SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.33Desobediência neoliberal: um relato de fracassoRessignificando histórias na realidade suplementar por meio do vínculo terapeuta-paciente índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Journal

artigo

Indicadores

Compartilhar


Revista Brasileira de Psicodrama

versão impressa ISSN 0104-5393versão On-line ISSN 2318-0498

Rev. Bras. Psicodrama vol.33  São Paulo  2025  Epub 11-Ago-2025

https://doi.org/10.1590/psicodrama.v33.687 

ARTÍCULO ORIGINAL

Matrices en disputa: creatividad, performatividad y psicodrama

Matrizes em disputa: criatividade, performatividade e psicodrama

Disputed matrices: creativity, performativity and psychodrama

Maria Agostina Silvestri1  * 
http://orcid.org/0000-0002-2428-7726

1Universidad Nacional del Comahue – Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Instituto Patagónico de Estudios de Humanidades y Ciencias Sociales – Bariloche, Río Negro, Argentina.


RESUMEN

Desde la teoría de los roles de J. L. Moreno y el concepto performatividad (del sexo-género) de J. Butler, el presente trabajo aborda el problema de los “roles de género” en el marco de la matriz social heterosexual como espacio-tiempo de producción corpopolítica de sexos-géneros binarios que se expresan como una serie de conductas esperables relativas al sexo asignado al momento del nacimiento. El desarrollo plantea conversaciones entre ambos cuerpos teóricos para elaborar una revisión crítica de los efectos del dispositivo psicodramático en cuanto a la circulación de los roles asociados al género.

Palabras clave Roles de género; Matriz social; Matriz heterosexual; Performatividad

RESUMO

Desde a teoria dos papéis de J. L. Moreno e o conceito de performatividade (do gênero) de J. Butler, o presente trabalho aborda o problema dos “papéis de gênero” no marco da matriz social heterossexual como espaço-tempo de produção corpopolítica de sexos-gêneros binários que se expressam como uma série de condutas esperadas relacionadas ao sexo designado no momento do nascimento. O desenvolvimento estabelece conversas entre os dois corpos teóricos para elaborar uma revisão crítica dos efeitos do dispositivo psicodramático no que diz respeito à circulação dos papéis associados ao gênero.

Palavras-chave Papéis de gênero; Matriz social; Matriz heterossexual; Performatividade

ABSTRACT

From the role theory of J. L. Moreno and the concept of performance (of gender) by J. Butler, this work addresses the problem of “gender roles” within the framework of the heterosexual social matrix as space-time of corpopolitical production of binary sexes-genders that are expressed as a series of expected behaviors related to the sex assigned at the moment of birth. The development plants conversations between both theoretical bodies to elaborate a critical review of the effects of the psychodramatic device while considering the circulation of roles associated with gender.

Keywords Gender roles; Social matrix; Heterosexual matrix; Performativity

INTRODUCCIÓN

La puesta en relación entre el psicodrama y los estudios de género constituye un campo de interés creciente en el marco de las reflexiones contemporáneas en torno a la subjetividad. Torres et al. (2016) se sirven del método psicodramático para acompañar un grupo de personas trans en el proceso previo a la cirugía de reasignación de sexo. Conceição y Auad (2010) toman el método psicodramático como recurso para explorar e interrogar las relaciones entre varones y mujeres en un grupo mixto. Su trabajo se interesa no sólo por identificar desigualdades asociadas a los roles de género, sino también por generar conciencia sobre sus condiciones de (re)producción y formas de transformación. En este sentido, lxs autorxs consideran el género como una categoría analítica y política que estructura relaciones desiguales de poder, y adoptan un perspectiva crítica que comprende los roles desplegados en escena en tanto condicionados por contextos materiales y discursivos.

Otros trabajos, como el desarrollado por Vomero y Nery (2024), exceden el ámbito clínico-terapéutico. En este caso, lxs autorxs invitan a pensar la dimensión ético-política del psicodrama y apuntan a una revisión crítica de carácter epistemológico. Toman, entonces, el método psicodramático como estrategia para revisar y renovar la propia formación del rol de psicodramatista desde una perspectiva decolonial, antirracista y anti heteronormada que se opone al ideal cientificista de neutralidad y abstinencia.

Así pues, el psicodrama se presenta como un territorio propicio para continuar “en la búsqueda por superar el pensamiento dicotómico”, para “complejizar las relaciones a través de la inversión de roles entre personas de diferentes grupos” (Vomero & Nery, 2024, p. 2) y para reconsiderar la subjetividad en su carácter múltiple, abierto y proliferante. En otras palabras, el trabajo psicodramático comporta una potencia de afectación clínica-terapéutica, pero también pedagógica y política (Vomero & Nery, 2024)-. Pues, a diferencia de las terapias centradas en un sujeto concebido en su dimensión individual, racional y estable, el psicodrama propone un abordaje grupal, experiencial y dinámico.

