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Psicologia em Pesquisa

versão On-line ISSN 1982-1247

Psicol. pesq. vol.8 no.1 Juiz de Fora jun. 2014

https://doi.org/10.5327/Z1982-1247201400010007 

DOI: 10.5327/Z1982-1247201400010007

ARTICLE

 

Psicología Experimental Francesa y Cultura Científica en los Inicios de la Carrera de Psicología de la Universidad Nacional de Cuyo (San Luis, Argentina)*

 

French Experimental Psychology and Scientific Culture in the Beginnings of the Psychology Program at the National University of Cuyo (San Luis, Argentina)

 

 

María Andrea Piñeda

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) – Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de San Luis (FaPsi-UNSL), (San Luis), Argentina

Dirección institucional

 

 


RESUMEN

Se debate sobre el establecimiento de culturas científicas en carreras de psicología argentinas. Se analizan el aporte de la psicología experimental francesa y la obra de Paul Fraisse a dicha causa. Se indaga la influencia que este modelo tuvo en el Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas de la Universidad Nacional de Cuyo (San Luis, Argentina), donde en 1958 se inició una peculiar carrera de psicología. Se establecen puntos de contacto entre el programa experimental francés, la obra de Paul Fraisse, y la tarea institucionalizadora de Plácido Horas en el Instituto y la carrera de psicología de San Luis en el período 1956–1972. Se destaca la centralidad de la psicología como ciencia de la personalidad y del comportamiento en dicha institución.

Palabras clave: Psicología experimental francesa; Paul Fraisse; carreras de psicología; evaluación de la personalidad; Argentina.


ABSTRACT

We discuss about the settling of a scientific culture within Argentine Psychology Programs. It is analyzed the contribution of French experimental psychology and Paul Fraisse's work to this cause. It is explored the incidence this scientific approach had at the Psychopedagogic Research Institute of the National University of Cuyo (San Luis, Argentina), where a peculiar psychology program was created in 1958. We characterize the connections between the french experimental program, the Paul Fraisse's work, and the Plácido Horas' institutionalization work at the Institute and the Psychology Program, in the period of 1956–1972. Psychology as a personality and behaviour science is highlighted as the main model resulting at this institution.

Keywords: French experimental psychology; Paul Fraisse; psychology programs; personality assessment; Argentina.


 

 

El presente trabajo pretende contribuir al campo de la historia de la formación en psicología, los modelos de psicología y perfiles de psicólogo. Se analiza la recepción (Dagfal, 2004) y el aporte de la psicología experimental francesa y la obra de Paul Fraisse a la construcción de una cultura científica en los inicios de las carreras de psicología argentinas. Dado un autor, una obra y un público, entendemos la recepción, en sentido dialéctico, como el proceso de apropiación activa que transforma lo que recibe. Este se produce en la medida que, a partir de una carencia, se despliega un horizonte de expectativas de una respuesta novedosa y satisfactoria, pero también en función de que lo nuevo guarde alguna semejanza con los esquemas previamente adquiridos (Dagfal, 2004). En ese sentido, especialmente, estableceremos los puntos de contacto de este modelo francés con la obra institucionalizadota de Plácido Horas en el Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas (1956–1972) donde se creó una peculiar carrera de psicología en 1958, dando lugar a una cultura científica que favoreció el desarrollo de una psicológica experimental.

La psicología experimental argentina de principios del siglo XX ha sido muy estudiada y celebrada (Ardila, 1975; Klappenbach, 1996, 2006a; Lores Arnaiz, 2005; Papini, 1976, 1978; Talak & García, 2004), y desde diversas perspectivas se ha descripto su decadencia después de la segunda década del siglo XX cuando predominaron enfoques filosóficos sobre la persona humana y la personalidad (Cortada, 1978; Klappenbach, 2002; Papini, 1978). Más tarde, se ha señalado la emergencia de la ciencia psicológica aplicada de las décadas de 1940 y 1950 enmarcada en la psicotecnia y la orientación profesional. Bajo esta impronta se organizaron las primeras carreras de Psicología a mediados de 1950 (Klappenbach, 2000). Sin embargo, en la década siguiente se produjo cierto viraje en las prácticas que, junto con los debates sobre el rol del psicólogo, legislación y luchas gremiales, se fueron focalizando hacia el área clínica, entrando en conflicto con el campo médico y psicoanalítico. En ese contexto, la impronta de los iniciadores de las carreras fue quedando marginada de la mayoría de ellas (Dagfal, 2009; Klappenbach, 2006a; Rossi et al., 2001).

Desde esa perspectiva, nos preguntamos ¿qué destino tuvo el desarrollo de la psicología experimental en Argentina? Al iniciarse el proceso de profesionalización de la Psicología, ¿tuvo lugar la psicología experimental en las carreras de Psicología?

