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Revista Mexicana de Orientación Educativa

versão impressa ISSN 1665-7527

Rev. Mex. Orient. Educ. v.5 n.11 México jun. 2007

 

 

Elementos para una orientación globalicrítica en el siglo XXI

 

 

Hilda Guadalupe Bustamante Rojas*

Secretaria de Orientación a Distancia. Asociación Mexicana de Profesionales de la Orientación

 

 


RESUMEN

Los antecedentes del surgimiento de la Orientación Educativa pueden verse desde diversas perspectivas, uno de ellos es aquel que señala su inicio en un contexto que consideraba como problemática, encontrar la carrera para la cual se tenía interés y habilidades. Había oportunidades y la velocidad de la información y conocimientos, no se hacía sentir de la manera en que actualmente la vivimos. La introducción de las Tecnologías de Información y Comunicación en los diferentes espacios laborales, académicos, comerciales etcétera, revolucionan y transforman todas las áreas del acontecer humano; llámese trabajo, escuela, centro de diversión, banco. La Orientación Educativa no es ajena a estas transformaciones, por lo que se requiere de la revisión de la disciplina desde una visión globalicrítica, que permita contextualizarla y generar conocimientos, tecnologías e instrumentos que le den capacidad de respuesta a las necesidades actuales.

Palabras clave: Orientación educativa, Globalización.


 

 

Introducción

Estamos ciertos que las tecnologías de información y comunicación se han infiltrado en la transformación de las carreras profesionales, en los servicios administrativos, financieros, de salud y en los espacios de la vida cotidiana. En este sentido la Orientación Educativa no puede permanecer ajena a los cambios que se producen en la sociedad, debe transformarse para conservar su legitimidad dentro de las tareas educativas que van más allá de la mera elección formativa y ocupacional de los alumnos.

El siglo XX ha sido el que más rápido ha vivido en la historia del hombre, sin que ello implique, necesariamente, que el progreso como paradigma de bienestar social haya podido dejar huellas en las entrañas de la humanidad. De hecho, en 1914 con el inicio de la primera guerra mundial y 1945 con el término de la segunda, quedaron rotos los anhelos de concebir al mundo del siglo XX como el arquetipo del progreso lineal planteado por el modelo positivista; la decepción ante la guerra y su irracionalismo no sólo eran pruebas empíricas –como ironía para el paradigma positivista que se esfuerza en demostrar los hechos– , de que la ciencia para el progreso y la equidad social eran planteamientos falaces o bien, espejismos del desarrollo, cuestión tratada y criticada por Gabriel Careaga (1987).

Tales hechos marcan el inicio de profundos cuestionamientos acerca de los métodos de investigación social; había que trascender el esquematismo cuántico cuando el objeto de estudio lo requiriera, había que ver más allá de la óptica lineal y de una racionalidad científica. Nos dimos cuenta que el positivismo había caído en reduccionismos debido a este afán por demostrar de manera unívoca que el conocimiento verdadero, objetivo, el que todos pueden identificar, mantiene correspondencia también cierta, de cómo la realidad funciona.

De tal suerte, se entendió que la realidad implicaba trascender a ella, implicaba sobre todo, redimensionar el concepto de ciencia y el de su propia construcción, tarea nada fácil, que fue asumida en diversos sistemas educativos bajo la interpretación conductista de los objetivos y planes de estudio, de los textos programados, y las estrellitas en la frente. Empero, nos dimos cuenta que esta realidad es cuestionable por la parcialización y verticalidad de los conocimientos que obtenían los alumnos, ya que hacían énfasis en la apropiación prácticamente indiscriminada de los contenidos, favoreciendo la memorización y reproducción del conocimiento en detrimento de la inserción social de los mismos.

Si bien es cierto que la Orientación surgió en esta época en que el individuo era considerado como el principal agente de transformación y desarrollo social, y por lo tanto se elegía el individuo adecuado para la profesión adecuada, contando para ello con una serie de instrumentos que permitían la selección de sujetos con las habilidades, intereses y actitudes idóneas; actualmente la sociedad, la economía y la tecnología se han encargado de transformar el panorama, lo cual nos obliga a buscar una nueva identidad que permita «una nueva inserción profesional en los marcos institucionales que vinculen la realidad social con la realidad individual.» (Del Valle, 1988).

