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Revista de psicología - Escuela de Psicología, Universidad Central de Venezuela
versión impresa ISSN 1316-0923
Rev. psicol. - Esc. Psicol. Univ. Cent. Venez. v.27 n.1 Caracas jun. 2008
ARTÍCULOS
La experiencia familiar de niños provenientes de hogares intactos y hogares con sus padres separados2
Rosa Di Domenico Ragosta
Escuela de Psicología, Universidad Central de Venezuela
Dirección para correspondencia
RESUMEN
Se investigó la experiencia familiar de niños provenientes de hogares tanto intactos como con sus padres separados, pertenecientes a los estratos socioeconómicos III (Clase Media Baja), IV (Pobreza Relativa) y V (Pobreza Crítica). La madre fue la persona valorizada y el padre generaba ambivalencia en los hogares intactos y en los separados, duelo por su ausencia. En los hogares del estrato IV con padres separados, prevalecieron los conflictos. Los niños de hogares intactos se presentaban emocionalmente resonantes, a pesar de las dificultades, así como aquellos que tenían padrastros o cuyos padres, aún cuando estaban separados, seguían compartiendo la vivienda. Se concluye que una familia con ambos progenitores o figuras sustitutas apropiadas, produce un efecto favorable en el desarrollo del niño.
Palabras clave: Estrato socioeconómico, Hogares con padres separados, Hogares intactos, Matricentrismo, Ausencia paterna.
ABSTRACT
We investigated the family experience of children from intact homes with both their parents separated, belonging to the socioeconomic strata III (Class Medium Low), IV (Relative Poverty) and V (Critical Poverty). The mother was the person valued and father created ambivalence in the homes intact and the separate mourn his absence. In households with the stratum IV separated parents, prevailed conflicts. Children from intact homes were emotionally resonant, despite the difficulties, as well as those who were stepfathers or whose parents, when they were still separate, still sharing housing. It is concluded that a family with both parents or appropriate surrogate figures produces a favorable effect on the child's development.
Keywords: Socioeconomic status, Homes with separated parents, Intact homes, Matricentrism, Paternal absence.
La familia es un espacio de interrelaciones y experiencias significativas que orientan tanto la evolución como la acción del individuo dentro de la sociedad. Considerada como “(...) uno de los más importantes y cruciales contextos en que se produce el desarrollo humano” (Palacios y Rodrigo, 1998) su estudio representa un área fascinante, amplia y compleja dentro del campo de la Psicología. Para Manrique (2000), “es el ambiente biopsicosocial por excelencia para el desarrollo de los hijos” (p. 354). Hartup (1989) resalta que el estilo de la familia en que se desenvuelve el niño afecta sus expectativas, roles, creencias e interrelaciones de toda la vida al igual que su desarrollo cognoscitivo, emocional, social y físico.
En un trabajo anterior (Di Domenico, 2001) pudimos constatar lo significativo de las experiencias de separación y divorcio en un grupo de niños de clase media, para quienes la familia ejercía una función importante de apoyo y crianza. En los hogares con padres separados se evidenciaron dificultades e inestabilidad con pronunciado abandono afectivo, especialmente de la figura paterna y un marcado matricentrismo. Igualmente, fueron muy significativos los sentimientos de abandono, pérdida y soledad. En esta investigación, han surgido nuevas inquietudes referidas al estudio de casos pertenecientes a los estratos socioeconómicos con menos recursos de la población, ampliar el rango de edades de los mismos y aplicar otras técnicas para explorar la experiencia de cada uno.
Contexto Conceptual
La familia puede estudiarse desde diferentes perspectivas y es desde tales que debería ser conceptualizada. No obstante, una definición genérica podría considerarse la siguiente:
Se trata de la unión de personas que comparten un proyecto vital de existencia en común que se quiere duradero, en el que se generan fuertes sentimientos de pertenencia a dicho grupo, existe un compromiso personal entre sus miembros y se establecen intensas relaciones de intimidad, reciprocidad y dependencia (Palacios y Rodrigo, 1998, p. 33).
En la definición anterior resaltan algunos elementos interesantes. En primer lugar, la idea de un proyecto vital común, compartido entre los miembros, lo que implica el compromiso a largo plazo. Este proyecto involucra metas, valores, roles, formas de interrelaciones, estrategias y pautas de crianza. En segundo lugar, destaca el concepto de apego como conducta que asegura la proximidad de los infantes a los adultos, asistencia y cuidados, estableciéndose como un núcleo constituyente de las relaciones familiares que se prologa y permanece a lo largo de todo el ciclo vital. De su organización y desarrollo dependerá, en gran medida, la manera como los individuos se relacionarán con los demás, se ajustarán a la vida social y desarrollarán o no trastornos en su personalidad. (Allen, Moore, Kupermic y Bell, 1998; Grossmann, Grossmann y Zimmermam, 1999; Newcomb y Loeb, 1999).
Según Palacios y Rodrigo (1998), la familia cumple una serie de funciones, una de ellas es las de servir de escenario donde se construyen las personas adultas con una determinada autoestima y sentido de sí mismo a partir de experiencias infantiles ligadas al apego, la seguridad y confianza que le brindaron los adultos significativos en su momento. Otra función es la de preparar al individuo para afrontar retos, asumir responsabilidades y compromisos que lo orientarán hacia la productividad, realización, logro de proyectos, motivación hacia el futuro e integración social. En este sentido, “es un lugar donde se encuentran multitud de oportunidades para madurar y desarrollar los recursos personales y (...) salir reforzados de las pruebas y retos de la vida” (Palacios y Rodrigo, 1998, p. 35).
Respecto a los tipos de estructuras familiares, además de la tradicional compuesta por padres e hijos y de la extensa, en la que se incorporan abuelos, tíos y otros familiares, Bray y Kelly (1998) clasificaron de la siguiente manera las familias contemporáneas: Neotradicional, aquella en que ambos adultos desean formar una familia y al pasar tres o cuatro años se parecerá a una en la que nunca ha habido divorcio y presenta relaciones positivas entre sus miembros; Matriarcal, en la que la madre tiene la custodia y está acostumbrada a dirigir la familia, y Romántica, cuando los adultos contraen matrimonio y sus expectativas son demasiado exageradas o irrealizables. Desde su inicio tratan de crear una familia en la que reine la felicidad y no son capaces de comprender las dificultades que puedan presentarse, por lo que es la estructura más propensa al divorcio. Santrock (2003) destaca que a raíz del divorcio o de la muerte de uno de los miembros de la pareja, se pueden organizar nuevas estructuras familiares, siendo éstas las más frecuentes: con padrastro, en la que la madre suele tener la custodia de los hijos y al casarse nuevamente introduce en el hogar la figura del padrastro; con madrastra, en la que ocurre lo contrario al caso anterior, y, combinada o compleja, donde ambos padres tienen hijos de anteriores matrimonios o uniones que viven juntos en una nueva estructura familiar. González y Triana (1998) denominan reconstruidas aquellas familias en las que al menos uno de sus miembros provienen de una unión anterior.