En estudios anteriores (Piñeda, 2012a) hemos analizado las carreras de Psicología argentinas entre 1957 y 1982, sus condiciones políticas, económicas y académicas. Hemos comprobado en ellas un sesgo profesionalista, clínico y psicoanalítico del perfil de graduado y una limitada capacidad para producir investigación científica y formar recursos humanos competentes en este aspecto. Las investigaciones de los docentes de las carreras de Psicología obedecían a la iniciativa personal o a los intereses de las asociaciones científicas y profesionales a las que pertenecían, y no a una política académica o de Estado planificada, coordinada y sostenida. Así, por ejemplo, en la Universidad de Buenos Aires (UBA), Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y Universidad Nacional de Cuyo/San Luis (UNCY/UNSL), hemos establecido que la masa de docentes de Psicología que publicaban investigaciones oscilaba entre el 43 y el 66%. En general, las áreas predominantemente desarrolladas eran la psicología clínica y la evaluación de la personalidad, mientras que las producciones en procesos psicológicos básicos u otras áreas, en algunos casos eran ínfimas. Con todo, hay que señalar algunos matices, en la UNC, donde tuvo gran importancia un programa de orientación profesional organizado por la Dra. Hermelinda Fogliatto, la evaluación de la personalidad se orientó hacia este campo. Por su parte, en la UNCy/UNSL la psicología clínica ocupaba un lugar menor y la evaluación de la personalidad era una práctica troncal desde la que se abordaban diversas áreas como la educacional, social, jurídica y psicofisiológica (Piñeda, 2012a).

Rubén Ardila (1975), desde una aguda mirada que reunía una perspectiva norteamericana y latinoamericana, así como el conocimiento de la psicología argentina por haber sido por unos meses profesor visitante en San Luis, describía el atraso que sufría la psicología experimental argentina, otrora tan promisoria. En ese contexto, señalaba tres centros de investigación que habían tomado un curso excepcional, y sólo uno de ellos estaba vinculado a una carrera de Psicología. Se refería al Laboratorio de Investigaciones Sensoriales (LIS), dirigido por la Dra. Miguelina Guirao. Recordemos que el mismo fue creado en 1968 en el seno de la Facultad de Ingeniería, pasando luego a depender de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA, fue asumido en 1972 como Centro dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Guirao introdujo en el país los estudios interdisciplinarios sobre mecanismos neurobiológicos y psicofísicos de los procesos sensoriales y perceptivos (Guirao, 2008). En segundo lugar, Ardila rescataba el Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Psicología Matemática y Experimental (CIIPME) organizado por el Dr. Horacio Rimoldi en 1971 en convenio entre la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y el CONICET. Rimoldi y miembros de su equipo como Nuria Cortada y Carla Sacchi, estuvieron vinculados a la Universidad Nacional de Cuyo y al Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas de San Luis (Rimoldi, 1995). Por último, Ardila destacaba el equipo dirigido por Plácido Horas en San Luis. El mismo estaba conformado por docentes de la carrera de Psicología. Éstos, se habían formado como investigadores en el antiguo Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas organizado en 1956, que dejó de funcionar en 1972 al crearse la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) y pasar a depender de ésta la carrera de Psicología. Algunos de ellos, organizaron el Laboratorio de Psicología Experimental en 1980 -antecedente directo del actual Laboratorio de Investigaciones en Ciencias del Comportamiento. Ellos también se contaron entre los organizadores de la Asociación Argentina de Ciencias del Comportamiento (AACC) en 1987, entonces presidida por la sanluiseña Claribel Barbenza (Piñeda, 2010).

Sostenemos que es impensable el desarrollo de una psicología experimental sin el adecuado montaje de laboratorios dotados de la tecnología necesaria. En efecto, si comparáramos el desarrollo de la psicología experimental argentina con la brasileña en el contexto de la profesionalización de la Psicología, visualizamos que en Brasil donde tempranamente se ha contado con laboratorios de Psicología, en torno a ellos se ha constituido una comunidad científica, se ha organizado la carrera de psicología y se ha configurado un claro rol científico del psicólogo (Cirino, Miranda, & Souza Júnior, 2012). Respecto al desarrollo de la psicología experimental argentina, el ya clásico y detallado informe de Papini y Mustaca (1979) eran contundentes demostrando que la misma estaba marginada en las carreras de Psicología donde se apuntaba mayoritariamente a la formación de psicoterapeutas. Antes bien, la psicología experimental crecía en diversos laboratorios instituidos y financiados en Hospitales de Buenos Aires (Ej. Hospital de Neurofisiopatología del Hospital Neuropsiquiátrico Borda) y en Facultades de Medicina y Ciencias Naturales de la UBA y la UNLP, algunos en convenio con CONICET, como el CIIPME y el LIS. Cabe que puntualicemos que, desde su fundación por el Premio Nobel Bernardo Houssay, el CONICET privilegió políticas de desarrollo de las ciencias bio-médicas. Justamente, Houssay fue mentor de Guirao (2008) y Rimoldi (1995) y la psicología que creció con su apoyo inicialmente se orientó en esa dirección.