 

Desarrollo

El mundo actual es otro, es una realidad globalizada y tecnificada. La globalización es por un lado la expresión contemporánea de la mundialización, tendencia inherente al capitalismo y, por la otra, una etapa más en un ya largo proceso de crisis iniciado a finales de los sesenta y comienzos de los setenta, con numerosos altibajos coyunturales cuya tendencia general, sin embargo, apunta hacia su progresivo agravamiento.» (Sonntang, 1998:24).

La definición que sostiene Aleandro Dabat y Miguel Angel Rivera Ríos, abarca estos dos aspectos, identificando la importancia de una serie de elementos que intervienen en este fenómeno. Para ellos, «...la globalización en su etapa actual, es el resultado de la internacionalización de la producción y se caracteriza por los siguientes factores:

• El superior nivel del comercio respecto a la producción.
• El nuevo papel de las empresas multinacionales.
• Una nueva división internacional del trabajo.
• La revolución de las comunicaciones.
• La unificación de los mercados financieros e internacionales.
• Los primeros intentos de coordinación permanente de las políticas de las grandes potencias.» (Dabat y Rivera, 1997:29).

La globalización entraña una interdependencia de las sociedades, las redes de comunicación ponen en relación e interactividad mutua a todos los países y las economías del mundo.

Ahora bien, como una de las características definitorias de la globalización actual se presenta la revolución de las comunicaciones. Dentro de ésta se puede incluir desde los medios de comunicación previamente existentes, hasta Internet, que ha sido origen y canal de las consecuencias de la globalización y que favorece la integración de todos los medios que hasta el momento hemos conocido, teniendo como medio maestro la computadora.

Tal como afirma Arnaldo Cordova, la globalización está llegando a afectar incluso las formas sociales de aproximarse al conocimiento: «La definición y las mismas dimensiones del conocimiento humano ahora tienen que definirse a través del cristal de lo que es la globalización. Ya no estamos más en condiciones de definir las ciencias, o en general, el conocimiento humano como tesoro del saber. Ahora el conocimiento tiene una connotación mucho más dinámica y ligada a las condiciones reales o exteriores que lo hacen posible. Hoy el conocimiento debe definirse, ante todo, como un cúmulo de información. Antes la información era una condición del conocimiento. Ahora es su esencia misma. Saber o conocer significa estar bien informado. Crear o impartir el conocimiento es proporcionar información.» (Córdova, 1998).

Volviendo al papel de la Orientación Educativa, debe trascender la dimensión clínica (con esto no quiero decir que se cancele) para abrirse a una tarea de planeación educativa y prospectiva social, en función de que los orientadores pueden participar en tareas de planeación educativa, concientizar a las poblaciones en cuanto al contexto social en que se desempeña un trabajo o una profesión y multiplicar sus estrategias para construir andamiajes sociales que relacionen las competencias académicas y profesionales que se requieren actualmente.

La lucha entre los grandes consorcios o corporativos trasciende las fronteras, las telecomunicaciones desbordan públicos y auditorios, el espacio geográfico de la tierra es también trascendido con la carrera espacial, el ordenador y la tecnología educativa resquebrajan la cátedra vertical y memorística; lo global es lo cotidiano y lo cotidiano es lo global.

Por ende, el orientador estará atento al mundo de lo global que vincula y articula a los submundos del desarrollo regional y local, a partir de las interrelaciones cognitivas que generan redes mentales, que a su vez deben ser desarrolladas desde esferas primarias como la familia, para alcanzar su clímax en el desarrollo educativo y la construcción social del conocimiento.

Empero, tal vinculación del mundo regional o local debe responder a una premisa básica: «El desarrollo global correlaciona a individuos pensantes con tareas de construcción del conocimiento a partir de habilidades expresadas y desarrolladas a nivel cognitivo como producto de una educación para la recreación y transformación del mismo.» (Barra, 2003).

Visto desde esta perspectiva, la tarea del orientador se vincula en la construcción del conocimiento como una praxis realizadora, mediada por una actividad guiada, en donde los actores del conocimiento (alumno-orientador), adquieren una dinámica interactiva que en modo alguno es producto de un esquema mecanicista, sino el resultado de la aproximación a la realidad como facilitadora para generar conocimientos y respuestas a problemáticas diversas.