Entre los enfoques teóricos sobre la familia, encontramos la Perspectiva Sistémica. Señala Minuchín (1977) que la familia es “un sistema abierto en transformación... que constantemente recibe y envía descargas de y desde el medio extrafamiliar, y se adapta a las diferentes demandas de las etapas del desarrollo que enfrenta” (p.84) Para Haley (1991), la familia como sistema social pasa por diversas etapas, cuando el proceso de desarrollo que recorre se perturba, aparecen el sufrimiento y las patologías mentales. Las etapas que componen el Ciclo Vital de la familia, descritas por este autor son: el período de galanteo o noviazgo, el matrimonio, el embarazo, la crianza de los hijos, el nido vacío o destete de los padres, el retiro de la vida activa y la muerte.
La Perspectiva Ecológica de la Familia plantea que “las familias poseen (...) cualidades como la de existir en una ubicación geográfica, en un contexto histórico y cultural, de disponer de una calidad de vida y un status social.” (Recagno & Puente, 2002). La Teoría Ecológica de Bronfenbrenner (1987) concibe al niño desarrollándose dentro de un sistema complejo de relaciones afectadas por múltiples niveles del ambiente más próximo y consiste en un conjunto de sistemas que van desde las interacciones personales cercanas hasta las extensas influencias basadas en la cultura. Estudia el progreso de la mutua acomodación entre un ser humano activo en crecimiento y las propiedades cambiantes de los ambientes inmediatos en los que vive, la forma como este proceso es influido por las relaciones entre esos ambientes y por contextos mayores donde están incluidos.
De esta forma, “El ambiente ecológico se concibe como un conjunto de estructuras seriadas, cada una de las cuales cabe dentro de la siguiente” (Bronfenbrenner, 1987, p.23) Desde esta perspectiva, y según Platone (2002), investigar a la familia implica tanto el análisis de las transacciones entre los miembros del sistema, patrones de comunicación, presencia y resolución de problemas, cohesión de los miembros, adaptación a los cambios, así como, los contextos sociales, culturales y económicos que la caracterizan. Otro enfoque interesante acerca de la familia es el de Dunn y Plomin (1997) quienes hablan del “ambiente no compartido” o “familiar único”, crucial en la formación de la personalidad de cada individuo. Las experiencias y relaciones, las negociaciones con el entorno son los factores que promueven las oportunidades y estrategias particulares de adaptación y diferenciación. En el transcurso de la vida familiar, las separaciones, pérdidas, éxitos y fracasos marcan la experiencia subjetiva de cada miembro en particular y tienen un efecto determinante en su desarrollo. Por su parte, las tendencias psicoanalíticas en sus aproximaciones a la familia, han privilegiado la relación diádica madre & hijo con incorporación tardía del padre, en el Complejo de Edipo. Resalta Scarano (2005) que, según las nuevas ampliaciones que el psicoanálisis ha hecho sobre éste, se hace énfasis en la importancia de la relación con los padres en el crecimiento psicológico. En la medida en que se cuente con unos progenitores que favorezcan la capacidad de pensar y estimulen el gusto y el esfuerzo por el conocimiento, este hijo o hija se orientará hacia una vida rica en experiencias que beneficiarán su evolución.
Para Winnicott (1996) la familia se “adquiere” a través de un difícil proceso, en el que no se trata únicamente de quienes la integran en la realidad sino de cómo se va formando, subjetivamente, para el niño. Es por ello, que cada uno de los miembros tiene su familia. Berenstein (1992) la define como “una producción humana (...) básicamente simbólica” (p.17), y un factor de humanización que tiene a su cargo transmitirla, principalmente, a través del lenguaje como producto humano. En este sentido, es mediante él que el individuo “(...) es algo más que el funcionamiento armónico de sus órganos y la familia algo más que una reunión de personas que conviven durante un tiempo prolongado en un lugar determinado” (p.17).
En relación con la familia cuyos padres están separados, en ellas ha ocurrido un proceso de ruptura de la relación interpersonal de la pareja, sea matrimonio o unión concubinaria. Para González y Triana (1998), esta experiencia se concibe como una transición, o sea, la evolución de un núcleo familiar hacia la vida independiente de dos personas adultas o hacia otra estructura. Asimismo, puede conllevar importantes desajustes y requerir adaptaciones nuevas en las relaciones que se establecen dentro de los diversos componentes del sistema. Las separaciones y divorcios van a dar origen a una diversidad de grupos familiares como búsqueda de reestructuración del mismo, que pueden ir desde las conformadas por progenitores únicos con hijos únicos hasta aquellas compuestas por padres divorciados e hijos de diversos matrimonios. Según Oliverio (1987), en este último tipo de familia el número de abuelos, tíos y primos es doble, lo que cambia totalmente la estructura tradicional. Señala la mencionada autora, que en el matrimonio las parejas tratan de organizar una convivencia, que de no funcionar ni aportar las gratificaciones esperadas, se disolverá con una separación o un divorcio, idea que comparte Urdaneta (1986). De esta forma, no es una escogencia definitiva. Las separaciones con frecuencia están precedidas por un periodo en el que los miembros de la pareja se descalifican o ignoran entre sí, lo que provoca dificultades en la autoestima y desajustes personales que entorpecen el grado de adaptación de la persona a su nueva vida en solitario.