En efecto, Papini y Mustaca (1979) tenían en cuenta solo tres centros universitarios de investigación vinculados a las carreras de Psicología. Primero, el Instituto de Psicología de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA que había sido creado en 1930 por Enrique Mouchet, y que a diez años de haber sido organizada la carrera de Psicología en ella, las investigaciones del Instituto eran escasas (construcción de pruebas objetivas a cargo de Friedrich Kaufmann; estudios psicopedagógicos de alumnos ingresantes a la Facultad por Osvaldo Luna; percepción del color y postimágenes en relación a figuras significativas por Virginia Prosdocimi) hasta desaparecer entre 1969 y 1973. Segundo, el grupo de investigadores dirigido por Fogliatto (M. Bruno, M. González, E. Rojo), al que ya nos hemos referido, y al Centro de Investigaciones Acústicas y Luminotécnicas (CIAL) que dependía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, dirigido por el Ingeniero Fuchs, y que en conjunto con docentes de la carrera de Psicología, realizaban investigaciones aplicadas sobre percepción del color y del ruido en el contexto de desarrollo industrial de Córdoba (Universidad Nacional de Córdoba, 1970). Por último, coincidentemente con Ardila (1975), Papini y Mustaca (1979) destacaban el grupo sanluiseño, cuyos estudios en general eran caracterizados como descriptivo-exploratorios y en algunos casos experimentales. Estos últimos eran llevados adelante por Eva Mikusinski y Jorge Rodríguez (estudios de correlatos neurovegetativos y fisiológicos de las dimensiones de Personalidad de Eysenck y de algunas variables psicológicas subyacentes) (Papini & Mustaca, 1979, p. 355) y también por Claribel Barbenza (funciones individuales de percepción del sonido) (Piñeda, 2010). Aquí señalaremos que Mikusinski llegó a ser Investigadora Principal del CONICET, y esta entidad financió la formación doctoral en el exterior de Barbenza, y también otorgó algunas otras becas de iniciación. Sin embargo, pese a algunos intentos de Horas durante la década de 1960, el Instituto de San Luis nunca fue incorporado a CONICET.

Confirmando esta situación de marginación de la psicología experimental en las carreras de psicología, Plácido Horas — que también fue uno de los principales promotores de la creación de las mismas en el Primer Congreso Argentino de Psicología (1954) —, lamentaba que la psicología experimental era abiertamente despreciada aún cuando inicialmente hubo acuerdo de incorporarla en sus planes de estudio (Horas, 1981). 

Por todo lo expuesto, el grupo de investigadores de la carrera de Psicología de San Luis que se había formado en el Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas, merece ser historiográficamente estudiado para comprender los factores que confluyeron en su excepcionalidad. En otros trabajos se ha analizado la figura de los dos Directores del Instituto: Plácido Horas (Piñeda, 2007a) y Eva Mikusinski (Piñeda, 2012b), los factores socio-políticos y académicos que fueron configurando una comunidad científica en torno a la psicología como ciencia del comportamiento en San Luis (Piñeda, 2010), y su diferenciación de una comunidad psicoanalítica (Piñeda, 2007b). En esta oportunidad, quisiéramos analizar el papel del Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas (1956–1972) en la constitución de una cultura científica que fue condición de tales desarrollos, y el aporte de las vertientes experimentales francesas de mediados del siglo XX a dicha causa.

Finalmente, respecto de esta última variable, quisiéramos advertir que, si bien los fuertes lazos entre cultura, filosofía, psiquiatría, psicoanálisis y psicología argentina y francesa ya han sido considerados respecto de diversos períodos del siglo XX (Dagfal, 2009; Klappenbach, 1996; 2006b) siempre ha sido en orden a explicar el énfasis clínico o psicoanalítico de la psicología argentina. En este caso, nos queremos referir a otra variante del intercambio entre los dos países, que discute un aspecto complementario al anterior. Por otra parte, Paul Fraisse ha sido un psicólogo de enorme relieve más allá de las fronteras francófonas. Para ilustrar la difusión que alcanzó en Latinoamérica apuntaremos que la Revista Latinoamericana de Psicología inauguró las páginas de su primer número con su artículo "Hacia la unificación de la ciencia psicológica" (Fraisse, 1969). También es digno de mención que durante 1976 fue invitado tres veces a dictar conferencias y a recibir menciones honoríficas en Brasil (Fraisse, 1983a, 1983b). Su figura, acaso olvidada, no ha sido estudiada en relación a la psicología argentina en proceso de profesionalización. Por eso, con el propósito de contribuir al estudio de los modelos de psicología y perfiles de psicólogo que se construyeron desde mediados de 1950, deseamos ilustrar con Fraisse un perfil difundido y también marginado, como ocasión para explicar las causas de tales sucesos.

 

Metodología

Se analizó literatura historiográfica sobre la psicología experimental francesa procurando una descripción de la misma: supuestos básicos, temas de interés, instituciones en que se desarrolló, autores que se considerarían dentro de esta vertiente. Se decidió que se incluirían tanto autores franceses como aquellos que desarrollaron su obra en países francófonos (ej. belgas, suizos) que  por proximidad geográfica y cultural han estado ligados a los principales autores franceses (ej. Piéron, Fraisse) por filiación institucional, relación de discipulado y/o co-autoría, y que siguieron los mismos supuestos básicos y abordajesmetodológicos, y abarcaron el mismo espectro de temas de interés. En dicho contexto, a partir de fuentes primarias y secundarias se analizó la relevancia de la figura de Paul Fraisse.

