El tema del otro extranjero se viene debatiendo en nuestras reuniones de Núcleo de Estudos em Saúde Mental e Psicanálise das Configurações Vinculares – NESME, con cierta frecuencia, y siempre con pasión, además, lo retomaré más adelante, de una necesaria indignación, sobre todo a través de la perspectiva del decolonianismo. La historia de Brasil enfrenta aquí a cada cual con este tema en su día a día, aunque muchos no tengan conciencia de ello, o no lo quieran ver. En lo personal, cuando participo de estas reflexiones, se me dice, con toda razón, de que yo no puedo terminar de captar esta realidad cotidiana porque me es extranjera. Claro. No nací en Brasil, ni vivo en Brasil. Soy extranjera a esa extranjeridad.
Mi extranjeridad es otra, blanca, europea. Con todo lo que implica. Y por elección es también latinoamericana. También soy miembro de Nesme, asociación “extranjera” para mí en un principio, que abre sus puertas a extranjeros como yo y los acoge como miembros del cuerpo de colegas que lo compone. Me da hospitalidad. Me “adoptó”, y yo la adopté. Es una adopción mutua. Por lo tanto, NESME, Sao Paolo, Brasil ya no me es tan extranjero, ni tan extraño, hay algo de familiaridad que crean los vínculos profesionales, pero sobre todo los lazos afectivos que se van tejiendo en nuestros encuentros a lo largo del tiempo. Pienso aquí en E. Levinas (1987) en referencia al tema del rostro del otro, a la necesidad de responder por el otro, de hospedar al otro.
Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando hablamos de extranjero? Cuando pensé el título para la conferencia, tenía en mente “Étrange étranger”, en español: “Extraño extranjero”, lo busco en portugués y el traductor Google me propone: “estranho estranho”. Qué extraño, pienso. Sigo buscando y encuentro estos sinónimos: estranho, alienígena, exótico, bárbaro, intruso (WordReference.com, 2025)
Pero en realidad no tan extraño ya que ambas palabras, extraño y extranjero provienen de la misma raíz, en latín “extraneus”, que significa del afuera, del exterior, que no pertenece a la misma familia. Extraño remite también a “raro”, “bizarro”, “inquietante”, entre otros. Hablar del otro, el extranjero, ¿o hablar de la extrañeza íntima del otro intruso en mí?
Nos damos cuenta entonces de que no podemos hablar de una cosa sin hablar de la otra, es decir que la referencia a un estatuto social, político, jurídico que atañe al término “extranjero”, el Otro del otro, no nos exime de la extrañeza de lo propio. No podemos pensar en un aspecto sin que el otro se imponga, como las dos caras de una misma moneda, o tal un espejo que nos devuelve al infinito nuestra imagen. Estamos hablando entonces del sujeto íntimo y del sujeto social, y los que practicamos el psicoanálisis vincular sabemos que no podemos encerrar al sujeto en una de estas categorías, si no tratar de pensar(nos) en ese “entre”, en ese límite permeable que implica considerar el sujeto en su dimensión intrapsíquica en articulación con las modalidades de lo intersubjetivo y lo transcultural.
Esta fotografía de inicio del siglo XX me va a ayudar con lo que estoy queriendo decirles: A 1ra vista, 3 niñas. Extranjeras en relación a nosotros, de otra cultura. Si miramos más atentamente, vemos otras cosas: la niña del centro, está ataviada de manera más cuidada, más arreglada, tiene varios adornos. Señales que pertenece a una clase social más alta. Pero también es la única que está sentada. Será por su posición de clase alta o porque es también la única que está padeciendo el “loto dorado” esta práctica que consistía en vendar los piés de las niñas para evitar su crecimiento, según los cánones estéticos de la China de esa época. Pero más allá del aspecto estético, sólo las niñas de clases altas sufrían esta práctica, ya que las de clases bajas tenían que trabajar y esto suponía un impedimento para las tareas pesadas, trabajar en el campo o las labores domésticas.

