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Estudos e Pesquisas em Psicologia

versão On-line ISSN 1808-4281

Estud. pesqui. psicol. vol.10 no.2 Rio de Janeiro ago. 2010

 

ARTIGOS

 

El legado psicológico de Rogelio Díaz-Guerrero

 

O legado psicológico de Rogelio Díaz-Guerrero

 

The psychological legacy of Rogelio Díaz-Guerrero

 

 

Reynaldo Alarcón

Professor Emérito, Universidad de San Marcos, Lima, Perú

Endereço para correspondência

 

 


RESUMEN

El autor identifica cuatro dimensiones básicas en la obra del psicólogo mexicano Rogelio Díaz-Guerrero (1918-2004): a) su temprano interés por construir una psicología del mexicano, se inicia con la publicación de Estudios de psicología del mexicano (1961) y culmina, 42 años después, con su libro Bajo las garras de la cultura. Psicología del mexicano 2 (2003; b) la orientación culturalista de su pensamiento;  c) su adhesión a la psicología transcultural, en reacción al etnocentrismo psicológico dominante en su época; y, d) su propuesta de una etnopsicología, que lleve a la elaboración de psicologías nativas. Su obra exuberante, elaborada con rigurosidad metódica y fino análisis estadístico, es un mensaje a las nuevas promociones de psicólogos latinoamericanos. El presente artículo lo escribe el autor en homenaje al amigo y compañero de profesión.

Palabras-chave: Psicología del mexicano, Psicología transcultural, Etnopsicología.


RESUMO

O autor identifica quatro dimensões básicas na obra do psicólogo mexicano Rogelio Díaz-Guerrero (1918-2004): a) seu interesse pioneiro por construir uma psicología do mexicano se inicia com a publicação de Estudios de psicología del mexicano (1961) e culmina 42 anos depois com seu livro Bajo las garras de la cultura. Psicología del mexicano 2 (2003); b) a orientação culturalista de seu pensamento; c) sua adesão à psicologia transcultural, em reação ao etnocentrismo psicológico dominante em sua época; d) sua proposta de uma etnopsicologia, que leve à elaboração de psicologias nativas. Sua obra exuberante, elaborada com rigor metodológico e refinada análise estatística, é uma mensagem às novas   áreas de psicólogos latino-americanos. O presente artigo é escrito pelo autor em homenagem ao amigo e companheiro de profissão.

Palavras-chave: Psicologia do mexicano, Psicologia trasncultural, Etnopsicologia.


ABSTRACT

The author identifies four basic dimensions in the Mexican psychologist’s work, Rogelio Díaz-Guerrero (1918-2004): a) His earlier interest in building a Mexican’s psychology, begins with the publishing of Estudios de psicología del mexicano (1961) and it culminates 42 years later, with his book Bajo las garras de la cultura. Psicología del mexicano 2 (2003); b) the cultural orientation of his thought; c) his adhesion to the Transcultural Psychology, in reaction to the psychological ethnocentrism dominant at It’s time; and, d) his proposal of an Etnopsychology that leads to the elaboration of native psychologies. His voluminous work, elaborated with methodological rigorousness and sharp statistical analysis, It’s a message to the new promotions of Latin American psychologist. The present article is written by the author in homage to the friend and professional partner.

Keywords: Mexican’s psychology, Transcultural psychology, Etnopsychology.


 

 

Introducción

El 8 de diciembre de 2004, la psicología latinoamericana vistió de luto, había perdido a su figura paradigmática: falleció, casi inesperadamente, Rogelio Díaz-Guerrero; sus restos mortales reposan en Cuernavaca, México. Había nacido el 3 de agosto de 1918 en Guadalajara, Jalisco. Hombre sabio, en el sentido del saber clásico de los filósofos griegos, de amplia apertura emocional, exaltador de las virtudes más nobles, como la amistad, la abnegación y el amor, características dominantes que descubrió en los seres humanos que estudió. Trabajador infatigable, como lo acredita su nutrida producción, publicó 484 trabajos que aparecieron en revistas especializadas, o fueron expuestos en congresos de psicología; escribió 65 capítulos de libros. Fue autor o coautor de más de 30 libros, entre ellos Estudios de psicología del mexicano (1961), Hacia una teoría histórico-bio-psico-socio-cultural del comportamiento humano (1972a); Bajo las garras de la cultura. Psicología del mexicano2 (2003a); W. H. Holtzman, R. Díaz-Guerrero y R. Swartz. Desarrollo de la personalidad en dos culturas: México y Estados Unidos (1975); R. Díaz-Guerrero y R. Pacheco. Etnopsicología, Scientia Nova (1994); R. Díaz­ Guerrero y L. B. Szalay. El mundo subjetivo de mexicanos y norteamericanos (1993).

Investigador original y prolífico, fue reconocido en vida por su basta y original obra; ocupó cargos académicos desde donde impulsó la psicología, al punto de convertir a México en el líder de la psicología latinoamericana. Investigador Emérito de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), distinguido como Investigador Nacional Emérito por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de su país. Profesó por muchos años en la UNAM, maestro de muchas generaciones de psicólogos que, con el devenir del tiempo, algunos de ellos, ocuparon la vanguardia de la psicología latinoamericana. Fue presidente de la Sociedad Mexicana de Psicología, Presidente y fundador de la Sociedad Interamericana de Psicología, Miembro Honorario de la Internacional Association for Cross Cultural Psychology y Miembro Honorario Vitalicio del Comité Ejecutivo de la Unión Internacional de Psicología Científica.

