SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 issue10Job satisfaction and sources of work pressure on college professors in metropolitan LimaThe future of philosophy of mind author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Persona (Lima)

Print version ISSN 1560-6139

Persona (Lima)  no.20 Lima  2007

 

CONTRIBUCIONES

 

Actualidad de la posición de Wilhelm Wundt respecto al problema mente-cuerpo

 

Current validity of Wilhelm Wundt’s position on the body-mind problem

 

 

Saulo de Freitas Araujo

Universidad Federal de Juiz de Fora, Minas Gerais, Brasil

 

 


RESUMEN

El problema mente-cuerpo es un tema central y constante no solo en la historia de la psicología sino de todas las ciencias que se ocupan de los llamados procesos mentales. Gracias a los progresos ocurridos en las neurociencias en las últimas décadas, ha aparecido una tendencia a resolver ese problema por medio de la investigación cerebral. El presente artículo intenta demostrar que: (a) esta tendencia contemporánea revela un tipo de materialismo ingenuo, que se asemeja mucho al “materialismo vulgar” del siglo XIX, y (b) que la posición defendida por Wilhelm Wundt está en abierta oposición a toda forma de materialismo. Se concluye que Wundt ofrece una alternativa menos ingenua y por tanto más plausible.

Palabras clave: Wundt; Problema mente-cuerpo.


ABSTRACT

The body-mind problem has been a central and permanent problem not only in the history of psychology but in all the sciences that deal with so-called mental processes. With progress in the neurosciences in the past decades, there is a contemporary trend towards the solution of the problem through brain research. The aim of this study is demonstrate that: (a) the current trend shows a form of naïve materialism, similar to 19th century, “naïve materialism”; and (b) Wilhelm Wundt’s antimaterialist position offers an alternative to naïve materialism which shows to be more plausible.

Keywords: Wundt; Mind-body problem.


 

 

El tema de la presente comunicación se refiere a un problema central no solo en la historia de la filosofía occidental sino también de la psicología y de todas aquellas ciencias que estudian los llamados estados y fenómenos mentales. En ese sentido, puede afirmarse que se trata de un problema que también está presente en la historia de la psiquiatría. Nos referimos al sempiterno problema cuerpo-alma o, para expresarnos en términos más modernos, a las relaciones entre el cerebro y la mente.

El artículo está orientado hacia dos aspectos: primero, el autor intenta demostrar que los nuevos ensayos por resolver este problema a través de los progresos empíricos de las neurociencias evidencian una suerte de materialismo ingenuo, muy semejante al “materialismo vulgar” del siglo XIX. En segundo lugar, el autor anota que la solución propuesta porWilhelmWundt está en oposición a esta tendencia materialista actual, y que tomando en cuenta el estado y las condiciones de nuestro conocimiento científico, puede ser considerada como sostenible. De ahí su actualidad en este contexto.

En los últimos treinta años hemos sido testigos de un notorio y permanente progreso de las neurociencias. En diversos lugares, tanto dentro de las universidades como fuera de ellas, se establecen nuevos centros de estudio, cuyo principal objetivo es la investigación de los procesos cerebrales. Esta carrera en materia de exploración del cerebro está motivada por un evidente optimismo, que apunta a la posibilidad de que en un futuro no muy lejano se pueda encontrar la solución definitiva a muchas preguntas que se refieren a la naturaleza humana. Basta recordar el entusiasmo con el cual, tanto en Estados Unidos como en casi todas las comunidades científicas del mundo, se celebró el inicio de la “década del cerebro” (1990-1999), y se avizoraron sus consecuencias para la psicología y la psiquiatría.

En el interior de esta ola de optimismo y de entusiasmo hemos podido ver el surgimiento de muchos ensayos de solución de problemas filosóficos y psicológicos por medio de las neurociencias.

Tomemos como ejemplo ilustrativo a Michael Gazzaniga, uno de los representantes más conocidos de las neurociencias y entusiasta representante de la búsqueda de solución de problemas filosóficos y psicológicos a partir de los hallazgos de estas.