La teoría de los roles constituye el fundamento del método psicodramático. Desde esta perspectiva, el yo no es concebido como una entidad fija o esencial, sino como una construcción dinámica que se configura a través de los múltiples roles que una persona desempeña en sus interacciones con otrxs y con el mundo. Para Jacob Levy Moreno (1934, 2014) -psiquiatra, sociólogo y fundador del psicodrama- un rol es la manifestación concreta del yo en un contexto determinado; es decir, una forma de actuar, sentir y pensar ligada a una función social y relacional. En este sentido, los roles no se figuran como máscaras o aditivos de una identidad real o esencial, sino como expresiones complejas de la subjetividad en relación: “el desempeño de los roles es anterior al surgimiento del yo. Los papeles no surgen del yo, sino que el yo surge de los roles” (Moreno, 2014, p. 3).

Si el yo se constituye a partir de la experiencia relacional-afectiva y del intercambio de roles, la identidad admite ser pensada en términos de multiplicidad, fluidez y situacionalidad. En este sentido, el psicodrama -como apuesta epistemológica interesada en reintegrar las fragmentaciones dicotómicas entre individuo y grupo, razón y emoción, mente y cuerpo- se configura como un cuerpo teórico-práctico particularmente fértil para revisar conservas culturales de roles heredados y ensayar otras formas de ser y de actuar en el mundo (Conceição & Auad, 2010; Vomero & Nery, 2024).

Otro pilar fundamental del psicodrama es la puesta en valor de la espontaneidad y la creatividad (Moreno, 1934, 2014). La espontaneidad entendida como una capacidad de diferenciación creadora que trasciende respuestas automatizadas o defensivas; la creatividad, como fuente de transformación tanto personal como social. Juntas, estas nociones abren camino a la emergencia de roles imprevistos: “la primera propiedad del acto creador es la espontaneidad, la segunda es una sensación de sorpresa, de lo inesperado. La tercera propiedad es su irrealidad, que se dirige a la alteración de la realidad dentro de la cual surge” (Moreno, 2014, p. 68).

Podría decirse que el psicodrama trabaja, entonces, con la proliferación de otredades y diferencias en aquello que, en principio, se presenta como homogéneo o dicotómico de manera acabada, coherente y estable. Es decir que pone en cuestión la idea de una identidad cerrada y fija, y propone, en cambio, una concepción del sujeto como relacional, múltiple y abierto. En otras palabras, al favorecer desplazamientos e inversiones de roles, el psicodrama se interesa no tanto por describir o interpretar una realidad dada, sino antes bien por ampliar el repertorio de realidades posibles.

Ahora bien, aun cuando la teoría de los roles ofrece un andamiaje especialmente rico para cuestionar construcciones esencialistas de la identidad y del género (Conceição & Auad, 2010; Vomero & Nery, 2024), considero que es preciso revisar sus conceptualizaciones respecto a las matrices de producción de los roles, en la medida en que pueden operar como formas de captura epistemológica. Lo que quiero decir es que, en cierto sentido, la teoría de los roles conserva un sesgo familiarista que limita su potencial transformador y su capacidad disruptiva. Un diálogo entre esta teoría y la concepción performativa del sujeto sexo-generizado (Butler, 2002, 2007) podría abrir el juego para interrogar las matrices desde las cuales se conciben roles que, luego, exceden y transforman esas mismas matrices que los producen.

Las bases de la teoría de la performatividad de Judith Butler se presentan en El género en disputa (Butler, 2007). A partir de una crítica a las políticas de la identidad, la autora sostiene -en continuidad con Foucault- que el sujeto sexo-generizado es efecto de un dispositivo de relaciones y dominios de saber-poder. De allí su interés por el análisis genealógico y deconstructivo de categorías naturalizadas, así como de las implicancias ontológicas, éticas, epistemológicas y políticas que la (des)naturalización de dichas categorías implica. Desde esta perspectiva, es mediante el discurso que la “naturaleza sexuada” se constituyen y se presentan, paradójicamente, como prediscursivos, ahistóricos y aculturales; es decir, como una superficie políticamente neutral (Butler, 2002, 2007; Butler & Lourties, 1998).

La teoría butleriana se complejiza en su siguiente obra, Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo” (1993). En este texto, Butler (2002) responde a objeciones planteadas a su concepción performativa del género, que la acusan de sostener un monismo lingüístico y desestimar la importancia de la diferencia anatómica de los cuerpos. Por ello, este trabajo se aboca a explorar el vínculo entre la materialidad (del cuerpo) y la performatividad (del sexo-género y del discurso), enfatizando las relaciones de interdependencia entre lenguaje y materia. La hipótesis que plantea Butler (2002) es que la llamada “diferencia sexual” no puede reducirse a una cuestión de diferencias materiales o naturales, dado que la materialidad está siempre atravesada y conformada por prácticas discursivas. No existe, entonces, una condición estática del cuerpo; el cuerpo es, más bien, un proceso de materialización que sucede en virtud de la reiteración forzada de normas reguladoras (Butler, 2002). Sin embargo, esta materialización nunca es completa: los cuerpos no acatan por entero las normas que les dan forma. Aquí reside -según Butler (2001a, 2001b, 2002, 2007)- la paradoja de la sujeción: el sujeto, al ser producido por ciertas normas, se convierte simultáneamente en el lugar desde el cual esas mismas normas pueden ser desplazadas.