Rogelio Díaz-Guerrero visitó el Perú en varias oportunidades, ofreció conferencias y participó en simposios sobre sus investigaciones y sus ideas acerca de la psicología. Concurrió al X Congreso Interamericano de Psicología (Lima, 3 - 7 de abril, 1966), que presidió Carlos Alberto Seguín; volvió con ocasión de reunirse el XVII Congreso Interamericano de Psicología (Lima, 1 - 6 de julio, 1979), que fue presidido por el suscrito; la última vez que estuvo entre nosotros fue en julio del 2003, fecha en que se realizó el 29° Congreso de la SIP, bajo la presidencia de Cecilia Thorne. El Comité Organizador de ese evento, preparó un simposio en su honor, por su valiosa contribución a la psicología interamericana. Participaron en calidad de panelistas Wayne H. Ho1tzman (USA), Isabel Reyes Lagunes (México), Rolando Díaz-Loving (México), John G. Adair (Canadá), Rubén Ardila (Colombia) y el autor de este artículo. En el simposio se dieron la mano la racionalidad académica con la emoción y el afecto de amigos y colegas de tantos años, que se reunían para homenajearle. De otro lado, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en acto solemne, presidido por su rector Dr. Manuel Burga, le otorgó el grado de Doctor Honoris Causa, en virtud a sus altos méritos académicos. Con anterioridad, en 1999, la Universidad Ricardo Palma, le invitó para que ofreciera unas conferencias sobre Etnopsicología, el rector de esa casa de estudios, Dr. Iván Rodriguez Chávez, le confirió el grado de Profesor Honorario.

El presente artículo tiene el propósito de señalar las características más relevantes de la obra de Díaz-Guerrero. No es la primera vez que escribo sobre su trabajo y aportes a la psicología, particularmente latinoamericana (véase ALARCÓN, 1998, 2003, 2005). Por esto, utilizaré algunas ideas expuestas anteriormente y a ellas sumaré aspectos no tratados. En uno de esos trabajos identifiqué en la obra de Díaz-Guerrero cuatro dimensiones básicas, que me propongo ampliarlas: a) su interés por construir una psicología del mexicano; b) la orientación culturalista de su pensamiento; c) su adhesión a la psicología transcultural, como reacción a la psicología etnocéntrica dominante; y d) su propuesta para establecer una etnopsicología, o psicología de los diversos grupos nacionales. Estos cuatro rasgos se entrelazan y forman un todo coherente que vertebra la obra de Díaz-Guerrero.

 

Psicología del mexicano

La inquietud por desentrañar el modo de ser del hombre mexicano fue tema que apasionó y se hizo recurrente entre los intelectuales de ese país, a partir de la segunda década del siglo XX. El problema está íntimamente asociado al tema del carácter nacional y a la identidad nacional. ¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos? ¿por qué nos comportamos de esta manera? Tiene sus antecedentes lejanos en la  antigua psicología de los pueblos, la Volkerpsychology, fundada en Alemania, cuyo tema fue estudiar las características psicológicas peculiares de cualquier raza o pueblo; repercutió en otros países europeos y su influencia se hizo sentir en Hispanoamérica a partir de las dos primeras décadas del siglo XX. El tema fue abordado en México por varios intelectuales, solo mencionamos a tres de ellos. Samuel Ramos escribió El perfil del hombre y la cultura en México (1934), señala como característica del mexicano el complejo de inferioridad, que se advierte por su inclinación a imitar elementos de culturas extranjeras; Octavio Paz, el laureado poeta y ensayista, publicó El laberinto de la soledad (1950, 1° edición; 2007, 13° edición), es un estudio crítico sobre la identidad y la alienación del mexicano, que infiere del proceso histórico y político de su país. Este libro motivó la áspera crítica de Díaz-Guerrero (2003a) generada por los rasgos negativos que el poeta, según Rogelio, atribuye arbitrariamente a los mexicanos. Santiago Ramírez, desde una perspectiva psicoanalítica, publicó "El  mexicano. Psicología de sus motivaciones" (1º edición, 1959; 3º edición, 2000). El  filósofo Leopoldo Zea ha mostrado similar preocupación, pero su visión es más universalista, aboga por la necesidad de conocer lo que es concretamente el hombre americano, y más aún el hombre concreto de cada uno de nuestros países; empero, a partir de lo concreto sugiere elevarse a lo universal, puesto que conociéndonos a nosotros mismos conoceremos también la esencia de otros hombres, lo que de común tenemos con ellos. En su libro, La esencia de lo americano (1971), cita un pensamiento de Antonio Caso, lo universal no se alcanza sino partiendo de la propia realidad; y no por la pura imitación.

El problema de la identidad nacional no sólo ocupó la atención de la inteligencia mexicana, también la de otros países de América Latina: filósofos, historiadores, literatos y pintores, a ellos se sumó una generación de jóvenes políticos impregnados de un nacionalismo indoamericanista, que enfatizó las raíces nativas de nuestros pueblos, conjugadas, a menudo, con doctrinas políticas de izquierda. Todo ello caracterizó el espíritu de los tiempos. Argentinos, uruguayos, peruanos, venezolanos, centroamericanos, colombianos, chilenos, todos ellos tomaron conciencia del problema, conocer el ser del hombre americano, la conciencia de sí mismo, su procedencia y su cultura. Algunos exaltaron la herencia ibérica, otros la indígena y, entre ambos, hubo quienes proclamaron el mestizaje étnico y cultural, que no es otra cosa que la natural simbiosis de razas y culturas amalgamadas en el tiempo. El hombre latinoamericano es esto, ahora se comprende así mismo, sin complejos, no es un ser extraño ni marginal, tiene características psicológicas distintivas, como las tienen los hombres de cada cultura. "En los días en que vivimos, escribió Leopoldo Zea (1971, p. 90), Latinoamérica ha asumido clara conciencia de su situación en el mundo en el que también es parte activa y necesaria".