Figura 1 Fonte: University of Bristol - Historical Photographs of China reference number: Mx04-009. Cadbury Research Library archive finding number: DA26/2/2/3 (John Preston Maxwell Papers). https://hpcbristol.net/visual/Mx04-009
La niña que está a su izquierda también tiene algún adorno, menos que la anterior y tiene zapatos. Podría ser porque no es la mayor de la familia de clase media, o porque es cristiana, reflejo de la influencia occidental y la ruptura con ciertas tradiciones chinas, librada entonces de seguir esta costumbre
Y finalmente tenemos a la niña que está a su derecha: ningún tipo de adornos, pies descalzos. Ella es la doméstica, la sirviente. Su mirada lejana se pierde en dirección opuesta a la de las otras niñas, que miran para el mismo lado, y está como separada físicamente, mientras las dos otras están juntitas.
Vemos entonces representado en esta foto el universo íntimo de cada una intrincado con los aspectos socioculturales del momento.
La extrañeza de lo propio, pertenencia, falta de respondientes y la sociedad de individuos: fuentes del malêtre actual.
Freud ya relacionaba la idea del extranjero con lo desconocido, lo otro, el inconsciente. Desarrolla su concepto de Unheimlich en 1919, traducido por “la inquietante extrañeza”, esta forma particular de lo siniestro o lo ominoso que se remite a lo ya conocido, lo familiar (Freud, 1986, Lusa, 2019). Heim en alemán refiere a familiar, hogareño, íntimo. ¿Qué sucede entonces para que esto familiar se vuelva de repente amenazador, extraño e inquietante? En nuestros consultorios y en nuestros propios análisis personales, sabemos de lo inquietante y perturbador que resulta esta experiencia donde se borran los límites entre el adentro y el afuera, entre lo propio y lo ajeno, pero también de la oportunidad que representa de conocernos y re-conocernos un poco más.
Otro aspecto de la cuestión del extranjero es el otro del otro, el que está afuera de uno, que cruzamos en el entorno sociocultural. Suele despertar sentimientos diversos, con suerte puede ser curiosidad, muchas veces prejuicios y temores.
En esta relación con el otro, se juega el vínculo entre uno y otro, la relación íntima entre identidad y alteridad.
Vemos entonces como ya en Freud el concepto del extranjero pone a trabajar la experiencia individual del inconsciente sin dejar de lado las implicaciones sociales y culturales, con su legado de dinámicas de poder y exclusión que lo suelen acompañar. (Lusa, 2019)
En esta misma línea, Kaës en su obra “El Malêtre” señala la falta de respondientes de las sociedades hipermodernas actuales como una de sus principales manifestaciones, junto con el derrumbe de los garantes meta y los procesos sin sujeto. Dice “Sentí también angustia e ira frente a esta otra forma de destrucción de la subjetividad: la desaparición del respondiente. Quisiera recordar que el respondiente es la presencia humana dirigida a pedido, una demanda. El respondiente acepta ser su destinatario, no se sustrae al riesgo del encuentro. La amplitud de este desastre que es la desaparición del respondiente no se resiente solamente cuando los autómatas sustituyen la presencia humana bajo pretexto de ganancias de productividad en la comunicación. (Kaës, 2012, p 257. traducción mía)
Permítanme contarles una anécdota personal muy reciente que aconteció mientras estaba reflexionando sobre esta ponencia, y que creo que ilustra a la perfección lo que nos trata de transmitir Kaës.
En el momento de iniciar el trámite para mi jubilación francesa, me enfrenté a una situación inesperada que también me provocó esa ira y angustia que comenta el autor. Les cuento: desde el extranjero, es decir fuera de Francia, el sistema, que para el país ofrece varias opciones, todas por internet, de iniciar el trámite, nos dirige, a los extranjeros, a un sitio. Esta aplicación, luego de entrar los datos solicitados, manda al celular de la persona un código, ¡PARA COMPROBAR QUE UNO ES HUMANO! Es decir, que yo, humana hasta que se compruebe lo contrario, debo comprobar a una máquina que no soy un robot. Extraño. Pero, Ok. No es la primera vez y ya todos estamos acostumbrando a esto y se nos volvió familiar. Vamos pues. El problema se empieza a complicar cuando nunca me llega el famoso código. Luego de múltiples intentos, escribo un mail al soporte al cliente explicando mi situación y pidiendo auxilio para que me envíen de alguna manera el susodicho código. ¡Con grata sorpresa, veo que ya me llega una respuesta! Que dice:
“Hola, gracias por su mensaje. Recibimos actualmente un número importante de mensajes y nuestros tiempos de respuestas lamentablemente se alargaron. Pedimos desde ya disculpas por esta situación. Nuestros equipos hacen su mayor esfuerzo para traerle una respuesta lo antes posible. Mientras, no dude en consultar nuestra rúbrica de dudas y respuestas frecuentes (FAQ), quizás allí encuentre la solución a su problema”.
