel de la familia. Además de las dudas con respecto al papel que puede jugar la familia frente a la exclusión hoy por hoy, tanto por su mutación interna como institución, como por su desestructuración, estos procesos aparecen en las entrevistas como consecuencia de la exclusión en el trabajo, aunque no exista entre ambos una relación causal automática. También hay evidencia que familias sobrevivieron a la exclusión del trabajo o que se fortalecieron ante la desgracia.

Alineándonos con la evidencia empírica, creemos que en la medida que con la exclusión ésta puede entrar en crisis (además de su crisis estructural) para romper los procesos de deterioro que supone la exclusión, es más importante el mantenimiento de las redes de relaciones sociales de las que dispone el trabajador. Lo que Granovetter (1988) denomina la fuerza de "los lazos débiles". Los programas de empleo en Estados Unidos recomiendan a los desempleados que permanentemente se mantengan activos, que le hablen a "todo el mundo" de su situación de desempleo, de tal forma de multiplicar las posibilidades de que alguien le tenga al tanto de alguna posibilidad de un nuevo empleo. O sea, que rompa con el silencio por la vergüenza de haber quedado desempleado y el desgano y aislamiento que puede producir esa situación. Pero nuestras realidades son otras, y es posible que no esté en el horizonte de posibilidades el conseguir otro empleo. Por lo que es necesario interpretar cuáles son los recorridos típicos de la exclusión.

De los datos empíricos hemos intentado reconstruir como ejemplo un recorrido típico por inducción analítica: el de los trabajadores, padres de familia, que fueron excluidos del trabajo. La primera etapa se inicia justamente por la exclusión del trabajo que insistimos es distinta a un simple desempleo o de precariedad en la medida que es el perder la posibilidad de volver a trabajar en la actividad en la que el trabajador construyó su identidad laboral. La segunda etapa es la exclusión del nivel de vida que aparece como consecuencia de la exclusión del trabajo. Ello significa la pérdida del acceso a ciertas instituciones - no necesariamente a todas - constituidas en la lógica del Estado de bienestar (jubilaciones, seguro de paro, seguro de salud laboral, etc.) y a otras directamente vinculadas con la existencia de un salario regular, tales como el acceso a los servicios públicos (luz, agua teléfono) o bienes de consumo duraderos (vivienda, auto, moto, etc.). El reajuste de los presupuestos familiares y el aprender a vivir con menos dinero que llega irregularmente al seno de la familia, implica un complejo proceso en el cual el sentimiento de exclusión es constante. La tercera etapa de este proceso es la exclusión de la jefatura del hogar. En efecto, en muchas entrevistas hemos visto que una de las consecuencias de la exclusión del trabajo y la exclusión del nivel de vida concluyen en muchas biografías en separaciones o divorcios y, aunque la pérdida de la jefatura del hogar no necesariamente culmine con un divorcio, algún entrevistado ha expresado su sentimiento de pérdida del rol de jefe de hogar (cuando los hijos no le piden más dinero o rechazan sus ocasionales regalos argumentando que él necesita más el dinero que ellos). Finalmente, aunque no hemos realizado entrevistas en esta investigación, nos encontramos ante lo que Robles denomina la exclusión en la exclusión. Lo que significa un auténtico descenso a los infiernos. O sea, quedar totalmente aislado, cortar los lazos de sociabilidad con la sociedad, perder todas las redes de relacionamiento y no poder recurrir a ningún tipo de solidaridad: ni de los ex compañeros de trabajo, ni del barrio ni familiar ni de ningún otro tipo.