Por otra parte, realizamos una reconstrucción historiográfica de la organización del Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas de la Universidad Nacional de Cuyo, la obra institucionalizadota de Plácido Horas, su legado intelectual en la carrera de Psicología de San Luis, y el proceso de constitución del equipo de investigadores que compusieron dicho Instituto. Nos basamos en diversidad de fuentes primarias y secundarias, entre las que se cuentan investigaciones propias previas.

Para evaluar el proceso de recepción de la psicología experimental francesa y la impronta de Paul Fraisse en la obra intelectual e institucionalizadora de Plácido Horas, se siguieron diversas vías complementarias:

a)  Se analizó el legajo docente de Plácido Horas, donde constan por ejemplo, diversos viajes de estudio, sus publicaciones, correspondencia, tramitaciones de compra de equipamientos, etc.

b) Se analizaron publicaciones de Horas referidas al objeto de estudio de la psicología, a sus aplicaciones psicotécnicas y también algunas descriptivas de las carreras de psicología argentinas de su tiempo.

c)  Se relevaron contenidos y referencias bibliográficas de los cursos introductorios a la psicología de San Luis dictados por Horas, y de otras universidades nacionales en el período 1958–1972 a los fines de registrar la introducción de contenidos y citas de autores de la psicología experimental francesa y/o a Paul Fraisse.

d) Se analizó el contenido del Manual Práctico de Psicología Experimental de Paul Fraisse editado por Kapelusz en 1960 y el listado de aparatos de laboratorio de psicología experimental que proporciona.

e)  Se constató la citación del Manual en los programas de los cursos dictados por Horas en la década de 1960, y se comparó su listado de aparatos con los citados en dichos cursos.

f)  Se relevaron y analizaron tests mentales y aparatos de evaluación psicológica adquiridos por el mencionado Instituto, conservados por el Laboratorio de Psicología Experimental de la UNSL, que hoy son parte del patrimonio del Museo de Historia de la Psicología de dicha universidad.

g)  Para la interpretación historiográfica de dichos instrumentos se realizaron entrevistas a informantes clave, cuyos datos se utilizaron en forma exploratoria para conocer de dónde y cómo habían llegado dichos instrumentos al Instituto y cuál había sido su uso. Así, se entrevistó a la Doctora Eva Mikusinski, docente auxiliar de Plácido Horas en los cursos introductorios a la psicología, y su sucesora como segunda Directora del Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas. Por otro lado, se contó con el testimonio de la Doctora Claribel Morales de Barbenza, miembro del Instituto y posteriormente Directora del Laboratorio de Psicología Experimental.

h) Estos datos fueron contrastados con diversas fuentes escritas que se analizaron: legajos, normativas de la universidad, informes de investigación y docencia, correspondencia, notas, órdenes de compra, inventarios de patrimonio.

 

Resultados

La Psicología Experimental Francesa

La psicología francesa de entreguerras ha despertado un nuevo interés historiográfico que ha revalorizado su aporte original al estudio del comportamiento (Carroy, 2013; Eisenbruch & Kazdin, 2000b; Fruteau de Laclos, 2013). Como analizaremos, si bien el "estudio de la conducta a la francesa" (Dagfal, 2002), o comportamentalismo francés (Fraisse, 1970), reconoce algunas raíces en la psicología gestada en Inglaterra a partir del evolucionismo (Plas, 2013), en nada es deudora de los enfoques funcionalistas y conductistas norteamericanos. Antes bien, se diferencia ampliamente de éstos por su enfoque global del comportamiento referente a una personalidad y el acento en las bases neurofisiológicas del mismo. Así, en el contexto de expansión industrial, se destacó en Francia — y países francófonos de influencia — un nuevo modelo de psicología experimental orientado al estudio del comportamiento, alejado de los clásicos problemas de desagregación de la personalidad y la enfermedad mental.

Entre los exponentes de este nuevo campo, se destacó la figura de Henri Piéron, quien reconocía en su pensamiento la impronta de Theodúle Ribot, Piérre Janet y George Dumas (Piéron, 1952). Contribuyó a los campos de la psiquiatría, la neuro-psicopatología, y la psicología animal, pero sus aportes más sostenidos fueron en psicología experimental y psicofisiología. Recordemos que fue Director del Laboratorio de Psicología Fisiológica creado por Ribot en la Universidad de París. En dicha universidad organizó en 1920, el primer Instituto de Psicología de una universidad francesa (Piéron, 1952) al que asoció el Laboratorio de Psicología Experimental y Fisiología de las Sensaciones (1925). Éste estaba en íntima conexión con otras escuelas científicas de alto prestigio como la Ècole Practique des Hautes Ètudes y el College de France. Fundó el "Instituto de Orientación Profesional" de Paris (1928) donde impulsó la psicotecnia que siguió desarrollando durante la Segunda Guerra Mundial al servicio de la Fuerza Aérea francesa. Trabajó incansablemente por la institucionalización en Francia de una psicología científica independiente de la filosofía y la medicina (Piéron, 1952) abocada al estudio de las leyes del comportamiento global. Así, aunque enfatizó la neurofisiología del comportamiento, reconocía la importancia de estudiar sus bases socio-históricas, y otorgaba a la conciencia el papel de síntesis de la personalidad, evaluable a partir del comportamiento. Sus tempranas contribuciones (Piéron, 1908) sobre los aspectos cognitivos de la personalidad intervinientes en las respuestas anticipatorias, acaso dejaran en deuda a la reflexología rusa y al conductismo watsoniano, y se anticiparan al neoconductismo (Fraisse, 1970).