Díaz-Guerrero no escapa a las inquietudes por conocer al hombre mexicano, lo atrae desde los primeros años de su carrera de investigador. Pero, a diferencia del ensayo literario o la reflexión filosófica, ciertamente muy valiosas, su abordaje es metodológicamente científico y trabaja en él de modo sistemático. En 1961 publica su obra liminar Estudios de psicología del mexicano, libro que alcanzó 20 reimpresiones. Persiste con renovada insistencia durante 50 años en la indagación del comportamiento de sus compatriotas. En el 2003 aparece su último libro sobre el tema: Bajo las garras de la cultura. Psicología del mexicano 2, en esta obra reafirma los fuertes lazos entre la cultura y el comportamiento.

Empieza sus estudios sobre psicología del mexicano recreando frases que recoge del discurso que utiliza la gente común y corriente en su comunicación cotidiana. Tales como proverbios, dichos, creencias, ideas respecto a la vida, estilos de enfrentar los problemas y percepción del prójimo en sus múltiples interrelaciones. A estas experiencias expresadas en el lenguaje natural de la gente, Díaz-Guerrero les dio el nombre de Premisas Histórico-Socioculturales (PHSCs). Conforman un sistema de creencias y valores que actúan como normas o mandatos que estipulan los roles de los individuos, prácticas sociales y estilos de confrontación de una sociocultura. Son aprendidas dentro del grupo, resultando aprendizajes culturalmente tempranos que los individuos internalizan y sostienen como verdades en un tiempo histórico. Se transmiten como herencia cultural en el marco familiar, en el grupo y en la sociedad; por ello, constituyen la regularidad más importante y el ingrediente número uno del ecosistema humano, según sostiene su autor.

Las PHSCs. se acercan mucho a las actitudes, definidas como disposiciones a pensar, sentir o actuar en una forma predicha. Sin embargo, están más cerca de los constructos cognitivos que conductuales. Son persistentes, supraindividuales, constituyen un lenguaje del grupo y actúan como determinantes sociales del pensamiento (DÍAZ-GUERRERO, 1967, 1974, 1982, 1986, 1980a). No obstante, las PHSCs detentan vigencia temporal y devienen obsoletas, son rechazadas y reemplazadas por otras que reflejan la modernidad, por el paso del tiempo. Díaz-Guerrero ha propuesto el constructo cultura-contracultura para señalar el inevitable conflicto entre la cultura tradicional, que significa conservadurismo y apego a la estructura heredada de vivir según premisas antiguas. Frente a estas ideas se encuentran las fuerzas que denomina contraculturales, que representan la apertura hacia el cambio, la modernización, las revoluciones científicas, tecnológicas y sociales, que constituyen, ciertamente, la antítesis al tradicionalismo (DÍAZ-GUERRERO, 1980b, 1981).

La medición de los efectos que ejerce la sociocultura sobre el comportamiento, en especial sobre los afectos, actitudes y valores, fue abordada por Díaz-Guerrero a partir de las PHSC. Para operacionalizar este constructo partió del discurso típico de la gente, reunió dichos, refranes, máximas, creencias, y modos de enfrentar los problemas cotidianos. Díaz-Guerrero y Trent, construyeron un cuestionario de 123 ítems que, posteriormente, en 1963, Rogelio lo denominó Premisas Socioculturales, y más adelante reciben el nombre de Escala de Premisas histórico-socioculturales (DÍAZ­ GUERRERO, 1972b, 1994). La Escala fue administrada, en varias oportunidades, a grupos de escolares de educación secundaria de la ciudad de México, logró identificar, mediante análisis factorial, nueve características o factores en el comportamiento de los sujetos, que son los siguientes, brevemente descritos.

1. Machismo. Este factor es definido por el grado de acuerdo con declaraciones que indican que la mujer debe ser dócil, sumisa, menos inteligente e inferior al hombre. Así también, que la vida es más dura para el hombre que para la mujer y que las mujeres deben ser protegidas.

2. Obediencia afiliativa. Es definida por una escala de declaraciones que postulan la obediencia absoluta al padre y a la madre, y que deben ser queridos y respetados.

3. Virginidad. Este factor tiene que ver con el grado de importancia que se le asigna al hecho de tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Prescribe la enorme importancia que para la mujer mexicana debe tener mantenerse virgen hasta el matrimonio.

4. Abnegación. Presume que las mujeres sufren más en la vida que los hombres y que son más sensitivas; connota, además, que para ellas más que para los hombres, la vida es para sobrellevarla.

5. Temor a la autoridad. Este factor pide a los sujetos que expresen una opinión, fundada en su propia experiencia, respecto a la relación entre padres e hijos. Mide el grado hasta el cual el sujeto siente que en su cultura los hijos temen a los padres.

6. Statu quo familiar. Implica fidelidad entre los esposos, que los niños y las niñas prefieran ser como sus padres, que las mujeres en la familia deben ser protegidas y que el honor familiar debe mantenerse.

7. Respeto sobre amor. Contrasta el respeto y el amor, es decir, una relación de poder frente a una relación amorosa. En algunas sociedades tradicionales consideran que es más importante respetar y obedecer que amar a los padres.

8. Honor familiar. Este factor es definido por una escala que pone acento en la fidelidad de la esposa, en el honor familiar y el castigo severo en caso de deshonra.