De acuerdo con González y Triana (1998), son frecuentes los sentimientos de incredulidad, que progresivamente dan paso al enfado, angustia y pánico intenso por la incertidumbre ante el futuro. No obstante, algunas mujeres que en su matrimonio se sentían anuladas y su vida giraba en torno a su pareja e hijos, pueden sentir la separación como una oportunidad de encontrarse a sí mismas, con sus deseos y proyectos. Este proceso de crecimiento personal también puede ocurrir en los hombres, al descubrir otras dimensiones en la paternidad o en su masculinidad, que les produce satisfacciones novedosas. Los hijos de una pareja que se separa pasan, inevitablemente, por períodos de inestabilidad y crisis al enfrentar esta situación en sus vidas. Son frecuentes las reacciones iniciales de tristeza, miedo, inseguridad, confusión, ira, resentimiento acompañados de auto culpabilización o fantasías de reconciliación de la pareja parental. Wallerstein (1983) destaca que deben desarrollar una serie de tareas que les permita recuperar progresivamente el reajuste personal, tales como: a) reconocer la realidad de la ruptura, b) desligarse del conflicto entre los padres y reanudar las costumbres y actividades cotidianas, c) afrontar los sentimientos de pérdida o rechazo, d) dejar de culpar a los progenitores y a sí mismos o mismas, e) aceptar la permanencia del divorcio y renunciar a las fantasías de reconciliación, y, f) recobrar confianza en las relaciones de pareja, tarea que en la adolescencia pone a prueba su propia actitud hacia el emparejamiento.
Por su parte, la familia venezolana ha sido estudiada desde diferentes perspectivas, destacándose su carácter heterogéneo y diversidad (De Viana, 2000). Este hecho parece ser válido en los diferentes estratos socioeconómicos, pudiéndose observar una variedad de tipos de hogares en los que prevalecen aquellos presididos por mujeres. Asimismo, se observan familias formadas por la madre divorciada o separada y sus hijos, algunas por el padre divorciado o separado e hijos, solteros solos, madres solteras solas, parejas casadas o unidas en concubinato con o sin hijos. La familia nuclear parece haber dado paso nuevamente a las extendidas, en las que se vive con los abuelos, tíos y otros parientes debido a la dificultad que puede representar adquirir una vivienda propia.
En los estratos medios, la familia venezolana se caracteriza por una serie de hechos descritos por De Viana (2000). En primer lugar, el rol de la mujer en el mercado de trabajo no como consecuencia de dificultades económicas sino como una búsqueda psicológica de autonomía y cuestionamiento de los roles tradicionalmente masculinos. Lo anterior, ha traído como una de sus consecuencias, la redefinición en los roles masculinos respecto al manejo del hogar y crianza de los hijos, inclusive, el ejercicio de la paternidad luego del divorcio como “padres solos”. Esto significa afrontar tareas domésticas y el equilibrio entre el tiempo que dedican al trabajo y al cuidado de los hijos. Otro hecho típico de este estrato que menciona De Viana (2000), es la gran cantidad de parejas maduras que viven solas después de uno o varios matrimonios y de haber emancipado a los hijos, debido al aumento de las expectativas de vida. Ello trae consigo otro evento, que es la posibilidad de presenciar la llegada de los nietos a la adultez.
Por su parte, en los estratos bajos o sectores populares, muchos niños viven en estructuras familiares “representadas por la madre y los hijos que conviven con otros núcleos familiares no necesariamente consanguíneos” (Platone, 2002, p. 67) cuyas características son, entre otras, el predominio de relaciones conyugales inestables, donde la madre representa el centro afectivo organizador de la vida familiar, el padre es una imagen periférica, los hijos de mayor edad con frecuencia se encargan del cuidado de los hermanos más pequeños y la abuela o la tía suple a la madre en el cuidado de los hijos cuando ésta trabaja. Igualmente, los niños desde muy temprana edad comienzan a ayudar en la economía familiar con pequeños trabajos remunerados (Lodo-Platone, 2002). Otra característica estructural de la familia popular, de acuerdo con Lodo-Platone (2002), es la importancia de los habitantes del barrio y otros familiares del niño como redes de apoyo que lo cuidan al quedarse solos en sus casas bajo la supervisión de vecinos, primos, cuñados y otras personas. Adicionalmente, y como típica de estos estratos, encontramos la familia extensa modificada (Hurtado, 1995), en la que, a partir de un núcleo central de la casa, que contiene áreas comunes como la cocina y los servicios básicos, se van construyendo habitaciones para otros núcleos familiares.
Esta estructura se origina como resultado de las condiciones económicas actuales de vida, donde es casi imposible a una sola familia, especialmente cuando está representada por la madre trabajadora con los hijos, mantener un techo propio. Para Otalora y Mora (2004) ella “sobrevive a la adversidad que significan la escasez y las condiciones generales de marginalidad” (p.77) gracias a la ayuda mutua que se prestan sus integrantes entre sí. En este sentido, las familias se van extendiendo al ampliarse las casas con llegada de nuevos miembros y en particular al casarse los hijos.
De esta manera, son familias numerosas, con ingresos insuficientes, hijos de diferentes uniones de la madre quien soporta la carga económica del hogar con precariedad, utiliza el castigo físico como modo de disciplina y presenta las normas de manera poco explícita. Arriagada (2000) señala que los hogares pobres son generalmente extensos pudiendo incluir varias generaciones y compuestos, ya que los conforman miembros adicionales a la familia nuclear, asimismo, entre ellos predominan aquellos con la jefatura femenina. En muchos casos, son familias consideradas “excluidas” (Recagno-Puente, 2002) que “conforman un tejido social débil en cuanto a su capacidad de generar formas de organización que respondan a objetivos distintos de los que ya tienen pautados por las necesidades de sobrevivencia” (p.87) Para Moreno (2000) es la familia mayoritaria en Venezuela con un tipo y estructura propia, que internamente está fuertemente estructurada como forma de vida. Dicho autor, la califica como matricentrada por estar agrupada alrededor de la madre y resalta como una consecuencia significativa de este hecho, un vacío de padre, “un hueco cuyas paredes están hechas de nostalgia, rabia y demanda” (p.455). No obstante, la carencia de éste no es lo que produce la delincuencia sino la de la madre. Un papel fundamental en esta estructura familiar lo desempeñan las abuelas por línea materna, señalando Hurtado (1995) que,
(…) la abuela se convierte en el núcleo de la reciprocidad familiar en la medida en que el hombre está ausente (…) impulsa la continuidad y la integración de la familia (…) y hace posible la gestión y distribución a todo el grupo familiar de los recursos sociofamiliares respecto a la crianza y socialización de los nietos, a las ayudas económicas y morales (consejos) y sobre todo al desempeño de la autoridad (…) (p. 6)
Es importante resaltar que la familia popular venezolana posee una estructura y dinámica propia y lejos de ser una familia desintegrada, atípica o disfuncional, es más bien una familia “transformada en su estructura y sus relaciones por las condiciones culturales y materiales en las cuales tiene que vivir” (Otalora y Mora, 2004, p. 99). Es desde esta perspectiva que debe ser estudiada para poder comprenderla en su real dimensión.
