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Perspectivas psicológicas

On-line version ISSN 1992-4690

Perspect. psicol. vol.3-4  Santo Domingo Dec. 2003

 

ARTÍCULOS

 

El psicólogo dominicano y la metodología de la investigación psicológica

 

 

Dr. Enerio Rodríguez Arias*

Universidad Autónoma de Santo Domingo, R.D.

 

 


RESUMEN

Se resalta el contraste entre la importancia y necesidad de un conocimiento operacional de la metodología de la investigación para un ejercicio profesional en psicología plenamente consciente de sus límites y posibilidades, y la poca importancia que se le concede en los programas de formación profesional de psicólogos en la República Dominicana. Se insiste en que la continua aparición de nuevos instrumentos, técnicas y procedimientos de diagnóstico y de intervención, hace prácticamente imposible el entrenamiento en cada uno de ellos. Se defiende la idea de que la formación profesional del psicólogo debe ser de naturaleza más heurística que instruccional, poniendo el énfasis en principios y métodos para la adquisición, evaluación y extensión del conocimiento, proceso en el que la metodología de la investigación juega un papel central. Se subraya la importancia de la capacidad adquirida de evaluar tanto la fuerza como la debilidad inferencial del diseño de investigación subyacente a cualquier alegada prueba de conocimiento o a la supuesta eficacia de algún procedimiento, y se sostiene que dicha capacidad constituye el único recurso racional frente a la resurgente ola de anecdotalismo pseudocientífico que invade al mundo de la psicología, especialmente en los países del tercer mundo. Se concluye señalando, que la metodología de la investigación psicológica podría ser la piedra angular que están despreciando los constructores, y se exhorta a las instituciones dominicanas formadoras de psicólogos a restituirle su papel central en el currículo.


 

 

El presente trabajo se divide en dos componentes centrales: 1) Que no puede haber un ejercicio profesional responsable en psicología, esto es, un ejercicio profesional con plena conciencia de sus posibilidades y sus límites, si no se dispone del indispensable conocimiento de la metodología de la investigación psicológica; y 2) Que los programas de formación profesional de psicólogos en la República Dominicana no ofrecen actualmente esos conocimientos metodológicos indispensables.

Presentaré a continuación los hechos y argumentos con los cuales daré sustentación a los enunciados expuestos. Para ello, partiré de la naturaleza dual de la psicología como ciencia y profesión, y las consecuencias que se derivan de la misma.

La psicología, en su condición de ciencia, se ha caracterizado por una considerable heterogeneidad conceptual, y las posibilidades de unificar conceptualmente tanta heterogeneidad, han constituido el objeto de un debate intermitente. Las propuestas de unificación han sido tan diferentes que van desde la teoría histórico-bio-psico-socio-cultural del comportamiento humano (Díaz-Guerrero, 1972), hasta la llamada síntesis experimental del comportamiento (Ardila, 1993), sin dejar de mencionar el esfuerzo realizado desde una perspectiva conductista más amplia (Staats, 1983, 1991, 1999). Las últimas propuestas en esta dirección han sido hechas por Sternberg y Grigorenko (2001) y Katzko (2002). Los primeros, frente al actual estado de fragmentación de la psicología, proponen una psicología unificada mediante operaciones convergentes, a través del poder integrador de una unificación multimetodológica, multiparadigmática y multidisciplinaria. El segundo, en lugar de atribuir la desorganización de la psicología a la ausencia de una teoría unificadora, piensa que la misma es causada por hábitos del discurso de investigación. Contrariamente, Koch (1969) defendió la imposibilidad de cualquier intento de unificación en la psicología, mientras que Kendler (1981, 2002) considera que la psicología es una ciencia esencialmente conflictiva, y acusa a Sternberg y Grigorenko de ofrecer una idea romántica de la misma y de ignorar diferencias metodológicas fundamentales dentro de la disciplina.