Así, las inestabilidades inherentes a la norma -en tanto posibilidades de rematerialización abiertas por el propio proceso de iteración- habilitan “un espacio en el cual la fuerza de la ley reguladora puede volverse contra sí misma y producir rearticulaciones que pongan en tela de juicio la fuerza hegemónica de esas mismas leyes reguladoras” (Butler, 2002, p. 18). De esta manera, se define el carácter ambivalente de la formación del sujeto: por un lado, la incorporación de las normas y discursos que lo anteceden (y de los cuales es efecto); por otro, la posibilidad de reapropiarse críticamente de ellos, constituyendo desvíos imprevistos.

En este trabajo propongo, entonces, una puesta en diálogo entre la teoría de los roles de Moreno y la teoría de la performatividad del género de Butler, con el objetivo de explorar sus puntos de contacto, tensiones productivas y resonancias posibles. Lejos de considerarlas perspectivas incompatibles, parto de la idea de que ambas teorías, desde marcos disciplinares diferentes, comparten un cuestionamiento a los supuestos esencialistas y sustancialistas del cuerpo y la identidad, y permiten pensar la subjetividad como una construcción relacional, múltiple y en devenir. Considero que este diálogo constituye una instancia propicia para destacar la potencia transformadora de los roles en su capacidad para interrogar y reconfigurar las matrices que los producen y condicionan. De este modo, apunto a una lectura crítica y situada del psicodrama moreniano que, al nutrirse de las herramientas conceptuales de la teoría butleriana, pueda ampliar su alcance epistemológico y político, habilitando prácticas que favorezcan procesos de subjetivación abiertos a lo inesperado, a la diferencia y a la invención de formas de habitar el mundo. La estrategia metodológica adoptada consiste en un análisis teórico cualitativo, basado en una lectura y articulación crítica de textos fundamentales de ambas perspectivas que busca construir una aproximación relacional entre los marcos conceptuales abordados.

LA TEORÍA DE LOS ROLES Y LA IMPORTANCIA DE LAS MATRICES

Como anteriormente he señalado, la teoría de los roles desarrollada por Moreno (1934, 2014) funciona como fundamento teórico de la clínica psicodramática. Esta teoría considera al sujeto como integrado por un conjunto de roles actuales y potenciales que crea y desarrolla en interrelación con otrxs. La creación -nunca acabada- de ese “sí mismx” se produce en el transcurso de la trayectoria vital en virtud de su participación en matrices grupales. En este sentido, el psicodrama considera la (re)elaboración de roles en tanto habilitada por cierto espacio-tiempo que constituya una matriz grupal continente de dichos roles (Zuretti, 1995).

El sujeto psicodramático es, entonces, un sujeto que adviene como tal en tanto un “nosotrxs” lo produce, aloja y condiciona en un espacio-tiempo parcial y situado. Este “nosotrxs” espacio-temporal específico constituye, en cada caso, una matriz que opera como locus nascendi o lugar vincular de acontecimientos fundantes (Zuretti, 1995). Desde esta perspectiva, los roles emergen a través de fases graduales y matrices sucesivas que operan como continente de interacciones fundamentales y constitutivas.

De acuerdo al modelo evolutivo moreniano (Moreno, 2014), a partir del momento de nacimiento, el proceso de desarrollo de roles atraviesa al menos tres matrices. Estas matrices son: la matriz de identidad -constituida por la relación entre la madre y lx niñx-, en la que se desarrollan los roles psicosomáticos (contactadorx, respiradorx, ingeridorx, etc); la matriz familiar -formada por los vínculos existentes entre lxs miembrxs de una familia- en la que se desarrollan los roles originarios (madre-padre-hijx); y la matriz social -constituida por otrxs significativxs-, donde se desarrollan los múltiples roles sociales. Los roles emergentes y desarrollados en estas matrices se complementan e influencian mutuamente entre sí.

He mencionado también que otro elemento clave de la teoría de los roles refiere al acto creativo: un acto adecuado a las coordenadas específicas de un espacio-tiempo dado, que produce un salto diferenciado respecto a conductas estereotipadas. El nacimiento constituye, en este sentido, una figura paradigmática. Pues, dando inicio a la vida extra-uterina, supone una secuencia de actos y comportamientos creativos: ajustes fisiológicos para hacer la transición de la respiración placentaria a la respiración pulmonar, interacción con otrxs, participación en dinámicas sociales, etc. En este sentido, y puesto que pone en valor los actos creativos como productores de diferencias, Moreno ha definido su filosofía como una filosofía del aquí y ahora de la eterna creación (Zuretti, 1995).

Este doble sustrato conceptual (matrices y actos creativos) permite suponer que esta “filosofía del aquí y ahora” se encuentra necesariamente abierta a revisiones de acuerdo a los espacios-tiempos en que se ponga en juego cada vez. Así pues, es posible considerar que -a la luz de desarrollos teóricos críticos contemporáneos- las matrices clásicamente conceptualizadas merezcan una revisión que, a su vez, complejice la teoría de los roles existentes en cuanto a sus condiciones de producción y desarrollo, así como de su potencial insurreccional respecto a sus matrices “de origen”.

Entiendo que la clínica psicodramática imagina la movilidad inmanente a cada rol en una doble dirección. Pues, en un sentido que podríamos llamar “desde la matriz”, considera los modelos y aprendizajes organizados por las matrices en las que el sujeto ha participado (es decir, según la teoría clásica, las matrices de identidad, familiar y social). Y, a la vez, en un sentido que podríamos llamar “hacia la diferencia”, considera un horizonte abierto al surgimiento de roles en tanto acto creativo que rebasa las estructuras y organizaciones previas, para tomar una forma novedosa, singular y específica. En este sentido, considero que la potencia clínica-política del trabajo psicodramático se basa en (re)inventar, mediante el método de dramatización de escenas, no sólo “nuevos” roles, sino también “nuevas” matrices continentes.