OOOOMMMMM!!!!!!! Consulto por las dudas las FAQ sin encontrar nada referido a mi caso. Espero unos días, intento de nuevo, vuelve a pasar lo mismo, y vuelvo a mandar mi reclamo. Siiiii!!! ¡Esta vez funcionó! Me contesta Louis, una persona de carne y huesos, que me dice que lamenta mucho lo ocurrido, que notificó el problema a su equipo con la esperanza de que se pueda solucionar rápidamente, y, luego, repite lo que ya había leído en las FAQ (asegurarse de tener internet y ese tipo de cosas). Y me dice que tenga paciencia porque el sistema es securizado y puede demorar en llegar el código. ¡Y que si sigue el problema lo vuelva a contactar “Gracias Luis!”. Entonces pruebo de nuevo a que me envíen el código muy secreto que me debería llegar, confiada de que esta vez, sí, lo lograré…Pues no. Se vuelve a dar exactamente la misma situación que unos días atrás.
…Paciencia… Vuelvo a contactar a Louis. Esta vez trato de usar otra estrategia, apelo a su empatía, le explico que vivo en Uruguay, que no tengo otra manera de iniciar mi trámite, y le suplico de encontrarme UNA SOLUCIÓN. Así, en letras mayúsculas.
Louis nunca volvió a contestarme. Ni nadie más de hecho, a los siguientes reclamos que envié al soporte. Creo que deberían cambiar ese nombre.
Más allá de lo chistoso que se puede escuchar esta anécdota, muchos de ustedes habrán vivido situaciones parecidas, la cuento porque me invadió una fuerte sensación de ajenidad. Además de la preocupación por no lograr resolver un trámite importante como ése, esta experiencia me desacomodó bastante emocionalmente, sentí una angustia que iba más allá del perjuicio económico que podía significar, y me hizo reflexionar. Varios aspectos:
Pertenencia
Me sentí no reconocida, como si se me negaran mis derechos de ciudadana francesa, por una simple cuestión geográfica, el mero hecho que miles de kilómetros me separan del país. Excluida. Sabemos que una de las mayores angustias del ser humano es no pertenecer. Los “psi” sabemos de la importancia de nuestro origen, de nuestro grupo primaria de referencia, de nuestra historización. Y los “Vinculares” también sabemos de la importancia de la historización que se tejerá en el encuentro con otro, con otros, para hacer y ser lo que somos. No elegimos nuestro grupo primario de pertenencia, podemos elegir nuestro grupo de referencia, que puede corresponder al grupo de origen, o no. Pero siempre la angustia de no asignación pone en jaque las bases del narcisismo.
Actualmente, en nuestras sociedades hipermodernas por lo menos, asistimos al borramiento progresivo del sujeto, con la desaparición de los metagarantes y el ataque a los vínculos. Junto con la ausencia de respondientes, la sociedad del individuo (Elías,1997) representa el principal problema del malêtre actual (Kaës 2010). Recordemos lo que designa este término para Kaës:
lo que está en cuestión de manera masiva, son las bases de nuestra vida psíquica y de nuestros vínculos con nosotros mismos y con el otro, con más de un otro, es la capacidad de ser/estar. (...). La idea que sostengo es que el malêtre contemporáneo es el resultado de una desestabilización de los metaencuadres sociales, ellos mismos garantes de los metaencuadres psíquicos fundadores y garantes de la vida intrapsíquica de cada sujeto singular. Esta fragilización de los garantes meta afecta los funcionamientos de los grupos, de las familias y de las instituciones; crean sufrimiento psíquico.” Más que de un malestar, cuestiona entonces la “capacidad de ser y de existir en suficiente armonía consigo mismo, con los otros y con el mundo
(Kaës, 2010, pg. 257).