Problema de investigación
Tanto de la revisión teórica anterior, como del interés por continuar con la línea de investigación sobre las características de la familia venezolana, desde la perspectiva de sus integrantes, emergió el siguiente problema:
¿Cuál es la experiencia familiar de niños provenientes tanto de hogares intactos como de hogares con sus padres separados, pertenecientes a los estratos III (Clase Media Baja), IV (Pobreza Relativa) y V (Pobreza Crítica) de la población venezolana?
Dicha experiencia se refería a la forma como cada niño había construido subjetivamente las vivencias de su vida en familia, por ello, el problema permitió formular otras interrogantes relacionadas, a las que se pretendió dar respuesta en esta investigación, tales como: ¿Cuáles eran los estados emocionales subjetivos y las vivencias de los niños con relación a sus familias?, ¿Qué tipos de vínculos habían establecido con ellas? ¿Dichas experiencias sobre la familia venezolana, tenían relación con las reportadas por la literatura revisada? Igualmente, surgieron datos relacionados con la forma en que los casos estudiados percibían aspectos de su entorno tales como la escuela, la relación con los vecinos y la inseguridad en sus comunidades.
Objetivos de Investigación
Se perfilaron los siguientes objetivos generales de investigación: a) Conocer las características de su grupo familiar, según la experiencia de niños venezolanos provenientes de hogares intactos y pertenecientes a los estratos socioeconómicos III (Clase Media Baja), IV (Pobreza Relativa) y V (Pobreza Crítica) de la población, b) Conocer las características de su grupo familiar, según la experiencia de niños venezolanos provenientes de hogares con sus padres separados y pertenecientes a los estratos socioeconómicos III (Clase Media Baja), IV (Pobreza Relativa) y V (Pobreza Crítica) de la población, c) Realizar comparaciones de tipo cualitativo acerca de las características de cada grupo familiar descrito por los niños venezolanos en los objetivos anteriores.
Método
El Tipo de Investigación
Se realizó una investigación exploratoria y cualitativa, trabajándose con un grupo de niños, a quienes se les aplicaron un conjunto de instrumentos con el objeto de conocer sus experiencias y la manera como cada uno había construido su mundo particular. De esta forma, se pudieron obtener tanto detalles sobre sus vidas, desde una perspectiva holística, como de las personas significativas que los rodeaban e “información sobre la familia, cultura, antecedentes del desarrollo, educativos, económicos… y actividades y pensamientos de la persona” (Aiken, 1996, p.354).
Los Niños que Participaron en el Estudio
El estudio se llevó a cabo con niños venezolanos provenientes tanto de hogares intactos, entendiéndose por tales, aquellos en los que los padres biológicos vivían con él, como de hogares con los padres separados. Los niños seleccionados, veintitrés en su totalidad, 8 hembras y 15 varones, cursantes entre 4º y 6º grado de Educación Básica, tuvieron edades comprendidas entre los 10 y 13 años. La selección de este rango responde a la continuación de la ya mencionada línea de investigación, en otros estratos de la población y edades.
Las Técnicas Utilizadas
Se utilizaron el Test del Dibujo de la Familia de Luis Corman (1967), historia relatada en relación con el dibujo realizado y entrevistas a profundidad, con el fin de analizar en detalle los datos aportados por cada uno de ellos. El estrato socioeconómico al que pertenecían los niños, se estableció mediante el Método Graffar & Méndez Castellano, adaptado a Venezuela por Méndez y Méndez (1994). En el caso de las entrevistas, fueron no directivas, comenzando con una pregunta abierta tal como: “Háblame de ti, tu vida” y a partir de las respuestas que emergieron, se exploraron aspectos referidos a cómo estaba constituida su familia, descripción de la misma, cómo era el modo de ser de cada uno de sus familiares, cómo era su relación con ellos, cómo se sentía respecto de su familia y la relación entre sus padres, cómo era su nueva familia, de ser el caso, cómo se sentía en ella, indagación sobre pautas de crianza, redes de apoyo y cualquier otra pregunta que pudo ayudar en la comprensión de la forma en que cada niño describía a su grupo familiar y a sí mismo.
El Procedimiento de Recolección de los Datos
La investigación se ejecutó en dos etapas. Durante la primera, se realizaron los contactos con la institución y se seleccionaron los niños que participarían en el trabajo. En la segunda, se llevaron a cabo las entrevistas, con análisis y discusión de resultados y formulación de conclusiones.
Análisis de los datos
Los datos se examinaron de acuerdo con el estrato socioeconómico y tipo de hogar. El análisis del Test del Dibujo de la Familia se realizó según el método establecido por Corman (1967), considerando tanto los aspectos relacionados con la representación gráfica como con la encuesta. Estos datos, así como los que emergieron, tanto de las entrevistas, como de las historias elaboradas por los niños en cada dibujo realizado, se estudiaron e integraron, realizando los siguientes pasos: Identificación de Temas lo que condujo a la Codificación abierta, estableciéndose Categorías; y Codificación axial, ya que en algunos casos, las categorías se descompusieron en otras más pequeñas o subcategorías. Los nombres que se colocaron a las unidades de análisis, intentaron reflejar la experiencia que los niños mostraban en sus discursos. Es de resaltar que por tratarse de una investigación cualitativa, los resultados son propios de los grupos de niños estudiados y no pueden generalizarse. Seguidamente se presenta, a manera de ejemplo, el cuadro resumen de los temas (en negritas), las categorías (en cursivas) y las subcategorías (subrayadas) que emergieron del discurso de los niños del estrato IV provenientes de hogares con padres separados.