He dicho que, según la teoría de los roles (Moreno, 1934, 2014), el desempeño de los mismos se ubica un tiempo anterior al surgimiento del yo, y que, en efecto, ese yo emerge como una sedimentación de los roles explorados. En este sentido, la clínica psicodramática podría interesarse por conmover la argamasa yoica de modos tales que otras corrientes de la psicología y la psicoterapia han considerado iatrogénico. Paul Preciado (2002) señala que, para el psicoanálisis en particular y para el dispositivo psi en general, el desmantelamiento de las identificaciones sexo-genéricas supone un riesgo de desestructuración psíquica: la tentativa de interrogarlas son frecuentemente consideradas como una forma de “psicosis colectiva” o como un “apocalipsis de la humanidad” (Preciado, 2002, p. 21).

Si, desde la perspectiva psicodramática, el rol se aproxima más a una función perceptiva y representativa que a una sustancia, esto sugiere una flexibilidad y una mutabilidad que, por ejemplo, el psicoanálisis no ha considerado al hacer uso del concepto más bien rígido de “identificación”. Encuentro aquí una potencia para acompañar, producir y desarrollar metamorfosis en aspectos que otras corrientes de la psicología han considerado inamovibles o impenetrables. Pues la conceptualización de los roles como funciones permite imaginar al yo a la manera de un collage dinámico; un conjunto compuesto por roles de carácter multifacético, que se expresa como conductas y modos vinculares específicos de acuerdo a las combinatorias disponibles.

LA TEORÍA DE LA PERFORMATIVIDAD DEL SUJETO SEXO-GENERIZADO

Considero que el movimiento conceptual más interesante de la segunda ola feminista fue el de problematizar “la actitud natural” ante el género. Con “actitud natural” me refiero a la idea de que sólo existen dos géneros -masculino y femenino-mutuamente excluyentes, y que el sexo (biológico, natural, radicado en la genitalidad) es el elemento determinante de cada uno de ellos. La separación entre sexo y género proporcionó una base necesaria para criticar y resistir el determinismo biológico, y afirmar que la opresión de “la mujer” remitía no a su constitución natural, sino a las formas culturales vigentes. De ahí la afirmación de Simone de Beauvoir [1949] (2012, p. 207), “no se nace mujer: se llega a serlo”. Desde esta perspectiva, el género estaría constituido por una serie de características, funciones, comportamientos y valores que definirían lo que, en cada cultura y en cada tiempo, se entiende por “masculino” o “femenino” (Conceição & Auad, 2010; Molina, 2000). En este sentido, es preciso producir un desplazamiento desde la idea de “roles de género” a la de “roles asociados al género”. Pues, mientras la expresión “roles de género” parte del supuesto de que existen roles específicos relativos al sexo-género expresado en un cuerpo dado (por ejemplo, rol “mujer-madre”); la idea de roles asociados al género considera que dichos roles se asocian a algunos cuerpos-géneros mediante operaciones materiales y discursivas potencialmente desmontables (por ejemplo, rol “cuidadorx”).

Aunque la diferenciación entre sexo y género fue estratégica a fines políticos y permitió a los movimientos feministas cuestionar el determinismo biológico, la/s teorías queer señalan un problema que invita a profundizar la discusión: que la diferenciación entre sexo y género concibe el cuerpo sexuado como una entidad natural, pasiva, a-histórica, a la espera de inscripciones culturales y sociales, de manera tal que el determinismo biológico se transforma en un determinismo cultural. En este sentido, la/s teoría/s queer ponen en tensión la supuesta relación causal entre cuerpo sexuado-género-deseo; es decir, la presunción de que los sexos son exclusivamente -y excluyentemente- dos (macho / hembra), que sobre su materialidad pasiva la cultura inscriben a su vez dos géneros (masculino / femenino), y que cada sexo-género desarrolla “naturalmente” una atracción erótico sexual por el sexo-género “opuesto”. La/s teoría/s queer, entonces, discuten con este binarismo sexo-genérico heteronormativo, interrogando la suposición de que las identidades sexo-genéricas deban ser necesariamente estables, continuas y coherentes.

En El género en disputa (1990), Judith Butler (2007)-considerada una de las pensadoras fundantes de la/s teoría/s queer-confronta con las teorías feministas de la segunda ola que presuponen la existencia de un sujeto ya dado (la mujer / las mujeres) con anterioridad a la representación, como si aquel sujeto se tratara de una (id)entidad pre-discursiva, universal y homogénea. En su lugar, apoyada en elaboraciones foucaultianas, Butler (2007) propone llevar a cabo una crítica de “las categorías de identidad que generan, naturalizan e inmovilizan las estructuras” (Butler, 2007, p. 52). En consecuencia, en lugar de presuponer un sujeto sexo-genérico coherente y estable, la autora apuesta por revisar las construcciones sexo-genéricas en sí mismas a la luz de la desnaturalización de la matriz heterosexual o heteronorma.