Toda esta cadena de hechos, se articulan con una serie de eventos significativos en la evolución social, trátese de entender que lo que se estaba definiendo era una nueva idea del hombre y su rol social; así pues, desde Piaget que nos presenta el desarrollo cognitivo del individuo en interacción con el mundo exterior, pasando por Vigotsky y hasta Morin, se han tratado de interpretar aquellos aspectos que vinculan lo cognitivo con lo social, permitiéndonos comprender al individuo adulto y la posible o posibles correlaciones que establece con las actividades laborales y las habilidades que los individuos deben presentar para funcionar como homo faber, es decir, como un ser que piensa para construir y construye para pensar.

Entendiendo así el conocimiento, desprendemos que los procesos cognitivos se han vinculado a la esfera global como un producto de construcción social, que permite insertar al individuo a diversos esquemas metacognitivos que lo empujan día con día a ser dispuesto a interpretar diversas realidades y por ende a adecuarse a los cambios cuantitativos y cualitativos que presentan las mismas; un ejemplo de ello lo implican los cambios acelerados que presenta el desarrollo tecnológico, situación que no sólo implica adecuarse mentalmente a aceptar y entender que los artefactos cambiarán, sino para comprender que pese a que cambien, habremos de poder manejarlos debido a que somos aptos para recrear y transformar el conocimiento, seguros de que hemos desarrollado esquemas mentales que nos llevan de la simple observación a la interpretación, función psicológica superior que debe ser propiciada por el entorno, entendido este no como un espacio geosocial, sino como una dimensión del ser.

Así, a través de diferentes teorías cognitivas que se apropian del escenario educativo, el orientador guía estos procesos mediando e intentando obtener los dividendos que se desprenden de sistemas educativos que de modo hermenéutico y significativo intentan acercarse a la realidad social y desde luego al entorno laboral.

En consecuencia, la tarea estriba en escudriñar más allá de los límites de la reproducción cognitiva y tradicional, trascender a las hegemonías culturales que empíricamente obstaculizan en lo sustantivo el desarrollo social y que son la antitesis de los esquemas mentales y habilidades que la globalización exige; como es la habilidad de aprender a aprender y contar con la flexibilidad que permita adaptarse ante nuevas condiciones. Por lo tanto, los esquemas locales y regionales sólo pueden articularse y subirse al mundo globalizado a partir de la reestructuración de lo propio que los identifica como una entidad y de sus planteamientos educativos, los cuales deben pasar de la reproducción a la recreación, cuestión vital, ya que no se concibe la realidad si no es a través de la transformación de la misma.

En consecuencia, la generación de sujetos plenos de identidad, pensantes capaces de desarrollar habilidades psicológicas superiores, no sólo es un imperativo, es también una necesidad sociocultural mediada por los requerimientos de una concepción mucho más uniforme de la realidad, en donde apropiarse de la realidad no es sólo un acto racional, sino una actitud ante la vida que comparte con los otros lo que se es.

Por tal motivo, el contexto de lo global nos obliga a redefinir dentro de nuestro universo local y regional, cómo pensamos la realidad, para qué la pensamos y cómo debemos apropiarnos de ésta; por ende, pensar un nuevo esquema racional de lo global; implica entender lo cognitivo como inherente al hombre y su interpretación científica vygotskiana como una búsqueda de cuerpos correlacionados a partir de la interacción social del hombre con su medio y su semiótica, la cual es un mundo de intricadas y complejas redes de códigos, símbolos y signos que trascienden al lenguaje verbal, al otorgar sentido y significado al ser. «Soy a partir de mi mismo, en relación con los demás».

En consecuencia, no debemos concebir al ser social y a su inserción con el mundo de la globalización como un proceso que deviene por sí mismo; es en sí, un proceso que se nos ha impuesto, pero que tal parece que toca con sus manos de modo directo a las grandes urbes o metrópolis tradicionales, lo cual genera brechas con respecto a los espacios locales y regionales dentro de un país. En el caso concreto de México y América Latina, ello se ha debido históricamente por el centralismo cultural, político y económico que han ejercido las estructuras gubernamentales, convirtiendo a la metrópoli en el espacio de mira hacia la modernidad, que ejemplifica lo que el país debe mostrar al mundo, disminuyendo así las posibilidades de inserción de lo local y lo regional en el mundo globalizado.

Por tal motivo, lo local y lo regional sólo cuentan con una alternativa plausible para poder salir de este determinismo de la cultura del mundo subterráneo que la metrópoli les ha impuesto; ella estriba en desarrollar nexos entre el sistema educativo y el mercado laboral.