Como profesión, la psicología se apoya en la propia ciencia psicológica, así como en diversas disciplinas científicas afines. No es nada extraño entonces, que el profesional de la psicología se vea a veces desconcertado frente a la necesidad de apoyar su práctica profesional en una ciencia abrumada de controversias y debates internos. Es muy importante en este punto establecer una distinción fundamental: Un profesional no es un simple técnico. El técnico resuelve problemas, porque aprendió a aplicar técnicas y procedimientos a problemas específicos claramente identificables, pero su entrenamiento no alcanza a la reflexión sobre las condiciones determinantes de los problemas ni al conocimiento de los principios subyacentes al funcionamiento de las técnicas y procedimientos que aplica; de ahí que no esté en condición de explicar por qué un problema es un problema, y por qué una determinada técnica funciona bajo ciertas condiciones y no funciona bajo otras. El profesional, en cambio, debe estar en condición de pensar críticamente sobre su práctica profesional, lo cual implica ser capaz no solo de evaluar los resultados de técnicas y procedimientos tanto de diagnóstico como de intervención, en los cuales fue entrenado, sino también, y creo que esto es aún más importante, de poder determinar el valor probatorio real del proceso de validación descrito en favor de técnicas y procedimientos nuevos, en los cuales el psicólogo no fue originalmente entrenado.

La psicología, en su doble condición de ciencia y profesión, se halla en un estado permanente de dinamismo. Es por ello que se admite que el término de la educación universitaria, lejos de significar el final de la formación profesional, constituye más bien una credencial de que el egresado está preparado para la búsqueda independiente del conocimiento (Meltzoff, 1984). El profesional de la psicología se ve continuamente asaltado por una ola de nuevos conceptos, teorías, técnicas y procedimientos, de los más diversos orígenes, y a los que se les atribuye los más sorprendentes efectos. Si a esto se agrega la fuerte propensión de los seres humanos a creer en los más extraños disparates y tonterías (Shemer, 1997, 2001), nos encontramos con un profesional expuesto a la tentación de aceptar como verdades probadas a simples creencias basadas en evidencias anecdóticas. Este fenómeno no es exclusivo de la psicología, y una amplia bibliografía ilustra su presencia en las llamadas ciencias duras (Bauer, 2001, Gratzer, 2000, Kohn, 1997).

Ante la situación previamente mencionada, el único recurso del psicólogo profesional es su capacidad de evaluar las evidencias alegadas en favor de una idea, y la adquisición y desarrollo de esa capacidad debe pasar por los cursos de metodología de la investigación psicológica. Igual que en los tribunales de justicia, en el mundo de la ciencia, todo se reduce al examen de las pruebas aportadas en favor de la verdad de una relación entre variables o de la eficacia de alguna técnica o procedimiento. Las dos preguntas fundamentales de los sofistas, ¿Qué quiere usted decir? y ¿Cómo lo supo usted? resumen lo esencial de la inquietud metodológica en cualquier ciencia. El profesional de la psicología debe saber que por más grande que sea la confianza y la seguridad personal que él tenga en torno a la verdad de una hipótesis o a la eficacia de un procedimiento, las mismas no le agregan un ápice de fuerza probatoria a la evidencia que él pueda invocar en favor de estas últimas. Estar en condición de evaluar las evidencias aportadas en favor de una hipótesis es tan importante que puede establecer la diferencia entre la realidad y la ficción. En el campo de la Física, el caso de los rayos N, supuestamente descubiertos por René Blondlot en 1903, brindó una importante enseñanza histórica. En efecto, los rayos N fueron aparentemente observados por cuarenta científicos y analizados por cien estudiosos en casi trescientos artículos publicados entre 1903 y 1906, antes de que se reconociera de manera oficial que jamás habían existido (Di Trochio, 1997). Esto último ocurrió cuando Robert Wood, profesor de Física en Johns Hopkins University, introdujo en el propio laboratorio de Blondlot el control en las observaciones, necesario para determinar la fuerza probatoria de las mismas. Hablando en un lenguaje técnico, podríamos decir que la supuesta existencia de los rayos N descansaba en un diseño de investigación deficiente, es decir, un diseño de investigación que carecía de los controles necesarios para producir resultados interpretables sin ninguna sombra de ambigüedad.