El riesgo de los procesos sin sujetos es de volvernos autómatas nosotros mismos, de no ver ya el rostro del otro sobre todo si su diferencia me interpela demasiado, el rostro del indigente, el pobre, el extranjero. El concepto de procesos sin sujetos que describió Elías (1997) en su obra “La sociedad de individuos”, en referencia la sociedad de masas y el hiperconsumismo de las sociedades occidentales, plantea que estamos en presencia de individuos y no de sujetos y esto produce sujetos enajenados, que dejan de subjetivizar.
Pienso que los sujetos que engendran estas sociedades hipermodernas del mundo capitalista, no dejan de ser sujetados, sino que están sujetados de tal modo o por ciertos objetos que pierden el acceso a la capacidad crítica, víctimas de la deshumanización que resulta de la desvinculación entre lo simbólico y lo material. Las máquinas del poder funcionan para abolir la capacidad de pensar, aislar al sujeto, los sujetos de hoy son alienados. ¿Despertar la conciencia de este proceso de sumisión individual para transformarlo en movimientos de resistencia es aún posible?
Indignación y resistencia
Stéphane Hessel escribió en 2010 a la edad de 93 años un texto intitulado “Indignez-vous” “Indignanse” en uruguayo (Indignaos en castellano). Este panfleto político fue best seller en Francia a 4 meses de su publicación, y, sin haber beneficiado de ningún soporte publicitario, un año después se había traducido en 34 idiomas y se habían vendido 4 millones de ejemplares. A lo largo de 32 páginas, Hessel, personaje relevante de la diplomacia francesa que participó a la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, recorre los males del mundo actual ( dictadura de los mercados, trato a los inmigrantes, brecha cada vez mayor entre ricos y pobres, medios de comunicación en manos de un puñado de multimillonarios, desastre ecológico planetario, etc.) y hace un llamamiento sobre todo a los jóvenes a emprender una acción no violenta para rebelarse contra los poderes del capitalismo, una «insurrección pacífica» (Hessel, 2010).
Ojalá no perdamos la capacidad de indignarnos. Pero la indignación sólo tendrá sentido si además despierta acciones. En España, unos meses después de la publicación de este texto, movimientos como M 15, llamado también “Los Indignados” reúnen a decenas de miles de ciudadanos. Las manifestaciones pacíficas se extienden luego a varios países y logran frenar algunas medidas como la deportación de sin papeles.
Los que acompañaron la llamada “Revolución española” soñaban con que se podría extender a otros países y llegar a conformar la “Revolución Mundial”, ilusión grupal de fraternidad mundial, capaz de borrar las diferencias a favor de lo que nos une. No es fácil despertar y menos sostener movimientos globales de resistencia, pero este ejemplo nos muestra que en su libro Hessel toca puntos álgidos para sus compatriotas que sienten que se constituyó en su porta palabra. Saliendo de una posición pasiva, se produjo un movimiento activo dónde los sujetos toman conciencia que forman parte de la construcción de la realidad que los rodea y que pueden con sus acciones intentar transformarla y transformarse (Pichon-Rivière, 1982).
Kaës (2020, pg. 212). opina que “la cultura del control y de ideologías de la técnica está sostenida tanto por regímenes totalitarios como por el desarrollo de la economía capitalista y que la técnica expulsa la conflictividad inherente a los vínculos intersubjetivos y a las relaciones sociales” (pg. 212, traducción mía).
Extraños extranjeros y extranjeros familiares
Por cierto, no todos los extranjeros despiertan las mismas reacciones, por diversos motivos. Hay muchas categorías de extranjeros, que no son asimilables entre sí: migrantes, migrantes socioeconómicos, exiliados políticos, no remiten a las mismas realidades, y se relacionan más con lo socio-eco-político que con la raza.