En dos libros realmente polémicos -The mind´s past (1998) y The ethical brain (2005)- Gazzaniga propone no solo el fin de la psicología sino también de la filosofía, en la medida en que afirma que hay una determinación cerebral para las conductas éticas y para la religiosidad. Vale la pena reproducir un breve pasaje de su último libro, en el cual explica cómo es que el cerebro da lugar a nuestras creencias:

En líneas generales, y este es mi punto de vista acerca de la esencia de las creencias, nuestra especie reacciona de manera instintiva a acontecimientos, y esa reacción es interpretada en un sistema especializado del cerebro humano. De esta interpretación surge la creencia en reglas, con las cuales se debe vivir. Algunas veces tienen un carácter ético, en otras ocasiones son de naturaleza práctica (…). Ahora ya sabemos que el hemisferio izquierdo -aquel que depende de los inputs del medio exterior- elabora esas creencias (Gazzaniga, 2005: 146).

Uno de los problemas principales en los intentos de las neurociencias por explicar los fenómenos culturales y psicológicos radica en los escasos y por lo general poco claros datos empíricos, lo cual lleva a la formulación de metáforas de la naturaleza más diversa, y a su vez conduce a los materialistas más radicales a formular afirmaciones idealistas, como que “el hemisferio origina e interpreta creencias”.1 Los verbos “crear” e “interpretar” tienen un sentido en el lenguaje a través de atribuciones que hacemos a otras personas, pero nunca a partes del cerebro. Se trata, por tanto, de una seudoexplicación, que en modo alguno responde a la pregunta de base del problema y cuya función es eminentemente retórica.

Precisamente, es en la filosofía donde se trata de ofrecer la base más fundada para este optimismo epistemológico. Desde comienzos de la década de 1980 los representantes de la corriente neurocientífica tienen a su disposición uno de los programas materialistas más radicales en la filosofía: el materialismo eliminativo, de Paul Churchland (1981, 1993, 1999). Se trata aquí solo de una parte específica de un amplio proyecto de reformulación de la filosofía, que consiste en el intento de resolver el problema cerebro- mente a través de resultados empíricos de las neurociencias. El siguiente pasaje es significativo:

El materialismo eliminativo es la tesis de que nuestra concepción de sentido común de los fenómenos psicológicos consiste en una teoría completamente falsa, una teoría tan defectuosa en su base que tanto sus principios como también su ontología posiblemente pueden ser reemplazados (no solo reducidos) por las neurociencias (Churchland, 1981: 206).

Una de las dificultades fundamentales de esta tendencia conceptual contemporánea es el profundo abismo entre los datos empíricos de los que se dispone y las ambiciosas “teorías” que se formulan a partir de estos, lo que obliga a sus representantes a apostar por un futuro casi mítico de la ciencia, lo cual ofrece al mismo tiempo una suerte de protección contra las críticas que hacen referencia a la deficiente base empírica de esas teorías.

Además, la idea de la eliminación o reducción del lenguaje psicológico conduce a una paradoja, que el autor, en otra parte, ha denominado “paradoja de la eliminación”. Esto es, en la medida en que los informes subjetivos no pueden ser superados por las neurociencias cognitivas, el desarrollo de una terminología neurocientífica que reemplace los términos psicológicos tradicionales solo sería posible por medio de la aplicación de la misma folk psychology que pretende eliminar (Araujo, 2001, 2003).2

Si observamos esta nueva ola de entusiasmo acerca del progreso empírico de las neurociencias, hay que reconocer una interesante faceta, que es la de una llamativa semejanza en algunos aspectos con tempranas formas del materialismo (Lange, 1902). Basta aquí recordar el llamado “materialismo vulgar” del siglo XIX (Gregory, 1977; Klimke, 1909; Meyer, 1856), cuyos principales representantes fueron Karl Vogt (1817-1895), Jacob Moleschott (1822-1893) y Ludwig Büchner (1824- 1899) (Büchner, 1855; Moleschott, 1852; Vogt, 1847, 1855).