El profesional de la psicología, especialmente en nuestro medio, es en términos generales un consumidor de información, un usuario de técnicas y procedimientos, y en esa condición, el único recurso a su alcance para evitar una forma de alienación profesional es su comprensión del proceso de prueba y validación de los enunciados concernientes a las técnicas y procedimientos a ser empleados en el ejercicio de su profesión. Ninguna observación posee más fuerza probatoria que la que le otorga la fuerza inferencial del diseño de la investigación dentro de la cual se realiza; por ejemplo, observaciones realizadas en diseños de investigación que carecen de un nivel de comparación podrían ser una fuente de preguntas de investigación, pero carecen de todo valor probatorio; de manera similar, observaciones realizadas en un diseño de investigación puramente descriptivo no pueden arrojar datos que tengan poder explicativo.

Es por ello que sostengo que un ejercicio profesional responsable en psicología presupone la capacidad de discernir entre diseños de investigación inferencialmente débiles e inferencialmente fuertes (Kerlinger y Lee, 2002). De lo contrario, tendremos a un profesional de la psicología que, víctima de su ignorancia en asuntos fundamentales de la metodología de la investigación psicológica, terminará creyendo ciegamente en la eficacia de técnicas y procedimientos que se ponen de moda sencillamente porque gozan del favor del público, en un claro ejemplo de lo que Skinner (1972) llamó una huida hacia lo profano.

Cuando un profesional es seducido por la opinión del público, está anteponiendo el sentido común a la ciencia. En general, cuando la investigación científica y el sentido común chocan en el tribunal de la opinión pública, el sentido común es con frecuencia el ganador. Pero la aplicación del método científico es la única forma de demostrar que muchas correlaciones entre fenómenos, basadas en el uso del sentido común no existen y son correlaciones ilusorias (Lilienfeld, 2002).

Pasemos ahora al segundo componente del presente trabajo, a saber, que los programas de formación profesional de psicólogos en la República Dominicana no ofrecen los conocimientos metodológicos indispensables para un ejercicio profesional responsable.

Es ciertamente riesgoso hablar de los programas de formación profesional de psicólogos en la República Dominicana como si todos fueran exactamente iguales. La verdad es que no lo son en el tiempo requerido para la obtención del título profesional, extendiéndose desde un mínimum inferior a tres años hasta un máximum de cinco años. Ambos extremos son excepcionales, siendo más frecuente una duración comprendida entre tres y cuatro años. Tampoco son iguales los diferentes programas en la importancia concedida durante la formación a la práctica profesionalizante, variando desde programas de formación que incluyen un período de prácticas supervisadas al final de la carrera, hasta aquellos que no incluyen ningún tipo de práctica profesionalizante.

Existen diferencias similares en torno a la importancia concedida a la metodología de la investigación psicológica en el proceso de formación profesional. La misma se refleja tanto en el número de cursos de estadística, medición psicológica y metodología de la investigación, incluidos en el programa de formación profesional como en la formación académica del profesorado responsable de los mismos. No es lo mismo tomar un curso de Estadística diseñado por un psicólogo que conoce perfectamente el alcance y los límites de aplicación de la estadística en psicología, que tomar un curso de Estadística diseñado por un profesor familiarizado con datos relativos a la economía del país. Y lo mismo puede decirse de la metodología de la investigación, donde la interacción entre el problema y el método es de una importancia fundamental.