En este sentido, Butler (2007) señala que el sexo-género responde a una “identidad débilmente formada en el tiempo, instaurada en un espacio exterior mediante una reiteración estilizada de actos” (Butler, 2007, p. 273) que dan “apariencia de sustancia” (Butler, 2007, p. 274) al disimular reiteradamente su génesis (performatividad). En otras palabras, en lugar de una identidad o un cuerpo esenciales y fijos, lo que se manifiesta son roles: gestos, acciones y deseos que se organizan de tal modo que generan, paradójicamente, la apariencia de una esencia en la superficie del cuerpo. Estos actos son performativos “en el sentido de que la esencia o identidad que pretenden afirmar son invenciones fabricadas y preservadas mediante signos corpóreos y otros medios discursivos” (Butler, 2007, p. 194), de manera tal que la misma interioridad es efecto y función del discurso social.

Es importante señalar que la performatividad del género no se limita a una cuestión de elección personal-individual. Adoptar un género está vinculado a la supervivencia dentro de un contexto cultural específico, y su actuación supone a una estrategia dentro de un marco de coerción regulado por regímenes normativos. En este contexto, se generan estilos corporales que, de manera alterna, encarnan o desvían las construcciones culturales, según las condiciones (¿matrices?) de (re)producción, desplazamiento y transformación de los guiones disponibles.

En suma, Butler (2007) afirma que el género no es ni un sustantivo, ni tampoco un conjunto de atributos vagos. Desde su perspectiva, el efecto sustantivo –la apariencia de sustancia- del género se produce performativamente, por medio de la repetición estilizante de normas sociales, de guiones sexo-genéricos. Esto implica reconocer una doble dimensión de la performatividad, esto es: en tanto actuación (es decir, perfomance) y en tanto in-corporación de esas normas de género. Retomando a Nietzsche, la autora extrae la siguiente conclusión: “no existe una identidad de género detrás de las expresiones de género; esa identidad se construye performativamente por las mismas ‘expresiones’ que, al parecer, son resultado de ésta” (Butler, 2007, p. 83).

Encuentro aquí una resonancia de interés entre la teoría de la performatividad (del sujeto sexo-generizado) y la teoría de los roles. En ambas, los roles o performances se constituyen al interior de determinadas matrices que los producen, organizan, distribuyen y condicionan. Así pues, comprender los “roles” de género desde la concepción moreniana permite subrayar su carácter dinámico y relacional, e incluso su necesidad para la “estabilidad psíquica”. Por otra parte, comprender las matrices de producción de roles desde la teoría de la performatividad, permite considerarlas asimismo en su carácter dinámico. Es decir, no como espacios-tiempos ahistóricos ni universales, sino en tanto susceptibles de transformación. En este sentido, la teoría de la performatividad sugiere una problematización de las matrices de identidad, familiar y social en función de su relación con la gran matriz heterosexual, que supone la coherencia y estabilidad sexo-género-deseo y que opera mediante tecnologías de producción de cuerpos e identidades reificadas.

LA GRAN MATRIZ HETEROSEXUAL, FUNDADORA DE LAS MATRICES DE IDENTIDAD, FAMILIAR Y SOCIAL

El psicodrama supone la posibilidad del sujeto de ser copartícipe de la creación del entorno y de su “sí mismx”, mediante el desarrollo de variedad de roles en el intercambio con otrxs significativxs y con el entorno sociocultural (Zuretti, 1995). En este sentido, los roles no constituyen una identificación mimética de otras figuras significativas o de las matrices culturales que los habilitan, sino que pueden adquirir -mediante actos creativos- cualidades divergentes.

Butler conceptualiza la matriz de inteligibilidad heterosexual como un “régimen de poder cuya acción central es producir –y conferir inteligibilidad sólo a- dos géneros estables y opuestos, masculino y femenino” (Quintana & Sabio, 2021, p. 36), y administrar, en virtud de tal oposición, el deseo de uno por el otro y el encuentro sexual entre ambos con fines reproductivos. Si se considera las matrices (de identidad, familiar y social) no sólo en calidad de locus nascendi, sino también en tanto ideales regulatorios que producen roles más o menos adecuados a la perpetuación de sí mismas y en tanto expresiones de regímenes políticos, ¿podrán los roles emergentes interrogar y transformar sus (im)propias matrices de producción y normalización?

Lo que me interesa argumentar es que la matriz heterosexual opera como el gran locus nascendi que da lugar a las matrices de identidad, familia y sociedad. Anteriormente, había afirmado que la matriz primaria de identidad abarca la relación madre-niñx y brinda el espacio-tiempo para el desarrollo de roles psicosomáticos. Ahora bien, ¿qué implica revisar la noción de maternidad (y sus roles asociados) como una institución de carácter histórico, ligada a la gobernabilidad de las infancias y cuerpos gestantes en el marco de la matriz heterosexual?

Quizás, el lazo mujer (madre) - niñx responde, más que a un orden natural inexorable, a una opresión mutuamente compartida que les ha confinado a un espacio íntimo, privado y ajeno a la vida pública del grupo social. Invirtiendo la pregunta anteriormente formulada, ¿qué inhibiciones en los roles potenciales tendrá esta ligadura prevalente entre infancias y maternidades heteronormadas? ¿Qué potenciales roles psicosomáticos podrían desarrollarse, acaso, si la matriz de identidad estuviera favorecida no por por un único cuerpo-rol materno, sino por una multiplicidad de cuerpo y roles?