Asimismo, a continuación se muestra un ejemplo del análisis de las entrevistas de uno de los niños, J.I, de 11 años, proveniente del Estrato V (Pobreza crítica) y hogar con padres separados, en el tema relativo a las Redes de Apoyo. A partir de sus palabras se delimitó la categoría Cooperación de la comunidad, y las subcategorías Mi vecina me cuida y Nos prestaron el cuarto. En relación con la primera, expresó:
Cuando no estoy con mamá me cuida W. mi vecina, me quedo allá, duermo allá, me da de comer, me trata bien, me ayuda con las tareas.
En cuanto a la segunda, refirió que vivía en una habitación “prestada” por una persona, en condiciones de mucha pobreza y deprivación sociocultural, con su mamá y hermanos.
Vivimos en casa de una señora en el barrio, no pagamos, tuvimos que mudarnos de la otra casa, porque no podíamos pagar el alquiler… ella nos prestó ese cuarto desde hace un año
En cuanto al Test de la Familia, se presentan aspectos del análisis de los dibujos de los niños provenientes del Estrato III. Clase Media Baja, hogares intactos:
Cada caso representó a su propia familia lo que puede significar que mantenían un estrecho vínculo con la misma… En general, los dibujos tuvieron trazados firmes y continuos, con uso proporcionado del espacio, línea base, detalles y pocas borraduras. La estructura era realista, y a nivel cognitivo, evidenciaban un desarrollo adecuado para la edad de los niños, con recursos intelectuales, lo que se manifestaba en su buen desempeño académico. En todos los casos, el padre fue dibujado en primer lugar, aunque en G. resaltaron los conflictos con éste. Las familias tenían expresiones felices y se la llevaban bien, pero paralelamente reflejaban relaciones difíciles con la figura paterna, e idealizadas con la madre, tal como ocurría en la vida real de los casos. No hubo miembros de la familia excluidos y el padre fue la persona desvalorizada en la encuesta y las historias tanto en el caso de G. como en R. Asimismo, las relaciones conflictivas se manifestaron hacia él. La figura valorizada y que se portaba bien en todos los casos fue la madre. La identificación se estableció con personas del propio sexo. Las actividades recreativas en familia consistieron en salir al parque, ver televisión y comer juntos, similares a las que realizaban en su cotidianidad. Las buenas conductas fueron premiadas por la madre regalando objetos, los castigos consistieron en regaños, pero en el caso de G. fueron él y el resto de la familia quienes impusieron el castigo, privando al padre de su cariño. Las historias fueron relatadas en forma de cuento con temporalidad y manejo adecuado del lenguaje, expresando situaciones familiares típicas.
Discusión
La Experiencia Familiar
Se pudo observar que, tal como señalan Dunn y Plomin (1997), cada uno de los niños ha elaborado una experiencia propia y subjetiva acerca de su mundo familiar, que orienta su percepción del mismo y tiene un efecto determinante tanto en el desarrollo de su personalidad como en la manera en que va a enfrentar los diversos acontecimientos que en ella ocurran. De esta forma, tendieron a definir a sus familias basándose en sus funciones de apoyo y afecto, enfatizando términos como amor, confianza, amistad y satisfacción con la propia, sin tomar en cuenta los conflictos que en ella pudieran presentarse. En los casos en que éstos fueron considerados, específicamente aquellos del estrato IV, sus familias eran igualmente percibidas como un factor de protección y cuidado, independientemente del tipo de hogar al que pertenecían. Esto se evidenció también en sus dibujos, que reflejaban familias idealizadas y felices, distintas a las que tenían en la vida real. Esto demuestra que la familia es el centro de la vida personal, emocional y social de los niños entrevistados.
Tal como señalan Manrique (2000), Palacios y Rodrigo (1998) y Bronfenbrenner (1978), es un espacio de interrelaciones significativas que marca la forma de desenvolverse en un contexto más amplio y un microsistema que prepara al individuo para la vida en sociedad. Igualmente, representa una fuente de apoyo, afecto y seguridad para los hijos. Podemos afirmar que, en general, las familias de los casos estudiados cumplen con estas funciones, evidentemente, algunas de una forma más apropiada que otras, no obstante y tal como destaca De Viana (2000), aún cuando puedan tener dificultades en su seno, son un elemento de asistencia ante los conflictos externos o internos que puedan presentarse para el individuo.
Otro aspecto a considerar es que los casos provenientes tanto de hogares intactos como con sus padres separados y pertenecientes al estrato III, manifestaron, en general, una vida familiar más tranquila en la que aún cuando pudiese haber situaciones problemáticas, se amortiguaban ya que no existía en nivel de pobreza, deprivación, violencia, carencia y dificultades socio económicas que rodeaban a aquellos de los otros estratos. Así, a medida que empeora la condición en que viven los niños, su vida se hace más complicada, particularmente en aquellos casos en que no cuentan con la figura paterna o una sustituta que les brinde estabilidad emocional y personal, agravándose la situación si, adicionalmente al abandono del padre, la figura poco presente o que abandona es la materna.
En este sentido, Moreno (2000) señala el alto riesgo de una delincuencia agresiva, implacable e irrecuperable que podría darse en este caso. No obstante, cuando el hogar está compuesto por ambos progenitores o cuando en ausencia del padre, había un padrastro con quien se mantenía una buena relación, se pudo apreciar que los niños, independientemente del nivel de pobreza, vivían de una manera mucho más organizada a pesar de las carencias económicas, y presentaban a nivel general, mayor resonancia afectiva y mejor rendimiento académico. Esto apunta hacia la relevancia que tiene la organización familiar en el desarrollo adecuando del niño, en todas las esferas de su personalidad, especialmente si se trata de una familia en la que el padre y la madre o unas figuras sustitutas adecuadas, están presentes y responden a las demandas del niño en cuanto a educación, cuidados y relaciones de apego seguras, independientemente del nivel de pobreza en que pueda vivir.
Otro elemento importante tiene que ver con el uso del castigo físico que podía llegar a la violencia, presente en los hogares del estrato IV tanto intactos como separados, como forma de educar a los niños y que les marca un modelo de relación con el otro en el que el uso de la agresión se legitimiza. Este hecho, en ausencia de otros referentes para disciplinar a los hijos, está estrechamente ligado a la situación de pobreza, y ha sido igualmente referido por Lodo-Platone (2002) como típico de los estratos populares. Por su parte, las recompensas estuvieron basadas en comprarles objetos, y no se observó el afecto como premio.