9. Rigidez cultural. Este último factor se refiere a la severidad de los padres en la crianza de los hijos, que las mujeres casadas no deben trabajar fuera del hogar y que la madre es la persona más querida del mundo.

El seguimiento de las PHSCs a través de los años 1959, 1970 y 1994, permitió observar la declinación del apoyo porcentual que inicialmente recibieron las premisas; el paso del tiempo, que conlleva cambios culturales, hizo sentir su presencia. El machismo, una premisa dominante, declinó muy severamente en sus manifestaciones más cruciales. Por ejemplo los ítems: "El hombre debe llevar los pantalones en la familia", de 72% de apoyo en 1959, bajó a 19.4% en 1994. "Es mucho mejor ser hombre que mujer", de 74% de aprobación en 1959, descendió a 21.2% en 1994. La obediencia de los hijos hacia los padres bajó sensiblemente, pero no a la misma velocidad que el machismo; lo mismo ocurrió con la importancia que tiene la virginidad para la mujer soltera antes del matrimonio; declinó el respeto hacia los padres y adquirió fuerza el amor; bajó la rigidez cultural en la crianza de los hijos y adquirió valor el rol de la mujer en el hogar (DÍAZ-GUERRERO, 2003a). Estas investigaciones permitieron identificar un grupo de actitudes, creencias y valores presentes en los mexicanos. Asimismo, demuestran que los mandatos socioculturales pueden cambiar y que no todos cambian al mismo ritmo.

En sus últimos trabajos, Rogelio afirma que el nuevo factor de la filosofía de vida de los mexicanos es la creencia del amor sobre el poder. Lo enfatizó en su discurso en la Universidad de San Marcos, al recibir el grado de Doctor Honoris Causa. El amor está "como omnipresencia cultural, detrás de las múltiples disposiciones de la personalidad del mexicano" (DÍAZ-GUERRERO, 2003b). Los trabajos acerca del mexicano se han enriquecido con los aportes de nuevas promociones de psicólogos de ese país, que han seguido la ruta trazada por Díaz­-Guerrero.

 

La investigación transcultural

Díaz-Guerrero impulsó la investigación transcultural, enfoque que busca dilucidar problemas psicológicos que por su naturaleza son afectados por variables culturales. Enfatiza la importancia de dichas variables como determinantes del comportamiento, a la vez que ha llamado la atención que en muchos sectores de la psicología no pueden admitirse inferencias de validez universal, debido a que los patrones de comportamiento varían de cultura a cultura (ANGELINI, 1964; HOLTZMAN, 1967; ALARCÓN, 1975). Las  constancias y diferencias en el comportamiento, por efecto de la cultura, se pueden determinar mediante la comparación de datos empíricamente obtenidos al estudiar una conducta en individuos de diversas culturas. De esta manera, la generalización de los resultados, origen de principios y leyes científicas, se basará en muestras altamente diversificadas. Por ende, cuanto mayor sea la variedad cultural de la muestra, mayor será el grado de validez que ostenten las generalizaciones. Estas ideas, han llevado crear instrumentos de validez transcultural, a construir pruebas psicológicas propias que correspondan a las características idiosincráticas de las culturas nativas y a validar construcciones psicológicas que a menudo carecen de sentido de una cultura a otra.

La psicología transcultural atendía el reclamo que recusaba el etnocentrismo de la psicología, vigente en la primera mitad del siglo XX, elaborada en los centros de producción de conocimientos de Europa y Estados Unidos, con sujetos de características psicológicas y culturales diferentes a las poblaciones latinoamericanas (ALARCÓN, 1986). En memorable discurso que Díaz-Guerrero pronunció en el XII Congreso Interamericano de Psicología, celebrado en Montevideo en 1969, sostuvo: "Ha llegado el momento en que sometamos a comprobación las afirmaciones que al respecto de la conducta humana en general se ha hecho por autores alejados a de la idiosincrasia Iberoamericana, y ha llegado el momento de que desarrollemos nuestras propias concepciones respecto de la estructura, funcionamiento y de las características de las personalidades de nuestros pueblos" (DÍAZ-GUERRERO, 1971). Cuestionó teorías y construcciones teóricas y alentó a los psicólogos latinoamericanos para que verificaran hasta qué punto las generalizaciones desarrolladas en otras latitudes eran válidas para explicar el comportamiento de la gente de sus propios países. No era una postura chauvinista  era, en rigor, una reflexión genuina en tomo al estado de dependencia que acusaba América Latina por esos años;  ofrecía un planteamiento científico para reformularla y conducirla por nuevos horizontes. Por estos años, los psicólogos sociales caen en cuenta de que la investigación en su área se limitaba a replicar temas clásicos de la psicología internacional. Cuestionaron esta situación y pusieron en debate la significación social de sus hallazgos, planteando hacer de la psicología social una disciplina socialmente relevante,  esto significaba investigar problemas inmersos en la realidad de sus países. Era el despertar de la psicología Latinoamericana,  estudiar al hombre latinoamericano y sus problemas reales, pero sin abandonar los problemas ecuménicos del hombre como ser puesto en el mundo.