Entre los colegas de Piéron que aportaron a esta vertiente experimental desde diversos ángulos, citamos a Henri Wallon, que estudió los aspectos culturales y hereditarios, afectivos y cognitivos en la génesis del comportamiento infantil; René Zazzo, en a psicología diferencial infantil; Paul Guillaume, desde la psicología social y la introducción de la Teoría de la Forma en Francia (Eisenbruch & Eisenbruch, 2000b), a Henri Delacroix, y su sucesor Maurice Pradines que, habiendo partido de la filosofía, viraron hacia la psicología experimental (Pizarroso López, 2013). También es necesario referirse al suizo Jean Piaget, y desde luego, al sucesor de Piéron, Paul Fraisse.

Por otra parte, nos resultan evidentes los nexos entre el grupo francés antes descripto y autores de la Escuela de Lovaina (Misiak & Staudt, 1954; Piñeda, 2005a, 2005b) que organizaron los primeros laboratorios de psicología experimental en Bélgica. Fueron influyentes en idéntica tarea de organización de la psicología experimental y psicotecnia italiana de la Escuela de Milán encabezada por Agostino Gemelli. Incluso en España, incidieron en la psicotecnia catalana legada por Georges Dwelshauvers (Siguán & Kirchner, 2001), y más tarde también fueron valorados por quienes emprendieron la organización científica de la psicología en Madrid, como Mariano Yela (Yela, 1996). Los nexos entre franceses y belgas primero se advierten en el común marco cultural francófono. Segundo, porque ambos programas se inscribían dentro del abordaje experimental del comportamiento global en el contexto de la personalidad. Por último, porque mantuvieron relaciones de discipulado y de co-autoría. En ese sentido, Desiré Mercier el impulsor del grupo de Lovaina, fue discípulo de Ribot, al igual que el gran maestro de Fraisse, Albert Michotte. También recordamos a Joseph Nuttin, co-autor de Fraisse, y a Georges Dwelshauvers, colaborador de Piéron (Siguán & Kirchner, 2001). Por haber sido catedráticos lovainenses, incluimos al neerlandés especialista en psicología comparada Frederik J. J. Buytendijk, co-autor de Fraisse, y al neurofisiólogo francés Paul Chauchard dedicado al estudio sobre el cerebro y la sexualidad humana, y Director de Investigaciones en la École Pratique des Hautes Études de París.

La Contribución de Paul Fraisse

Paul Fraisse (1911–1996) fue un psicólogo que dedicó gran cantidad de estudios experimentales al problema de la percepción del tiempo y de los ritmos (Fernández & Travieso, 2006). Desde 1943 fue Profesor de Psicología Experimental en la Sorbona y en la Ecole Practique des Hautes Etudes. En 1952 sucedió a Pièron en el Laboratorio de Psicología Experimental y Fisiología de las Sensaciones que reorganizó como Laboratorio de Psicología Experimental y Comparada. Desde 1965 también lo sucedió en la dirección de la Année Psychologique. Fue autor de numerosas publicaciones, destacándose sus tratados y manuales traducidos a varias lenguas. En las carreras de psicología argentinas, especialmente se difundieron las versiones castellanas de Tratado de Psicología Experimental (original de 1963, editado en 1966 por Paidós) que dirigió junto a Jean Piaget, y de Manual Práctico de Psicología Experimental (editado en 1960 por Kapelusz cuatro años después que su original en francés). El citado Manual que se presentaba como continuidad de la obra Toulouse y Piéron, Technique de Psychologie Experimentale (1911), perseguía fines pedagógicos. Reconociendo el aporte de Michotte, Piéron y Guillaume en su contenido, Fraisse describía tests y métodos psicofísicos para el estudio experimental de la personalidad y el comportamiento en relación a variaciones ambientales (aparatos), explicaba su uso y aplicación proponiendo experiencias, y aportaba referencias a fabricantes y proveedores franceses y belgas de los mismos (Fraisse, 1960).

Tras un período de formación filosófica y teológica en el marco de una primera vocación sacerdotal que no prosperó, Fraisse adquirió una sólida formación en psicología experimental en la Universidad de Lovaina que inició en 1935 bajo la dirección de Albert Michotte, investigando sobre la percepción. Más tarde, continuó bajo el patrocinio de Piéron e investigó sobre la memoria inmediata. Al sucederlo, reorganizó el Laboratorio de Psicología Experimental y Comparada (1952–1979) donde constituyó un amplio grupo de investigadores provenientes de diversas latitudes, y organizó el Institut de Psychologie de Paris. Sus estudios sobre la percepción, lo llevaron a investigar procesamiento de la información, psicolingüística, memorización y neuropsicología. De su impresionante labor institucionalizadora, destacaremos que Fraisse colaboró en la creación de la Asociación de Psicología Científica de Lengua Francesa (de la que fue Secretario entre 1952 y 1970) de cuya constitución también participaron Michotte, Piéron y Piaget. Entre 1960 y 1965, presidió la Comisión de Psicología de la Centre National de la Recherche Scientifique (de la que formó parte entre 1950–1966; 1970–1975), y también fue presidente de la Unión Internacional de Psicología Científica (IUPsyS) (1966–1969) y del Comité Consultatif des Universités (1969–1975). Presidió el XXI Congreso Internacional de Psicología en París en 1976 (Ardila, 1997; Fraisse, 1983b).