Luego, si la matriz familiar opera como locus para el surgimiento de los roles hijx, madre y padre, aquí también resulta crucial considerar “la familia” como una institución relativa a coordenadas espacio-temporales específicas. En efecto, el término “familia” fue empleado por primera vez en la antigua Roma para designar una unidad social bajo el control absoluto del pater familias, figura masculina que ejercía autoridad sobre su esposa, hijos/as y esclavos. Etimológicamente, famulus significa esclavo doméstico, y familia designa al conjunto de esclavos pertenecientes a un mismo hombre. Esta forma de organización jerárquica y patriarcal constituye el antecedente histórico de la familia nuclear tradicional tal como la conocemos hoy (Ariès & Duby, 1988).

Ariès y Duby (1990) muestran otros modos posibles de producción de subjetividad. Durante la Edad Media, por ejemplo, la unidad social habitual remitía más a grupos extendidos conviviendo en lugares públicos que a familias nucleares. La vida social no se desarrollaba al interior de un hogar y mucho menos al interior de un grupo de referencia de carácter privado. El grupo social primario, en todo caso, se componía de un gran número de personas-roles en variación y movimiento. En este sentido, la infancia también se muestra como una construcción moderna relativa a la organización en familias nucleares. Durante la Edad Media, no existía una concepción de infantes como seres esencialmente diferentes de lxs adultxs. En todo caso, lxs niñxs eran adultxs en proceso de desarrollo y, por tanto, participaban de manera cotidiana junto a ellxs en las actividades sociales de la comunidad sin ser segregadxs a espacios de socialización específicos como la escuela o el hogar. Firestone (1976) muestra, además, que lxs niñxs habitualmente eran acompañadxs en su crecimiento por personas que no eran sus progenitorxs, y que vivían en diferentes hogares, pues se suponía que el tránsito por múltiples espacios favorecería diversidad de aprendizajes y abonaría a la construcción de autonomía respecto de sus progenitorxs.

En suma, es posible afirmar que el nacimiento de la familia nuclear moderna tuvo como correlato la construcción de las figuras “madre” y “niñx” como unidades diferenciadas del resto del campo social. Así, con el aumento y exageración de la dependencia infantil producto de la segregación de la comunidad de adultxs, también la servidumbre femenina a la maternidad se incrementó. Niñxs y mujeres se encontraron entonces en situación de inferioridad y tutela, y sus opresiones empezaron a ejercer una influencia recíproca intensificante.

Continuando con el marco propuesto por la teoría de los roles, se espera que los roles familiares den (o no) el soporte necesario a los roles sociales que se desarrollan luego en la matriz social, permitiendo la construcción de diferentes funciones dentro de la sociedad (Zuretti, 2007). Ahora bien, dado que esas funciones se encuentran impregnadas por la institución familia, y junto a ella, por los constructos de maternidad e infancia ¿no resulta, entonces, esperable una autoperpetuación de las matrices que les aporte, a modo performativo, una apariencia de naturalidad? Si los roles sociales involucran e integran todo un conjunto de otros roles subyacentes (roles psicosomáticos, originarios, entre otros), ¿no resulta un obstáculo a la proliferación de roles potenciales el hecho de que -al menos, teóricamente- el psicodrama clásico siga trabajando con matrices de producción de roles consideradas estables y trans-históricas?

Si de propiciar la emergencia de roles desbordantes de las matrices se trata, quizás resulte pertinente avanzar hacia la revisión y problematización de las matrices en sí mismas. Pues, siguiendo a Butler (2002, 2007) la producción teórica tiene una eficacia productiva y performativa de “la realidad”. Lo que quiero señalar es que, si continuamos organizando nuestro pensamiento y percepción en función de la serie de matrices identidad-familia-sociedad, quizás propaguemos un sesgo en los roles emergentes e inhibamos su capacidad creativa. De un modo análogo a como, para une directorx de escena, serán puntos oscuros en le protagonista todos aquellos roles que sean conflictivos para sí mismx (Moreno, 2014; Vomero & Nery, 2024), es probable que la ausencia de un cuestionamiento de la matriz heterosexual obture la percepción en el trabajo psicodramático cada vez que un rol potencial insurreccional a la matriz esté pronto a desplegarse.

“ROLES DE GÉNERO”: CONSTRUCCIÓN Y CRISTALIZACIÓN

Quisiera avanzar, por último, en un sentido inverso. Es decir, desde la teoría de los roles hacia la teoría de la performatividad. Pues, desde la teoría de los roles, el “rol” refiere a una forma de funcionamiento en un espacio-tiempo preciso constituido por figuras que actúan como contra-roles (Moreno, 2014); y me parece que esta definición de carácter operativo permite abrir preguntas para los estudios de género. Quiero decir, ¿cuáles podrían ser los efectos de considerar los pares binarios como contra-roles mutuos que organizan formas específicas de movimiento? ¿Qué implica esto para la historia constitutiva y la posibilidad de transformación de cada rol?

Mónica Zuretti (1995) esquematiza al menos cinco etapas en el desarrollo de un rol durante el trabajo psicodramático (Tabla 1).