La investigación transcultural tuvo en México su centro más activo de trabajo y  difusión, y en Rogelio Díaz-Guerrero a la figura latinoamericana más representativa. Junto con Wayne H. Holtzman, de Estados Unidos, dirigieron el proyecto de investigación de mayor envergadura que se ha realizado hasta la fecha en América Latina. Esta investigación buscaba determinar la importancia relativa de los factores culturales, el ambiente escolar y las características de la familia y el medio hogareño sobre el desarrollo de rasgos cognoscitivos y de personalidad en niños escolares de dos culturas contrastantes: México y Estados Unidos (HOLTZMAN; DÍAZ­ GUERRERO; SWARTZ, 1975). Se utilizó un diseño longitudinal superpuesto y muestras de la ciudad de México y de Austin, Texas (USA); se empleó una batería de 25 tests psicológicos, que fueron sometidos a análisis psicométricos en orden a determinar su confiabilidad, validez, estructura factorial, consistencia interna y estabilidad temporal. La amplia batería de tests comprendió la Prueba de Manchas de Tinta, de Holtzman, Dibujo de la Figura Humana, de Goodenough; las escalas de inteligencia de Weschler WISC y W AIS; Escala de Ansiedad, de Sarason; Prueba de Figuras Ocultas, de Witkin; Prueba de Palabras y Colores, de Stroop; Prueba de Estilo Conceptual, de Kagan, Moss y Siegel; Escala de Madurez Perceptual, de Van Castle; Inventario de Personalidad, de Jackson; Inventario de Hábitos y Actitudes de Estudio, de Brown­ Holtzman; Filosofia de Vida y Cuestionario de Premisas Socio-culturales, de Díaz­- Guerrero. Participó un centenar de investigadores y el trabajo tuvo una duración de 6 años, a partir de 1963.

Los resultados señalan que se encontraron diferencias en muchas dimensiones psicológicas entre sujetos de las dos culturas, aunque en otras no se dieron; se observó que la edad, la clase social y el género afectaban significativamente los resultados. Con cierta parsimonia los autores comentan que hay un alto grado de consistencia en los hallazgos transculturales, que subrayan una evidencia bastante concluyente del modo en que la cultura y la personalidad están enlazadas de manera indisoluble. A la enorme cantidad de información transcultural, se sumó la validación de la batería de tests utilizados. Todo este valioso material fue expuesto en congresos de psicología, revistas especializadas y en edición bilingüe, español-inglés, del libro de Holtzman, Díaz­ Guerrero, Swartz (1975). Esta investigación, realizada en una década, ha sido el proyecto más vasto realizado en América Latina. Después vinieron otros proyectos transculturales, con Charles Osgood realizó una investigación  sobre el diferencial semántico, que dio lugar al libro escrito con M. Salas, El diferencial semántico en español (1975); con Harry Triandis investigó el dilema ético-émico; con Maslow  valores y delincuencia; y con Szalay publicó el libro El mundo interno de mexicanos y norteamericanos (1993).

Las PHSCs, antes descritas, son denominadas premisas prescriptivas puesto que actúan como mandatos; sin embargo, hay otras que gobiernan las formas de enfrentar situaciones problemáticas y reciben el nombre de premisas de estilo de confrontación. A través de ellas el individuo reacciona a los estímulos de su ecosistema sociocultural, canaliza sus necesidades biopsicológicas, aprende selectivamente a confrontar con los agentes de socialización sea aceptándolos, sea rechazándolos. Díaz-Guerrero, distinguió hipotéticamente dos estilos de confrontar los problemas de la vida, prevalentes en la humanidad: el estilo pasivo y el estilo activo. Los individuos de las sociocultural activas afrontan sus problemas modificando el ambiente interpersonal, físico o social; es decir, procuran modificar la fuente que genera el estrés. En el polo opuesto, los individuos de socioculturas pasivas prefieren afrontar sus problemas aceptándolos, adaptándose a ellos, modificando su propia conducta  A estas formas de reacción las denominó dicotomía activo-pasiva.

Para investigar empíricamente estos conceptos, Díaz-Guerrero construyó la Prueba de Estilo de Vida, compuesta por ítems que representan los síndromes activo-pasivo. Conjuntamente con los psicólogos norteamericanos Peck, Holtzman, y Swartz, realizaron numerosas investigaciones transculturales con sujetos mexicanos y norteamericanos, que representaron a las culturas pasiva y activa, respectivamente. El análisis factorial de los datos identificó cuatro factores: autoafirmación activa vs. obediencia afiliativa; control interno activo vs. control externo pasivo; cautela pasiva vs. cautela activa; y autonomía vs. dependencia. Los resultados pusieron de manifiesto que los escolares norteamericanos utilizan el estilo activo de confrontación, eran más autónomos; en tanto que los escolares mexicanos utilizan el estilo pasivo, la obediencia afiliativa y eran más dependientes. Las diferencias encontradas se explican por influencias culturales entre ambos países.

La psicología transcultural, impulsada en México por Díaz-Guerrero y colaboradores, fue difundida desde ese país hacia América Latina; contribuyó con sus trabajos al desarrollo internacional de este enfoque de la psicología social. Las comparaciones entre mexicanos y norteamericanos pusieron en evidencia un número significativo de diferencias entre sujetos de ambos países con respecto al desarrollo cognitivo, perceptual y de la personalidad atribuibles a características dominantes en una y otra cultura. De esta suerte, se verificaron y ampliaron conocimientos acerca de la psicología del mexicano antes observadas y se advirtieron nuevas hipótesis por contrastar. Además, contribuyeron a consolidar la postura culturalista que había ganado interés en el pensamiento psicológico de Díaz-Guerrero.