Desde el punto de vista filosófico, Fraisse se reconocía heredero del Personalismo de Emile Mounier que lo llevó a comprometerse socialmente en diversas causas: su servicio en el ejército francés, su militancia en el socialismo, su participación en  luchas sindicales, y la defensa de causas estudiantiles como la del Mayo Francés. Sus raíces filosóficas no eran ajenas a su consideración de la psicología como la ciencia de las personas. Sin embargo, se posicionaba desde el laboratorio "decididamente como un positivista" (Fraisse, 1983a, p. 17). Procuraba el estudio objetivo y metodológicamente riguroso, partiendo del comportamiento observable para abordar la personalidad a todo nivel: biológico, familiar, histórico y socio-cultural, integrando la representación en nosotros mismos en el yo como factor de unicidad y el acto de toma de conciencia. Si bien Fraisse comprendía que aún la ciencia psicológica no llegaba a ese nivel de complejidad, reconocía que era necesario avanzar desde el análisis hacia la síntesis.

El Contexto Nacional de Recepción

En Argentina, con el proceso de industrialización acontecido tras la Segunda Guerra Mundial, y las sucesivas gestiones del peronismo (1945–1955) en cuyo marco aconteció la Reforma constitucional de 1949 que declaraba a la orientación profesional como un derecho del trabajador, las prácticas psicotécnicas se extendieron notablemente. Así, se evidenció la necesidad de formar y graduar psicólogos capaces de responder a la creciente demanda de estas necesidades. En este sentido, a partir de 1950 se crearon en Universidades Nacionales una serie de Institutos de Psicología dedicados a la Psicotecnia: Tucumán, San Luis y Rosario. Allí se crearon carreras de psicología, en un proceso iniciado en Rosario a partir de 1955, antes del derrocamiento del Presidente Juan Domingo Perón y que se continuó después del mismo, aún en el clima de ruptura con el proyecto político anterior (Gentile, 2003; Klappenbach, 2003).

En dichas carreras, si bien comenzaron a ingresar nuevos modelos y prácticas psicológicas, la psicotecnia y orientación profesional siguieron teniendo cierta vigencia. Así, diversos textos circularon en nuestro país como el Nuevo Tratado de Psicología de George Dumas (1948–1961) y el Manual de Psicología Aplicada de Pierón (1952–1961), ambos editados por Kapelusz (Klappenbach, 2001a). El segundo, se constituyó en emblema de la psicología experimental y la profesionalización de la psicología en Argentina. Cabe destacar, que la dirección de la edición de los Tomos IV y VI del mismo estuvo a cargo de Plácido Horas (Klappenbach, 2001b).

Por otra parte, al estudiar los modelos de psicología en los cursos introductorios a la psicología de la UBA y UNLP dictados entre 1957 y 1982, hemos constatado las referencias a Dumas, Piéron y a otros autores vinculados a la psicología experimental francesa que hemos descripto: Buytendijk, Chauchard, Delacroix, Guillaume, Michotte, Nuttin, Piaget, Pradines, Wallon, Zazzo, y por supuesto, Paul Fraisse, que generalmente era leído desde sus obras: Fraisse, 1960, y Fraisse y Piaget, (1966). Este último tratado había sido traducido a nueve idiomas, incluido el español (Ardila, 1997).

San Luis, Educación y Tecnología Psicológica

Durante las décadas de 1940 y 1950, mientras la industrialización crecía en las grandes ciudades argentinas, San Luis era una provincia de baja densidad poblacional, escasos recursos económicos y pobre industrialización. En cambio, crecía la obra pública y era abundante el empleo en reparticiones del Estado Provincial y Nacional. En este sentido, un ámbito clave para la planificación estatal era el educativo. La larga tradición normalista sanluiseña, se jerarquizó tras la creación de la Universidad Nacional de Cuyo en Mendoza, al organizarse en San Luis el Instituto Pedagógico (1941) bajo la Dirección de José Arévalo (Klappenbach, 2011). Dicho Instituto estaba destinado a la especialización docente así como a la investigación educativa, y años más tarde sería la base organizacional para la creación de la primera Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Cuyo (San Luis). Tras la partida de Arévalo de Argentina en 1943, el flamante director fue el joven Plácido Horas, recientemente graduado como profesor de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Influido por las dos vertientes representadas en sus maestros de psicología: el filósofo Coriolano Alberini (Klappenbach, 2002) y el médico Enrique Mouchet (Rossi et al., 2001), planteaba una psicología que filosóficamente comprendía al hombre como totalidad y unidad: sin reduccionismos espiritualistas ni materialistas, a la vez que la proyectaba como ciencia autónoma y útil para la sociedad. En ese sentido, la educación era un terreno propicio para que en San Luis la psicología diera sus primeros pasos.