Tabla 1 Etapas en el desarrollo de los roles. 

Etapa 1 Búsqueda indiferenciada de un rol, manifestada para el sujetx como la necesidad de actuar en un sentido determinado. Se recaba información del entorno que rodea al sujetx y de sus roles actuales. El rol se encuentra aún en potencia y es desconocido por el sujetx.
Etapa 2 Observación diferenciada del rol. La búsqueda comienza a tomar una dirección y orientación determinadas en un espacio específico del entorno.
Etapa 3 Delimitación de un rol diferenciado, singular aunque semejante a otros mediante el ejercicio del rol complementario.
Etapa 4 Experimentación y profundización del rol complementario.
Etapa 5 Asunción del rol a través de la inversión de roles, con quien se haya realizado el aprendizaje o con una instancia tercera para quien se cumplirá la función correspondiente. La inversión inicia con una repetición o imitación de los modelos, luego se experimenta con elementos nuevos aportados por la creatividad de quien que ejerza el rol, realizando así la creación del rol desde sí.

Fuente: Zuretti (1995).

Desde esta perspectiva, entonces, cabría considerar cada una de las encarnaciones rígidas de roles asociados al género como una detención sistemática en la etapa de inversión de roles. Es decir, que el proceso se estanca en la actuación de un rol complementario al inicialmente observado y aprendido, de manera tal que se inhibe el desarrollo de otro rol en potencia. A modo de ejemplo, podría suponerse que un cuerpo dado, en búsqueda diferenciada de un rol asociado al género “mujer”, se encontrara con algún impedimento en el desarrollo del mismo, de manera tal que el proceso se detuviera en la instancia de actuación del contra-rol (asociado al género “varón”). En este sentido, los llamados “roles de género” pueden ser reinterpretados como roles rudimentariamente desarrollados que no alcanzan un despliegue creativo. En otras palabras, que dan cuenta de procesos encapsulados en la matriz binaria y heterosexual. Desde esta perspectiva, pues, los roles de género constituidos a partir de la matriz heterosexual operarían, más que como roles en sí mismos, como aparatos de captura de roles potenciales. En este sentido, es preciso considerar que, para un cuerpo dado, determinados roles se encontrarán más disponibles o accesibles que otros. En otras palabras que, en la medida en que algunos roles se ubican más próximos al centro de gravedad del sexo-género al cual un cuerpo se encuentra asociado, otros roles se ubican más alejados y más próximos al centro de gravedad del campo asociado al sexo-género “opuesto”.

CONCLUSIONES

A lo largo de este trabajo he procurado establecer un diálogo entre la teoría de los roles de Jacob Levy Moreno y la teoría de la performatividad (del sujeto sexo-generizado) desarrollada por Judith Butler. He encontrado aportes recíprocos y, a la vez, cuestionamientos mutuos que enriquecen ambos campos teóricos y favorecen su integración. En este sentido, creo que este cruce de teorías abre nuevas perspectivas para entender la dinámica de los roles y la performatividad en la construcción de las identidades de género.

De la teoría de la performatividad he tomado el concepto de matriz heterosexual para dar cuenta de la influencia del régimen material y discursivo de la diferencia sexual no solo en las matrices de identidad, familiar y social -a través de instituciones como la maternidad, la infancia y la familia nuclear- sino también en la propia construcción teórica de los modelos con los que trabaja el psicodrama moreniano. En este sentido, considero pertinente avanzar en la transformación de estos constructos teóricos, para que puedan albergar nuevas combinaciones de roles que transgredan los efectos de la matriz binaria y heterosexual. En este sentido, por ejemplo, me parece crucial repensar la matriz familiar como un artefacto de la heteronorma, diseñado en función del disciplinamiento y la organización jerárquica del cuerpo social.

Creo que un camino futuro en esta dirección podría enfocarse en examinar otras formas de organización de grupos de referencia primarios -más múltiples y dinámicas que cerradas y estables-, que desafíen la matriz heterosexual de la familia nuclear. Una investigación de este tipo podría favorecer el pasaje del concepto de “matriz familiar” al de “grupo primario de socialización”, compuesto más por formas de funcionamiento fluidas (cuidadorx, alimentadorx, estimuladorx, aprendiz, etc.) que por roles sexo-generizados y familiaristas (madre, padre, hijx).

Por otra parte, he puesto en relación el concepto de rol -según la teoría de los roles- con la noción de “roles de género”. En este sentido, he propuesto que los “roles de género” pueden ser reconsiderados en tanto roles en desarrollo rudimentario. Así pues, he considerado los “roles de género” como dispositivos de captura que encapsulan la potencialidad creativa de roles a la matriz heterosexual. De allí que, si consideramos que el dispositivo psicodramático opera reestructurando matrices para permitir el despliegue de roles potenciales a través de actos creativos, se abre el interés de trabajar con contra-roles de género como una estrategia para desrigidizar unidades culturales de conducta.

Es importante señalar que, si bien algunos roles potenciales estarán más disponibles que otros para determinados cuerpos en función de las regulaciones de la matriz heterosexual, ello no conduce a un abandono del desafío de transformación de los roles actuales. El tránsito hacia roles potenciales implica un proceso en el que el dispositivo psicodramático puede desempeñar un papel crucial. Este trabajo requerirá, no obstante, la (re)construcción de matrices que tengan la capacidad de contener, sin capturar, los roles emergentes. Es decir, grupos y direcciones psicodramáticas que cuestionen activamente la coacción normativa de la matriz heterosexual.