De esta forma, el buen comportamiento o bien es ignorado o se encuentra estimulado por elementos materiales. Igualmente, e independientemente del tipo de hogar, los niños de los estratos IV y V manifestaron tener una serie de responsabilidades familiares a lo largo de todo el día, hecho resaltado por el Centro de Estudios sobre Crecimiento y Desarrollo de la Población Venezolana (FUNDACREDESA, 2001) como típico de los mismos. Esta serie de tareas en el hogar, si bien permiten crear en el individuo un sentido de responsabilidad e independencia, por ser exageradas y estar algunas por encima de la capacidad del niño, les limita el tiempo de estudio, lo que, aunado a la falta de apoyo y motivación en sus actividades escolares, repercutían de manera negativa en sus calificaciones escolares, tal como ellos lo relataron en las entrevistas. Esto se agravaba en los hogares separados, y en el caso de los varones, que adicionalmente presentaron problemas de conducta. Asimismo, eran ellos quienes realizaban pequeños trabajos para ayudar en la economía familiar, lo que también describió Lodo & Platone (2002) como frecuente en este tipo de población.
Pudimos observar que, en todos los casos estudiados, la distracción familiar era poco variada, centrada principalmente en ver televisión o realizar paseos, lo que tal vez se relacione con las restricciones que tienen, desde el punto de vista económico, para realizar otro tipo de esparcimiento. Este hecho, impide un desarrollo más amplio de la personalidad, al limitar el acceso a actividades culturales que enriquecen la vida intelectual y emocional de los niños. En los casos pertenecientes tanto al estrato IV como al V y provenientes de hogares con sus padres separados, se evidenció tanto una serie de problemas familiares como de tipo social que angustiaban y preocupaban a los niños.
De esta forma, el consumo de sustancias como drogas o alcohol, las discusiones y peleas, el embarazo inesperado, la agresión física, la violencia doméstica, el no tener dinero para los gastos y la inseguridad en el barrio fueron hechos señalados por los niños ante los cuales se mostraban asustados pero resignados y pasivos como parte de una forma de vida a la que parecían estar acostumbrados y en la que no se planteaban soluciones. En los hogares del estrato IV se presentaron familias extensas modificadas, tal como las describen Hurtado (1995), Platone (2002) y Otálora y Mora (2004).
En este sentido, diversos familiares que habitaban la misma casa, se ocupaban, precariamente, de la manutención del hogar y colaboraban en el cuidado de los niños. Igualmente, en todos los hogares separados, y especialmente los del estrato IV, se presentaron familias reconstruidas, similares a las expuestas por González y Triana (1998), en las que había hijos de las uniones anteriores, padrastro y madrastra. Las del V, si bien tendieron a ser nucleares, vivían en espacios reducidos y en situación de hacinamiento, sin las condiciones necesarias para que los niños se desarrollaran de una manera adecuada. Fueron los de este estrato quienes presentaron el resultado de un proceso de deprivación sociocultural crónica ya que se observaban de menor tamaño y más delgados que los niños de los otros niveles, parecían no comprender las preguntas que se les formulaban y se expresaban con dificultad, utilizando pocas palabras.
La Madre y el Padre
Para todos los casos estudiados, la madre fue la persona más significativa dentro de su vida familiar, hacia quien experimentaban profundos sentimientos de afecto, apego, seguridad y confianza. Este hecho ha sido descrito en otras investigaciones como las de Moreno (2000) y Di Domenico (2001), y resalta el carácter matricentrado de la familia venezolana, independientemente de que el hogar sea intacto o separado. La experiencia respecto de la figura materna es de alguien estable, por ser quien, en general, se ocupa de las necesidades de los niños tanto personales como académicas desde pequeños. Igualmente, una vez separadas las parejas, los hijos se quedan con la madre, lo que afianza la estructura mencionada como típica de los hogares venezolanos y reforzada legalmente, puesto que desde esta perspectiva se privilegia otorgarle a ella el cuidado de los hijos menores de siete años.
En el caso de los hogares intactos, si bien el padre fue una persona presente, con él se mantenía una relación variable, siendo descrito como muy bueno u hostil o como distante a pesar de cumplir con sus funciones de manutención del hogar. En los hogares separados, el padre fue, en líneas generales, descrito como ausente y descalificado por parte de los niños, particularmente aquellos pertenecientes a los estratos IV y V. Esto se manifestaba también en conflictos con otras figuras masculinas principalmente por línea paterna, con quienes tanto hembras como varones tendían a mantener relaciones difíciles.
Es de resaltar que, aquellos casos que, además de haber sido abandonados por su padre, sabían que éste se había unido a otra persona y tenía hijos con ella, expresaron sentimientos de rabia intensos en comparación con aquellos que desconocían el paradero del mismo, cuya experiencia afectiva principal era de duelo y tristeza. Este panorama cambiaba cuando el padre, a pesar de estar separado de la madre, seguía viviendo en la misma casa y era una persona cercana y afectuosa para el niño, lo que le brindaba seguridad, evidenciando mayor organización personal y afectiva que aquellos casos en que el padre era una persona francamente ausente y generaba sentimientos de rabia, dolor y añoranza, tal como lo señalaron Guidubaldi y Perry (1985).
La ausencia paterna en los hogares venezolanos también ha sido descrita en la literatura por autores como Moreno (1997, 2000) y es un hecho que pudimos constatar en una experiencia anterior, que se presenta independientemente del estrato socioeconómico (Di Domenico, 2001). En función de lo que hemos estado señalando, vale recordar que para Winnicott (1996), el padre entra en la vida psicológica del niño de dos formas, o bien como una figura que cuida y brinda contención a los requerimientos del mismo o como una persona dura, intransigente e implacable, pudiendo ocupar un lugar o muy visible o francamente ausente en el mundo emocional de ese hijo. El padrastro, si bien no tiene una tarea fácil como figura sustituta, tal como señala Rice (1997), al mantener una relación favorable con el niño, tal como ocurrió en los casos estudiados, le brindaba asistencia y contención afectiva así como manutención en sus necesidades materiales lo que les daba estabilidad personal y emocional. Algunos niños se sentían especialmente esperanzados con sus padrastros, a quienes consideraban sus verdaderos padres y hacia quienes guardaban sentimientos de respeto, consideración y afecto por cuidarlos en ausencia de los biológicos.