Están los extranjeros que llamaré “familiares”, porque nos conocemos con ellos, no son tan inquietantes porque reconocemos sus costumbres, que no difieren tan radicalmente de las nuestras, su comida, su vestir, hasta podemos entender su idioma, cuando no es incluso el mismo como muchos países de América Latina, y comunicarnos a través de la palabra. Aunque creo que definir el extranjero por “el que habla otro idioma” nos deja muy cortos en la comprensión de esta cualidad, no creo por ejemplo que un cubano, un venezolano, un nicaragüense, etc. no se sienta extranjero en Uruguay, y por otro lado cómo calificar en el interior de un mismo país, las comunidades que hablan su propio idioma originario.
Veíamos más arriba cómo la lengua había sido utilizada como instrumento de poder, pero cuando hablamos el mismo idioma, ¿hablamos realmente el mismo idioma? ¿Alcanza para entendernos unos a otros? Sabemos que, al contrario, incluso hablando el mismo idioma, los malentendidos nutren los intercambios. Como lo expresa tan bien este texto que descubrí hace años en internet,
Porque entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que usted quiere escuchar, lo que escucha, lo que cree entender, lo que quiere entender, y lo que entiende, hay por lo menos nueve posibilidades de que no nos entendamos… Pero, por favor, tratemos de todos modos
(Werber, atribuição não confirmada, traducción mía).
Sin embargo, no por nada el idioma fue usado como instrumento de poder cuando los conquistadores obligaban a usar su idioma y castigaban severamente el usar el idioma de origen. Pero es cierto que hay extranjeros más familiares que otros, que nos permiten la ilusión de borrar el “entre” lo extraño y lo familiar, lo propio y lo ajeno. De modo simbólico, colonizamos esos extranjeros familiares, de modo que desactivamos su inquietante extrañeza, borramos su diferencia, ya no nos dan tanto miedo.
Y están los otros, los …extraños extranjeros.

Figuras 2, 3 e 4 Fonte: Fotos de esculturas de Bruno Catalano, “Voyageurs” (Viajeros) podem ser vistas em https://brunocatalano.com/.
Comentário: Estas esculturas nacidas de una falla …..hablan por sí mismas de la sensación de vacío del inmigrante, su invisibilidad para muchos, pero también de la posibilidad de transformar una falla en una posibilidad creativa.
Etrange étrangère (chanson d’HK interprétée par Awa Ly) - session live
(Ksaltimbank, 2022, traducción mía).
C’est une question que l’on me pose
Comme un examen qu’on m’impose
Faut-il vraiment que j’y réponde
Dès la première seconde?
Ce n’est pas tant qu’elle m’embarrasse
Cette question qui me lasse
Et qui me renvoie toujours
À la couleur de mes amours
« Hey toi, d’où viens-tu étrange étrangère?
Hey toi, du Sénégal ou du Niger? »
« Hey toi, d’où viens-tu étrange étrangère?
Hey toi, de Kinshasa ou de Saint-Pierre?»
Je viens tout juste de comprendre
Pourquoi la chose est essentielle
Dans cette époque artificielle
Ma réponse ne peut plus attendre
La question n’est pas de savoir
Où j’ai vécu toutes ces années
Ni même l’endroit où je suis née
Mais plutôt pourquoi je suis noire
Cette chanson je vous l’annonce
Sera mon unique réponse
Je suis enfant de l’univers
Je viens du ventre de ma mère
Et pour ne pas que l’on se perde
Si cela ne vous suffit guère
Pour vous ces mots d’Aimé Césaire:
«Je suis noire et je vous emm…e»
« Hey toi, d’où viens-tu étrange étrangère ?
Hey toi...»
Es una pregunta que me hacen
como un examen que me imponen
Es realmente necesario que la conteste
¿Desde el primer segundo?
No se trata tanto de que me incommode
Esta pregunta que me cansa
Y que siempre me remite
Al color de mis amores
Ey tú, ¿de dónde vienes extraña extranjera?
Ey tú, del Senegalo o de Nigeria?