En ambos casos se trata de elevar el cerebro al nivel de un objeto privilegiado de investigación, con lo cual la mente solo sería una “secreción” de la actividad cerebral. Sin embargo, dada la carencia de los datos empíricos que constituyan la prueba de esta teoría, proceden a postergarla para un futuro aún impreciso.3 Esto ocurre como si todo el periodo de la historia de la filosofía de la segunda mitad del siglo XVIII hasta el fin del siglo XIX pudiera ser colocado entre paréntesis, con lo cual este nuevo amanecer materialista fuera algo realmente nuevo, original. Se trata, sin embargo, solo de un nuevo ropaje para viejas esperanzas, como lo evidencia el siguiente pasaje tomado de una obra de Vogt:.

Todo científico, pienso yo, siguiendo el curso de su pensamiento, debe haber llegado al parecer de que todas aquellas capacidades que nosotros agrupamos bajo el nombre de actividades del alma, son solo funciones de la sustancia cerebral, o, para expresarme de un modo un poco grueso, que los pensamientos están en la misma relación con el cerebro como la bilis lo está con el hígado o la orina con los riñones (Vogt, 1847: 17).

¿Pero qué significa este “eterno retorno” del materialismo? Podríamos, por ejemplo, ver en él algo así como una forma de ingenuidad teórica, que proviene del descuido o de la absoluta ignorancia de la historia de la filosofía y de la ciencia. Nos parece, empero, más interesante apuntar a la posibilidad de que no se trate de un problema empírico sino de un problema teóricoconceptual, que se adelante a la interpretación de cualquier experiencia. En ese sentido, queremos presentar el aporte de Wilhelm Wundt a la solución del problema cerebro-mente (Wundt, 1880, 1889, 1894, 1895).

La posición defendida porWundt es antagónica del materialismo del siglo XIX, y, en lo que concierne a las semejanzas entre ambas, también al materialismo actual. De acuerdo con su punto de vista, el problema mente-cuerpo es sobre todo un problema de naturaleza epistemológica -en tanto nos remite a nuestras condiciones de conocimiento- que no se puede resolver a través de ningún paso dado en la investigación neurofisiológica. El proyecto para la comprensión de su resolución está, por tanto, en su teoría del conocimiento, cuyas líneas principales debemos primero entender.

Wundt considera como punto de partida un hecho central de nuestras experiencias habituales. Si bien estas son en sí una unidad, su conocimiento se presenta en dos formas separadas: como experiencia interna y como experiencia externa. Mientras que la primera se refiere a las características del sujeto que conoce, la segunda trata de los objetos del mundo exterior. Ocurre entonces que una diferencia importante está en la base de ambas, esto es, que aquella está dada en forma inmediata mientras que la otra lo está en forma mediata. En otras palabras, mi acceso a mis ideas, imaginaciones y sentimientos (el mundo subjetivo) es directo, mientras que mi aprehensión de los objetos (el mundo objetivo) es indirecto, en tanto que depende de mis propias características subjetivas (percepción, atención, etcétera). Ahora bien, esa diferencia entre nuestras condiciones de conocimiento trae dos formas distintas de conocimiento empírico: una referida a la mente y la otra a la naturaleza. Como puede verse, se trata solo de diferentes perspectivas o puntos de vista desde los cuales se analiza la misma experiencia (Wundt, 1889).

Volvamos ahora al problema mente-cerebro. El problema aparece precisamente porque nosotros, en vista de las diferencias entre las perspectivas de conocimiento, somos incapaces de ofrecer una explicación suficiente para la frecuentemente observada relación entre los dos tipos de fenómenos que corresponden a las dos perspectivas antes señaladas, como en el caso de los movimientos voluntarios. ¿Cómo explicamos que mi voluntad, que es una actividad mental, puede generar el movimiento de mi brazo derecho, sin que estemos obligados a quebrar el principio de conservación de la energía? Wundt entiende entonces el problema en esta forma, lo cual significa que lo ve como un problema vinculado a las interrelaciones psicofísicas dadas en la experiencia.

El primer elemento para la solución del problema supone el paso de un conocimiento ingenuo a uno crítico, que incluya el análisis científico de nuestra experiencia. Pero la aparición de las ciencias refleja aquellas diferencias entre nuestras condiciones de conocimiento, en la medida en que ellas tratan las experiencias internas (tal el caso de la psicología y de las llamadas ciencias del espíritu) o externas (en el caso de las ciencias naturales). El problema adopta entonces una nueva forma: ¿será posible que el conocimiento ganado sobre el cerebro, que es solo un objeto de la experiencia externa, pueda ser puesto en relación con el conocimiento sobre nuestras actividades mentales, las cuales solo se pueden dar en la experiencia interna?