Otro elemento a señalar en los hogares separados es la elección de nuevas parejas tanto en el padre como en la madre en el estrato III, con quienes han tendido a tener relaciones estables y con quienes los niños refirieron sentirse a gusto. En el estrato IV prevalecieron las nuevas parejas en los hombres y algunos casos hicieron mención de múltiples parejas tanto del padre como por parte de la madre, con relaciones complicadas y poco duraderas, siendo evidente el modelo de inestabilidad afectiva que representan estos progenitores, que probablemente repiten el ejemplo de sus propios padres, en la vida emocional de los niños. En otro orden de ideas, es de señalar que, independientemente del tipo de hogar, los niños tendieron a mantener relaciones afectivas privilegiadas con otros familiares por línea materna tales como abuelas, tíos y primos, quienes representaron figuras de gran importancia en sus interrelaciones. Los familiares por línea paterna mostraron ninguna o una preferencia secundaria por parte de los niños, aún cuando estuviesen presentes en sus vidas. Esto reafirma la relevancia de la figura materna en el mundo personal de los casos estudiados.
Los Hermanos
En todos los casos, los hermanos, así como los primos, fueron figuras importantes en su vida de relación, aún cuando pudiese haber conflictos de rivalidad que no revestían un espacial significado para entorpecer los vínculos. En este sentido, la interacción entre los hermanos, tal como señalan Arranz y Olabarrieta (1998), representa un aspecto fundamental en el proceso de desarrollo psicológico ya que ellos son modelos de imitación, compañeros de juego y de múltiples experiencias significativas como compartir relaciones y objetos, y la posibilidad de establecer lazos afectivos que se manifiestan en el apoyo, la ayuda y la compañía. Adicionalmente, son fuente de conflictos por la rivalidad que pueden personificar y cuya resolución contribuye al logro de la madurez personal.
Las Redes de Apoyo
La presencia de éstas fue significativa y variada, especialmente en los hogares separados y particularmente en lo referente a la cooperación de familiares por línea materna y la escuela. A medida que aumentaba la situación de pobreza y desasistencia de los niños, encontramos otros elementos de ayuda como los vecinos y el Estado. De esta forma, y aunque también se hacen presentes los familiares por línea paterna, prevalecieron las abuelas, tías y tíos por línea materna como personas fundamentales en la contención de los niños y a quienes éstos preferían para que los cuidaran en ausencia de sus padres. Este hecho ha sido descrito ampliamente por Hurtado (1995, 2003) quien destaca el rol de las abuelas maternas como eje fundamental en la crianza de los nietos y transmisión de valores y costumbres dentro de la familia de los estrato bajos en Venezuela. La escuela, en todos los casos, fue una red de apoyo importante en la asistencia, socialización y preparación académica de los niños, quienes, independientemente de su rendimiento u otros problemas, se sentían a gusto en ellas así como con sus maestros y compañeros.
Este hecho ha sido resaltado en la literatura especializada por autores como González y Triana (1998) y Palacios, Hidalgo y Moreno (1998), quienes destacan el rol socializador, de atención y protección que para los estudiantes tiene el ambiente educativo. En esta investigación emergieron otras redes de apoyo significativas, particularmente en los estratos IV y V, como los vecinos, quienes se ocupaban de los niños, especialmente de aquellos más pobres, brindándoles comida, casa y atención. Esto nos habla de un ambiente de solidaridad presente en el barrio, por el que los habitantes se asisten entre sí de diferentes formas como prestándose dinero o cuidando a los hijos de otros, aspecto también descrito en una investigación realizada por Lodo- Platone (2002). Igualmente, las personas tendían a buscar la ayuda del Estado como una forma de aliviar sus dificultades económicas, tal como expresaron algunos casos al relatar que sus madres trabajaban o concurrían a algunas misiones del gobierno. En este sentido, podemos notar la acción del macrosistema sobre el microsistema familiar como una forma de tratar de impulsar cambios en el mismo (Bronfenbrenner, 1987).
La Autodefinición y las Metas
Los niños provenientes de hogares intactos del estrato IV tendieron a describirse de manera realista, considerando cualidades y defectos de sí mismos, observándose dificultades en la forma como los niños pertenecientes al estrato V se calificaba, que pueden explicarse en función de sus complicadas condiciones de vida marcadas por la carencia y la falta de estímulo e impulso hacia el desarrollo de las potencialidades personales. En el estrato III resaltaron definiciones de sí mismos más favorables y el deseo de parecerse a familiares que ellos consideraban exitosos, porque eran profesionales. Igualmente, en estos hogares las aspiraciones vocacionales, tanto en el estrato III como en el IV, se orientaron principalmente hacia carreras universitarias, mientras que los niños del estrato V focalizaron sus metas hacia oficios u ocupaciones. Cabe señalar que, en cuanto al uso del tiempo libre, en el estrato III prevalecieron las actividades extra académicas, poco presentes en los del IV, quienes al igual que los casos del estrato V ocupaban la mayor parte de su tiempo libre viendo televisión o jugando en la calle con los amigos. Esto se relaciona probablemente con el aspecto económico, puesto que dedicarse a actividades musicales o deportivas, entre otras, durante el tiempo libre, requiere de dinero para los gastos del que carecen en los hogares de estos niños. En el III, este panorama varía un poco y los padres buscan alternativas adicionales que costean con sacrificio para sus hijos, con el empeño de mejorar su preparación académica.
En los hogares con sus padres separados, pertenecientes a los estratos IV y V, se observaron casos con definiciones desfavorables sobre sí mismos que destacaban aspectos negativos de su personalidad o comportamiento. Este hecho ha sido considerado por autores como Craig (1998), Fincham (1998), Boles (1999) y Goosens, Marcoen, Van Hess y Van de Woestijne (1998), quienes señalan la presencia de estas dificultades así como de rabia y ansiedad en los niños provenientes de este tipo de familias.
En el estrato III, al igual que en los niños provenientes de hogares intactos, las orientaciones vocacionales fueron hacia carreras universitarias. Querían parecerse a personas que consideraban exitosas en sus familias o que eran muy queridas y realizaban actividades extra escolares como la práctica regular de deportes por parte de los varones. En el estrato IV aquellos niños con dificultades familiares más severas, manifestaron escasa motivación al logro y desinterés por su futuro, ocupando el tiempo libre viendo televisión o jugando con sus amigos. Pocos casos expresaron su deseo de tener profesiones universitarias y muchos señalaron querer parecerse a artistas o deportistas famosos.