A pesar de las muy probables diferencias apuntadas, mi planteamiento es sustentable también para los departamentos de más larga tradición en la formación de psicólogos en la República Dominicana. Es muy probable que en un programa diseñado para formar profesionales de la psicología, la suma total de cursos de estadística y metodología de la investigación varíe entre dos y cuatro, aunque excepcionalmente podría llegar a cinco. ¿Cómo es posible que aun en la mejor de las situaciones descritas, se pueda sostener que, hablando en términos generales, el psicólogo dominicano no está en condiciones de evaluar críticamente las técnicas y procedimientos al alcance de su uso, así como el grado de eficacia de su propia práctica profesional?

Las circunstancias me han colocado en la situación de un testigo de excepción, tanto al impartir cursos sobre metodología de la investigación a nivel de postgrado, como al evaluar metodológicamente trabajos de investigación sometidos a publicación o a la consideración para ser presentados en simposios y congresos de psicología. Ambas funciones me han puesto en contacto con las destrezas metodológicas arrojadas por los principales programas de formación de psicólogos en República Dominicana. He visto frecuentes intentos de concluir para poblaciones a partir de muestras cuantitativamente insuficientes, y pretender que los resultados de una investigación, por el simple hecho de coincidir con la hipótesis, constituyen una confirmación de la misma, sin que el diseño de la investigación haya contemplado la eliminación de ninguna de las amenazas a la validez interna de la misma (Stern y Kalof, 1996). La facilidad con que los psicólogos dominicanos sucumben a la tentación de la moda constituye un testimonio indirecto de la debilidad de su formación metodológica.

Movimientos terapéuticos que se han desarrollado al margen de la investigación científica, como la hipnoterapia, el análisis transaccional, la terapia magnética y la programación neurolingüística, a los que sus defensores suelen atribuir, con base en puras evidencias anecdóticas, supuestos efectos maravillosos, han hecho furor en segmentos importantes de nuestra comunidad profesional. Anastasi (1975), al hablar de la psicología como ciencia y profesión, planteó el problema del charlatanismo en psicología. Señaló, que algunos de los campos en los que trabajan los psicólogos profesionales, han atraído tradicionalmente a charlatanes, pseudocientíficos y otros individuos que se autotitulan expertos. Éstos ofrecen diversos sistemas para desarrollar la personalidad, perfeccionar la memoria o la capacidad de vender, superar los temores y otros problemas emocionales, y, en general, alcanzar salud, riquezas y felicidad. Según Anastasi:

“Un factor importante para explicar el desarrollo del charlatanismo es el intenso deseo de la gente de obtener el tipo de ayuda que los charlatanes le ofrecen. El charlatán promete soluciones más fáciles y satisfactorias para los problemas de la vida que las que puede ofrecer el psicólogo profesional. El charlatán ofrece métodos breves para autoevaluarse, la curación inmediata de las neurosis, una nueva personalidad en diez fáciles lecciones, etc., etc. La dura realidad de la ciencia carece de atractivo ante tales perspectivas” (Anastasi, 1975, pp. 22-23).

La citada autora habló del charlatanismo como un fenómeno recurrente en la sociedad norteamericana del siglo XX. Hay que agregar que se está hablando de una sociedad donde la psicología, tanto en su condición de ciencia como en su condición de profesión, ha alcanzado el mas alto nivel de desarrollo, organización y reglamentación. En nuestro medio, donde la presencia de la psicología, en su doble condición, es muy escasa, y donde el analfabetismo de la población supera el 15 por ciento, es innegable que tanto la emergencia del charlatanismo como la receptividad de la población a sus ofertas, constituyen contingencias altamente probables. Una sólida formación en metodología de la investigación psicológica es el único antídoto para proteger al psicólogo de la tentación de huir hacia lo profano, cuando su profesión no tiene una fácil respuesta a los complejos problemas que debe enfrentar.