En este sentido, la Orientación Educativa responderá a las exigencias del mundo globalizado, toda vez que sea capaz de identificar que los esquemas cognitivos que los alumnos requieren, deben trascender el problema de la reproducción, ya que ello limita sus posibilidades de creatividad intelectual por el mecanismo mental que genera.

En tal medida, debemos entender que la inserción del hombre en el mundo de lo global es más que una mera búsqueda de adecuación a otras formas de ser y de pensar exógenas a su entorno local; más aún, implica establecer un nexo entre el aprendizaje y su dimensión social, por lo que el conocimiento aprendido sólo fructifica en la medida que la significación interna de la persona sobre este conocimiento, es también apreciado a nivel social. De tal forma que los procesos de enseñanza-aprendizaje tienen sentido en la medida que responden a la realidad social; por lo tanto, un universitario al intentar insertarse en el mercado de trabajo no puede partir de la base de que una vez obtenido el empleo, comenzará a aprender, porque considera que la experiencia laboral es determinante para dominar el conocimiento escolar previo, lo cual no sólo es una falacia común entre muchos jóvenes egresados a nivel universitario, sino que deja ver de manera irónica las paradojas que presenta la educación actual.

En consecuencia, el proceso de Orientación debe poder entender y situar el contexto entre educación y mercado laboral, y si bien es cierto que el mercado laboral globalizado exige comprender para transformar, la tarea del proceso de enseñanza-aprendizaje debe traducir la exigencia laboral hacia la construcción de «andamios mentales» que permitan activar las funciones psíquicas superiores, como la abstracción, la reflexión, el análisis; y que sean capaces de interpretar, discriminar, evaluar y criticar un proceso, ya sea este social, político, económico o laboral.

«Los caminos hacia la empresa, hacia el hogar o la comunidad están impregnados de constructos sociales, de conocimientos para el conocimiento, de actitudes y valores validadas. Son los andamios mentales que requieren los seres creativos y pensantes, locales y regionales; para insertarse en el mundo de lo global. Tales constructos son los mismos que nos llevaron a evolucionar» (Barra Moulan. Op cit.). Ahondando en esta cuestión debo destacar las palabras de Umberto Eco: «tanto la explicación del funcionamiento del sistema solar en los términos de las leyes de Newton, como la enunciación de una serie de proposiciones que vinculan al significado de un texto determinado, son una serie de proposiciones que atañen el significado de un texto determinado, son formas de interpretación. El problema, por tanto, no consiste en discutir la antigua idea de que el mundo es un texto que puede interpretarse (y viceversa), sino en decidir si tiene un significado fijo, una pluralidad de significados posibles, o por el contrario, ningún significado.» (Eco, 2000:357).

Cada contexto tiene diferentes códigos a entender, en donde la cognición del entorno determinará o exigirá en el individuo diferentes respuestas. Ausubel (1983) insistió en que los conocimientos previos en el individuo resultan sumamente importantes para que este pueda adquirir otros, son las estructuras que desarrolla la persona y que le afianzan y permiten ser receptiva a un nuevo conocimiento, lo que Ausubel denomina «aprendizaje significativo».

El mundo de hoy, el mundo global, nos empuja día a día a transformar la realidad, los contructos cognitivos emanados del proceso de enseñanza-aprendizaje cobran una relevancia capital. Los seres pensantes que demanda el mercado y la sociedad en su conjunto, son seres de construcción activa, los cuales deben poder resignificar cuantas veces sea necesario el entorno y los nuevos conocimientos que de él se desprenden; por ello, la autorregulación cognitiva adquiere un peso específico en el proceso de construcción para la creación. Tal es el caso de la creación de lenguajes de las carreras universitarias, el profesionista debe contar con las herramientas cognitivas que le permitan comprender cualquier lenguaje que sea lanzado al mercado, es decir, su instrucción académica debe permitirle recrear y transformar lo ya aprendido como experiencia significativa para metaconocer.

En tal sentido, la Orientación Educativa se encuentra en un momento histórico en donde el hombre se está enfrentando y a la vez admitiendo al aprendizaje como un proceso de cambio conceptual, es decir, como un proceso dialéctico que tiene su ser en la construcción de esquemas, redes o modelos de interpretación que sirven para describir las experiencias de la vida. Por lo tanto, todo proceso cognitivo académico es un proceso de vida, un marco de interpretación cotidiana de la persona que le permite insertarse en las redes o esquemas conceptuales que nacen en el seno de la sociedad global.