Presentamos así un recorrido típico por inducción analítica que sabemos que describe sólo una pequeña parte de los excluidos de la sociedad. No es el potencial recorrido de las mujeres excluidas, ni de las solteras, ni de aquellos que nunca pudieron construir una identidad laboral o profesional. Representa además a personas que tienen cierta edad y que es muy improbable su reciclaje en otra profesión. Pero a su vez, sabemos que es posible "desengancharse" de este recorrido típico a través de la emigración u otras posibilidades más o menos fortuitas. Sin embargo, aún siendo un recorrido típico de tipo ideal, sabemos que tiene realidad, corresponde a situaciones reales y que sus etapas están encadenadas causalmente por lo que se pueden concebir políticas para, justamente, romper estos encadenamientos causales.

Reafirmamos a través de ello, por tanto, la credibilidad de la herramienta de análisis, la que creemos deja abierta la posibilidad para que otros prueben su transferibilidad, por medio de concebir nuevos recorridos típicos sobre otros segmentos de la población en situación de exclusión, tipificando sus experiencias como modalidades de individuación.


Referencias

Bauman, Z. (2005). Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Barcelona: Gedisa.

Beck, U., Giddens, A. y Lash, S. (1994). Reflexive Modernisation. Politics, Tradition, and Aesthetics in the Modern Social Order. Cambridge: Polity Press.

Becker, H. (1999). Tricks of the Trade: How to Think about Your Research While You're Doing It. Chicago: University of Chicago Press.

Demaziere, D. (2006). Ni tiempo vacío ni sobrante de tiempo: El desempleo como prueba fragmentada. Edición mimeográfica. Revista De Trabajo, 2(2).

Entrevista a B Klisberg (2007, 16 de julio). El País, s/p.

Granovetter, M. (1988). The sociological and economic approaches to labor market analysis: A social structural view. En G. Farkas y P. England (Eds.), Industries, firms and jobs: Sociological and economic approaches (pp. 187-216). New York: Plenum Press.

Luhmann, N. (1998). Complejidad y modernidad: De la unidad a la diferencia. Madrid: Editorial Trotta. Edición y traducción de Josetxo Beriain y José María García Blanco.

Robles, F. (2000). El desaliento inesperado de la modernidad. Molestias irritaciones y frutos amargos de la sociedad de Riesgo. Concepción: Ed. Sociales Hoy y Dirección de Investigación Universidad de Concepción.

Robles, F. (2005), Contramodernidad e incertidumbre: El quiebre violento de las certezas de la ciencia a principios del siglo XXI. Revista Mad: Revista del Magíster en Antropología y Desarrollo, 13, 1-12.

Strauss, A. (2001). Le trame de la negotiation. Paris: L' Harmattan.

Tilly, Ch. y Tilly, C. (1998). Work under capitalism. New perspectives in sociology. Colorado: Westview Press.

Touraine, A. (1998). El concepto de desarrollo "revisited". En E. Sader (Ed.), Democracia sin exclusiones ni excluidos (pp. 47-70). Caracas: Nueva Sociedad.

 


Correspondencia: Profesora Adjunta, Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República, Uruguay. Correo de contacto: mariela@fcs.edu.uy.

Recibido: 03 Julio 2009
Aceptado: 16 Octubre 2009

 

 

[1] Ver entrevista a B.Klisberg, Diario El País: 16 de julio del 2007
[2] La idea de mundo social implica esencialmente la idea de universo de discurso o formas de comunicación o de simbolización, aunque no se limite a ella, pues también se orienta a hechos palpables tales como actividades, pertenencias, sitios, tecnologías, organizaciones específicas a cada mundo social particular (Strauss, 2001)
[3] Cristalerías y Campomar son dos empresas de tradición en el Uruguay. Cristalerías fue fundada en 1912 y cerrada  definitivamente por sus dueños en 1999, y estuvo muy ligada al barrio del Buceo. Campomar, fundada en 1906, fue durante muchas generaciones fuente de empleo para las familias de la ciudad de Juan Lacaze, lo cual liga fuertemente los avatares y  destino de la fábrica con los de los pobladores
[4] Programas a cargo del Ministerio de Desarrollo Social Ver http://www.mides.gub.uy/