Es cierto que son pocos los cursos de metodología de la investigación incluidos en la mayoría de los programas de formación de psicólogos en República Dominicana. Tal situación podría justificarse con el alegato de que se persigue formar un profesional y no un investigador. Entonces el problema podría estar no tanto en el número de cursos sobre metodología de la investigación como en la naturaleza y propósitos de los mismos. Además de familiarizar al futuro psicólogo con cada una de las fases del proceso de la investigación, así como con la interacción y las relaciones de interdependencia que se dan entre las mismas, un objetivo inalienable del curso debe ser el desarrollo de una actitud crítica hacia cualquier recurso, técnica o procedimiento, a los que se atribuyan efectos maravillosos o potencialidades terapéuticas hasta entonces desconocidas. Esto último es posible si se logra que el estudiante se apropie de la inquietud del sofista: ¿Qué quiere usted decir? y ¿Cómo lo supo usted? Pienso que estos objetivos son difíciles de alcanzar en psicología, cuando los cursos de metodología de la investigación son impartidos por profesores que recibieron su entrenamiento metodológico en áreas ajenas a la psicología, algo que ocurre con mucha frecuencia en nuestras escuelas de psicología. En consecuencia, el estudiante nunca llega a entender el valor práctico que para su profesión tiene un curso de esta naturaleza. La incomprensión es tan generalizada, que algunos profesores, psicólogos de profesión y profesores de metodología, en una forma extraña de resentimiento edípico, prefieren utilizar como libro de texto uno escrito por autores que no son investigadores ni psicólogos, a pesar de la existencia de libros excelentes en el área, escritos por investigadores que además son psicólogos. A esto se podría agregar el hecho de que esos docentes en el área de la metodología de la investigación, aun siendo psicólogos, nunca se han visto realmente involucrados en investigaciones psicológicas.

Hace algunos años, con motivo del congreso “Treinta Años de Psicología Dominicana”, expresé mi personal preocupación por la deficiente formación metodológica del psicólogo dominicano y sus funestas consecuencias para el prestigio de la profesión psicológica como un todo. Hoy, como entonces, sigo pensando que si los responsables de la formación profesional de los psicólogos dominicanos no atienden a este problema, continuaremos inundando la profesión de psicólogos incapaces de leer con provecho un artículo de investigación científica en psicología y hacer un juicio crítico sobre las conclusiones del mismo. Para evitar tanto la huida hacia lo profano como el contagio del charlatanismo entre nuestros jóvenes psicólogos, y la consecuente erosión del prestigio de la psicología como profesión, debemos empezar por concienciar al estudiante de psicología sobre el verdadero valor práctico del conocimiento de los fundamentos de la metodología de la investigación psicológica. Al no brindarle la debida importancia a la metodología de la investigación psicológica en la formación profesional del psicólogo, nuestras escuelas de psicología están despreciando la piedra angular, con lo cual le están haciendo un daño irreparable a una profesión, de cuya calidad son las primeras responsables.

Queda pues, en manos de los directores de nuestras escuelas de psicología, la responsabilidad de restituirles a los cursos de metodología de la investigación psicológica, la importancia y el valor que les corresponden en el proceso de formación de los psicólogos dominicanos. Es posible que esta sea la voz del que clama en el desierto. Pero no importa. Jamás despreciaré oportunidad alguna de insistir en este asunto. Punto... y seguido.

 

REFERENCIAS

Anastasi, Anne (1975). Psicología Aplicada. Buenos Aires: Kapelusz

Ardila, Rubén (1993). Síntesis Experimental del Comportamiento. Santafé de Bogotá: Planeta

Bauer, Henry (2001). Science or pseudoscience. Urbana, IL.: University of Illinois Press.

Di Trochio, Federico (1997). Las Mentiras de la Ciencia. Madrid: Alianza Editorial

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Gratzer, Walter (2000). The Undergrowth of Science. New York: Oxford University Press.

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Stern, P.C. & Kalof, L. (1996). Evaluating Social Science Research (2nd. edition). New York: Oxford University Press.

Sternberg, A.J. & Grigorenko, E.L. (2001). Unified Psychology. American Psychologist, 56, 1069-1079.

 

 

* Profesor de la Escuela de Psicología y de Metodología de la Investigación en programas de Maestría de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.