 

La orientación culturalista

Díaz-Guerrero no se quedó en el nivel del hallazgo empírico, avanzó hacia la­ elaboración de constructos psicológicos tales como "sociocultura", "premisas histórico  socioculturales", síndrome activo-pasivo" "dialéctica cultura-contracultura", ya explicados. Desarrolló una original teoría sobre el origen del comportamiento humano, que fue expuesta en su libro Hacia una teoría histórico-bio-psico-socio­-cultural del comportamiento humano (1972a). Esta es la primera teoría psicológica latinoamericana sobre el comportamiento elaborada con amplio respaldo empírico y enmarcada en la orientación culturalista de la personalidad. Reprocha frontalmente las teorías de la personalidad que han tratado de encontrar el porqué de la conducta humana dentro del individuo. Freud la encuentra en su urdidumbre biopsíquica, Jung en la trama biogenética racial; Horney y Sullivan en las relaciones interpersonales del individuo, particularmente dentro de la familia. Los psicólogos del yo ven el fundamento de la conducta en el concepto que los individuos tienen de su propio yo y en la estructura de éste. Incluso, prosigue Díaz-Guerrero, Eysenck y Cattell, con sus trabajos rigurosamente empíricos y estadísticos,  no lograron superar lo que denomina "error histórico", puesto que plantean que la explicación de la conducta humana deberá encontrarse no en el individuo aislado, sino en aquellas características de las que todos los individuos participan por término medio

El porqué de la conducta humana, según el psicólogo mexicano, deberá buscarse fundamentalmente en la circunstancia histórico- cultural en la que han nacido y en la que se han desarrollado los seres humanos. Sostiene que el motor fundamental del comportamiento es la cultura o, mejor todavía, la sociocultura. Enfatiza el rol preponderante de las variables históricas y socioculturales como agentes principales que moldean y explican la conducta; no rechaza lo biológico o genéticamente heredado, pero tienen mucho menos sentido explicativo. Le parece natural y lógico explicar el comportamiento humano a partir de las relaciones funcionales entre el individuo y su sociocultura, en vez de buscar una explicación basada en el individuo mismo. "Somos y nos comportamos, afirma nuestro autor, antes que nada, según el lugar en que nacimos, pueblo, ciudad, estado nación, por lo que heredamos, por la manera cómo hacemos las cosas,  por lo que aprendemos, por las personas que frecuentamos y por los lugares en que pasamos la mayor parte de nuestras vidas" (DÍAZ­ GUERRERO, 1972a, p. 27).

El hecho de que el comportamiento humano se explique por la concurrencia de las cinco variables involucradas en el título que lleva su teoría, variables históricas, biológicas, psicológicas, sociales y culturales, no significa que todas ellas operen con igual fuerza en todas las culturas en el moldeamiento de la cultura.  Según nuestro autor, la fuente más importante que explica el porqué del comportamiento de los individuos es la sociocultura. No niega la presencia de variables biológicas, pero tomadas como fuentes explicativas del quehacer, del actuar y del comportarse, ofrecen explicaciones de la conducta en aspectos bastante reducidos. Algo similar ocurre con las variables psicológicas que, para nuestro autor, ocasionalmente intervienen como motivos fundamentales. Estos factores, junto con los biológicos, intervienen en ciertas conductas a manera de cómo, es decir, describen formas de funcionamiento específico de la conducta, p. e. cómo aprendemos, cómo pensamos, cómo funciona la memoria. Si le preguntamos a una persona ¿por qué mostró esa conducta?, podría responder "porque así es como debe uno comportarse frente a personas mayores". El cómo está determinado por una premisa sociocultural que dice: siempre se debe respetar a las personas mayores (DÍAZ-GUERRERO, 1972a). Díaz. Apoyado en resultados de la investigación transcultural ha puesto en duda la universalidad de los rasgos de personalidad. Sostiene que la universalidad no es un rasgo científico de la psicología y aboga, en sus últimos trabajos, por una psicología sociocultural de la personalidad (RODRÍGUEZ DE DÍAZ; DÍAZ-GUERRERO, 1997).

La teoría culturalista de Díaz-Guerrero, como toda construcción científica, debe mucho a enfoques precedentes de la misma clase, debidos a antropólogos y sociólogos, sean Kardiner, Kluckhohn, Sorokin, Benedict, Linton, Malinowski, y otros, quienes hicieron ver, de una u otra manera, la influencia significativa que ejerce la cultura sobre el comportamiento humano. Afirmaba Sorokin: "como personalidades socioculturales somos lo que de nosotros han hecho las fuerzas socioculturales; nos comportamos de la manera como estas fuerzas han moldeado nuestra conducta" (SOROKIN, 1962, p. 8). Díaz­-Guerrero se nutré de esas ideas, repara sobre todo en la influencia que ejerce la cultura sobre el individuo y en la interacción entre ambos; sin embargo, no le satisfacen las definiciones propuestas del término "cultura", concepto éste crucial en su teoría. Revisa diferentes definiciones, encontrándolas incompletas o insuficientes para sus propósitos; busca un concepto de alcance práctico, una definición operacional para sus investigaciones, y la encuentra en el contructo sociocultura, elaborado por él mismo, que hemos definido párrafos arriba. En un relato casi autobiográfico, escribe: "desde joven, me habían fascinado particularmente los proverbios, refranes, admoniciones y dichos que mis abuelos, tías, y padres utilizaban con frecuencia más que común, Posteriormente, ya en medio de la necesidad de desarrollar una aproximación rigurosa a los fenómeno de la cultura, me parecía que esta sabiduría popular era quizá una de las expresiones más claras y precisas de ese patrimonio de conocimiento, de maneras de ser, de reglas de actuar y sentir, aplicables a los miembros de una cultura" (DÍAZ­ GUERRERO, 1972a, p. 32).