La solución propuesta por Wundt incluye al mismo tiempo dos momentos. El primero se puede llamar el factor negativo, porque consiste en renunciar a la tradicional idea de la causalidad psicofísica, según la cual el cerebro puede ser visto como causa de la mente:

Sobre todas las cosas debemos aquí volver a aquel punto de vista filosófico, el cual se encuentra en la base de las explicaciones fisiológicas sobre el objeto, aquel punto de vista, por cierto, de que se trata de las relaciones causales habituales, en las cuales el proceso cerebral debe ser considerado como la causa y las ideas como su efecto (…) Una consecuencia tal es solo posible en sentido verdadero en sucesos que son los mismos (Wundt, 1880: 171).

La renuncia a la hipótesis causal significa, al mismo tiempo, la renuncia a la suposición de que el conocimiento neurofisiológico puede reemplazar al psicológico y ofrecer una explicación suficiente de los fenómenos mentales. De acuerdo con el propio Wundt:

Si los mecanismos de los procesos cerebrales a los cuales está vinculada la actividad mental se nos presentaran de un modo claro ante nuestros ojos, entonces sería siempre solo un vínculo sumamente complejo de movimientos moleculares. Sin embargo, sobre lo que significan los acontecimientos psicológicos no sabríamos absolutamente nada (Wundt, 1889: 583).

Al segundo factor se le puede llamar positivo. Se trata del reemplazo de la hipótesis de la causalidad psicofísica a través de la suposición de una simple coexistencia entre los fenómenos mentales y cerebrales, que se da en la misma experiencia. Cualquier suposición metafísica sería entonces absolutamente prescindible. El postulado del paralelismo psicofísico expresa esto, según Wundt:

En realidad el paralelismo empirista no tiene que ver en sí ni con Spinoza ni con la metafísica, sino que trata solamente de la suposición o, como quizás sería mejor expresarse, de la constatación de una correspondencia entre las partes físicas y psíquicas de la experiencia, donde ella sea fácticamente demostrable… (Wundt, 1894: 44-45).

Solo en este sentido empírico o heurístico debemos entender el paralelismo psicofísico en Wundt. Este es sobre todo una consecuencia directa de sus principios epistemológicos de base, en la medida en que remite a las bases originarias de la experiencia. Ahora bien, no se trata de alguna tesis metafísica, ni de una idea de alguna sustancia escondida detrás de los fenómenos, en el sentido de Spinoza o de Leibniz. Más bien, este postulado es un principio heurístico para la investigación de la experiencia habitual. Con otras palabras: el paralelismo psicofísico de Wundt es solo un principio surgido de la experiencia, pero que al mismo tiempo tiene implicancias epistemológicas y metodológicas, en tanto que cumple una doble función: expresa la imposibilidad de la derivación (Nicht-Ableitbarkeit) de lo mental (la experiencia interna) y asegura la autonomía de la psicología con respecto a la fisiología. El siguiente pasaje puede leerse como una ilustración de estos dos aspectos:

La psicología tiene como su objeto la experiencia inmediata, entonces ella puede también hallar sus principios explicativos solo en esa experiencia. Ella tiene por esto en primer lugar que interpretar lo psíquico desde lo psíquico y no lo psíquico desde lo físico. […] De esta manera es el paralelismo psicofísico en absoluto un principio básico de la psicología sino, de acuerdo con su más apropiado carácter, solo un simple principio de ayuda, por medio del cual conocimientos fisiológicos de la psicología así como también a la inversa, lo psicológico de la fisiología dentro de las fronteras se pone al servicio por medio de la diversidad de las consideraciones (Wundt, 1895: 143).