Los niños del estrato V deseaban seguir estudios universitarios, un hecho que requerirá de mucho esfuerzo y lucha por su parte dadas las condiciones generales de pobreza en que se desenvuelven y los problemas de rendimiento académico. De esta forma, los casos provenientes de hogares separados y particularmente los más pobres, presentaron una serie de situaciones en la autoestima, el concepto de sí mismo y las aspiraciones hacia el futuro que llaman la atención por las dificultades y confusiones que las caracterizan.
Es evidente que el ambiente de deprivación sociocultural, la ausencia de modelos de identificación exitosos, las dificultades familiares y la falta de apoyo en sus estudios son elementos fundamentales que marcan estas áreas de la personalidad vulnerables al impacto de los hechos mencionados. Este aspecto fue descrito por Erikson (1963) quien resaltó el impacto negativo que tienen estos eventos para la formación de una identidad positiva en el adolescente.
Conclusiones
En esta investigación pudimos observar una serie de elementos que, desde el punto de vista de la psicología del desarrollo, amplían los conocimientos acerca de nuestras familias, las que poseen su propia dinámica y organización, y es desde esta perspectiva que deben ser comprendidas. En primer lugar, es de resaltar la importancia que reviste para estos niños su grupo familiar, independientemente de los problemas o conflictos que en ella puedan presentarse, no únicamente por las funciones de manutención que desempeña sino principalmente por ser el soporte fundamental de sus necesidades de compañía, afecto y apoyo.
En esta estructura familiar, la madre aparece como el elemento presente y altamente valorizado por todos los casos mientras que el padre es una figura que genera sentimientos ambivalentes en los hogares intactos, y en los hogares separados, por estar ausente, provoca duelo y tristeza en los niños, pudiendo ser altamente descalificado. Esto debe abrir un espacio para la reflexión acerca del rol paterno en nuestra sociedad, puesto que para los niños es una persona fundamental pero que genera serios conflictos y es cuestionada por ellos al sentir que no cumple con la misión que le corresponde y que no les da la contención afectiva que necesitan.
Es evidente que la función del padre va mucho más allá del sustento económico, y que el deseo de los niños entrevistados, en general, era contar con ellos como modelos de identificación, compañeros y personas capaces de dar respuesta a las diferentes demandas que su desarrollo les va haciendo. Es importante señalar que los resultados de esta investigación se enmarcan dentro de un contexto histórico, económico y social, en el que, por diversos motivos, las condiciones de vida de un amplio sector de familias venezolanas se han ido deteriorando progresiva y significativamente. En consecuencia, su acceso a una buena educación, eficientes servicios de salud y alimentación adecuada se ha visto seriamente afectado. Esto las ha colocado en situación de pobreza y exclusión, originando una serie de problemáticas que los niños expresaron en sus discursos como elementos característicos de sus vidas familiares y del entorno que los rodea.
En este sentido, otro hecho relevante a destacar, tiene que ver con los niveles de pobreza. Pudimos constatar que, mientras más carentes eran los hogares y si adicionalmente los padres estaban separados, la situación se agravaba, colocando a los niños en estado de minusvalía e indefensión, tal como ocurría con aquellos del Estrato V. De esta forma, si bien puede presentarse la ayuda solidaria de los vecinos o de otras redes de apoyo, no son suficientes, por ello muchos de ellos, lamentablemente, acaban por abandonar la escolaridad, trabajando en la calle o teniendo otro destino como producto del abandono y el desamparo crónico en que han vivido desde muy pequeños y que afecta su desarrollo en todas las esferas, poniéndolos en desventaja respecto de otros niños cuya situación es más favorable.
Los niños del estrato III, tenían, en general, las mejores condiciones de vida independientemente del tipo de hogar y en los hogares del estrato IV, especialmente aquellos cuyos padres estaban separados, prevalecieron los conflictos de diversa índole como el consumo de drogas, la inestabilidad y la agresión entre familiares o como estilo de educación, asimismo, se observaron dificultades en la autoestima y bajas aspiraciones al logro. A pesar de todo esto, en estos casos las redes de apoyo, particularmente las abuelas maternas y la escuela eran factores de protección, socialización y cuidado muy significativos.
En tercer lugar, debemos resaltar que los niños provenientes de hogares intactos se presentaban emocionalmente estables y afectivamente resonantes, a pesar de la pobreza o de los conflictos que pudiese haber en sus familias. Igual ocurría con los que contaban con padrastros que mantenían relaciones estables con sus madres o con aquellos cuyos padres, a pesar de haberse separado, seguían compartiendo la casa del niño, bien sea en otro piso o en otro cuarto. Esto quiere decir que una familia con ambos progenitores o figuras sustitutas apropiadas, produce un efecto favorable en el desarrollo emocional de los niños que aquel hogar en el que esté presente la inestabilidad.
Así, y compartiendo el enfoque de Bronfenbrenner (1987), entendemos a la familia como ecología psicosocial o sistema interrelacionado persona & ambiente, ya que los niños que participaron en este estudio han internalizado en ella, los significados y expectativas acerca del éxito, el fracaso y las relaciones interpersonales lo que les ha permitido ir construyendo la manera como van a enfrentar los retos de su entorno y desarrollarse a nivel personal.
En este trabajo, las entrevistas fueron una herramienta útil que nos permitieron conocer la experiencia de cada niño. Asimismo, el Test de la Familia con su historia, fue un instrumento altamente valioso para complementar los datos arrojados por la primera, al reflejar la vivencia familiar de cada caso. Igualmente, podemos hablar de la autenticidad catalítica de la investigación (Lincoln y Guba, 1982) ya que los niños tuvieron la oportunidad de manifestar sus emociones, sentimientos y pensamientos acerca de su vida familiar, en un espacio de escucha, atención y aceptación del que muchos de ellos carecen en su vida cotidiana. Finalmente, pensamos que los objetivos planteados en este trabajo fueron alcanzados. Los resultados poseen relevancia para los casos estudiados y el área investigada como parte de una línea de investigación que se debe continuar profundizando.
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Dirección para correspondencia
Rosa Di Domenico Ragosta
E-mail: rosadi.domenico@gmail.com
2 Este artículo resume los aspectos relevantes del trabajo con el mismo nombre presentado por la autora para ascender a la Categoría de Profesora Agregada en el escalafón universitario.