La idea fundamental quedó esbozada de esta manera: Si queremos conocer una cultura será a través de las maneras de ser, pensar, sentir y actuar de los miembros de esa cultura. Es decir, quería penetrar en el sentido mismo de la cultura, no a través de las teorías y puntos de vista de los grandes tratadistas, que había examinado, sino que la cultura nos hablase de ella misma. Creyó encontrar la respuesta en las expresiones verbales cotidianas y en el comportamiento natural de la gente común. "Serán las premisas socioculturales de una sociocultura -afirma- las que nos darán en la mayoría de los casos la contestación del porqué de la conducta humana". La antigua antinomia nature vs. nurture, que pregunta por los motivos a que obedece la conducta humana, Rogelio adhiere al poder de nurture, sin negar la menor influencia que debe tener la naturaleza humana. En suma, la cultura asume en el pensamiento de nuestro autor como la variable que establece las diferencias entre los diversos conglomerados humanos que se integran en naciones y nacionalidades. 

Dando un paso adelante en el desarrollo de su pensamiento culturalista, Díaz- Guerrero introduce el concepto ecosistema sociocultural. Además de las variables históricas, culturales, sociales, psíquicas y biológicas, incluye factores geográficos, físicos, químicos y económicos, que conforman todos ellos el ecosistema humano. Para Díaz-Guerrero (1986, p. 10), "los biólogos definen al ecosistema como un conjunto formado por la interacción de los organismos entre sí y con los factores físicos y químicos de su medio ambiente". En vez de enumerar las variables que intervienen en el comportamiento humano, prefiere hablar de un ecosistema cultural. Postula, en primer término, la existencia de un ecosistema sociocultural frente al cual será posible comprender el desarrollo individual y vislumbrar la evolución de los sistemas sociales. Recalca la complejidad del ecosistema cultural y subraya la importancia de variables culturales, estructurales y económicas que intervienen prominentemente en este ecosistema humano y en la explicación del comportamiento. No obstante, resalta en sus trabajos la íntima relación que existe entre persona y su entorno cultural, éste es para Díaz-Guerrero una variable de suprema importancia.

 

La Etnopsicología

La propuesta para la constitución de una Etnopsicología, que por su novedad Díaz­ Guerrero y Pacheco (1994), denominan scientia nova, emerge como corolario de investigaciones empíricas y reflexiones que tuvieron como idea central las relaciones entre cultura y personalidad. El nombre de esta disciplina no era nuevo en su pensamiento; aparece en su libro Hacia una teoría histórico-bio-psico-socio-cultural del comportamiento humano, publicado en 1972. Allí se sostiene que el objeto central de esa obra es estudiar "los efectos fundamentales y primordiales que una cultura tiene sobre la personalidad de los individuos que nacen y se desarrollan dentro de ella, forjando, por decirlo así, su etnopsicología" Díaz-Guerrero, 1972a, p. 35). Veintidós años después, en 1994 aparece ya formalizada la Etnopsicología como una nueva disciplina. En el interludio utiliza este término en otros escritos menores. Díaz-Guerrero (1994) señala como antecedentes más importantes para configurar una Etnopsicología rigurosa, las contribuciones de sociólogos y antropólogos, como R. Benedict, A. Inkeles, O. Klineberg, F. Kluckhon, A. L. Kroeber, R. Linton, B. Malinowski, T. Parson, M. Mead, R. Merton, D. Riesman, todos ellos y otros, relievaron el efecto que ejerce la cultura sobre la personalidad de los individuos. De otro  lado, señala que el pensamiento,la metodología y los hallazgos de los psicólogos transculturales, en particular Triandis, Osgood, Berry, Holtzman y Witkin, fueron básicos para cimentar la etnopsicología mexicana. Otro evento que contribuyó en este propósito, fue la Conferencia de la Unión Internacional de Psicología Científica, reunida en Edimburgo, Escocia (24 - 26 de julio, 1982), allí se esbozó la posibilidad de desarrollar psicologías vernáculas. México ya había avanzado en este problema. Finalmente, en el Octavo Congreso de la Sociedad Internacional para el estudio de la Psicología Transcultural (Estambul, Turquía, 1986), Díaz-Guerrero participó en el simposio denominado Indigenous Psychologies (Psicologías autóctonas). Nuestro autor presentó la ponencia "A mexican Ethnopsychology". Tal es la breve historia internacional de la Etnopsicología (véase DÍAZ-GUERRERO y PACHECO, 1994, p. 19 y 20).

La etnopsicología pone su acento en lo idiosincrático, busca conocer los rasgos dominantes de la personalidad. Existe la esperanza, sostiene, Díaz-Guerrero (1984) que siendo esta la psicología de la personalidad de nuestros conterráneos y sabiendo que la personalidad es la resultante de la dialéctica entre los mandatos de la cultura y las necesidades biopsíquicas de los individuos, con sus avances se pueden desarrollar programas de prevención de conductas destructivas. Esta disciplina o, si se quiere, nuevo enfoque para tratar las consecuencias de la cultura sobre la cognición, el comportamiento social y la personalidad de los individuos, tiene mucho que ver con los estudios llamados "carácter nacional".