Se debe tener presente también que no se trata, en caso alguno, de negar la investigación neurocientífica -como algunos trabajos de Wundt mismo lo demuestran (Wundt, 1874; Ziche, 1999)- sino solo de evitar determinadas ingenuidades o confusiones teóricas, las cuales al final terminan dañando la propia investigación científica. En pocas palabras: las investigaciones de la psicología y de las ciencias naturales se complementan unas a otras y deben permanecer así, dado que ambas provienen de dos perspectivas completamente diferentes del conocimiento empírico. Estos conocimientos reflejarán siempre las limitaciones propias de cada una de las perspectivas, de modo tal que es imposible separarlos uno del otro. En última instancia, esto pertenece a las limitaciones de la actividad científica, la cual no puede superar el ámbito de la experiencia. La única limitaciones de cada una de las ciencias es volviendo a la metafísica. Solo ella tiene como objetivo el resumir el conocimiento empírico a una totalidad carente de contradicciones y como última consecuencia elaborar una visión del mundo y de la vida (Wundt, 1885, 1914).4

De lo arriba señalado se deja interpretar el “eterno retorno” del materialismo como una repetición de una falla epistemológica. En efecto, en caso de que nosotros no consideremos las características propias de nuestro conocimiento empírico, nos desorientaremos siempre en confusiones conceptuales, las cuales son semejantes a aquellas a las que Wittgenstein, al final de su “Philosophische Untersuchungen”, hace referencia (1952).5

Para terminar esta presentación deseamos tomar el tema de la actualidad de Wundt. De lo dicho arriba podemos afirmar que ella consiste en el reconocimiento de la imposibilidad de derivar (Nicht-Ableitberkeit) de nuestra experiencia subjetiva y en la crítica de la simple ilusión de que el principio de nuestra experiencia puede ser plenamente tratado por las neurociencias.6 En vista de las limitaciones insuperables a las cuales se enfrentan las neurociencias, Wundt nos parece muy cuidadoso y por lo tanto más moderno que “los materialistas vulgares” del inicio del siglo XXI.

 

REFERENCIAS

Araujo, S. F. (2001). A ciência cognitiva e o problema da folk psychology. Temas em Psicologia da SBP, 9(1): 45-53.

Araujo, S. F. (2003). Psicologia e neurociência. Juiz de Fora: Ed. UFJF.

Büchner, L. (1855). Kraft und Stoff. En: D. Wittich (Hrsg.). Schriften zumkleinbürgerlichen Materialismus in Deutschland. Berlín: Akademie-Verlag, vol. 2.

Churchland, P. (1981). Eliminative materialism and the propositional attitudes. En: W. Lycan (Ed.). Mind and cognition. Oxford: Blackwell.

Churchland, P. (1993). Matter and counsciousness. Cambridge, Mass.: The MIT Press.

Churchland, P. (1999). The engine of reason, the seat of the soul. Cambridge, Mass.: The MIT Press.

Gazzaniga, M. (1998). The mind’s past. Berkeley: University of California Press.

Gazzaniga, M. (2005). The ethical brain. Chicago: Dana Press.

Gregory, F. (1977). Scientific materialism in nineteenth-century Germany. Dordrecht: Reidel.

Jackson, F. (1982). Epiphenomenal qualia. En: W. Lycan (Ed.). Mind and cognition. Oxford: Blackwell.

Jackson, F. (1986). What Mary didn’t know? En: N. Block, O. Flanagan & G. Güzeldere (Ed.). The nature of consciousness. Cambridge, Mass.: The MIT Press.

Klimke, F. (1909). Der deutsche Materialismus im neunzehnten. Jahrhundert. Frankfurter Zeitgemäße Broscüren, XXVI, Heft 9: 249-285.

Lange, F. (1902). Geschichte des Materialismus. 7.ª edición. Leipzig: J. Baedeker.

Meyer, J. (1856). Zum Streit über Leib und Seele. Hamburgo: Perthes- Besser und Mauke.

Moleschott, J. (1852). Der Kreislauf des Lebens. En: D. Wittich (Ed.). Schriften zum kleinbürgerlichen Materialismus in Deutschland.Vol. 1. Berlín Akademie-Verlag, 1971

Nagel, T. (1974). What is it like to be a bat? En: N. Block (Ed.). Readings in philosophy of psychology, vol. 1. Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1980.

Vogt, K. (1847). Physiologische Briefe für Gebildete aller Stände. En: D. Wittich (Ed.). Schriften zum kleinbürgerlichen Materialismus in Deutschland. Berlín: Akademie-Verlag, 1971, vol. 1.