Horas rebautizó el Instituto como Instituto de Investigaciones Pedagógicas. En éste se realizaba la triple tarea de docencia (en diversas especialidades), investigación y servicio a la comunidad en el campo educativo. Se brindaban cursos de psicología del aprendizaje y se prestaba el servicio de evaluación psicológica mediante tests mentales.

Conjuntamente con esta primera labor científica en dicho Instituto, Plácido Horas emprendió una sistemática tarea de divulgación científica, dictando conferencias y escribiendo artículos en revistas culturales y de interés general sobre la utilidad de la psicología y de los tests mentales (Horas, 1949). Definía a la psicología como la ciencia de la conducta total humana (Horas, 1955), y la erigía como la base científica de la "Escuela Nueva" que podía proporcionar las leyes evolutivas del comportamiento del niño y del aprendizaje humano en general, así como las respuestas a los problemas de aprendizaje, el asesoramiento para la didáctica y la psicohigiene del estudio. Procuraba explicar a la sociedad puntana, que la psicología contaba con cierta tecnología: técnicas objetivas y estandarizadas llamadas "tests", que servían para evaluar las características de la personalidad (aptitudes, estilos de aprendizaje) del niño a los fines de registrar en una ficha personal evolutiva propicia para el seguimiento de su desarrollo, que al finalizar su etapa escolar sirviera para orientarlo profesionalmente. En definitiva, la psicología era una ciencia que podía contribuir al bienestar del hombre en el campo educativo, laboral-industrial (orientación y selección de personal, psicohigiene del trabajo) y clínico (salud mental) (Horas, 1949).

Para 1956, la psicología parecía haber ganado suficiente prestigio social en San Luis. Mientras preparaba el terreno para abrir la carrera de Psicología en 1958, el Instituto siempre dirigido por Horas, volvió a reorganizarse como Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas, mostrando el claro rol ya hegemónico de la psicología. Desde el mismo, se celebraron varios convenios institucionales con el Gobierno de la Provincia de San Luis para brindar servicios psicológicos a la comunidad en sus diversas dependencias de educación, salud y trabajo. Se organizó un gabinete psicopedagógico provincial, se realizaron tareas de orientación y capacitación profesional (Piñeda, 2010). Ya graduados los primeros psicólogos, éstos también se fueron insertando en las instituciones hospitalarias (Piñeda, 2007b). Hacia la década del setenta, los servicios se ampliaron al área jurídico-criminológica para la evaluación psicológica de los procesados ante la Justicia y de los internos del Servicio Penitenciario Provincial.

Estos servicios fueron posibles porque entre fines de 1950 y mediados de 1960, el Instituto de Investigaciones Psicopedagógicas adquirió una serie de tests. También importó aparatos de evaluación psicológica que compró en Francia a los Establecimientos Dufour, que estaban descriptos en el mencionado Manual de Fraisse. Más aún, en 1967, cuando Horas era Vice-Presidente de la Sociedad Interamericana de Psicología, visitó varios laboratorios franceses, entre ellos el de Fraisse, en un programa de perfeccionamiento financiado por la OEA.

El amplio conjunto de aparatos comprados (ej. taquidigitímetro, gravímetro, conflictógrafo, estereómetro, cronoscopios, dinamógrafos, termómetros, dexterímetros, etc.) posibilitaba la evaluación de diversos aspectos del comportamiento: reflejos, habilidades manuales sencillas y coordinadas, hasta procesos complejos como la atención, inteligencia, percepción visual y auditiva, y percepción de la causalidad.

Cuando se abrió la carrera de Psicología, los cursos introductorios estuvieron a cargo de Horas y Mikusisnki. En sus contenidos y bibliografía se advierte esta impronta francesa, entre otras. En efecto, el curso de Psicología I de 1961 y 1962, en sus contenidos teóricos definía la psicología como "ciencia de la conciencia y la conducta", se orientaba al análisis del "comportamiento" desde sus expresiones reflejas hasta las más complejas manifestaciones de la vida intelectual, abordando las leyes del mismo. Desde el punto de vista teórico, la visión era plural. La misma era profundizada y analizada historiográficamente en el curso de Psicología II que también estaba a cargo de Horas (Piñeda, 2007a). Entre las referencias bibliográficas del primer curso, registramos  tratados y manuales de Dumas, Fraisse, Guillaume y Pradines, entre otros.

Los trabajos prácticos de la asignatura se organizaban en dos tipos de actividades: seminario de lectura de textos y entrenamiento en el uso de tests mentales y aparatos de evaluación psicológica. Las lecturas mostraban gran diversidad de autores como Eysenck, Mira y Lopez, Bergson y Anna Freud. La batería de tests mentales incluía: Inteligencia de Terman–Merill, Weschler–Bellevue, Goodenough, Raven, psicomotricidad de Otzeresky, visomotora de Bender, perfomance Pintner–Patterson–Alexander y pensamiento conceptual de Hanffmann–Kasanin. El entrenamiento en utilización de los aparatos mencionaba aquellos para evaluar psicomotricidad, tiempo de reacción con cronoscopios, tremómetros, dexterímetros; atención con el aparato de Riccosay, y el test de Zazzo. Es decir, al igual que ha sucedido con los primeros laboratorios de psicología experimental argentinos organizados por Piñero (Klappenbach, 1996), e incluso con otros laboratorios de Sudamérica de la época que estamos estudiando (Cirino, Miranda & Cruz, 2011), estos aparatos de laboratorio francés montados en el instituto sanluiseño, sirvieron a los fines didácticos, para que los alumnos experimentaran fenómenos y comprendieran los fundamentos teóricos que los explicaban, y se mantuvieran permeables a una cultura científica.