Díaz-Guerrero alienta realizar investigaciones orientadas a establecer etnopsicologías en cada país latinoamericano, de los individuos de una cultura, de un pueblo o de una nación, con intención de establecer psicologías autóctonas. Esta idea, persistente en el psicólogo mexicano, fue sugerida en 1971; en ese año sostuvo: "El psicólogo de los países en desarrollo debe dedicar su atención a su propia cultura, en forma paralela a los conceptos desarrollados en la cultura angloamericana, debe procurar identificar las características de su pueblo y desarrollar conceptos que convengan a su idiosincrasia" (DÍAZ-GUERRERO, 1971, p. 13). En consonancia con estas ideas, ha elaborado proposiciones que pueden servir de base para elaborar psicologías autóctonas, algunas de las más importantes las señalamos seguidamente: a) Una psicología debe empezar aceptando la existencia de un ecosistema humano específico. Es decir, cada grupo social tiene y se desarrolla en un ecosistema propio, que se distingue de otros. El origen de las diferencias humanas, sobre todo en la personalidad, habrá que buscarlas en el ecosistema donde se ha desarrollado el individuo. Un aspecto importante del ecosistema humano, potencialmente mensurable, es la cultura; b) La cultura comprende un ecosistema subjetivo, conformado por tradiciones, creencias, supersticiones, valores, normas, etnociencia, que mantiene un grupo cultural y un ecosistema objetivo, integrado por elementos de la cultura material, como organizaciones, instituciones e instrumentos materiales; c)La investigación etnopsicológica debe empezar sus exploraciones con la identificación y medición de las PHSCs de una sociocultura. El desarrollo de una etnopsicología deberá seguir el enfoque de la investigación científica, indispensable para la comprensión rigurosa del comportamiento humano (DÍAZ-GUERRERO, 1989, 1994).

Para finalizar este recorrido histórico del pensamiento psicológico de Díaz-­Guerrero, debo señalar que el legado intelectual que deja como herencia a la psicología latinoamericana, sin duda la componen los cuatro centros de interés de su trabajo que hemos bosquejado. Sus libros y sus numerosos artículos científicos hoy nos sirven para conocer el estado actual de la disciplina que cultivó. Mañana, con el paso del tiempo, pasarán a integrar el repertorio bibliográfico de las obras clásicas de la psicología latinoamericana, que leerán con fruición los historiadores de la psicología en América Latina.

 

Comentarios

La obra de Rogelio Díaz-Guerrero, cuyos temas centrales hemos agrupado en cuatro dimensiones: la psicología del mexicano, la psicología transcultural, la orientación culturalista de su pensamiento y la fundación de una etnopsicología, como culminación de sus intereses intelectuales, forman un todo, una estructura separable sólo con fines didácticos. Su idea dominante fue estudiar la psicología del mexicano, terminó su proyecto de largo aliento, con la publicación de su libro Bajo las garras de la cultura. Psicología del mexicano 2, publicado el 2003, obra cuyo título central refleja la importancia que concede a la cultura, como variable fundamental del comportamiento humano y como orientación teórica de su pensamiento psicológico. Cuatro décadas antes, en 1961, apareció Estudios de psicología del mexicano. Díaz-Guerrero sobrepasa lo mexicano y avanza hacia el nivel ecuménico, hurgando en el  conocimiento de la gente de su país su pensamiento adquiere universalidad, como es la  fundación de una scientia nova, que denomina Etnopsicología.

Apoyado en los resultados de la investigación transcultural, pone en duda la universalidad de los rasgos de personalidad. Ha llamado la atención y sostiene que la universalidad no es el carácter científico de la psicología, cuando menos en algunas áreas del comportamiento; por ello, aboga por una psicología sociocultural de la personalidad. En un trabajo más reciente se reafirma en esta postura, señala que de existir tal universalidad los rasgos variarían su posición dentro de las distintas culturas. Tanto la psicología transcultural como la etnopsicología, han reaccionado en contra de lo que se ha considerado teorías y conceptos universales. En efecto, la investigación transcultural ha demostrado la dificultad para establecer generalizaciones sobre el comportamiento humano a partir de una cultura extraña. Asimismo, hay construcciones psicológicas elaboradas en sociedades del primer mundo que carecen de validez en otras culturas, como la latinoamericana.

Con cierto matiz nacionalista o, mejor todavía, latinoamericanista, y con un claro pensamiento independiente, consiguió elaborar una psicología del mexicano y aboga por que se elaboren psicologías nativas. La propuesta está vigente, respaldada por el armazón teórico de la Etnopsicología. La psicología latinoamericana caracterizada, por tantos años, por su carácter reflejo y poco creativo, siempre atraída por enfoques y teorías extranjeras, sin someterlas a revisión crítica, se enriquece con los aportes originales y el tesón de Díaz-Guerrero.

No podría terminar este comentario final, sin mencionar a Díaz-Guerrero, poeta, sentimiento estético desconocido por la mayoría de sus lectores, debido a que su poesía permaneció inédita por muchos años. Animado por colegas, amigos y familiares, según confiesa, publica, en 1997, su libro de poesías Ausencias, inspirado en la pérdida de tres de sus seres queridos: un hermano, su madre y su primera esposa Ethel, La Amada Ausente, a quien dedica la mayoría de poemas de este libro. Todos trasuntan el intenso dolor  que experimentó el psicólogo y el científico. Su segunda esposa, María Lucy, editó el 2005, póstumamente, dos libros de poesías de Rogelio: Andanzas, ensueños, viajar y existir. Poesía de un psicólogo; y Mujeres, pasión, amor, dolor. La poesía la cultivó por largo tiempo, los escribe en diferentes y continuados años, desde 1940 hasta el 2003. Gran parte de su obra poética es amorosa, su sentimiento hacia la mujer lo refleja en este poema: "Mujeres benditas/ yo confieso la imposibilidad/ de vivir en vuestra ausencia/ la inutilidad de escribir/ sin la presencia/ de los dones/ que a raudales/ vertió en vosotras/ la naturaleza".

 

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Endereço para correspondência
Reynaldo Alarcón
Calle Henry Revett 159, Lima 33, Lima, Perú
Endereço eletrônico: rcalarcon@terra.com.pe

Recebido em: 05/04/2010
Aceito para publicação em: 06/05/2010
Acompanhamento do processo editorial: Ana Maria Jacó-Vilela

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