Vogt, K. (1855). Köhlerglaube und Wissenschaft. En: D. Wittich (Ed.), Schriften zum kleinbürgerlichen Materialismus in Deutschland. Vol. 2. Berlín: Akademie-Verlag, 1971.

Wittgenstein, L. (1952). Philosophische Untersuchungen. En: Werkausgabe. Frankfurt a.M.: Suhrkamp, 1995, 10. ed., vol. 1.

Wundt,W. (1874). Grundzüge der physiologischen Psychologie. Leipzig: Engelmann.

Wundt, W. (1880). Gehirn und Seele. En: Essays. Leipzig: W. Engelmann, 1906, 2. ed.

Wundt, W. (1885). Philosophie und Wissenschaft. En: Essays. 2. Aufl. Leipzig:W. Engelmann, 1906, 2. ed.

Wundt, W. (1889). System der Philosophie. Leipzig: W. Engelmann.

Wundt, W. (1894) Über die psychische Kausalität. En: Kleine Schriften. Leipzig: W. Engelmann, 1910, vol. 2.

Wundt, W. (1895) Die Definition der Psychologie. En: Kleine Schriften. Leipzig:W. Engelmann, 1910, vol. 2.

Wundt, W. (1914). Sinnliche und übersinnliche Welt. Leipzig: Alfred Kröner.

Ziche, P. (1999). Neuroscience in its context. Neuroscience and psychology in the work of Wilhelm Wundt. Physis, 36(2): 407-429.

 

 

Saulo de Freitas Araujo
Candidato a doctor en filosofía en la Universidad Estatal de Campinas y magíster en filosofía por la Universidad Federal de San Carlos. Es profesor en la Universidad Federal de Juiz de Fora (Minas Gerais, Brasil). Correo electrónico: saulo.araujo@ufjf.edu.br
*Traducido del alemán por Ramón León, versión autorizada por el autor.
1Esto sería equivalente por ejemplo a la expresión “la materia piensa”. Debo agradecer al filósofo Bento Prado Jr., que haya llamado mi atención sobre el hecho de que todo materialismo radical en última instancia termina en un idealismo extremo.
2No es el propósito del autor llevar a cabo un análisis detenido del materialismo eliminativo. En el trabajo previamente citado (Araujo, 2003) ha presentado sus principales argumentos de manera detenida, y destacado los obstáculos y las contradicciones existentes dentro del programa de Churchland.
3Esta estrategia vinculada a una extrema confianza en el progreso de la ciencia existe en ambas formas del materialismo.
No solo pertenece a la retórica y al estilo panfletario, a través del cual los materialistas atacan a sus oponentes -idealistas en general en el pasado, y “mentalistas” de la más variada especie en nuestros días- sino que también nos permite observar el nivel de superficialidad y hasta de ingenuidad de estas suposiciones.
4En el plano metafísico el principio del paralelismo psicofísico segúnWundt ganaría otra significación, diferente de la presentada aquí. Teniendo en cuenta que una presentación de este punto va más allá de los fines del presente artículo, queremos solamente anotar esto.
5En un sentido se puede afirmar que la expresión “confusión conceptual” es demasiado amplia, en la medida en que toda la filosofía de Wittgenstein consiste en aclarar “confusiones conceptuales”. De otro lado, esta expresión gana en todo contexto un significado específico, como en el caso de la psicología, que es el que aquí nos interesa. El autor expresa su agradecimiento al filósofo Joao Vergílio Gallerani Cutre, por haberle aclarado esos dos planos dentro de la filosofía de Wittgenstein.
6En la discusión contemporánea en torno a la filosofía de la mente, hallamos una amplia literatura sobre la diferencia entre la así llamada perspectiva en primera persona y la perspectiva en la tercera persona. Partiendo de la nicht-Ableitbarkeit de ambas algunos autores han intentado demostrar la imposibilidad de las actuales tendencias materialistas (Nagel, 1974; Jackson, 1982, 1986). Si bien no hemos hallado ninguna mención de Wundt, aparece aquí con claridad la semejanza de los argumentos.