Así, señalaremos cinco puntos de contacto entre la concepción de la psicología de Horas y la psicología experimental francesa y de Fraisse. Primero, la concepción monista que enfatizaba la unidad bio-psico-social de la persona. Segundo, el objeto de la Psicología: la Personalidad (Persona/s) y el papel de síntesis de la conciencia, lo cual se puede evaluar mediante el comportamiento desde sus bases fisiológicas, cognitivas, socioculturales, e históricas. Tercero, la visión de pluralidad y unidad de la psicología. Cuarto, la importancia del método experimental en la búsqueda de leyes del comportamiento, y de los tests mentales como aplicación de la ciencia psicológica en diversas áreas. Quinto, la tarea institucionalizadora de una ciencia psicológica autónoma de la filosofía y la medicina, y en el caso de Argentina, también del psicoanálisis.

En este mismo período, el Instituto dirigido por Horas estaba llevando a cabo una fuerte política de formación de recursos humanos en el exterior o con profesores extranjeros visitantes, que se sostuvo al menos entre 1958 y 1975, con mayor intensidad entre 1962 y 1966. De dicha política resultaron los primeros doctorados en psicología, nuevos modelos psicológicos y campos de investigación. Esa "nueva guardia" puntana recibió aportes de la Psicología Experimental Inglesa en el campo de la evaluación de personalidad (Mikusisnki–Eysenck) y de los procesos psicológicos básicos y la audición (Barbenza–W. Tempest), de la psicología experimental norteamericana, incorporando a los instrumentos de evaluación del comportamiento la caja de Skinner (Alaggia), la exploración de actitudes desde el enfoque de Robert Kastenbaum y también de las técnicas Proyectivas como Rorschach y Test de Relaciones Objetales de Philipson (Mikusinski). Por la vía de movimientos estudiantiles locales que Horas supo capitalizar, se recibieron enfoques conductistas, neoconductistas y autores rusos y soviéticos (Calabresi & Polanco, 2008). Mediante cursos de posgrado con profesores visitantes (Rubén Ardila, Ricardo Rojas, Antonio Battro), se conoció el análisis experimental del comportamiento y la psicología cognitiva (Piñeda, 2010).

 

Discusión

En síntesis, en Argentina fue significativa la recepción de la psicológica básica y aplicada y la tecnología de laboratorio francesa, por cuya vía ingresaron cuantiosos textos de psicología. Algunos de éstos ayudaron a la difusión las prácticas psicotécnicas en torno a las cuales se fue formando y desarrollando inicialmente una comunidad científica. Sin embargo, el comportamentalismo francés no parece haber seguido siendo el hilo conductor de los modelos de psicología construidos en las carreras de psicología argentinas donde, en general, los modelos experimentales fueron marginados.

Sin embargo, en San Luis, desde el enfoque troncal de la evaluación de la personalidad, esta vertiente abrió camino a la institucionalización de la psicología como ciencia y profesión, primero en el campo educativo, y luego en otras áreas. Los aparatos de laboratorio franceses utilizados didácticamente, introdujeron en San Luis una cultura científica y un modo peculiar de comprensión de la personalidad y del comportamiento global que luego se fue enriqueciendo desde otras perspectivas. Dada la continuidad del núcleo docente organizador de la carrera de Psicología durante más de tres décadas, el modelo de la evaluación de la personalidad y del comportamiento acuñado bajo el molde psicotécnico, siguió siendo el basamento de la investigación científica en San Luis aún cuando se recibieron nuevos aportes de otras vertientes experimentales. Este hecho a su vez pudo haberse visto reforzado, porque en el período que estamos analizando el rol indiscutido propiamente del psicólogo — al que le era vedado "curar", lo cual estaba reservado al médico —, era psicodiagnosticar, o en otros términos: evaluar.

Cabe interrogarse si este patrón también se mantuvo en los pocos centros de investigación psicológica que existían, en la época en que la psicología argentina hecha por psicólogos era esquiva a los laboratorios.

 

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Dirección institucional:
Ejército de los Andes 950, Edif. Plácido Horas (4to Bloque), 2º piso, box 71
CP 5700 – San Luis/Argentina
E-mail: mapineda@unsl.edu.ar

Recebido em 04/06/2013
Revisto em 25/01/14
Aceito em 27/01/14

 

 

* Este trabajo se ha realizado en el marco del Proyecto de Investigación "Incidencia de publicaciones periódicas y colecciones editoriales de psicología en la formación del psicólogo en Argentina: 1954-1984", dirigido por el Dr. Hugo Klappenbach (CONICET – Universidad Nacional de San Luis), subsidiado por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de San Luis; Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, y Proyectos de Investigación Plurianuales (PIP) del CONICET.