Ey tú, ¿de dónde vienes extraña extranjera?
Ey tú, de Kinshasa o de Saint-Pierre?
Acabo justo de entender
Porque la cosa es esencial
En esta época artificial
Mi respuesta ya no puede esperar
La cuestión no es saber
Dónde viví todos estos años
Tampoco el lugar donde nací
Sino más bien porque soy negra.
Esta canción te lo advierto
Será mi única respuesta
Soy hija del universo
Vengo del vientre de mi madre
Y para no perderse
Si esto no te alcanza
Para ti estas palabras de
Aimé Césaire:
“Soy negra y te podes ir a la m… a
Ey tú, ¿de dónde vienes extraña extranjera?
Ey tú…”
“Junto a nosotros, los otros, los extranjeros, esos seres generalmente oscuros y siempre enigmáticos que ya no podemos ignorar tan fácilmente y cuya sola presencia provoca reacciones contradictorias, inquietantes a veces” nos dice J. Larrosa en su texto “¿Para qué nos sirven los extranjeros?” (Larrosa, 2002, pg. 70). Y también:
La pregunta es, naturalmente, si es posible pensar una relación con el otro extranjero que permita mantener su potencialidad reflexiva, pero sin reducir lo que esa reflexividad pudiera tener de inquietante para la arrogancia de nuestros discursos.(...) a lo mejor esos discursos sirven también para reducir lo inquietante que la presencia del otro extranjero trae consigo, lo que tiene de excesivo e in-acomodable, lo que tiene de amenazador para nuestra propia identidad, para nuestras propias representaciones y también, desde luego, para nuestra propia buena conciencia moral
(pg. 70).
Las cuestiones de poder y de exclusión no son ajenas a este tema.
Veíamos más arriba cómo la lengua había sido utilizada como instrumento de poder, pero cuando hablamos el mismo idioma, ¿hablamos realmente el mismo idioma? ¿Alcanza para entendernos unos a otros?
Espero que estas obras artísticas, esculturas, fotografías, poemas, música, hayan podido transmitirles sentidos, no sólo en cuanto al sentido teórico, si no en cuanto a la manera que nos afectan, cómo las (re)sentimos, qué marca nos dejan. Creo que este tema del extranjero, del otro que me habita y del otro del otro, hay que poderlo sentir, no sólo entender. Hay que poder dejarse afectar por él. Estas obras lo hacen sin dudas mucho mejor que mis palabras.
Imposible por otro lado, lo habrán visto, no saltar una y otra vez de la vertiente del campo socioeco cultural al espacio de los objetos propios del psicoanálisis. Pero ¿sería eso posible o deseoso? En lo que nos concierne, estamos convencidos que el sujeto no existe fuera de su contexto, que no hay uno sin él o los otros. En fín, que Yo es Otro, según la genial formulación del poeta.
Esta experiencia de escribir sobre lo extranjero, (obviamente no podía hablar del extranjero sin hablar de mí, ¿pero ¿quién podría?) me hizo viajar a territorios lejanos y profundos, bucear en mis amores, mis sufrimientos y mis deseos. Que seguramente seguirán siendo en su mayoría ocultos e inaccesibles. Extraños. Pero tengo claro una cosa: soy extranjera por elección, en un continente que se volvió contenedor para mí. El extranjero puede adoptar su nueva nación, pero el vínculo sólo podrá funcionar si lo adoptan a él recíprocamente. Si responden a su rostro, sin intención de someterlo o asimilarlo, si no desde la curiosidad fecunda del encuentro con el otro y sus diferencias, que será también el acercamiento a uno mismo. No haremos las cosas perfectas, pero si las recorremos juntos, serán más tolerables. Quizás, si podamos compartir algo de la vergüenza ajena para hacerla propia y compartirla, podamos aportar a ese caleidoscopio de miradas sobre el otro extranjero colores de justicia y solidaridad.
Je suis (soy/estoy) extranjera, para mí no sólo por una cuestión de identidad, es una manera de ser/estar; es una adopción mutua, y es un vínculo insustituible de amor.