Por consecuencia, el orientador es un promotor de la gestación de los individuos globalicríticos, de personas que a partir del conocimiento personal y su interacción social, logran crear nuevas estructuras mentales, en una cadena interminable de aprendizajes que implican el desarrollo y cambio de estas estructuras mentales. Sin embargo, este proceso del mundo en construcción de los seres pensantes y creativos, no podrá devenir de manera etapista, ya que ello niega la lógica y la dialéctica de la construcción del conocimiento social; es por esto que la formación de los globalicríticos, debe tener su gestión en el proceso de enseñanza-aprendizaje, por lo que el rol que juega hoy el orientador no puede caer en la desconexión entre teoría y praxis, entre autoritarismo docente y la parcialización del conocimiento, entre el contenido y forma en detrimento del ensayo y la apropiación del referente social.

 

Conclusiones

Los orientadores de la sociedad global no pueden ser sólo los reproductores de la cultura hegemónica, deben ser capaces de transformar su papel tradicional y devenir en mediadores sociales para que los alumnos se apropien de una realidad dinámica y dialéctica, promotores de los saberes.

La Orientación se enfrenta a necesidad de promover en los alumnos las habilidades cognitivas a través de formas basadas en el análisis, la transferencia y la autorregulación del conocimiento, cuya apropiación permita responder al «cómo», investigar, analizar, entender y manejar la realidad para construirla y recrearla socialmente.

La generación de individuos con habilidades cognitivas que puedan recrear y transformar la realidad, depende de la pertinente interacción entre el contexto cognitivo y el proceso cognitivo en los imaginarios de la globalización. Las estrategias y contenidos de la Orientación deberán presentar tal vinculación, de tal manera que sus intenciones sean producto de la construcción social de la que emana el conocimiento.

Para ello, requerimos de una Orientación abierta a diversas iniciativas que vincule los imperativos de la planeación y prospectiva educativa, atento a las necesidades de un individuo íntegro, inteligente, ávido de oportunidades, cargado de sueños y enamorado de su proyecto.

La responsabilidad de construir para transformar debe ser el reflejo de nuestra inserción social frente a la realidad, la visión post racional implica percibirnos como promotores y actores de la realidad, la construcción de la misma es un acto de naturaleza social arbitrada que genera en nosotros la responsabilidad de precisar y leer a través del marco de interpretación hacia qué límites nos enfrentamos si actuamos de manera dogmática y lineal. Pensar es interpretar, pero la interpretación debe estar arbitrada hacia los caminos cognitivos que asuman la realidad como producto de una construcción social y bajo la perspectiva que el devenir es dialéctico; lo estático no existe en el universo, el pensamiento es inherente al quehacer humano y su regulación consciente es la más pura expresión de la posibilidad de recrear y transformar la realidad.

 

Bibliografía

Ausubel, David (1983). Psicología cognitiva. México: Trillas.

Barra Moulan, Carlos Patricio (2003). «Elementos de inserción cognitiva en el mundo globalizado». Tesis de maestría. México: Universidad La Salle.

Careaga Medina, Gabriel (1987). Los espejismos del desarrollo entre la utopía y el progreso. México: Océano.

Córdova, Arnaldo (1998). «Globalización y ciencias sociales ». En http://www.memoria.com.mx/108/ 108mem01.html (enero de 2007).

Dabat, Alejandro y Rivera Ríos, Miguel Ángel (1997). Las transformaciones de la economía mundial. CRIM-UNAM. México.

Del Valle Cervantes, Jorge (1988). «Prospectiva de la Orientación ». Ponencia presentada en el Coloquio Universitario «Prospectiva de la Orientación». Dirección General de Orientación. UNAM.

Eco, Umberto (2000). Los límites de la interpretación. Barcelona: Lumen.

Sonntang, Heinz (1998). Gobernabilidad democrática, globalización y pobreza en América Latina hacia el siglo XXI. Centro de Estudios de Desarrollo. Universidad Central de Venezuela. Caracas.

 

 

* Asociación Mexicana de Profesionales de la Orientación. Secretaria de Orientación a Distancia.