Quisiera señalar, también, algunas limitaciones en esta discusión teórica. Pues, en primer lugar, la relación entre las teorías de Moreno y Butler ha sido explorada principalmente a nivel conceptual, sin un desarrollo que trabaje de manera directa cómo se expresarían estas ideas en una sesión de trabajo sociopsicodramático. Además, aunque he propuesto algunas ideas para la transformación en el ejercicio de los roles asociados al género, el impacto de las normas sociales y culturales vigentes podría dificultar la implementación de esta visión en contextos específicos, especialmente en grupos que conservan la matriz heterosexual como criterio ordenador de la experiencia.

En este sentido, considero que futuros estudios podrían extender esta investigación al dispositivo psicodramático, y así explorar estrategias específicas para el despliegue de roles creativos que excedan la matriz heterosexual. Asimismo, creo que sería preciso investigar cómo la dramatización de diferentes formas de organización familiar y grupos de socialización primarios que exceden la matriz heterosexual pueden influir afirmativamente en el despliegue de roles psicodramáticos.

AGRADECIMIENTOS

No aplicable.

FINANCIACIÓNNo aplicable.

DECLARACIÓN DE DISPONIBILIDAD DE DATOS

Todos los conjuntos de datos se generaron o analizaron en el presente estudio.

REFERENCIAS

Ariès, P., & Duby, G. (1988). Historia de la vida privada (vol. 1). Taurus. [ Links ]

Ariès, P., & Duby, G. (1990). Historia de la vida privada (vol. 2). Taurus. [ Links ]

Beauvoir, S. (2012). El segundo sexo. Debolsillo. [ Links ]

Butler, J. (2001a). Fundamentos contingentes: el feminismo y la cuestión del “postmodernismo”. Revista de Estudios de Género, La Ventana, 2(13), 7-41. https://doi.org/10.32870/lv.v2i13 [ Links ]

Butler, J. (2001b). Mecanismos psíquicos del poder: teorías sobre la sujeción. Ediciones Cátedra. [ Links ]

Butler, J. (2002). Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Paidós. [ Links ]

Butler, J. (2007). El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Paidós. [ Links ]

Butler, J. & Lourties, M. (1998). Actos performativos y constitución del género: un ensayo sobre fenomenología y teoría feminista. Debate Feminista, 18, 296-314. https://doi.org/10.22201/cieg.2594066xe.1998.18.526 [ Links ]

Conceição, M. I. G., & Auad, J. C. (2010). Compreendendo as relações de gênero por meio da vivência sociodramática. Revista Brasileira de Psicodrama, 18(2), 129-143. Recuperado de https://revbraspsicodrama.org.br/rbp/article/view/135Links ]

Firestone, S. (1976). La dialéctica del sexo. Kairós. [ Links ]

Molina, C. (2000). Debates sobre el género. In C. Amorós (Ed.) Feminismo y Filosofía (pp. 255-284). Síntesis. [ Links ]

Moreno, J. L. (1934). Who shall survive? A new approach to the problem of human interrelations. Nervous and Mental Disease. [ Links ]

Moreno, J. L. (2014). Psicodrama. Hormé. [ Links ]

Preciado, P. (2002). Manifiesto contra-sexual. Opera prima. [ Links ]

Quintana, M. M., & Sabio, M. F. (2021). Des/reconocer la intersexualidad: notas críticas a propósito de un documento elaborado por un comité de bioética. Revista Hipatia, (3), 33-44. Recuperado de https://drive.google.com/file/d/1HP4phk5wg_sAR1ajktjtBGuRXpa6n_Pp/viewLinks ]

Torres, R. R. A., Spizzirri, G., Benatti, E. T., & Abdo, C. H. N. (2016). Psicoterapia preoperatoria en grupos de hombres y mujeres transexuales participantes del proceso de reasignación de sexo. Revista Brasileira de Psicodrama, 24(2), 2-16. Recuperado de https://revbraspsicodrama.org.br/rbp/article/view/252/229Links ]

Vomero, L. D. S. Z., y Nery, M. D. P. (2024). Escola da anarquia: psicodrama e letramento LGBTQIA+ e racial. Revista Brasileira de Psicodrama, 32, 1-13. https://doi.org/10.1590/psicodrama.v32.660 [ Links ]

Zuretti, M. (1995). El hombre en los grupos. Lumen-Hormé. [ Links ]

Zuretti, M. (2007). Átomo social perceptual, campo operativo en psicodrama. Recuperado de https://arteypsicodrama.com/pdf/biblioteca/sugeridos/Atomo_Social_Perceptual_Operativo_en_Psicodrama_Monica_Zuretti.pdfLinks ]

Recibido: 28 de Agosto de 2024; Aprobado: 06 de Octubre de 2025

* Autor correspondiente: agostina.silvestri@gmail.com

Editor de sección:

David Ordaz Bulos

CONFLICTO DE INTERESES

Nada que declarar.

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto (Open Access) bajo la licencia Creative Commons Attribution, que permite su uso, distribución y reproducción en cualquier medio, sin restricciones siempre que el trabajo original sea debidamente citado.